La práctica

Si practicamos yoga o meditación durante varios años es muy natural que los motivos por los que empezamos a practicar y los motivos por los que al cabo del tiempo continuamos haciéndolo no sean exactamente los mismos, incluso que no tengan nada que ver. No hay nada de malo en ello. Pero si cambian nuestras motivaciones y objetivos, también deberíamos revisar si nuestra práctica sigue siendo adecuada a esos cambios o deberíamos adaptarla.

La práctica hace la perfección

Esta frase es muy popular, pero una frase más cierta sería que «la práctica hace permanente». Si practicamos algo con asiduidad se convertirá en un hábito (la práctica misma se hará permanente) y además lo que estemos practicando quedará impreso en nuestro cerebro, creándose y/o reforzándose determinadas conexiones neuronales. El hecho de repetir una acción solamente te hace mejor a la hora de volver a realizar esa acción. Solo la práctica perfecta haría la perfección. El simple hecho de repetir no suele ser suficiente para la mejora y el aprendizaje. Debe haber una lección o reflexión detrás de cada repetición. Si no estás activamente observando y aprendiendo en cada una de ellas, es posible que lo que estés aprendiendo y reforzando sean algunos errores. Cuando los errores se repiten se convierten en hábitos, y un mal hábito es muy difícil de corregir. No solo porque nuestro sistema nervioso se ha adaptado, sino porque muchas veces se convierten en parte de nuestra identidad, y es muy difícil vaciar nuestra taza de té para que entren nuevas ideas cuando las antiguas llevan siendo parte de quienes somos durante mucho tiempo.

La práctica automática

Cuando meditamos en casa, al cabo del tiempo el sentarnos puede convertirse en algo mecánico y automático. Puede que nos ayude a estar tranquilos en nuestro día a día, pero, ¿estamos realmente presentes cada día en nuestra meditación? Recuerdo una temporada en la que me sentaba a meditar todos los días, y al cabo del tiempo me di cuenta de que llevaba semanas sin meditar. No había dejado de sentarme ningún día, pero estaba siempre permanentemente distraído. Mi mente se había calmado un poco y mis distracciones ahora eran solamente pensamientos agradables. Como eran agradables, me perdía en ellos sin darme cuenta y los disfrutaba durante todo el tiempo de la meditación, sin ser consciente de que ese no era el objetivo con el que, en teoría, me sentaba. Sí, ese rato me hacía sentir bien, pero era un callejón sin salida y un engañarme a mí mismo, pensando que me sentaba a hacer una cosa y luego haciendo otra.

Nuestra práctica de yoga (asanas) también se puede volver automática, sobre todo si practicamos siempre la misma secuencia. ¿Estamos presentes en nuestro cuerpo, en nuestro estado emocional y mental, y adaptamos consecuentemente las posturas o la manera de hacerlas? ¿Somos conscientes de cómo nuestro cuerpo se siente diferente cada día? ¿Tenemos todos los días el mismo objetivo y las mismas necesidades cada vez que nos ponemos a realizar posturas y ejercicios sobre la esterilla? ¿O se han convertido las posturas en simples elementos a tachar en nuestra lista de cosas por hacer?

Practica y todo llegará

Esta es una frase que casi todo el mundo que lleva en yoga un tiempo ha escuchado. Para mí tiene diferentes interpretaciones. Una podría ser el desapego a los logros, limitarnos a poner las condiciones adecuadas y esperar a que los resultados lleguen como parte del proceso natural. Me gusta esa interpretación. Pero la mayoría de la gente a la que se la oigo decir o escribir me transmite algo muy diferente. No, no va a llegar «todo». Va a llegar aquello que has estado cultivando. Y si no prestas atención a lo que realmente estás cultivando y a lo que va creciendo en tu jardín, te puedes esperar que crezca cualquier cosa, o incluso que no crezca nada.

Atención al camino

A veces no necesitamos una razón para hacer algo, o al menos no de manera consciente, y eso está bien. Pero si tienes un objetivo claro, no te desvíes del camino. Al menos hasta que ese objetivo cambie, que probablemente lo hará. Cada práctica, cada repetición, debe llevarte un paso más en la dirección adecuada, aunque su efecto no sea manifiesto de manera inmediata. Aprende constantemente. Si cometes un error, identifícalo como tal y descubre por qué te aleja de tu camino. Decir «lo he hecho mal» o «no puedo hacerlo bien» no es suficiente; encuentra el porqué. Cometer errores no es malo; es algo natural. Lo malo es repetir el mismo error constantemente sin darnos cuenta de ello, ni hacer nada para dejar de cometerlo. Si una sesión fue buena, intenta comprender lo que hizo que fuera así, de manera que puedas crear las condiciones para más buenas sesiones en el futuro. Practicar debería ser algo más que simplemente repetir una cosa hasta la extenuación esperando que en algún momento funcione.

Práctica adecuada

Aun con la práctica adecuada, para alcanzar la maestría en cualquier cosa se necesitan muchísimas prácticas, muchísimas repeticiones, y muchísimo entusiasmo y paciencia para llevarlas a cabo. La próxima vez que vayas a practicar, sea yoga, meditación o cualquier otra cosa, observa con qué intención lo haces, y si lo que haces y cómo lo haces están alineados con esa intención. Esa será la práctica adecuada que, a su debido tiempo, acabará dando los frutos que deseas.

Aprendiendo de las clases de yoga

Todos aprendemos de las personas que nos rodean, es algo natural; es la primera forma en la que aprendemos cuando somos pequeños, cuando no sabemos hablar, ni leer ni escribir, y nos queda todo por aprender.

Cuando vamos a clases de yoga, también aprendemos. Aunque no queramos. Porque en cualquier materia hay alumnos que tienen un especial interés en aprender, en absorber conocimiento, y otros cuyo interés es practicar y no le dan muchas vueltas a quedarse con la teoría. Pero aun así, con la práctica, esta se vuelve conocimiento integrado, sin apenas esfuerzo y casi sin darnos cuenta.

Hoy os propongo un ejercicio que os puede ayudar especialmente si queréis ser profesores en el futuro, aunque también os puede aportar para desarrollar vuestra propia práctica personal, aunque no tengáis intenciones de enseñar, y es igualmente útil para elegir un profesor de yoga si estás en el proceso de buscar uno, ya sea para ir a clase regularmente o para hacer un curso de formación.

Si practicáis un estilo o linaje determinado de yoga y/o meditación, tomad 5 clases con profesores diferentes dentro de ese estilo o linaje. Además, tomad 5 clases con profesores diferentes de otros estilos o linajes. Al finalizar cada una de esas clases, mientras tomáis un café tranquilamente, sentaos a escribir lo que os ha gustado, tanto de la clase como del profesor o profesora, y lo que no os ha gustado y cómo se podría mejorar. Cómo el profesor entró en el espacio, cómo recibía y trataba a los alumnos antes de la clase, la secuencia, los ajustes, su lenguaje, cómo gestionaba el espacio; ¿se movía por la sala?, ¿demostraba las posturas?, cómo te sentías mental y físicamente antes y después de la clase… Apunta cualquier cosa que te llamara la atención o resonara especialmente contigo, con tus gustos, estilo, personalidad y valores.

Este ejercicio nos puede ayudar a ser más conscientes tanto de las cosas que valoramos y queremos que siempre estén presentes en nuestros profesores, como de aquellas que no queremos imitar, que insultan nuestros principios. Porque, al igual que cuando somos pequeños aprendemos de manera automática por imitación, de adultos esto puede pasar también sin que nos demos cuenta, y que no todo lo que aprendamos de esa manera sea bueno.

Nos ayuda a darnos cuenta de las cosas concretas que queremos añadir a nuestra práctica, de los efectos que tienen en nuestro cuerpo y nuestra mente determinadas secuencias, ejercicios o posturas. Y hace que, poco a poco, cogiendo de aquí y de allá, vayamos completando el puzle de nuestro propio yoga. Porque yoga, para ti, solo hay uno: el tuyo.

Espero que te sirva.

La intención de tu práctica

Tu intención va a influir inmensamente no solo en aquello que decidas que sea tu práctica personal, sino también en la manera en que lo practicas. Y aunque este blog trate más sobre el yoga y la meditación, en realidad es algo aplicable a cualquier práctica, a cualquier actividad vital.

Creo que la mayoría de las personas que comienzan a practicar yoga y/o meditación en los países occidentales, suelen hacerlo por motivos más bien mundanos: ganar flexibilidad, aliviar el dolor de espalda (este fue mi primer motivo), la ansiedad (¡el segundo!) o el estrés, ser más productivos en el trabajo, perder peso… Y seguramente no haya nada de malo en ello. Mientras nos ayude a solucionar nuestro problema, no tendremos inconveniente en cantar un Om, poner las manos como si fuéramos a rezar, decir Namaste o escuchar alguna enseñanza de Buda. Incluso se nos hará natural el mencionar los nombres de las posturas de yoga en sánscrito.

Para algunos, el yoga será una práctica que trasciende lo meramente físico y se convierte en espiritual. Otros cuantos, aún conscientes de que hay un no sé qué aparte del puro ejercicio físico, seguramente no encuentren un calificativo con el que se sientan cómodos para definirlo. En cualquier caso, es bastante frecuente que una persona descubra que el motivo principal por el cual continúa practicando al cabo del tiempo difiere de aquel por el que se animó a empezar a practicar en un principio. Donde antes solo había una motivación «terrenal», ahora hay algo más.

Me resulta curioso que no solo difieran los objetivos de las personas que asisten a una clase de yoga, sino que es muy probable que la intención principal del profesor al dar la clase también sea diferente. Y no resulta infrecuente que la misma clase de yoga satisfaga razonablemente las diversas expectativas de los distintos implicados.

Pero a pesar de que lo anterior es posible, también es muy probable que la intención existente detrás de nuestra práctica haga que nos decantemos por ciertos tipos de yoga y evitemos otros, que elijamos cierto perfil de profesores o que comencemos a incluir en nuestra práctica la meditación u otros elementos aparte de las posturas. A medida que nuestra intención cambie, no solo cambiará la forma o disciplina que practiquemos; también cambiarán los principios que rijan nuestra práctica, y seguramente llegará un momento en el que el fin no justificará los medios, sino que estos se habrán convertido en parte del propio fin.

Considero que es de vital importancia ser conscientes de la intención que subyace en nuestra práctica. A lo mejor llega el día, tras haber probado todos los yogas, las distintas tradiciones, haber cantado en varios idiomas orientales, recorrido todo el mundo visitando numerosos maestros y llevar muchas horas de meditación en tus posaderas, en que no sabes por qué practicas. Y es posible que aun así sigas practicando sin saber el motivo, y que lo hagas lleno de alegría.

Pero también puede ser que, desencantado, abandones la práctica. Si tienes «suerte», volverás a la «normalidad» y todo será un lejano recuerdo. Pero, si a pesar de no estar aún despierto, has dejado de estar dormido, y decides enrollar la esterilla, ¡ay!, lo siento por ti. Porque en la vida real no puedes elegir tomarte la pastilla azul y volver a dormir sin recordar nada. Y aunque tu práctica no sea el camino de rosas que creías en un principio, y tu «Yo» no sepa por qué practicas (porque el yo no puede saberlo, ni tiene ningún motivo para despertar), hay algo dentro de ti, un impulso subyacente que te empuja a practicar y te ha llevado donde estás, aunque no te guste. Simplemente sé consciente de ello y recuerda que, al no haber pastilla azul, solo te queda la opción de la pastilla roja, la elijas en esta vida o esperes a otra para tomarla.

La intención de tu práctica
febrero 11th, 2020|Tags: , , , |

Vuestra práctica

Normalmente, cuando practicamos esperamos algo: si nos esforzamos duramente, nuestra práctica mejorará. Si nos fijamos una meta en la práctica, acabaremos alcanzándola. Tenemos la idea de que la práctica mejorará cada día y que será buena para nuestra salud y nuestro estado mental. Aunque esto sea cierto, significa que no la comprendemos del todo.

Practicamos también sabiendo que la meta no se alcanza al cabo de uno o dos años, sino que está aquí mismo. Aquí está la meta de la práctica. Cuando practicáis con esta comprensión, os estáis ocupando de muchas cosas y, al mismo tiempo, estáis concentrados, totalmente dedicados a la práctica que estáis haciendo en ese preciso momento.

Podéis decir: «Mi práctica no es lo bastante buena para sentir la meta o todo el significado que conlleva en ese preciso momento». Pero aunque digáis que vuestra práctica no es lo bastante buena, por ahora es la única que tenéis. Sea buena o mala, es vuestra práctica. La única forma de abordar una práctica perfecta es aceptarse a sí mismo. Decir que vuestra práctica es mala no la ayuda en nada, como tampoco decir que es excelente. Vuestra práctica es vuestra práctica. Solo la estáis catalogando de buena o mala, eso es todo.

Suzuki, Shunryu. No siempre será así.

septiembre 3rd, 2019|Tags: , , |

Jala Neti: dale un lavado a tu nariz

Al igual que cualquier artesano mantiene sus herramientas en perfectas condiciones, un yogui ha de hacer lo mismo con las suyas. Y una de las herramientas principales a la que no le suelen prestar atención muchos yoguis actuales es la nariz. Tanto si nos movemos al ritmo de la respiración durante la práctica de asanas como si usamos la respiración como objeto en la meditación sentada, nuestra práctica será mucho más agradable y eficiente si nuestras fosas nasales están limpias y despejadas, de manera que el aire pueda fluir con facilidad por ellas. Incluso aunque no practiquemos yoga, desde que nacemos hasta que morimos estamos continuamente respirando, y la calidad de nuestra respiración influirá en la calidad de nuestra vida.

Un método para mantener limpia nuestra nariz es la práctica de lavados nasales, conocida como Jala Neti en yoga.

Preparativos para practicar Jala Neti

Neti Pot

Normalmente se utiliza una lota o neti pot, que es un recipiente con una boquilla, la punta de la cual se introduce en la fosa nasal para que entre la solución salina. Dicha solución la prepararemos con agua ligeramente caliente (la temperatura corporal es suficiente) y sal. Podemos usar sal común sin yodar (cloruro sódico), aunque algunas fuentes recomiendan cloruro potásico para obtener mejores resultados. La proporción es aproximadamente de media cucharilla de sal por cada neti pot de agua, aunque puede que tengamos que ajustar la concentración según el tamaño de la lota y nuestras sensaciones, por ejemplo, si notamos irritación o ligera quemazón por dentro al pasar el agua. También es conveniente tener a mano un pañuelo para limpiarnos la nariz y un recipiente para que caigan el agua y los moquetes, o hacerlo sobre el lavabo.

Cómo realizar Jala Neti

Puedes hacerlo en el baño, delante del espejo para tener una referencia visual y sobre el lavabo para que caigan los residuos, insertando la boquilla de la lota por una fosa nasal e inclinando la cabeza hacia el lado contrario y ligeramente hacia delante hasta que la gravedad haga que el agua encuentre su camino hacia arriba de la primera fosa nasal y salga por el otro lado. El agua no debe subir a los cornetes ya que eso causa una sensación desagradable en la parte superior de la cabeza. Si eso sucede, es que estás inclinando la cabeza demasiado hacia atrás. También puede suceder que el agua caiga a la garganta, seguramente por tener la cabeza inclinada hacia atrás o por no respirar con suficiente amplitud por la boca. Las primeras veces que hagas Jala Neti puede que tengas que experimentar con el ángulo de inclinación hasta dar con el adecuado.

Jala Neti

Suénate la nariz para eliminar los restos de agua y mocos (ver el siguiente apartado para los detalles) y vuelve a llenar el neti pot con la solución salina para repetir el proceso por el otro lado.

Secando y eliminando los restos de agua

Al terminar Jala Neti es muy importante eliminar o secar todos los restos de agua que hayan podido quedar en las distintas cavidades de la cabeza. Para sonarnos la nariz yo distingo dos formas; la que hemos hecho toda la vida para sonarnos «desde la nariz», o desde el abdomen usando Kapalabhati. Si tenemos los oídos sensibles, posiblemente notaremos que la segunda opción es mucho más suave para estos. Nos sonaremos repetidas veces desde distintos ángulos, sin tapar nunca ambos lados de la nariz a la vez, por ejemplo:

  • Con la cabeza y el tronco erguidos, tapando la fosa nasal derecha, y sonándonos o haciendo Kapalabhati por la fosa nasal izquierda unas 10 veces o hasta que notemos que ya no va a salir nada más. Repetiremos el proceso con la fosa nasal derecha y luego con ambos lados de la nariz a la vez.

  • Con la cabeza y el tronco paralelos al suelo, flexionando desde la cadera. Miraremos hacia la izquierda, de manera que tendremos la cabeza ladeada, y haremos lo mismo que en el paso anterior, repitiendo en la otra fosa nasal y cambiando el sentido hacia el que ladeamos la cabeza. Después miraremos hacia abajo y lo haremos con ambas fosas nasales a la vez.
  • Podemos también limpiar ambos lados de la nariz a la vez en posturas invertidas, ya sea en perro cabeza abajo o como si fuéramos a subir al apoyo sobre la cabeza, pero sin elevar las caderas ni levantar las piernas.

También puede ayudar a sacar el agua restante rotar el cuello. A mí me sucede a veces que a pesar de notar la nariz despejada y haber hecho Kapalabhati o haberme sonado la nariz en todas las posturas anteriores, cuando hago rotaciones articulares que implican mover la cabeza inclinándola el agua sale sin esfuerzo.

Limpia y aclara el neti pot y deja que se seque al aire libre.

Puedes practicar Jala Neti todos los días como parte de tu rutina de yoga (yo lo hago), especialmente para ayudar con la sinusitis crónica.

Beneficios de practicar Jala Neti

Una vez le coges el truco, Jala Neti se tarda muy poco en hacer. Deja la nariz limpia, la respiración más libre y la mente se siente más despejada y alerta. Puede ayudar a aliviar los síntomas de sinusitis (la sinusitis crónica es uno de los problemas de salud con mayor prevalencia en Europa y Estados Unidos), asma, alergias nasales y resfriados. Resensibiliza la nariz, especialmente en fumadores, lo que podremos notar en nuestro sentido del olfato y a la hora de practicar pranayamas o concentrarnos en la respiración. Es muy útil si vas a practicar la respiración alterna y necesitas poder respirar por ambos lados de la nariz.

Contraindicaciones de Jala Neti

Si la nariz está muy taponada debido a un fuerte resfriado, si sangra o hay una infección interna, es mejor abstenerse de realizar Jala Neti.

Evitarlo también si tenemos dolor de oído.

Mejor practicarlo a primera hora de la mañana con el estómago vacío, y evitar hacerlo después de las comidas y por la noche (aunque esto último puede que queramos hacerlo si lo usamos varias veces al día como terapia).

diciembre 4th, 2018|Tags: , , , |

Respiración Alterna (Anuloma Viloma, Nadi Shodhana)

Los ejercicios de respiración alterna en yoga ayudan a equilibrar cuerpo y mente, dejándonos en un estado mental relajado pero alerta. También aumentan la sensibilidad para percibir y ser conscientes de la respiración en las fosas nasales. Hay numerosos patrones que pueden ser practicados con la respiración alterna. A este tipo de respiración (o a algunos de sus patrones en concreto; cada linaje y tradición difieren en su denominación) también se lo conoce como Anuloma Viloma, Nadi Shodhana o Nadi Shuddhi.

Posición de la mano en la respiración alterna

Dobla los dedos índice y corazón de la mano derecha, de forma que toquen cerca de la base del pulgar, quedando el meñique apoyado contra el dedo anular.

Mudra para la respiración alterna en yoga

Shanka Mudra o Vishnu Mudra. Shanka significa caracola, objeto que porta Vishnu en una de sus cuatro manos.

Técnica I de respiración alterna

Siéntate con la espalda erguida y relajada y cierra los ojos. Prepara la mano derecha con el mudra y descansa la izquierda sobre la rodilla. El ciclo es el siguiente:

1. Cierra el orificio nasal derecho con el pulgar de la mano derecha, e inhala y exhala 5 veces por el orificio izquierdo. Permanece atento a cada respiración.

2. Tras la quinta exhalación, abre el orificio derecho y cierra el izquierdo con el dedo anular. Inhala y exhala 5 veces por el lado derecho.

3. Tras la quinta exhalación, descansa la mano y realiza 5 respiraciones completas usando ambas fosas nasales.

Practica de 3 a 5 rondas.

Ten cuidado de no empujar con la mano de manera que se incline la cabeza, ni tampoco torciendo el septum. Tradicionalmente solo se utiliza la mano derecha para realizar la respiración alterna, pero si notamos que acumulamos excesiva tensión en el brazo o en el hombro podemos ir cambiando la mano con la que aplicamos los cierres.

Al finalizar tu práctica, tómate siempre un tiempo para observar sus efectos. ¿Cómo describirías tu estado mental?

Técnica II de respiración alterna

  1. Cierra la fosa nasal derecha e inhala por la izquierda.

  2. Exhala por la derecha.
  3. Inhala por la derecha.
  4. Exhala por la izquierda.

Practica de 5 a 20 rondas, finalizando cuando exhales por el lado izquierdo. Cada 4-5 ciclos abre momentáneamente los ojos y comprueba tu postura.

Tómate unos instantes para observar los efectos de tu práctica. Si has realizado en otras ocasiones la primera técnica de respiración alterna, ¿cómo se comparan con ella los efectos de esta segunda técnica?

Respiración alterna con cuenta

Una vez nos hemos familiarizado con las formas más elementales de respiración alterna, podemos incorporar una cuenta mental. Esta nos servirá primeramente para asegurarnos de que tanto la inhalación como la exhalación tienen la misma duración. Comienza con una cifra que sea cómoda de alcanzar, y ve incrementándola poco a poco, sin que haya sensación de tensión o incomodidad. El hecho de que el ciclo respiratorio se vaya alargando debe ser consecuencia de la aceptación y la relajación, no del esfuerzo o el uso agresivo de la fuerza de voluntad. Contar puede ser una buena manera de mantener la mente concentrada, especialmente si tendemos a distraernos.

octubre 12th, 2018|Tags: , , , |