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	<title>Reflexiones Archives - Monoyoga</title>
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	<description>El arte de moverse hacia la quietud</description>
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	<title>Reflexiones Archives - Monoyoga</title>
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		<title>El cuenco de otro</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Mono Yoga]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 17 Aug 2026 12:17:55 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Reflexiones]]></category>
		<category><![CDATA[dana]]></category>
		<category><![CDATA[generosidad]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Seguramente, la mayoría de la gente que lea estas líneas me habrá conocido entre 2014 y 2019, cuando mi «estudio de yoga» era un trozo de césped junto al templo de Debod. Al llegar, desenrollaba mi esterilla y dejaba delante de ella mi mochila, un bote y una caja con caramelos, que se convertirían minutos</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><span style="font-weight: 400;">Seguramente, la mayoría de la gente que lea estas líneas me habrá conocido entre 2014 y 2019, cuando mi «estudio de yoga» era un trozo de césped junto al templo de Debod. Al llegar, desenrollaba mi esterilla y dejaba delante de ella mi mochila, un bote y una caja con caramelos, que se convertirían minutos después en el centro de un círculo de esterillas. Círculo que se fue multiplicando con el paso de los años.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">No había puertas ni paredes, nadie tenía que darte permiso para unirte, y tampoco nadie te iba a pedir nada al terminar. La mayor parte de los asistentes me encontraban a través de esta misma web, donde explicaba el sistema de </span><i><span style="font-weight: 400;">dāna</span></i><span style="font-weight: 400;">. Muchos otros se enteraban por el boca a boca, siendo así mejor o peor informados de cómo funcionaban las clases. También había unos pocos que se unían sin tener ni idea, al menos de inicio, de quién era yo, de dónde había salido, qué hacíamos exactamente o cuándo nos daba por ponernos ahí.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Al finalizar la clase, cada uno a su ritmo iba enrollando su esterilla y acercándose al centro del círculo para recoger su mochila, <a href="https://monoyoga.es/reflexiones/bote-la-caja-caramelos/" target="_blank" rel="noopener">dejar algo en el bote y/o coger algún caramelo</a>. Desde el principio intuí que era muy buena práctica no preocuparme de quién o cuanto dejaba en el bote. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Algunos de mis alumnos no tuvieron esa misma intuición. Eso, sumado a que para ellos seguramente era más difícil mirar para otro lado si justo también iban al bote, desembocaba en un amplio abanico de emociones. Tengo todavía en mi mente las imágenes nítidas de dos de esos alumnos, ya convertidos en amigos, expresándome en diferentes momentos su enfado e indignación. Uno, porque no conseguía explicarse lo poco que veía dejar a algunos. Otra, porque la gente como ella hacía viable las clases, mientras otros se iban sin dejar nada. Y también molesta conmigo, por no decir nada al respecto. Sus protestas surtieron un leve efecto; recuerdo que al poco tiempo di uno de esos discursos que tanto me rechinan y que caracterizan la parte final de muchos eventos que no tienen precio. Fui incapaz de dar otro, a pesar de comprender perfectamente su enfado por lo que ella entendía como una injusticia. </span><b></b></p>
<h2><b>Generosidad anónima</b></h2>
<p><span style="font-weight: 400;">Una de las cosas que más frecuentemente me han agradecido las personas con las que he coincidido los años posteriores a dejar de dar clase en el parque, es el haber hecho posible que vinieran a practicar cuando estaban sin dinero, sin trabajo, y algunos hasta sin casa propia o en una situación mental complicada. Me imagino que, en un contexto así, tener la opción de ir casi todos los días de la semana a un entorno natural, formando parte de un grupo, a ejercitar y escuchar a tu cuerpo y dar un descanso a tu mente, debe ser un verdadero regalo. Me están agradecidos a mí, pero en realidad la mayor parte del mérito no es mío.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">En 2013, cuando regresé de Asia a Madrid, comencé a dar clases en un espacio donde no se podía recibir dinero a cambio de las actividades ofrecidas, ni siquiera en forma de donativo. Durante seis meses dií una clase semanal; ocasionalmente dos. Además del tiempo de la clase en sí, invertía una hora en ir y otra en volver a casa, más el dinero del transporte. Estaba encantado de darlas, pero no me podía permitir hacerlo con mayor frecuencia.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">En la primavera de 2014 las clases se mudaron al templo de Debod. También con una o dos clases a la semana inicialmente, pero ya con el bote presente; abriendo la puerta a recibir. Al cambiar de lugar, la asistencia bajó, pero pronto comenzó una firme tendencia ascendente. El bote empezó a llenarse, y ambas cosas me invitaron a ir aumentando el número de clases. Sin el compromiso y la generosidad de los que venían, nunca me hubiera podido permitir ir cinco días a la semana a dar clase. Habría tenido que emplear mi tiempo y energía en conseguir dinero de otra forma y, con suerte, continuado dando una clase a la semana en caso de haber disfrutado del suficiente ánimo y energía para ello.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">De manera que, aunque yo sea el receptor de la gratitud de aquellos que pudieron venir a clase cuando no se lo podrían haber permitido de otra forma, en realidad deberían estar agradecidos a todos los que asistían regularmente y depositaban dinero en el bote sin que nadie les incitara a ello.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">A este último grupo pertenecían esos dos alumnos que mencioné anteriormente; los que se quejaban de lo poco (o nada) que dejaban algunos. Desde luego que habrá venido gente con ganas de aprovecharse, de llevarse lo máximo a cambio de dar lo mínimo. Al igual que asistieron también otros en una genuina mala situación, lo cual otorga incluso más mérito a que tuvieran el ánimo de participar. Sin conocer la situación personal de cada uno, no podemos medir su generosidad o falta de ella. Pero, de todos modos, lo que hagan los demás no es nuestra responsabilidad; solo somos responsables de nuestros actos e intenciones. Eso es a lo que debemos prestar atención, porque eso es lo que va a determinar la calidad de nuestra mente; nuestra felicidad o sufrimiento.</span><b></b></p>
<h2><b>El cuenco de otro</b></h2>
<p><span style="font-weight: 400;">Originariamente, los monjes budistas dependían de las ofrendas de la gente laica para alimentarse, ya que la </span><i><span style="font-weight: 400;">vinaya</span></i><span style="font-weight: 400;"> (código monástico) les prohibía tanto el uso de dinero como cultivar su propia comida. Aún hoy muchos de ellos siguen observando estas reglas, y para recibir y consumir dichas ofrendas utilizan su cuenco reglamentario, cuyo uso tiene a su vez también una serie de normas, una de las cuales me viene frecuentemente a la cabeza:</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;"> </span><i><span style="font-weight: 400;">No miraré al cuenco de otro con la intención de encontrar alguna falta: esto ha de ser practicado.</span></i></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Ajahn Cha, uno de los maestros budistas más importantes del siglo </span><span style="font-weight: 400;">xx</span><span style="font-weight: 400;">, decía:</span></p>
<p><i><span style="font-weight: 400;">No es apropiado observar a otros con una mente que busca encontrar faltas. Esto no te ayudará en tu práctica de ninguna manera. Si quieres sentirte molesto, observa esa molestia en tu corazón. Si la conducta de otros no es perfecta, o no se comportan como buenos monjes, no es tu trabajo juzgarles. No te vas a volver más sabio vigilando y acusando a los demás. La </span></i><span style="font-weight: 400;">vinaya</span><i><span style="font-weight: 400;"> es una herramienta para ayudarte a desarrollar </span></i><span style="font-weight: 400;">samadhi</span><i><span style="font-weight: 400;"> (atención estable). No es un arma para descubrir defectos o juzgar quién es bueno o malo. Nadie puede practicar por ti, y tú tampoco puedes practicar por otra persona. Así que sé consciente de tu propio comportamiento. Ese es el camino a seguir.</span></i></p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Sobre el modelo de la generosidad (I)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Mono Yoga]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 12 Aug 2026 12:11:33 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Reflexiones]]></category>
		<category><![CDATA[dana]]></category>
		<category><![CDATA[generosidad]]></category>
		<category><![CDATA[meditación por la donacion]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Inspirado por mis profesores de yoga y la tradición budista tailandesa, la inmensa mayoría de las actividades relacionadas con el yoga y la meditación que he ofrecido desde que comencé a enseñar se han basado en la generosidad (dāna). Este sistema precede al budismo, y se puede encontrar en diferentes tradiciones espirituales. Dicha manera de</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Inspirado por mis profesores de yoga y la tradición budista tailandesa, la inmensa mayoría de las actividades relacionadas con el yoga y la meditación que he ofrecido desde que comencé a enseñar se han basado en la generosidad (<em>dāna</em>). Este sistema precede al budismo, y se puede encontrar en diferentes tradiciones espirituales. Dicha manera de funcionar, tan aparentemente simple, puede resultar tremendamente desafiante tanto para profesores, facilitadores y organizadores, como para los estudiantes o asistentes.</p>
<p>Aunque haya mantenido la misma manera de operar durante más de una década, mi relación y mis opiniones acerca del sistema de la generosidad han ido cambiando. El principal motivo por el que he continuado con él ha sido porque así lo sentía y aún lo siento. No puedo dar razón más poderosa ni, seguramente para muchos de los que me lean, más abstracta e imprecisa. Así que voy a compartir algunas reflexiones que espero os ayuden a entender más de dónde vengo, o mejor dicho de dónde viene este sistema dentro de la tradición que yo sigo. Ojalá también os den claridad y faciliten vuestra relación con esa forma de funcionar, de manera que cuando la practiquéis, ya sea como donante o receptor, redunde en un mayor beneficio tanto para vosotros como para los demás.</p>
<h2>Un recuerdo de lo que significa meditar</h2>
<p>Considero que es útil, para ponernos en contexto, recordar brevemente el significado de la palabra meditación en el budismo <em>theravada</em>. Aunque en el idioma pali no hay una única palabra para lo que en Occidente llamamos meditación, una muy común es <em>bhāvanā</em>, que significa cultivar, desarrollar, hacer crecer algo. ¿Y qué es lo que queremos cultivar y desarrollar? Las cualidades mentales que proporcionan felicidad y evitan el sufrimiento tanto para nosotros como para los demás: la generosidad, la bondad, la compasión, la alegría empática, la tranquilidad, la estabilidad mental, etc.</p>
<h2>Regalos y generosidad</h2>
<p>Vamos con otra palabra pali: <em>dāna</em>, que significa regalo, ofrenda, y también generosidad. Ya que estamos, definamos de igual manera esos términos en castellano. Un regalo es una cosa que damos voluntaria y gratuitamente, sin coste. La generosidad es la cualidad de ser generoso/a, es decir, que es propenso/a a hacer regalos, a dar gratuitamente.</p>
<h2>Los regalos de una persona íntegra</h2>
<p>Aunque existen numerosos discursos budistas sobre la generosidad y los regalos, hay dos que considero particularmente útiles a la hora de despejar muchas de las dudas e inquietudes que nos pueden surgir a la hora de funcionar con el sistema de la generosidad.</p>
<p>El primero¹ describe cómo hace un regalo una persona íntegra:</p>
<p><em>Una persona íntegra da un regalo con convicción. Una persona íntegra da un regalo con respeto. Una persona íntegra da un regalo en el momento adecuado. Una persona íntegra da un regalo con empatía. Una persona íntegra da un regalo sin perjudicarse a sí misma ni a los demás.</em></p>
<p>En el segundo², el Buda alaba los factores presentes en una ofrenda por parte del donante:</p>
<p><em>[…]</em> <em>el donante, antes de dar, está alegre; mientras da, su mente es pura y radiante, y después de dar está satisfecho.</em></p>
<p>Si realmente estamos siguiendo la tradición de <em>dāna</em>, deberíamos ser capaces de percibir claramente esos factores. El acto de dar sería meditación, ya que, cuando damos, estamos cultivando esas cualidades mentales beneficiosas.</p>
<p>Pero, lamentablemente, no es lo que suele destacar en muchos eventos de este tipo. En su lugar, el protagonismo se lo acaban llevando en última instancia otros elementos menos edificantes como el miedo a la escasez, a la falta de apreciación por parte de los asistentes, o la asunción implícita y anticipada de los organizadores de la supuestamente obligada e insuficiente reciprocidad de los asistentes.</p>
<p>Este y otros comportamientos por parte de profesores y organizadores son el resultado de no considerar todas las dimensiones de <em>dāna</em>. Por ejemplo, ignoran la parte de «dar sin perjudicarse a uno mismo y a los demás»; piensan en lo que quieren dar, sin reparar en cuánto se pueden permitir, tanto en términos económicos como de tiempo, energía y atención, y es ahí cuando empiezan las conductas dudosas y los sentimientos y pensamientos nocivos.</p>
<p>Si tenemos que hacer malabares y contorsionismos con las palabras y expresiones que utilizamos, nos descubrimos justificándonos repetidamente, intentamos dejar al receptor con un sentimiento de obligación a dar de vuelta, o nos queda un regusto raro en el corazón en lugar de las cualidades mentales positivas mencionadas al inicio, seguramente sea el momento de parar y revisar cuáles son nuestras verdaderas motivaciones para dar, y si estamos siendo honestos y permaneciendo fieles a la tradición y a nosotros mismos.</p>
<h2>En la vida cotidiana</h2>
<p>Todo esto no solo es aplicable si somos monjes, profesores de meditación o si dirigimos eventos o comunidades budistas. También podemos beneficiarnos de esta evaluación en nuestra vida cotidiana, en cualquier momento en el que damos o recibimos cualquier regalo. Descubriremos que, en numerosas ocasiones, detrás de los regalos se encuentran, envueltos de altruismo y desprendimiento, otras muchas cosas: el deseo de ser reconocidos, de que nos quieran, de condicionar al otro para que se comporte de una determinada manera, de que se sienta en deuda con nosotros&#8230;</p>
<p>Si definimos con precisión lo que es realmente <em>dāna</em>, en qué consiste un regalo, y cuál es el verdadero significado de la generosidad, al tiempo que mantenemos presentes nuestros valores e intenciones, hay muy poco margen para el error. Y si este ocurre, será fácilmente identificado y sabremos qué tenemos que cambiar para hacerlo mejor en el futuro. Esto nos va a demandar una gran honestidad, que puede resultar incómoda y sonrojante, pero que seguro nos proporcionará ligereza mental, claridad y serenidad, y nos ayudará a integrar la vida cotidiana con nuestra práctica de meditación formal.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>[¹]: Sappurisadana Sutta, Anguttara Nikaya 5.148.</p>
<p>[²]: Dana Sutta, Anguttara Nikaya 6.37.</p>
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		<title>Alguien con quien sintonices</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Mono Yoga]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 20 Jul 2026 16:31:46 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Reflexiones]]></category>
		<category><![CDATA[meditación]]></category>
		<category><![CDATA[profesor]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Antes de ponernos manos a la obra con nuestra meditación, necesitamos un referente que nos proporcione la suficiente teoría para comenzar a practicar, y al que recurrir cuando tengamos dudas o surjan problemas. Dicho referente debería cumplir dos requisitos: ser alguien con quien sintonicemos, y que esté por delante de nosotros en el camino. A</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Antes de ponernos manos a la obra con nuestra meditación, necesitamos un referente que nos proporcione la suficiente teoría para comenzar a practicar, y al que recurrir cuando tengamos dudas o surjan problemas.</p>
<p>Dicho referente debería cumplir dos requisitos: ser alguien con quien sintonicemos, y que esté por delante de nosotros en el camino. A veces puede que nos veamos inspirados a practicar a través de un libro, el audio de una charla, o un video, pero considero fundamental conectar con alguien en persona en algún momento; ninguno de los otros medios va a poder encarnar la teoría, ni proporcionarnos <a href="https://monoyoga.es/reflexiones/tres-cualidades-de-un-buen-profesor/" target="_blank" rel="noopener">escucha y empatía</a>, y estos tres elementos serán de tremenda importancia para nuestro desarrollo.</p>
<p><span style="color: #000000;">La persona que nos enseña, sobre todo si es la primera, puede afectar de manera radical a cómo experimentamos nuestra relación con una materia o práctica. Ya sea al aprender matemáticas, a tocar un instrumento o a meditar, esa primera influencia puede contribuir a una experiencia traumática que haga que abandonemos y evitemos esa disciplina para siempre, o encender la chispa de una pasión que nos acompañe durante el resto de nuestra vida.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">No te dejes llevar por las apariencias, etiquetas o rangos oficiales, y sí por tu sensación de conexión. He conocido a varios maestros en persona que me siguen inspirando, y por cuya experiencia, sabiduría y generosidad estoy tremendamente agradecido, pero en el momento de practicar a su lado no eran lo que yo necesitaba. Sin embargo, bajo la guía de otras personas, también con una dilatada experiencia, pero evidentemente mucho más imperfectas que los famosos maestros, he sentido un mayor vínculo y me dieron el soporte necesario para que mi práctica alcanzara niveles mucho más profundos. </span></p>
<p><span style="color: #000000;">En ocasiones, la mejor ayuda vendrá de alguien que solo está un peldaño por encima de ti en cuanto a habilidad. Lo que podría verse como una desventaja comparándolo con un maestro, se convierte en algo muy valioso: es posible que con un compañero compartamos un lenguaje y un contexto similares, y que él haya pasado hace poco por las mismas dificultades que tú estás enfrentando, las cuales quedan ya muy lejanas al maestro. </span></p>
<p><span style="color: #000000;">Si encuentras a alguien con quien sintonices, no pierdas la oportunidad de relacionarte con esa persona. La soledad se hace muy presente y de manera reiterada en el camino espiritual; aprovecha la ocasión si se te presenta. A veces nos da vergüenza, o tenemos ya una agenda de lugares, prácticas o maestros que queremos visitar, y seguimos fieles a nuestros planes pasando de largo. Yo he cometido ese error en el pasado, y estoy mucho más atento para no repetirlo. </span></p>
<p><span style="color: #000000;">En un famoso discurso, Ananda, primo y asistente del</span><span style="font-size: xx-small;"><!-- ¿de? --></span><span style="color: #000000;"> Buda, le expresa a este que «tener un buen amigo, tener un buen compañero, tener un buen camarada, es la mitad de la vida espiritual», y el</span><span style="font-size: xx-small;"><!-- ¿sin el artículo? --></span><span style="color: #000000;"> Buda le corrige inmediatamente diciendo que «tener un buen amigo, tener un buen compañero, tener un buen camarada lo es todo en la vida espiritual». Espero que encuentres muchos en tu camino.</span></p>
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		<title>Comienza con algo pequeño</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Mono Yoga]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 29 Jun 2026 10:33:03 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Reflexiones]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Uno de los errores que solemos cometer a la hora de proponernos iniciar y mantener una práctica diaria de meditación es el querer meditar una cantidad de tiempo que no es realista. Puede ser porque a la hora de la verdad no encontremos dicha cantidad de tiempo en ningún momento del día, y en lugar</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Uno de los errores que solemos cometer a la hora de proponernos iniciar y mantener una práctica diaria de meditación es el querer meditar una cantidad de tiempo que no es realista. Puede ser porque a la hora de la verdad no encontremos dicha cantidad de tiempo en ningún momento del día, y en lugar de hacer lo que podamos ni siquiera empezamos. O porque una vez en ello nos resulte insoportable la incomodidad física o psicológica de estar mucho tiempo sentados <i>sin hacer nada</i>. ¿La solución? Comenzar con algo pequeño.</p>
<p><i>Pequeño</i> es un concepto subjetivo, al igual que <i>mucho tiempo</i>. Por ejemplo, quince minutos pueden ser muy poco para algunas personas y todo un mundo para otras. Es posible que tengas que probar varias veces hasta encontrar la duración adecuada a tu agenda y capacidad actual. Lo más importante es conseguir la constancia y crear el <a href="https://monoyoga.es/meditacion-2/crear-el-habito-de-meditar/" target="_blank" rel="noopener">hábito</a>, independientemente de la cantidad de tiempo.</p>
<h2 class="western">No subestimes lo pequeño</h2>
<p>Hay un par de cosas que la gente subestima cuando quiere empezar a meditar de manera frecuente, aunque sea por unos pocos minutos cada día.</p>
<p>La primera es la dificultad de encontrar la cantidad de tiempo que deseamos meditar y respetarla, aunque esta sea una cantidad de tiempo pequeña. Por eso considero fundamental saber con antelación cuándo vamos a meditar, reservar el espacio para hacerlo y priorizar la meditación, de manera que otras actividades o planes de última hora no la releguen definitivamente.</p>
<p>El otro aspecto que suele ser subestimado es el efecto potencial de parar cada día durante <a href="https://monoyoga.es/meditacion-2/diez-minutos-atencion-en-la-respiracion/" target="_blank" rel="noopener">unos pocos minutos, o unas pocas respiraciones</a>. Levantar el pedal del acelerador de la vida que llevamos, aunque sea por un breve momento, puede ser muy liberador. Y conseguir hacer, aunque sea una pequeña grieta en nuestro ocupado día, puede ser suficiente para que a través de ella comience a entrar luz, veamos con mayor claridad, se haga más espacio, empiecen a debilitarse algunos de los patrones negativos que tenemos instaurados, y puedan brotar y crecer patrones nuevos que contribuyan a disminuir nuestro sufrimiento y aumentar nuestra sensación de <a href="https://monoyoga.es/yoga/la-paz-dentro-ti/" target="_blank" rel="noopener">paz</a> y bienestar.</p>
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		<title>Un plan para tu cita</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Mono Yoga]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 03 Mar 2026 09:40:25 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Reflexiones]]></category>
		<category><![CDATA[meditación]]></category>
		<category><![CDATA[práctica personal]]></category>
		<category><![CDATA[yoga]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>¿Te ha pasado alguna vez que te has encontrado con alguien a quien hacía mucho que no veías y habéis dicho «a ver si quedamos», y nunca habéis llegado a quedar? Pues lo mismo suele pasar cuando queremos meditar o tomarnos un tiempo para estar a solas y no concretamos el dónde ni el cuándo.</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>¿Te ha pasado alguna vez que te has encontrado con alguien a quien hacía mucho que no veías y habéis dicho «a ver si quedamos», y nunca habéis llegado a quedar? Pues lo mismo suele pasar cuando queremos meditar o tomarnos un tiempo para estar a solas y no concretamos el dónde ni el cuándo.</p>
<p>Si voy a una sesión grupal, la hora y el lugar ya están establecidos, dentro de que haya más o menos opciones. Y cuantas menos elecciones tenga que hacer, más fácil será que cumpla con mi plan. Además, el compromiso adquirido con otras personas también ayuda a que asistamos a nuestra cita.</p>
<p>En el caso de realizar una práctica personal, debo ser realista con mi tiempo tanto para decidir a qué hora voy a realizarla como para establecer la duración de la misma. Hay gente que lo deja «para cuando tenga un hueco» o «cuando acabe las cosas que tengo que hacer». Si ese es el caso, vaticino que es muy probable que nunca suceda, o que suceda muy pocas veces y de mala manera.</p>
<p>Si inicialmente me propuse empezar a cierta hora, o una duración determinada, y luego en la práctica he visto que no son adecuadas, <strong>reviso y adapto</strong> (estos dos elementos son clave a lo largo de todo el camino) las veces que sean necesarias hasta encontrar algo lo <strong>suficientemente bueno </strong>(otro elemento clave que repasaremos más abajo). Cuando tengamos una práctica mínima suficientemente establecida, ya habrá tiempo de ir aumentando la frecuencia y/o duración de las sesiones.</p>
<h2 class="western">Ten un plan</h2>
<p>Si ya tenemos lugar, día y hora, solo nos falta saber cuál es el plan. ¿Es imprescindible? No. ¿Es recomendable? Sí, y mucho. Saber de antemano lo que vamos a hacer favorece que percibamos la actividad como más segura y agradable, lo que a su vez ayuda a que la llevemos a cabo y continuemos con ella. También nos evita perder tiempo y nos ahorra la agitación mental que supone tener que decidir cuando llegue la hora.</p>
<p>Aquí las actividades dirigidas también nos ahorran este paso; otro de los motivos por los que es más fácil mantener la práctica grupal.</p>
<p>En el caso de practicar a solas, es muy aconsejable saber <strong>concretamente </strong>lo que vamos a hacer. No algo genérico como «voy a hacer yoga» o «voy a meditar», sino que ya sé la <a href="https://monoyoga.es/yoga/la-secuencia-sivananda/" target="_blank" rel="noopener">secuencia de yoga</a> o el <a href="https://monoyoga.es/meditacion-2/diez-minutos-atencion-en-la-respiracion/" target="_blank" rel="noopener">tipo de meditación</a> que voy a realizar, y tengo una guía o unos conocimientos mínimos para hacerlo. Como norma general, cuanto más principiantes seamos necesitaremos más estructura, y cuanta más habilidad y experiencia también más capacidad tendremos para improvisar e ir ajustándonos a las circunstancias del momento sin perdernos.</p>
<p>Entender los detalles de lo que hacemos, cuándo es adecuado y cuándo puede no serlo, conocer alternativas… todo eso nos hace sentirnos más seguros y capaces, lo que a su vez aumenta la probabilidad de que continuemos practicando y encontremos la actividad interesante y satisfactoria. Lo que nos lleva al último punto.</p>
<h2 class="western"><strong>Suficientemente agradable</strong></h2>
<p>Para que la actividad continúe en el tiempo, deberá resultar suficientemente agradable.</p>
<p>En el caso de las actividades grupales dependerá de muchos factores: el profesor, los compañeros, el espacio, cómo percibo mi desempeño, mis sensaciones al terminar…</p>
<p>Si practicamos a solas, lo que más nos puede asaltar es la duda de si lo estaré haciendo bien, o la crítica porque no soy lo suficientemente bueno o no progreso como yo quiero. De hecho, el creer que no sabemos, que no somos capaces o que no lo vamos a hacer bien es uno de los grandes obstáculos para empezar. Pero, en realidad, no tiene mucho sentido. Si no sabes un idioma o tocar un instrumento, ¿ese es el motivo para no empezar a aprender? Al contrario, ese <b>es el motivo para practicar</b>. Y lo lógico y normal es que no se nos dé demasiado bien al principio. Pero eso no es impedimento para que lo podamos disfrutar, para que progresemos y nos sintamos bien con nosotros mismos.</p>
<p>Igual que cuando estás empezando a conocer a alguien. ¿Necesitas que la cita sea perfecta? No, el objetivo no es tener la cita perfecta. El objetivo de la cita es que nos permita ir conociendo a la otra persona mientras disfrutamos de su compañía. Pues lo mismo cuando estamos a solas; ser capaces de ir mirando dentro mientras disfrutamos de nuestra propia compañía.</p>
<p>Busca una fuente de inspiración, ya sea un libro, video, audio o una persona que haya recorrido más camino. Y recuerda:</p>
<blockquote><p>Mejor hecho, que perfecto.</p></blockquote>
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		<title>Conociéndonos a nosotros mismos</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Mono Yoga]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 16 Feb 2026 09:01:40 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Reflexiones]]></category>
		<category><![CDATA[medita]]></category>
		<category><![CDATA[meditación]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Cuando conocemos a una persona y empezamos a establecer una relación con ella, solemos construir esa relación a base de encuentros programados. Tanto una relación de pareja, como de trabajo, aprendizaje o amistad. Ya sea para una cita romántica, una jornada laboral, asistir a una clase o quedar con un amigo, lo que hacemos es</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Cuando conocemos a una persona y empezamos a establecer una relación con ella, solemos construir esa relación a base de encuentros programados. Tanto una relación de pareja, como de trabajo, aprendizaje o amistad.</p>
<p>Ya sea para una cita romántica, una jornada laboral, <a href="https://monoyoga.es/sesiones/" target="_blank" rel="noopener">asistir a una clase</a> o quedar con un amigo, lo que hacemos es encontrarnos a una hora y en un lugar preacordados. Si vemos que la relación no cuaja, ya no acordamos más citas, o dejamos el trabajo o de asistir a clase. Pero si todo va bien, continuamos con el compromiso de seguir encontrándonos. Si estamos aprendiendo algo, puede que aumentemos el número de clases a las que asistimos o las actividades relacionadas con la materia. Y si es en una relación afectiva, seguramente aumentemos la frecuencia y duración de los encuentros.</p>
<p>Aunque ahora vivamos en la época de Tinder y aplicaciones similares para ir directos a una intimidad muy grande, creo que lo natural es ir poco a poco en cualquier ámbito. Entregar lo suficiente para que la relación pueda crecer, pero no tanto como para que me pueda suponer un gran perjuicio.</p>
<p>Puedo ir a una clase de prueba, o acordar una primera cita. A lo mejor esa primera cita es algo tan inocente como dar un paseo por un parque de la ciudad, o ir a una cafetería. Y a partir de ahí, si conecto con la otra persona y me siento suficientemente seguro, empezar a abrirme y a conocer más al otro.</p>
<p>Todo tipo de práctica espiritual, en mayor o menor medida, supone un encuentro con uno mismo. De manera más superficial en algunos casos, al menos en los comienzos, y de manera más íntima a medida que pasa el tiempo; a lo mejor incluso para trascendernos.</p>
<p>Para que ese encuentro con uno mismo se produzca, es posible que debamos seguir unos pasos similares a los de cualquier otra relación. Comenzando con encuentros concertados, teniendo claros la hora y el lugar donde hemos quedado. En un entorno y realizando una actividad con los que nos sintamos seguros. A lo mejor acompañados de otras personas, evitando un exceso de intimidad al principio. Y luego aumentando la frecuencia, duración e intimidad de esos encuentros.</p>
<blockquote><p><em>Camina lento, no te apresures, que el único lugar a donde tienes que llegar es a ti mismo.</em></p></blockquote>
<p>En realidad, resulta irónico tener que reservar un tiempo para ello, porque siempre estamos con nosotros mismos, seamos conscientes o no.</p>
<p>Podemos elegir no invertir ni un solo momento en conocernos verdaderamente. En ese caso puede que pasemos toda la vida conviviendo con un desconocido, o como mucho con alguien a quien solo conocemos superficialmente; sin escucharnos de verdad, sin reconocernos y aceptarnos por completo, y sin poder sentirnos realmente seguros en nuestra propia presencia.</p>
<p>Para convivir en paz con nosotros necesitamos darnos lo mismo que le daríamos a otra persona: tiempo, escucha, compasión, aceptación, amabilidad, seguridad&#8230; Es muy probable que ahora mismo no seamos capaces de todo eso y tengamos que aprenderlo, y que la manera de hacerlo sea tanto en relación con otros como cultivándolo a solas.</p>
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