Algo que veo muy extendido en los grupos de meditación que he frecuentado en España en los últimos años es la ausencia de sesiones en silencio, y la prácticamente total dependencia de muchos meditadores de las meditaciones guiadas.
Puede que me resulte particularmente llamativo porque mis inicios en meditación fueron en un contexto muy diferente; viviendo en un país con tradición meditativa y realizando un retiro de diez días donde te daban las instrucciones sobre cómo meditar al inicio, para luego tener mucho tiempo de práctica en silencio durante los siguientes días y el apoyo (opcional) de entrevistas con el profesor. Un poco de teoría, seguida inmediatamente de mucha práctica y con apoyo disponible por si fuera necesario. Creo que eso es lo ideal, y es aplicable a cualquier contexto, no solo a un retiro.
Los inconvenientes de las meditaciones guiadas
Por supuesto que las meditaciones guiadas son útiles para aprender, o para quienes solo quieren realizar prácticas esporádicas. Pero para quienes pretenden desarrollar su potencial meditativo, las meditaciones guiadas no pueden convertirse en una muleta imprescindible.
Necesitar siempre de una guía externa nos hace totalmente dependientes de otras personas o, irónicamente, de la mayor herramienta de distracción jamás creada por el ser humano: el móvil, e impide que desarrollemos muchas de las habilidades que hacen de la meditación una herramienta de desarrollo personal tan poderosa. De forma implícita, esta dependencia también hace que no nos sintamos capaces, mermando nuestra autoestima. Y este es un gran obstáculo para la meditación. Para avanzar en nuestra práctica, debemos tener suficiente confianza en nosotros mismos; creer que somos capaces, que valemos para meditar.
Aprende a ser tu propio guía
Ser capaces de meditar a solas tiene innumerables ventajas en muchos sentidos. Para comenzar, desde el punto de vista práctico: puedes meditar en cualquier lugar, momento y situación que desees, porque solo te necesitas a ti misma.
Observar nuestro estado interno sin tener que atender a guías externas ni seguir el ritmo o las pautas de otra persona hará que de forma clara y natural se muestren los obstáculos que están presentes y nuestros puntos débiles, y permitirá que tengamos el tiempo que necesitemos para familiarizarnos con ellos. Esto, aunque pueda resultar incómodo, nos dará pistas sobre qué herramientas o habilidades debemos desarrollar para progresar en nuestro camino meditativo.
Aunque parezca contradictorio, la incomodidad también puede hacer que la meditación sea interesante si nos tomamos el desafío como algo positivo. Y que la actividad sea interesante hace más probable que seamos constantes con ella. Al ir ganando pericia y confianza, nos iremos sintiendo más capaces, y esta sensación de capacidad también contribuirá a que mantengamos el hábito de meditar.
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