Aprendiendo de las clases de yoga

Todos aprendemos de las personas que nos rodean, es algo natural; es la primera forma en la que aprendemos cuando somos pequeños, cuando no sabemos hablar, ni leer ni escribir, y nos queda todo por aprender.

Cuando vamos a clases de yoga, también aprendemos. Aunque no queramos. Porque en cualquier materia hay alumnos que tienen un especial interés en aprender, en absorber conocimiento, y otros cuyo interés es practicar y no le dan muchas vueltas a quedarse con la teoría. Pero aun así, con la práctica, esta se vuelve conocimiento integrado, sin apenas esfuerzo y casi sin darnos cuenta.

Hoy os propongo un ejercicio que os puede ayudar especialmente si queréis ser profesores en el futuro, aunque también os puede aportar para desarrollar vuestra propia práctica personal, aunque no tengáis intenciones de enseñar, y es igualmente útil para elegir un profesor de yoga si estás en el proceso de buscar uno, ya sea para ir a clase regularmente o para hacer un curso de formación.

Si practicáis un estilo o linaje determinado de yoga y/o meditación, tomad 5 clases con profesores diferentes dentro de ese estilo o linaje. Además, tomad 5 clases con profesores diferentes de otros estilos o linajes. Al finalizar cada una de esas clases, mientras tomáis un café tranquilamente, sentaos a escribir lo que os ha gustado, tanto de la clase como del profesor o profesora, y lo que no os ha gustado y cómo se podría mejorar. Cómo el profesor entró en el espacio, cómo recibía y trataba a los alumnos antes de la clase, la secuencia, los ajustes, su lenguaje, cómo gestionaba el espacio; ¿se movía por la sala?, ¿demostraba las posturas?, cómo te sentías mental y físicamente antes y después de la clase… Apunta cualquier cosa que te llamara la atención o resonara especialmente contigo, con tus gustos, estilo, personalidad y valores.

Este ejercicio nos puede ayudar a ser más conscientes tanto de las cosas que valoramos y queremos que siempre estén presentes en nuestros profesores, como de aquellas que no queremos imitar, que insultan nuestros principios. Porque, al igual que cuando somos pequeños aprendemos de manera automática por imitación, de adultos esto puede pasar también sin que nos demos cuenta, y que no todo lo que aprendamos de esa manera sea bueno.

Nos ayuda a darnos cuenta de las cosas concretas que queremos añadir a nuestra práctica, de los efectos que tienen en nuestro cuerpo y nuestra mente determinadas secuencias, ejercicios o posturas. Y hace que, poco a poco, cogiendo de aquí y de allá, vayamos completando el puzle de nuestro propio yoga. Porque yoga, para ti, solo hay uno: el tuyo.

Espero que te sirva.

La intención de tu práctica

Tu intención va a influir inmensamente no solo en aquello que decidas que sea tu práctica personal, sino también en la manera en que lo practicas. Y aunque este blog trate más sobre el yoga y la meditación, en realidad es algo aplicable a cualquier práctica, a cualquier actividad vital.

Creo que la mayoría de las personas que comienzan a practicar yoga y/o meditación en los países occidentales, suelen hacerlo por motivos más bien mundanos: ganar flexibilidad, aliviar el dolor de espalda (este fue mi primer motivo), la ansiedad (¡el segundo!) o el estrés, ser más productivos en el trabajo, perder peso… Y seguramente no haya nada de malo en ello. Mientras nos ayude a solucionar nuestro problema, no tendremos inconveniente en cantar un Om, poner las manos como si fuéramos a rezar, decir Namaste o escuchar alguna enseñanza de Buda. Incluso se nos hará natural el mencionar los nombres de las posturas de yoga en sánscrito.

Para algunos, el yoga será una práctica que trasciende lo meramente físico y se convierte en espiritual. Otros cuantos, aún conscientes de que hay un no sé qué aparte del puro ejercicio físico, seguramente no encuentren un calificativo con el que se sientan cómodos para definirlo. En cualquier caso, es bastante frecuente que una persona descubra que el motivo principal por el cual continúa practicando al cabo del tiempo difiere de aquel por el que se animó a empezar a practicar en un principio. Donde antes solo había una motivación «terrenal», ahora hay algo más.

Me resulta curioso que no solo difieran los objetivos de las personas que asisten a una clase de yoga, sino que es muy probable que la intención principal del profesor al dar la clase también sea diferente. Y no resulta infrecuente que la misma clase de yoga satisfaga razonablemente las diversas expectativas de los distintos implicados.

Pero a pesar de que lo anterior es posible, también es muy probable que la intención existente detrás de nuestra práctica haga que nos decantemos por ciertos tipos de yoga y evitemos otros, que elijamos cierto perfil de profesores o que comencemos a incluir en nuestra práctica la meditación u otros elementos aparte de las posturas. A medida que nuestra intención cambie, no solo cambiará la forma o disciplina que practiquemos; también cambiarán los principios que rijan nuestra práctica, y seguramente llegará un momento en el que el fin no justificará los medios, sino que estos se habrán convertido en parte del propio fin.

Considero que es de vital importancia ser conscientes de la intención que subyace en nuestra práctica. A lo mejor llega el día, tras haber probado todos los yogas, las distintas tradiciones, haber cantado en varios idiomas orientales, recorrido todo el mundo visitando numerosos maestros y llevar muchas horas de meditación en tus posaderas, en que no sabes por qué practicas. Y es posible que aun así sigas practicando sin saber el motivo, y que lo hagas lleno de alegría.

Pero también puede ser que, desencantado, abandones la práctica. Si tienes «suerte», volverás a la «normalidad» y todo será un lejano recuerdo. Pero, si a pesar de no estar aún despierto, has dejado de estar dormido, y decides enrollar la esterilla, ¡ay!, lo siento por ti. Porque en la vida real no puedes elegir tomarte la pastilla azul y volver a dormir sin recordar nada. Y aunque tu práctica no sea el camino de rosas que creías en un principio, y tu «Yo» no sepa por qué practicas (porque el yo no puede saberlo, ni tiene ningún motivo para despertar), hay algo dentro de ti, un impulso subyacente que te empuja a practicar y te ha llevado donde estás, aunque no te guste. Simplemente sé consciente de ello y recuerda que, al no haber pastilla azul, solo te queda la opción de la pastilla roja, la elijas en esta vida o esperes a otra para tomarla.

La intención de tu práctica
febrero 11th, 2020|Tags: , , , |

Vuestra práctica

Normalmente, cuando practicamos esperamos algo: si nos esforzamos duramente, nuestra práctica mejorará. Si nos fijamos una meta en la práctica, acabaremos alcanzándola. Tenemos la idea de que la práctica mejorará cada día y que será buena para nuestra salud y nuestro estado mental. Aunque esto sea cierto, significa que no la comprendemos del todo.

Practicamos también sabiendo que la meta no se alcanza al cabo de uno o dos años, sino que está aquí mismo. Aquí está la meta de la práctica. Cuando practicáis con esta comprensión, os estáis ocupando de muchas cosas y, al mismo tiempo, estáis concentrados, totalmente dedicados a la práctica que estáis haciendo en ese preciso momento.

Podéis decir: «Mi práctica no es lo bastante buena para sentir la meta o todo el significado que conlleva en ese preciso momento». Pero aunque digáis que vuestra práctica no es lo bastante buena, por ahora es la única que tenéis. Sea buena o mala, es vuestra práctica. La única forma de abordar una práctica perfecta es aceptarse a sí mismo. Decir que vuestra práctica es mala no la ayuda en nada, como tampoco decir que es excelente. Vuestra práctica es vuestra práctica. Solo la estáis catalogando de buena o mala, eso es todo.

Suzuki, Shunryu. No siempre será así.

septiembre 3rd, 2019|Tags: , , |

Jala Neti: dale un lavado a tu nariz

Al igual que cualquier artesano mantiene sus herramientas en perfectas condiciones, un yogui ha de hacer lo mismo con las suyas. Y una de las herramientas principales a la que no le suelen prestar atención muchos yoguis actuales es la nariz. Tanto si nos movemos al ritmo de la respiración durante la práctica de asanas como si usamos la respiración como objeto en la meditación sentada, nuestra práctica será mucho más agradable y eficiente si nuestras fosas nasales están limpias y despejadas, de manera que el aire pueda fluir con facilidad por ellas. Incluso aunque no practiquemos yoga, desde que nacemos hasta que morimos estamos continuamente respirando, y la calidad de nuestra respiración influirá en la calidad de nuestra vida.

Un método para mantener limpia nuestra nariz es la práctica de lavados nasales, conocida como Jala Neti en yoga.

Preparativos para practicar Jala Neti

Neti Pot

Normalmente se utiliza una lota o neti pot, que es un recipiente con una boquilla, la punta de la cual se introduce en la fosa nasal para que entre la solución salina. Dicha solución la prepararemos con agua ligeramente caliente (la temperatura corporal es suficiente) y sal. Podemos usar sal común sin yodar (cloruro sódico), aunque algunas fuentes recomiendan cloruro potásico para obtener mejores resultados. La proporción es aproximadamente de media cucharilla de sal por cada neti pot de agua, aunque puede que tengamos que ajustar la concentración según el tamaño de la lota y nuestras sensaciones, por ejemplo, si notamos irritación o ligera quemazón por dentro al pasar el agua. También es conveniente tener a mano un pañuelo para limpiarnos la nariz y un recipiente para que caigan el agua y los moquetes, o hacerlo sobre el lavabo.

Cómo realizar Jala Neti

Puedes hacerlo en el baño, delante del espejo para tener una referencia visual y sobre el lavabo para que caigan los residuos, insertando la boquilla de la lota por una fosa nasal e inclinando la cabeza hacia el lado contrario y ligeramente hacia delante hasta que la gravedad haga que el agua encuentre su camino hacia arriba de la primera fosa nasal y salga por el otro lado. El agua no debe subir a los cornetes ya que eso causa una sensación desagradable en la parte superior de la cabeza. Si eso sucede, es que estás inclinando la cabeza demasiado hacia atrás. También puede suceder que el agua caiga a la garganta, seguramente por tener la cabeza inclinada hacia atrás o por no respirar con suficiente amplitud por la boca. Las primeras veces que hagas Jala Neti puede que tengas que experimentar con el ángulo de inclinación hasta dar con el adecuado.

Jala Neti

Suénate la nariz para eliminar los restos de agua y mocos (ver el siguiente apartado para los detalles) y vuelve a llenar el neti pot con la solución salina para repetir el proceso por el otro lado.

Secando y eliminando los restos de agua

Al terminar Jala Neti es muy importante eliminar o secar todos los restos de agua que hayan podido quedar en las distintas cavidades de la cabeza. Para sonarnos la nariz yo distingo dos formas; la que hemos hecho toda la vida para sonarnos «desde la nariz», o desde el abdomen usando Kapalabhati. Si tenemos los oídos sensibles, posiblemente notaremos que la segunda opción es mucho más suave para estos. Nos sonaremos repetidas veces desde distintos ángulos, sin tapar nunca ambos lados de la nariz a la vez, por ejemplo:

  • Con la cabeza y el tronco erguidos, tapando la fosa nasal derecha, y sonándonos o haciendo Kapalabhati por la fosa nasal izquierda unas 10 veces o hasta que notemos que ya no va a salir nada más. Repetiremos el proceso con la fosa nasal derecha y luego con ambos lados de la nariz a la vez.

  • Con la cabeza y el tronco paralelos al suelo, flexionando desde la cadera. Miraremos hacia la izquierda, de manera que tendremos la cabeza ladeada, y haremos lo mismo que en el paso anterior, repitiendo en la otra fosa nasal y cambiando el sentido hacia el que ladeamos la cabeza. Después miraremos hacia abajo y lo haremos con ambas fosas nasales a la vez.
  • Podemos también limpiar ambos lados de la nariz a la vez en posturas invertidas, ya sea en perro cabeza abajo o como si fuéramos a subir al apoyo sobre la cabeza, pero sin elevar las caderas ni levantar las piernas.

También puede ayudar a sacar el agua restante rotar el cuello. A mí me sucede a veces que a pesar de notar la nariz despejada y haber hecho Kapalabhati o haberme sonado la nariz en todas las posturas anteriores, cuando hago rotaciones articulares que implican mover la cabeza inclinándola el agua sale sin esfuerzo.

Limpia y aclara el neti pot y deja que se seque al aire libre.

Puedes practicar Jala Neti todos los días como parte de tu rutina de yoga (yo lo hago), especialmente para ayudar con la sinusitis crónica.

Beneficios de practicar Jala Neti

Una vez le coges el truco, Jala Neti se tarda muy poco en hacer. Deja la nariz limpia, la respiración más libre y la mente se siente más despejada y alerta. Puede ayudar a aliviar los síntomas de sinusitis (la sinusitis crónica es uno de los problemas de salud con mayor prevalencia en Europa y Estados Unidos), asma, alergias nasales y resfriados. Resensibiliza la nariz, especialmente en fumadores, lo que podremos notar en nuestro sentido del olfato y a la hora de practicar pranayamas o concentrarnos en la respiración. Es muy útil si vas a practicar la respiración alterna y necesitas poder respirar por ambos lados de la nariz.

Contraindicaciones de Jala Neti

Si la nariz está muy taponada debido a un fuerte resfriado, si sangra o hay una infección interna, es mejor abstenerse de realizar Jala Neti.

Evitarlo también si tenemos dolor de oído.

Mejor practicarlo a primera hora de la mañana con el estómago vacío, y evitar hacerlo después de las comidas y por la noche (aunque esto último puede que queramos hacerlo si lo usamos varias veces al día como terapia).

diciembre 4th, 2018|Tags: , , , |

Respiración Alterna (Anuloma Viloma, Nadi Shodhana)

Los ejercicios de respiración alterna en yoga ayudan a equilibrar cuerpo y mente, dejándonos en un estado mental relajado pero alerta. También aumentan la sensibilidad para percibir y ser conscientes de la respiración en las fosas nasales. Hay numerosos patrones que pueden ser practicados con la respiración alterna. A este tipo de respiración (o a algunos de sus patrones en concreto; cada linaje y tradición difieren en su denominación) también se lo conoce como Anuloma Viloma, Nadi Shodhana o Nadi Shuddhi.

Posición de la mano en la respiración alterna

Dobla los dedos índice y corazón de la mano derecha, de forma que toquen cerca de la base del pulgar, quedando el meñique apoyado contra el dedo anular.

Mudra para la respiración alterna en yoga

Shanka Mudra o Vishnu Mudra. Shanka significa caracola, objeto que porta Vishnu en una de sus cuatro manos.

Técnica I de respiración alterna

Siéntate con la espalda erguida y relajada y cierra los ojos. Prepara la mano derecha con el mudra y descansa la izquierda sobre la rodilla. El ciclo es el siguiente:

1. Cierra el orificio nasal derecho con el pulgar de la mano derecha, e inhala y exhala 5 veces por el orificio izquierdo. Permanece atento a cada respiración.

2. Tras la quinta exhalación, abre el orificio derecho y cierra el izquierdo con el dedo anular. Inhala y exhala 5 veces por el lado derecho.

3. Tras la quinta exhalación, descansa la mano y realiza 5 respiraciones completas usando ambas fosas nasales.

Practica de 3 a 5 rondas.

Ten cuidado de no empujar con la mano de manera que se incline la cabeza, ni tampoco torciendo el septum. Tradicionalmente solo se utiliza la mano derecha para realizar la respiración alterna, pero si notamos que acumulamos excesiva tensión en el brazo o en el hombro podemos ir cambiando la mano con la que aplicamos los cierres.

Al finalizar tu práctica, tómate siempre un tiempo para observar sus efectos. ¿Cómo describirías tu estado mental?

Técnica II de respiración alterna

  1. Cierra la fosa nasal derecha e inhala por la izquierda.

  2. Exhala por la derecha.
  3. Inhala por la derecha.
  4. Exhala por la izquierda.

Practica de 5 a 20 rondas, finalizando cuando exhales por el lado izquierdo. Cada 4-5 ciclos abre momentáneamente los ojos y comprueba tu postura.

Tómate unos instantes para observar los efectos de tu práctica. Si has realizado en otras ocasiones la primera técnica de respiración alterna, ¿cómo se comparan con ella los efectos de esta segunda técnica?

Respiración alterna con cuenta

Una vez nos hemos familiarizado con las formas más elementales de respiración alterna, podemos incorporar una cuenta mental. Esta nos servirá primeramente para asegurarnos de que tanto la inhalación como la exhalación tienen la misma duración. Comienza con una cifra que sea cómoda de alcanzar, y ve incrementándola poco a poco, sin que haya sensación de tensión o incomodidad. El hecho de que el ciclo respiratorio se vaya alargando debe ser consecuencia de la aceptación y la relajación, no del esfuerzo o el uso agresivo de la fuerza de voluntad. Contar puede ser una buena manera de mantener la mente concentrada, especialmente si tendemos a distraernos.

octubre 12th, 2018|Tags: , , , |

Yoga: cambiando los hábitos estresantes del cerebro

Tres veces a la semana mi padre conduce a las 7 de la mañana en dirección a un estudio de danza a cinco manzanas de la playa. En la luminosa sala de suelo de madera un hombre musculoso con la cabeza afeitada y en bañador susurra instrucciones en una mezcla de inglés y sánscrito. Mi padre, y el resto de la clase (la mayoría actrices bronceadas y flexibles en mallas negras de Lululemon) se doblan y retuercen en extrañas posturas. Las ventanas se empañan con la condensación de la respiración colectiva.

Mi padre lleva asistiendo a clases de yoga más de 6 años. A mí siempre me han interesado el ejercicio y los deportes, pero no entendía qué había de extraordinario en esta rara técnica de estiramiento prolongado. También tenía un interés paralelo en neurociencia, pero poco me imaginaba que esta antigua práctica cambiaría mi entendimiento sobre la relación entre el cuerpo y el cerebro.

El yoga puede, supuestamente, mejorar el sistema inmune y los síntomas de la depresión, así como reducir el dolor crónico, el estrés y la presión arterial. Estas afirmaciones han sido hechas por los yoguis a lo largo de los años, y sonaban a tonterías new age. Sin embargo, y sorprendentemente, toda esa lista de beneficios está respaldada por investigaciones científicas.

Puede sonar a cosa de magia que posar como un guerrero orgulloso o como un cuervo pueda tener tamaños efectos, pero no es magia. Es neurobiología. La siguiente frase puede sonarte o muy profunda o tremendamente obvia, pero todo se resume en esto: las cosas que haces y los pensamientos que tienes cambian los patrones de funcionamiento y la composición química de tu cerebro. Incluso actos tan simples como cambiar tu postura, relajar los músculos faciales, o ralentizar tu frecuencia respiratoria pueden afectar a tu actividad cerebral (más allá de la actividad necesaria para llevar a cabo la acción). Estos cambios son a menudo pasajeros, pero pueden ser duraderos, especialmente si implican el cambio de un hábito.

La primera vez que madrugué para ir con mi padre a yoga, tenía en la cabeza la imagen de una habitación repleta de gente contorsionándose lentamente para alcanzar la iluminación. Cuando la clase estaba a punto de comenzar, mi padre masculló desde la esterilla de al lado: “Se supone que tienes que respirar a través de la nariz a la vez que constriñes la parte posterior de la garganta para hacer un sonido como el del océano”. Aquello sonaba un poco entre hippy y cursi, pero lo probé de todas formas, solo para descubrir después que ese era uno de los factores clave del efecto del yoga en el cerebro.

En quince minutos estaba chorreando tanto sudor que apenas podía sostener un perro cabeza abajo. Pero a lo largo de todas las posturas, el instructor seguía mencionando como se suponía que debíamos mantener nuestra respiración calmada y con un ritmo constante. ¿Calmados? ¿En serio? Mis músculos temblaban mientras intentaba mantenerme en la postura de una flexión de brazos a 6 centímetros del suelo. Cuando el profesor nos pidió que giráramos de tal manera que el hombro derecho descendiera por debajo de la rodilla derecha, apenas podía llenar mis pulmones. Nos pidió que nos arqueáramos hacia atrás, y mi columna crujió y se resistió dolorosamente a mis esfuerzos. ¿Calmados? ¡Pero si quería que nos quedáramos apoyados sobre nuestras cabezas!

Como neurocientífico, a pesar de mi inicial incredulidad, me di cuenta de que el yoga funciona no porque las posturas sean relajantes, sino porque son estresantes. Son los intentos por permanecer calmado durante este estrés lo que produce el mayor beneficio neurobiológico de la práctica del yoga.

Tu cerebro tiende a reaccionar de forma automática ante la incomodidad y la desorientación, disparando la respuesta fisiológica al estrés y activando un ansioso diálogo entre el córtex prefrontal y el más emocional sistema límbico. La respuesta al estrés en sí misma incrementa la probabilidad de tener pensamientos angustiosos como el de “me va a dar un tirón” o “no puedo mantener esta posición por más tiempo”. Y de hecho, esos pensamientos a su vez agravan la respuesta al estrés.

Curiosamente, a pesar de las diferentes formas de situaciones estresantes en las que una persona puede encontrarse (quedarte sobre la cabeza, huir de un león, acabar un informe a las 5 de la mañana), el sistema nervioso solo tiene una respuesta ante el estrés. Los pensamientos específicos que tengas pueden cambiar, pero las áreas del cerebro involucradas y la respuesta fisiológica serán las mismas. La reacción fisiológica al estrés conlleva un aumento de la frecuencia cardiaca, de la frecuencia respiratoria, de la tensión muscular e incremento del cortisol y otras hormonas del estrés.

Lo fascinante de la interacción cuerpo-mente es que funciona en ambos sentidos. Por ejemplo, si estás estresado, tus músculos se tensarán (preparándose para huir de un león), y esto te llevará a un modo de pensar más negativo. Relajar esos músculos, en particular los músculos faciales, llevará al cerebro en el otro sentido, lejos del estrés y hacia pensamientos más relajados. De igual manera, bajo una situación de estrés tu frecuencia respiratoria aumenta. Ralentizar tu respiración apartará la respuesta al estrés de tu cerebro y llevará a este nuevamente hacia pensamientos más calmados.

¿Cómo encajamos todo esto? Como ya he comentado, la respuesta al estrés en el sistema nervioso es activada de forma refleja por las sensaciones de desasosiego y confusión. La torsión de tu columna, el ácido láctico producido por tus músculos tensándose, la incómoda sensación cuando estamos cabeza abajo, la incapacidad de respirar; todo ello son diferentes formas de desasosiego y confusión, y tienden a llevarnos automáticamente a un estado mental tenso y a la activación de la respuesta al estrés en todo el sistema nervioso. Sin embargo, el hecho de que esta respuesta sea automática no significa que sea necesaria. Es, de hecho, un hábito del cerebro. Uno de los principales propósitos del yoga es reentrenar este hábito de manera que tu cerebro deje de invocar automáticamente la respuesta al estrés.

Algunas personas pueden pensar que la respuesta al estrés es un reflejo innato y que por lo tanto no puede ser modificada. Esta respuesta es parcialmente innata, y parcialmente aprendida en las etapas iniciales de la infancia. Sí, la respuesta al estrés ya viene descargada e instalada en tu primer sistema operativo. Sin embargo, esta tendencia se ve aumentada por años de refuerzo. Particularmente te empapas de cómo los que te rodean, principalmente tus padres, reaccionan ante situaciones estresantes. Sus reacciones se programan en tu sistema nervioso. Pero no porque un hábito sea innato y después reforzado significa que sea inmune al cambio. Casi cualquier hábito puede ser cambiado, o al menos mejorado, mediante la repetición de un nuevo hábito.

Para darte un ejemplo de cómo cambiar una reacción innata similar, voy a cambiar totalmente de tercio y asumir que tenemos un problema con el reflejo faríngeo (el que evita que nos atragantemos con alimentos o bebidas). Probablemente la primera vez que intentáramos beber una cerveza entera de un trago este reflejo nos lo impediría. Pero con la práctica constante (que muchos hemos llevado a cabo en la realidad), al final suprimimos gran parte de ese reflejo. Al igual que con el reflejo faríngeo, el hecho de que tu respuesta al estrés sea innata y automática no significa que no pueda ser modificada mediante la práctica sostenida e intencionada.

Para algunas personas el levantarse a las 6:30 de la mañana para ir a una clase de yoga disparará automáticamente su respuesta al estrés. La buena noticia es que no necesitas ir a una clase para practicar yoga. Las posturas que la mayoría de la gente asocia con el yoga son simplemente una forma en particular de practicar yoga llamada asana (asana se traduce como “postura”). La práctica de asanas te desafía de un modo específico, pero la vida misma te ofrece numerosos desafíos de por sí. Ante cualquier situación estresante puedes intentar las mismas técnicas para calmarte; respirar lento y profundo, relajar los músculos de la cara, limpiar tu cabeza de pensamientos angustiosos, concentrarte en el momento presente. De hecho, aplicar estas técnicas a la vida real es de lo que trata el yoga en realidad. Yoga es simplemente el proceso de prestar atención al momento presente y calmar la mente. Con el paso del tiempo comenzarás a reentrenar tu reacción automática al estrés, y a reemplazarla por otra que te conduzca más hacia la felicidad y el bienestar general.

Tras volver varias veces a la clase de yoga de mi padre, llegué finalmente a la conclusión de que no solo puedes practicar yoga en la vida real, sino que también puedes ir a una clase de yoga y no estar realmente practicando yoga. Algunas de las personas que estaban alrededor de mi padre, especialmente en una ciudad tan preocupada con la imagen corporal como Los Ángeles, pueden simplemente estar poniendo sus piernas detrás de la cabeza, y aun así no concentrarse en mantener su respiración calmada y constante, o sus mentes despejadas. Puede que estén pensando en cualquier otra cosa.

chica con piernas detras de la cabeza

¿Está esta chica haciendo yoga?

Sin la intención sostenida de concentrarse en el presente y calmar la mente, ir a una clase de yoga puede ser una actividad mecánica realizada por inercia. Si lo pienso, ¿quién sabe si mi padre está realmente haciendo yoga y no simplemente mirando a las mujeres que se ponen las piernas detrás de la cabeza? Por mi parte, todo lo que puedo decir es que desde mi esterilla puedo oír su respiración yendo y viniendo, profunda y lentamente como el océano, y que no tiene ningún problema en quedarse apoyado sobre la cabeza.

Artículo original en inglés:

https://www.psychologytoday.com/blog/prefrontal-nudity/201109/yoga-changing-the-brains-stressful-habits