¿Te ha pasado alguna vez que te has encontrado con alguien a quien hacía mucho que no veías y habéis dicho «a ver si quedamos», y nunca habéis llegado a quedar? Pues lo mismo suele pasar cuando queremos meditar o tomarnos un tiempo para estar a solas y no concretamos el dónde ni el cuándo.

Si voy a una sesión grupal, la hora y el lugar ya están establecidos, dentro de que haya más o menos opciones. Y cuantas menos elecciones tenga que hacer, más fácil será que cumpla con mi plan. Además, el compromiso adquirido con otras personas también ayuda a que asistamos a nuestra cita.

En el caso de realizar una práctica personal, debo ser realista con mi tiempo tanto para decidir a qué hora voy a realizarla como para establecer la duración de la misma. Hay gente que lo deja «para cuando tenga un hueco» o «cuando acabe las cosas que tengo que hacer». Si ese es el caso, vaticino que es muy probable que nunca suceda, o que suceda muy pocas veces y de mala manera.

Si inicialmente me propuse empezar a cierta hora, o una duración determinada, y luego en la práctica he visto que no son adecuadas, reviso y adapto (estos dos elementos son clave a lo largo de todo el camino) las veces que sean necesarias hasta encontrar algo lo suficientemente bueno (otro elemento clave que repasaremos más abajo). Cuando tengamos una práctica mínima suficientemente establecida, ya habrá tiempo de ir aumentando la frecuencia y/o duración de las sesiones.

Ten un plan

Si ya tenemos lugar, día y hora, solo nos falta saber cuál es el plan. ¿Es imprescindible? No. ¿Es recomendable? Sí, y mucho. Saber de antemano lo que vamos a hacer favorece que percibamos la actividad como más segura y agradable, lo que a su vez ayuda a que la llevemos a cabo y continuemos con ella. También nos evita perder tiempo y nos ahorra la agitación mental que supone tener que decidir cuando llegue la hora.

Aquí las actividades dirigidas también nos ahorran este paso; otro de los motivos por los que es más fácil mantener la práctica grupal.

En el caso de practicar a solas, es muy aconsejable saber concretamente lo que vamos a hacer. No algo genérico como «voy a hacer yoga» o «voy a meditar», sino que ya sé la secuencia de yoga o el tipo de meditación que voy a realizar, y tengo una guía o unos conocimientos mínimos para hacerlo. Como norma general, cuanto más principiantes seamos necesitaremos más estructura, y cuanta más habilidad y experiencia también más capacidad tendremos para improvisar e ir ajustándonos a las circunstancias del momento sin perdernos.

Entender los detalles de lo que hacemos, cuándo es adecuado y cuándo puede no serlo, conocer alternativas… todo eso nos hace sentirnos más seguros y capaces, lo que a su vez aumenta la probabilidad de que continuemos practicando y encontremos la actividad interesante y satisfactoria. Lo que nos lleva al último punto.

Suficientemente agradable

Para que la actividad continúe en el tiempo, deberá resultar suficientemente agradable.

En el caso de las actividades grupales dependerá de muchos factores: el profesor, los compañeros, el espacio, cómo percibo mi desempeño, mis sensaciones al terminar…

Si practicamos a solas, lo que más nos puede asaltar es la duda de si lo estaré haciendo bien, o la crítica porque no soy lo suficientemente bueno o no progreso como yo quiero. De hecho, el creer que no sabemos, que no somos capaces o que no lo vamos a hacer bien es uno de los grandes obstáculos para empezar. Pero, en realidad, no tiene mucho sentido. Si no sabes un idioma o tocar un instrumento, ¿ese es el motivo para no empezar a aprender? Al contrario, ese es el motivo para practicar. Y lo lógico y normal es que no se nos dé demasiado bien al principio. Pero eso no es impedimento para que lo podamos disfrutar, para que progresemos y nos sintamos bien con nosotros mismos.

Igual que cuando estás empezando a conocer a alguien. ¿Necesitas que la cita sea perfecta? No, el objetivo no es tener la cita perfecta. El objetivo de la cita es que nos permita ir conociendo a la otra persona mientras disfrutamos de su compañía. Pues lo mismo cuando estamos a solas; ser capaces de ir mirando dentro mientras disfrutamos de nuestra propia compañía.

Busca una fuente de inspiración, ya sea un libro, video, audio o una persona que haya recorrido más camino. Y recuerda:

Mejor hecho, que perfecto.