Contar respiraciones

Un método muy antiguo y extendido para ayudarnos a mantener la atención en la respiración cuando meditamos es el de contar respiraciones. Al igual que hay muchas maneras de observar la respiración, también hay numerosas formas de contar respiraciones para conseguir estabilidad mental. A continuación os explico dos de ellas.

Contar la duración de la respiración

Un método es contar la duración de los movimientos de la respiración: la inhalación y la exhalación:

  • Inhalando: «Uno, dos, tres…» (hasta lo que dure la inhalación); exhalando: «Uno, dos, tres…».
Contar respiraciones

También podemos añadir algo antes del número que contamos para que nos ayude a no acelerar la cuenta y hacer que contemos con un ritmo constante, de más o menos un segundo por número:

  • «Y uno, y dos, y tres…».
  • «Om uno, om dos, om tres…».

Si estamos utilizando la respiración natural para meditar, debemos recordar que el objetivo de contar es ayudarnos a mantenernos conscientes de las sensaciones de la respiración, y que no nos van a dar una medalla por forzar la respiración al extremo para llegar a contar hasta un número muy alto.

Contar el número de respiraciones

Otro método es contar el número de respiraciones. Para ello conviene determinar dos cosas:

Elegir el momento de la respiración en el que vamos a contar

Hay personas que cuentan en la pausa que se produce al terminar la exhalación y eso les ayuda a no distraerse durante ese vacío, mientras que a otras les produce el efecto contrario. También podemos contar al inicio de uno de los movimientos de la respiración (por ejemplo, de la exhalación), o al inicio de ambos movimientos (de manera que contaríamos: 1, 1, 2, 2, 3, 3, etc.).

Poner un límite a la cuenta

Si contamos de forma lineal sin poner un límite, es muy posible que el conteo se vuelva automático y que notemos que nuestra mente se ha distraído aunque siga contando en un segundo plano, lo cual no nos ayuda a concentrarnos. Un método clásico mencionado en el Visuddhimagga es elegir un número entre 5 y 10, y contar hasta ese número de respiraciones. Cuando llegamos al número establecido, o si descubrimos que nos hemos distraído, volvemos a contar desde 1.

Si tenéis dificultades para estabilizar vuestra atención en la respiración al meditar, espero que le deis una oportunidad a estas técnicas. Si habéis usado algún método diferente para contar respiraciones que os haya resultado efectivo, os invito a compartirlo en los comentarios. Y si solo quieres usar la ayuda del conteo al principio de tu meditación, hace tiempo publiqué una forma de contar gradual, en la que nos vamos deshaciendo de esta ayuda poco a poco: diez minutos de atención en la respiración.

Leer, estudiar, practicar

Hace tiempo escuché una anécdota en la que el Dalai Lama era invitado a bendecir un monasterio en el sur de India con motivo de su inauguración. Los lugareños, que estaban muy emocionados con su presencia, organizaron una gran ceremonia y una visita guiada para mostrarle las fantásticas instalaciones. En un momento de la visita, tras haber mirado por todos lados, el Dalai Lama les preguntó: «¿dónde está vuestra biblioteca?», «¡oh!, no tenemos biblioteca, pero tenemos esta preciosa sala de meditación» contestaron los organizadores. A lo que él respondió: «mmm, no, no voy a bendecir este centro».

Me encanta leer. Y he tenido la suerte de disfrutar de fantásticas bibliotecas en los templos donde he estado. Los libros nos permiten recibir el conocimiento de maestros de otras épocas, pueden servirnos de inspiración, brindarnos nuevas ideas o dar soluciones cuando nos encontramos con un problema o un obstáculo en nuestro camino.

Pero los libros también pueden convertirse en un simple medio de escape de la realidad; pueden proporcionarnos una excusa para no tener que esforzarnos de verdad en analizar y experimentar por nosotros mismos las cosas.

En varias ocasiones me he encontrado con cierto arquetipo de meditador empachado de teoría y con una carencia evidente de práctica. Empeñado en mostrar a todo el mundo todo el conocimiento que ha acumulado, tan solo hay que rascar un poco para ver que debajo de esa aparente erudición no hay nada que respalde sus palabras.

El conocimiento teórico nos puede resultar muy interesante y estimulante. Podemos pasar horas hablando sobre él, usando palabras grandilocuentes y términos en lenguas antiguas y exóticas, intentando iluminar al principiante, impresionar al que no sabe de tecnicismos o tratando de convencer a otros de la teoría que hemos leído. Pero con todo, sigue siendo solo teoría.

A veces nos emociona tanto la lectura que casi podemos sentir que el conocimiento y la teoría han adoptado la forma de la experiencia. Pero no debemos engañarnos; lo principal es llevar el conocimiento a la práctica, y verificarlo en nuestra propia experiencia, contrastarlo con la realidad. La acumulación de conocimiento no debe convertirse en algo para presumir ante los demás, ni hay que volverse adicto a la teoría, sino aplicar lo aprendido cuando surja la oportunidad.

Está bien leer, estudiar y desarrollar desde ahí nuestra inspiración. Pero hay un límite, y cuando uno ha desarrollado una especie de inspiración general y de confianza en sí mismo, debe dejar de leer.

Un maestro de meditación decía que a la práctica hay que llevar solo nuestro cuerpo, nuestra palabra y nuestra mente, dejando a un lado nuestros pensamientos, las escrituras y toda la teoría aprendida. La práctica no es lugar para la teoría o los libros, porque muchas veces lo que hemos leído en ellos no es exactamente igual a cómo lo experimentamos nosotros: el mapa no es el territorio. Y, si nos empeñamos en que lo sea, es muy probable que nos dirijamos directos al fracaso. Es por este apego a la teoría y a los libros que mucha gente que estudia mucho, que sabe mucho, no tiene éxito en la práctica de la meditación.

Y esto es así porque, al final, el corazón es el único libro que merece la pena leer.

El corazón es el único libro que merece la pena leer
marzo 1st, 2020|Tags: , , |

Las partes de la respiración

Si observas tu respiración, ¿cuántas partes distingues?, ¿cuáles son esas partes?

Partes de la respiración

Aunque la respuesta a la primera pregunta sea evidente para algunas personas, no creo que todo el mundo conteste «cuatro». Las partes más obvias de la respiración son los movimientos de ida y vuelta del aire, la inspiración y la espiración. Pero estos dos movimientos están ritmados por tiempos de pausa llamados apneas, que también son partes de la respiración.

Una apnea es cualquier momento de pausa del flujo respiratorio, pero hay dos apneas que se producen de forma natural en la respiración cotidiana, una después de la inspiración y otra tras la espiración. De forma general, la segunda suele ser más larga que la primera. Esa apnea más larga, el tiempo de pausa posespiratoria, tiene unas características fisiológicas particulares, que hacen que suponga un tiempo de descanso general para el organismo.

En hatha yoga, cuando realizamos pranayama, entre otros factores modificamos las duraciones y proporciones de esas cuatro partes de la respiración, según los efectos que estemos buscando. Puraka es el término para referirse a la inspiración, rechaka para la espiración, y khumbaka para las apneas; antar khumbaka cuando la apnea se produce con los pulmones llenos de aire y bahir khumbaka para la apnea que se produce después de la espiración.

Según la tradición hindú, tras practicar pranayama durante largo tiempo y de manera adecuada, el yogui puede suspender completamente la inhalación y exhalación a voluntad. Esta apnea extrema es llamada kevala khumbaka, y muchos la relacionan directamente con el estado de Samadhi, el último de los ocho miembros del yoga.

Cuando usamos la respiración como objeto de meditación, las sensaciones de los dos movimientos respiratorios suelen ser bastante tangibles. Sin embargo, en las apneas, ante la ausencia de sensaciones, es fácil que la mente aproveche para ir a buscar cualquier otro estímulo y distraerse. Permanecer conscientes de nuestro objeto (o de su ausencia) en esas pausas es fundamental.

Si practicamos para desarrollar nuestra concentración, es posible que, por el camino, en algunas fases, no seamos capaces de sentir que estamos respirando. Al principio será porque nuestra respiración se ha vuelto muy sutil y nuestra sensibilidad no se ha desarrollado lo suficiente para percibirla. Las primeras ocasiones en que esto suceda, es muy probable que el miedo y la falta de mindfulness hagan que, en lugar de dejar que todo se desarrolle naturalmente, realicemos una inhalación profunda que nos sacará del estado de concentración que habíamos alcanzado. Cuando parezca que hemos dejado de respirar, simplemente debemos esperar en el último punto donde hemos notado la respiración y esta, tarde o temprano, volverá a aparecer.

Posteriormente, si llegamos a desarrollar lo suficiente nuestra concentración, algunos textos y maestros nos dicen que, efectivamente, la respiración pulmonar cesará. Esto sucederá cuando alcancemos la cuarta jhana o nirodha·samāpatti*.

* La suspensión temporal de la consciencia, así como de la materialidad producida por esta y sus factores mentales asociados.

La intención de tu práctica

Tu intención va a influir inmensamente no solo en aquello que decidas que sea tu práctica personal, sino también en la manera en que lo practicas. Y aunque este blog trate más sobre el yoga y la meditación, en realidad es algo aplicable a cualquier práctica, a cualquier actividad vital.

Creo que la mayoría de las personas que comienzan a practicar yoga y/o meditación en los países occidentales, suelen hacerlo por motivos más bien mundanos: ganar flexibilidad, aliviar el dolor de espalda (este fue mi primer motivo), la ansiedad (¡el segundo!) o el estrés, ser más productivos en el trabajo, perder peso… Y seguramente no haya nada de malo en ello. Mientras nos ayude a solucionar nuestro problema, no tendremos inconveniente en cantar un Om, poner las manos como si fuéramos a rezar, decir Namaste o escuchar alguna enseñanza de Buda. Incluso se nos hará natural el mencionar los nombres de las posturas de yoga en sánscrito.

Para algunos, el yoga será una práctica que trasciende lo meramente físico y se convierte en espiritual. Otros cuantos, aún conscientes de que hay un no sé qué aparte del puro ejercicio físico, seguramente no encuentren un calificativo con el que se sientan cómodos para definirlo. En cualquier caso, es bastante frecuente que una persona descubra que el motivo principal por el cual continúa practicando al cabo del tiempo difiere de aquel por el que se animó a empezar a practicar en un principio. Donde antes solo había una motivación «terrenal», ahora hay algo más.

Me resulta curioso que no solo difieran los objetivos de las personas que asisten a una clase de yoga, sino que es muy probable que la intención principal del profesor al dar la clase también sea diferente. Y no resulta infrecuente que la misma clase de yoga satisfaga razonablemente las diversas expectativas de los distintos implicados.

Pero a pesar de que lo anterior es posible, también es muy probable que la intención existente detrás de nuestra práctica haga que nos decantemos por ciertos tipos de yoga y evitemos otros, que elijamos cierto perfil de profesores o que comencemos a incluir en nuestra práctica la meditación u otros elementos aparte de las posturas. A medida que nuestra intención cambie, no solo cambiará la forma o disciplina que practiquemos; también cambiarán los principios que rijan nuestra práctica, y seguramente llegará un momento en el que el fin no justificará los medios, sino que estos se habrán convertido en parte del propio fin.

Considero que es de vital importancia ser conscientes de la intención que subyace en nuestra práctica. A lo mejor llega el día, tras haber probado todos los yogas, las distintas tradiciones, haber cantado en varios idiomas orientales, recorrido todo el mundo visitando numerosos maestros y llevar muchas horas de meditación en tus posaderas, en que no sabes por qué practicas. Y es posible que aun así sigas practicando sin saber el motivo, y que lo hagas lleno de alegría.

Pero también puede ser que, desencantado, abandones la práctica. Si tienes «suerte», volverás a la «normalidad» y todo será un lejano recuerdo. Pero, si a pesar de no estar aún despierto, has dejado de estar dormido, y decides enrollar la esterilla, ¡ay!, lo siento por ti. Porque en la vida real no puedes elegir tomarte la pastilla azul y volver a dormir sin recordar nada. Y aunque tu práctica no sea el camino de rosas que creías en un principio, y tu «Yo» no sepa por qué practicas (porque el yo no puede saberlo, ni tiene ningún motivo para despertar), hay algo dentro de ti, un impulso subyacente que te empuja a practicar y te ha llevado donde estás, aunque no te guste. Simplemente sé consciente de ello y recuerda que, al no haber pastilla azul, solo te queda la opción de la pastilla roja, la elijas en esta vida o esperes a otra para tomarla.

La intención de tu práctica
febrero 11th, 2020|Tags: , , , |

Dónde observar la respiración cuando meditamos

Observar la respiración es una de las formas de meditación más simples que, a simple vista, nos podemos encontrar. También puede que sea la más universal, siendo común a muchas culturas, religiones y prácticas.

A pesar de su aparente sencillez, el cómo y el dónde observemos la respiración cuando meditamos pueden influir de gran manera en los frutos que obtengamos de nuestra práctica.

Aunque hay numerosas maneras de hacerlo, hoy os voy a comentar tres de las más frecuentes (y más usadas al comenzar la práctica de la meditación) y sus ventajas e inconvenientes:

Seguir la respiración

De esta forma, lo que hacemos es seguir las sensaciones de la respiración a medida que entra y sale de nuestro cuerpo. Cuando el aire entre, seremos conscientes de la respiración desde el primer punto donde notemos la entrada del aire (puede que en el borde exterior o dentro de las fosas nasales) hasta el punto donde notemos que termina (normalmente alguna zona del abdomen). Cuando el aire salga, seremos conscientes de la respiración al contrario: desde el punto más interno hasta el punto más externo. De manera que seremos conscientes de las sensaciones de la respiración en esos dos puntos y a lo largo de todo el recorrido entre ambos.

Hay gente que se imagina ese recorrido y le resulta más fácil mantener la concentración así. En mi opinión, no deberíamos crear una imagen mental a nuestra voluntad, ya que esa no es la verdadera realidad de nuestra experiencia. Sin embargo, si nuestra mente crea una imagen visual de ese trayecto directamente formada por las sensaciones de nuestra respiración, creo que no hay problema.

La ventaja de seguir la respiración es que es una meditación más activa, y en la que siempre vamos a tener sensaciones para observar, de manera que es más probable lograr continuidad y aumentar nuestra concentración.

El inconveniente es que, al no estabilizar la atención en un punto, sino moverla continuamente, el grado máximo de concentración que podemos alcanzar es limitado. Es por ello que la considero una buena forma para practicar al principio, pero al cabo de un tiempo, cuando la mente se haya empezado a estabilizar, sería mejor pasar a observar la respiración en un punto concreto.

Observar la respiración en el abdomen

Dónde observar la respiración cuando meditamos

Una zona muy usada para observar las sensaciones de la respiración es el abdomen. Suele ser fácil notar la respiración en el abdomen, de manera que el objeto de meditación es bastante tangible. Sin embargo, algunas personas no notan que el aire llegue al abdomen cuando respiran. Si os sucede esto, se me ocurren un par de caminos a seguir:

El primero es mantener una atención relativamente abierta, en la cual seamos conscientes de las sensaciones en el lugar donde la respiración sea más evidente y, al mismo tiempo, de las sensaciones en el abdomen. Tras un tiempo observando, es posible que sigamos sin notar que el aire llega al abdomen, pero nos demos cuenta de que ciertas sensaciones en el abdomen cambian con la respiración; de manera que podemos ser conscientes de esas sensaciones, que hemos descubierto están ligadas a la respiración, aunque no parezca que la respiración llega hasta ahí.

Otra opción sería reeducar nuestra respiración, algo que va mucho más allá del objetivo de esta entrada, ya que hay numerosos motivos por los que puede que no notemos la respiración en el abdomen, cada uno de ellos con sus diferentes y respectivas soluciones.

Observar la respiración en las fosas nasales

Quizá la opción más frecuentemente enseñada sea observar la respiración en la entrada de la nariz; las fosas nasales. Aquí la respiración suele ser más sutil que en el abdomen, de manera que nuestra mente debe ser más sensible y estar más atenta para percibirla. Esto hace que el observar la respiración en las fosas nasales tienda a afilar más nuestra atención y hacer más profunda la concentración.

La contrapartida a esta sutileza es que puede ser difícil percibir la respiración en esta zona. Si no notamos nada, o si notamos el aire muy dentro de las fosas nasales en lugar de a la entrada, hay dos prácticas que nos pueden ayudar a desarrollar nuestra sensibilidad.

Una opción es practicar el primer ejercicio mencionado en este artículo, el seguir la respiración. Puede que al principio el punto más externo lo notemos alejado de la entrada de la nariz, y se sitúe más bien en la parte superior de las fosas nasales. Pero si continuamos practicando el seguir la respiración, seguramente iremos viendo como ese punto más externo se va moviendo, acercándose cada vez más al borde exterior de las fosas nasales.

Otro ejercicio que nos permite desarrollar nuestra sensibilidad en esa zona es observar las sensaciones de la respiración en una fosa nasal cada vez, mientras practicamos la respiración alterna.

febrero 4th, 2020|Tags: , , , |

Mas allá del McMindfulness

En esta entrada os dejo un texto que encontré hace unos seis años sobre el denominado «McMindfulness» y que me ha venido a la cabeza recientemente. A pesar del tiempo transcurrido, me parece que el tema sigue muy vigente.

El texto original en inglés fue escrito por Ron Purser y David Loy y publicado en The Huffington Post. La traducción al castellano, que fue lo que encontré primero, es obra de José, quien muy amablemente me ha dado permiso para compartirla aquí. Os invito a visitar su web, Meditaminas, donde podéis encontrar otros artículos sobre meditación, así como sus cursos y clases.

McMidfulness

Más allá del McMindfulness

De repente, la meditación mindfulness se ha convertido en un fenómeno de masas, abriéndose camino hacia escuelas, empresas, prisiones y agencias de gobiernos, incluyendo el Ejército americano. Millones de personas están recibiendo beneficios tangibles de su práctica de mindfulness: menos estrés, mejor concentración, quizá un poco más de empatía. No es necesario decir que esto es un gran avance que debe ser bienvenido, pero que tiene una sombra.

La revolución del mindfulness parece ofrecer una panacea universal para resolver casi todas las áreas de las preocupaciones diarias. Libros recientes sobre el tema incluyen: Padres mindfulness, Comer (de forma) mindfulness, Política mindfulness, Terapia mindfulness, Liderazgo mindfulness, Una nación mindfulness, Recuperación mindfulness, El poder del aprendizaje mindfulness, El cerebro mindfulness, El camino del mindfulness a través de la depresión, El camino del mindfulness hacia la autocompasión.Casi diariamente, los medios citan estudios científicos que informan de los numerosos beneficios para la salud de la meditación mindfulness y cómo una práctica sencilla puede producir cambios neurológicos en el cerebro.

La popularidad creciente del movimiento mindfulness también se ha convertido en una lucrativa industria artesanal. Los consultores promueven la formación en mindfulness prometiendo que mejorará la eficiencia laboral, reducirá el absentismo e incrementará las habilidades sociales cruciales para el éxito laboral. Algunos incluso afirman que la formación mindfulness puede actuar como una «tecnología disruptiva», reformando incluso las compañías más disfuncionales en organizaciones más amables, compasivas y sostenibles. Hasta el momento, no obstante, no se han publicado estudios empíricos que sostengan dichas afirmaciones.

En sus esfuerzos de promoción, los partidarios de la formación mindfulness habitualmente incluyen en el prólogo que sus programas están «inspirados en el budismo». Hay un cierto caché a la hora de decir a los neófitos que el mindfulness es un legado del budismo, una tradición famosa por su antigüedad y sus métodos de meditación probados. Pero, al mismo tiempo, los consultores a menudo aseguran a sus patrocinadores corporativos que su particular marca de mindfulness ha retirado todos los lazos y afiliaciones con los orígenes budistas.

Desligar el mindfulness de su contexto ético y religioso del budismo es un movimiento comprensible para hacer dicha formación como un producto viable en el mercado. Pero la urgencia para secularizar y acomodar el mindfulness a una técnica de mercado puede llevar a una desafortunada desnaturalización de esta antigua práctica, cuyo objetivo es mucho más que aliviar una jaqueca, reducir la presión sanguínea o ayudar a los directivos a estar más centrados y ser más productivos.

Generar una técnica más simplificada y secularizada (lo que algunos críticos empiezan a llamar «McMindfulness») puede volverla más apetecible al mundo empresarial, pero esta descontextualización del mindfulness de su propósito original de liberación y transmisión de ética social tiene algo de «negocio fáustico». En lugar de aplicar mindfulness como una forma de despertar a personas y organizaciones de las malsanas raíces de la avaricia, la aversión y la ignorancia, habitualmente se moderniza hacia técnicas banales, terapéuticas y de autoayuda que en verdad refuerzan esas raíces.

La mayor parte de las opiniones científicas y populares que circulan por los medios han retratado el mindfulness en términos de reducción de estrés y mejora de la atención. Los beneficios de estas habilidades son una herencia sine qua non del mindfulness y es su mayor atractivo para las empresas actuales. Pero el mindfulness, entendido y practicado dentro de la tradición budista, no es meramente una técnica éticamente neutra para reducir el estrés y aumentar la concentración. En su lugar, el mindfulness es una cualidad distintiva de la atención que depende y se ve influida por muchos otros factores: la naturaleza de nuestros pensamientos, acciones y palabras, nuestra forma de ganarnos la vida y nuestros esfuerzos para evitar comportamientos poco saludables y desarrollar otros comportamientos que propicien acciones sabias, armonía social y compasión.

Los budistas diferencian entre mindfulness correcto (samma sati) y mindfulness incorrecto (miccha sati). La distinción no es moral; la cuestión es si la calidad de la consciencia se caracteriza por tener intenciones saludables y cualidades mentales positivas que lleven a la prosperidad y al bienestar a los demás y a uno mismo.

De acuerdo con el Canon Pali (las primeras enseñanzas registradas de Buda), incluso una persona que cometa un crimen premeditado y cruel puede estar practicando mindfulness, el incorrecto. Claramente, la atención mindful y la concentración de un terrorista, un francotirador o un criminal de guante blanco no es la misma cualidad de mindfulness que el Dalai Lama y otros adeptos del budismo han desarrollado. El mindfulness correcto está guiado por intenciones y motivaciones que se basan en la contención, estados mentales correctos y conductas éticas, objetivos que incluyen pero superan la reducción del estrés y el incremento de la concentración.

Otro malentendido común es que la meditación mindfulness es un asunto privado e interno. A menudo se comercializa el mindfulness como un método para la autorrealización personal, como una forma de aplazar los problemas y tribulaciones del sofocante mundo laboral. Dicha orientación individualista y consumista hacia la práctica de mindfulness puede ser efectiva para la autoconservación y el desarrollo personal, pero es esencialmente inútil para mitigar las causas del sufrimiento colectivo y empresarial.

Cuando la práctica del mindfulness se «paquetiza» de esta forma, la interconexión de los motivos personales se pierde. Hay una disociación entre la transformación personal de cada uno y el tipo de transformación social y organizacional que tiene en cuenta las causas y condiciones del sufrimiento en un entorno más amplio. Esta colonización del mindfulness también tiene un efecto de instrumentalización, reorientando la práctica hacia las necesidades del mercado en lugar de una reflexión crítica de las causas de nuestro sufrimiento colectivo o «dukkha social».

Buda enfatizó que sus enseñanzas trataban sobre la comprensión y cesación del dukkha (sufrimiento en el sentido más amplio). Así pues, ¿qué ocurre con el dukkha generado por cómo funcionan las instituciones?

Muchos defensores del mundo empresarial argumentan que el cambio transformador comienza en uno mismo. Si la mente de cada uno pudiera estar más centrada y en paz, entonces la transformación social y empresarial vendría después. El problema con esta formulación es que las tres motivaciones que el budismo señala (avaricia, odio e ignorancia), hoy por hoy no están confinadas a las mentes individuales sino que se han institucionalizado en fuerzas más allá del control personal.

Hasta el momento actual, el movimiento del mindfulness ha evitado cualquier consideración seria de por qué el estrés es tan generalizado en las modernas instituciones empresariales. En su lugar, las empresas se han subido a la moda del mindfulness porque desplaza, de manera muy conveniente, la carga de la responsabilidad al individuo: el estrés se encuadra dentro de un problema personal y el mindfulness se ofrece como la medicina correcta que ayuda al empleado a trabajar de manera más calmada y eficiente dentro de un entorno tóxico. Envuelto en un aura de cuidado y humanidad, el mindfulness se pone de moda como una válvula de escape, una manera de liberar la tensión, una técnica para afrontar y adaptarse al estrés del mundo laboral.

El resultado es una versión atomizada y altamente privatizada de la práctica de mindfulness, que se ha confinado en lo que Jeremy Carrette y Richard King (en su libro Vendiendo Espiritualidad; la conquista silenciosa de la religión) describen como una orientación acomodaticia. La formación en mindfulness resulta atractiva porque es un método de moda para suavizar el «disconfort» de los empleados, promoviendo una aceptación tácita del statu quo y un instrumento para mantener la atención centrada en los objetivos empresariales.

En muchos aspectos, la formación de mindfulness en las empresas (con su promesa de que empleados más calmados y menos estresados serán más productivos) tiene muchas similitudes con el movimiento, actualmente desacreditado, de las «relaciones humanas», populares en las décadas de 1950 y 1960. Esos programas de formación fueron criticados por su uso manipulador de las técnicas de asesoramiento como las de «escucha activa», establecidas como un método de pacificar a los empleados haciéndoles sentir que se oían sus preocupaciones, aunque las condiciones laborales permanecían inalteradas. Esos métodos terminaron siendo conocidos como cow psychology porque las vacas (cow en inglés) dóciles producen más leche.

Bhikkhu Bodhi, un monje budista occidental, ha advertido: «Ausentes de crítica social aguda, las prácticas budistas pueden ser fácilmente utilizadas para justificar y estabilizar el statu quo, convirtiéndose en un refuerzo del capitalismo consumista». Desafortunadamente, un punto de vista del mindfulness más ético y socialmente responsable se percibe hoy como una preocupación secundaria, o como una politización innecesaria del viaje personal de autorrealización.

Uno tiene la esperanza de que el movimiento del mindfulness no siga el camino habitual de la mayoría de modas empresariales —entusiasmo desenfrenado, aceptación sin crítica del statu quo y desilusión final—. Para convertirse en una fuerza genuina para la transformación positiva personal y social, debe reclamar un marco ético y aspirar a propósitos más nobles que tengan en cuenta el bienestar de todos los seres vivos.

enero 21st, 2020|Tags: , , |