En la anterior entrada comentaba que un escenario ideal para practicar meditación sería recibir un poco de teoría, seguida de mucha práctica y con apoyo disponible cuando sea necesario. Hoy voy a dedicar la entrada a esa parte de mucha práctica.

Lo más importante si quieres cultivar una habilidad es realizarla muchas veces. No hay atajos, no hay nada que sustituya a la práctica.

«Si la gente supiera lo mucho que he trabajado para conseguir mi maestría,
no parecería tan maravillosa después de todo». Miguel Ángel

Una de las principales causas que hacen que abandonemos la práctica al poco de iniciarla es tener la sensación o creencia de que no somos capaces de meditar. Dos aspectos fundamentales a tener en cuenta para evitar que nos invada esta creencia son, por un lado, el elegir lo que practicamos y cómo lo practicamos de acuerdo a nuestras necesidades y capacidades en ese momento; y, por otro lado, distinguir entre no saber y no ser capaz.

Elegir según nuestras necesidades

Nuestro objeto o técnica de meditación debería ser el adecuado a nuestra habilidad y estado mental, y la dirección de la práctica es, en general, de lo tosco hacia lo sutil. De manera que, si mi mente está muy agitada, necesitaré un objeto o práctica relativamente basto, y si mi mente está calmada y refinada usaré un objeto más sutil.

Por poner un ejemplo de escala. Si estamos muy alterados, puede que lo primero que necesitemos sea movimiento intenso de todo el cuerpo. Después, el movimiento puede ser cada vez más suave y refinado. Llegado cierto momento, el movimiento de todo el cuerpo resultará demasiado perturbador, y nos quedaremos en quietud. Dentro de esa quietud física, iremos prestando atención a percepciones cada vez más sutiles a medida que nuestra mente sigue entrando en estados más profundos de calma.

Esa es una de las razones por las que muchas culturas han desarrollado prácticas físicas como preparación para la meditación, para llevar la mente progresivamente hacia percepciones cada vez más sutiles.

Pero no es necesario que tengamos conocimientos de ninguna de estas disciplinas, simplemente reconocer de qué estado mental partimos y realizar una práctica acorde que nos lleve a un escalón superior de calma. Mucha gente ya lo hace de manera intuitiva; cuando una situación les supera o llevan dándole vueltas a la cabeza a algo mucho tiempo sin solución, van a dar un paseo. Y algo tan simple y al alcance de todo el mundo, como ir a caminar sin más, les tranquiliza.

Así que, durante un tiempo, nuestra práctica meditativa (o al menos la primera parte de ella) puede que consista en alguna forma de movimiento físico, u otra actividad que no consideremos estrictamente como meditación, pero que nos ayude a calmar la mente. Quizás algo más espiritual o energético si tenemos conocimientos de ello, alguna actividad artesanal, o algo tan mundano como ir a caminar en silencio. No te dejes influenciar por las apariencias o etiquetas, y usa lo que funcione para ti.

No saber vs. no ser capaz

Mucha gente confunde de manera inconsciente no saber con no ser capaz cuando empiezan a meditar, y esta confusión les genera una creencia negativa que les hace abandonar la práctica. Lo podemos comparar con aprender a tocar la guitarra. Cuando empezamos, nos enseñan cómo colocar los dedos para tocar los distintos acordes. Si aprendemos la teoría, incluso podríamos explicarle a otra persona cómo hacerlo, de manera que está claro que algo sabemos. Ahora bien, seguramente al principio no sea posible traducir ese conocimiento intelectual en algo que se asemeje a una melodía. Sabemos la teoría, pero aún no somos capaces de llevarla a la práctica. Y la única manera de llegar a hacerlo es practicando con la suficiente frecuencia.

De la misma manera, cuando empezamos a meditar aprenderemos algo de teoría, pero a pesar de tenerla suficientemente clara, es muy probable que no seamos capaces de llevarla a la práctica como quisiéramos. Solo es posible corregir esa discrepancia entre nuestro conocimiento y nuestra capacidad mediante la correspondiente cantidad de entrenamiento.

Hazte consciente de la siguiente inhalación que hagas. Y de la siguiente exhalación. Apuesto a que lo has hecho mejor que la mayoría de la gente al intentar tocar su primer acorde. Si estás leyendo esto, seguramente sabes meditar y eres capaz de hacerlo, aunque tu música aún no suene como a ti te gustaría. ¿Ya has practicado hoy?