Si no llevamos mucho tiempo con nuestra práctica de meditación, o le dedicamos unos pocos minutos al día, puede que nos resulte extraño considerar la idea de tener que equilibrarla. Si esa es nuestra situación, seguramente ni siquiera debamos pensar en hacerlo. Pero algunas personas son más sensibles a las prácticas meditativas, e incluso una práctica de poco tiempo puede tener un fuerte impacto en ellas. Y si comenzamos a dedicarnos intensamente a ella, creo debemos tener siempre presente el concepto de equilibrio.

Cuando se trata de seres vivos, y de seres humanos en este caso, el equilibrio no es un punto estático, sino que está en constante fluctuación dentro de un rango. Y en cada persona habrá ciertas cualidades o valores cuyo rango de equilibrio será diferente respecto a otras, dependiendo de las carácterísticas individuales de cada uno. Lo que sea una práctica equilibrada para una persona en un momento dado, puede no serlo en otro momento diferente de su vida. Y lo que para unos sea extremo y desestabilizador, para otros será integrador y equilibrador. Así que no podemos separar el concepto de una práctica equilibrada, del tipo que sea, de la persona que la lleva a cabo.

A la hora de considerar el equilibrio en nuestra práctica de meditación, podemos hacerlo desde diferentes puntos de vista.

Por ejemplo, la relación entre el tiempo que empleamos aprendiendo teoría y practicando. Creo que al inicio es mejor aprender la teoría justa que nos invite a prácticar y nos permitar meditar por nosotros mismos. La teoría puede venir de un profesor en persona, de libros, meditaciones guiadas…

Encuentro a bastantes personas que solo utilizan meditaciones guiadas, lo cual está perfecto si buscas un rato de paz que no te demande nada. Pero si queremos progesar y desarrollar nuestra práctica de meditación, ser totalmente dependientes de otra persona (o, generalmente, del móvil, que irónicamente es el artefacto potencialmente más anti-meditativo) es desempoderante a la par que ineficiente. Es imposible que algo o alguien, sin una interacción con nosotros, sepa dónde nos encontramos en nuestro camino meditativo. Así que es muy probable que, si meditamos con asiduidad, llegue un momento en el que en nuestra práctica surja algo que no está contemplado dentro de la meditación guiada. Si no hemos aprendido nada de teoría, ni desarrollado nuestras propias herramientas y habilidades meditativas, y nuestro único recurso son las mismas grabaciones con las que llevamos tiempo practicando, estaremos perdidos sin saber dónde nos encontramos ni cómo progresar.

Un poco en contraposición a ese perfil, también me he encontrado frecuentemente con meditadores veteranos que se pasan por exceso de teoría. Han leído muchos libros, visto muchos vídeos, y/o atendido a numerosas charlas y retiros. Pero, a pesar de que casi todos ellos han pasado también muchas horas sobre el cojín de meditación, lo único que han acumulado verdaderamente es conocimiento.

Cuídate de la sabiduría que no te has ganado.

Este tipo de meditador está en un punto mucho peor que el anterior. Porque el que no sabe nada y es consciente de ello, puede aprender. Pero el que está ya lleno de ideas, aunque en la práctica no le lleven a ningún sitio, no está abierto ni tiene sitio para nada nuevo. Si no se desapega de lo aprendido, su meditación no avanzará, y solo buscará (sin fruto) las experiencias que ha léido descritas en palabras de otros, o aquellas a las que tuvo acceso tiempo atrás, cuando aún mantenía una mente de principiante.

Otra aproximación posible al equilibrio en nuestra práctica sería atendiendo al tiempo que dedicamos tanto a las distintas técnicas de meditación, como a otras tareas. Por ejemplo, en los retiros en lo que mayor progreso he hecho, había un equilibrio casi del 50% entre el tiempo de meditación sentada y caminando , aparte de un par de charlas al día, una sesión de práctica física (yoga, chi kung…), una tarea voluntaria (recoger las mesas después de comer, barrer, limpiar los baños, etc.) y una sesión de cánticos y meditación metta. En otros retiros, en los que se enfatizaba solo una técnica de meditación sentada muy por encima de cualquier otra actividad, me han surgido obstáculos y bloqueos con mayor frecuencia y de mayor importancia. Sin embargo, todo esto es muy personal. A otras personas es posible que el primer tipo de retiro les resulte demasiado distractivo o agitado, y se beneficien más del segundo.

También podemos analizar el equilibrio desde el punto de vista del objetivo de las técnicas de meditación que usemos. ¿Tengo la suficiente estabilidad mental para mi práctica de vippasana¿Han surgido en mi meditación estados mentales negativos que pueda neutralizar utilizando metta? ¿Noto que me falta energía o agudeza mental observando la respiración y necesito otras técnicas que me activen y den energía?

Y hablando de energía, el energético es otro baremos que podemos utilizar para saber si nuestra práctica está equilibrada. Por un lado, entre técnicas o actividades que me activen o den energía, como en el ejemplo de arriba, y aquellas que bajen la energía y me calmen. También si prácticamos otras disciplinas que buscan generar mucha energía, o «despertarla» y «enviarla hacia arriba», puede que necesitemos de un equilibrio en cuanto a desarrollar al mismo tiempo la capacidad para gestionar saludablemente esa energía, hacer que circule también hacia abajo, y/o ser capaces de mantener «los pies en la tierra».

Hay otros muchos factores que van a influir en el equilibrio de nuestra práctica meditativa: la comida que ingerimos, el resto de actividades que realizamos en nuestro día a día, la compañía que frecuentamos… Esta entrada es solo una introducción al concepto de equilibrio dentro de nuestra práctica meditativa o espiritual, que espero os invite a reflexionar sobre si en vuestra práctica existe cierto equilibrio, si lo necesita, y por dónde empezar a buscarlo.

Si somos afortunados de tener la capacidad y determinación para mantener una práctica más o menos intensa y constante, merece la pena cuidarla y revisar de vez en cuando si seguimos en la dirección correcta. La repetición sin reflexión y el esfuerzo desperdiciado pueden matar la motivación o incluso resultar perjudiciales, así que debemos evitarlos.

Continuaré profundizando en el tema del equilibrio en las próximas entradas. En la siguiente concretamente, escribiré sobre un conjunto de elementos que, según la tradición budista, debemos mantener en equilibrio para que nuestra práctica de meditación progrese: las cinco facultades espirituales.