Los cinco obstáculos

Por | 21 agosto, 2025 |Categorías: Meditación|Etiquetas: , , , , , , |

Si en la anterior entrada repasábamos las cinco facultades que debemos cultivar para tener éxito en nuestra meditación, esta semana veremos los cinco obstáculos que impiden nuestro avance meditativo.

El Buda comparó la presencia de estos cinco obstáculos con intentar ver el reflejo de un rostro en la superficie del agua. Una mente afectada por los obstáculos no producirá un reflejo fiel de la realidad, y cada obstáculo afectará a ese reflejo de forma diferente. Los cinco obstáculos nos acompañarán hasta la parte final de nuestro camino meditativo, a la que llegaremos cuando consigamos eliminarlos de raíz. Algunas personas serán más proclives a unos u otros, y habrá temporadas en los que uno de ellos nos visite con mayor fuerza y frecuencia, pero tarde o temprano vamos a tener que vernos las caras con todos ellos.

El primero de los obstáculos es el deseo sensorial. El Buda comparó este obstáculo con agua teñida de color. Cuando queremos, deseamos o buscamos experimentar algo en particular, este obstáculo está presente. Desde un sabor meditante la comida, el sonido de una canción, el disfrute táctil de un objeto u otra persona… Muchas veces este obstáculo nos ataca incluso antes de sentarnos a meditar, y hace que vayamos a buscar aquello que deseamos en lugar de ponernos a practicar.

Irónicamente, el deseo que más va a bloquear nuestro progreso meditativo es el de alcanzar un estado determinado en nuestra meditación. Ya sea experimentar un logro meditativo que nos hayan descrito o repetir una experiencia que hayamos tenido en el pasado, si nos sentamos con ansia de llegar a ese estado, no lo conseguiremos.

La primera herramienta que tenemos para deshacernos de los obstáculos cuando aparecen en nuestra meditación es simplemente ser conscientes de ellos. ¿Dónde se ha ido mi mente cuando ha abandonado el objeto de meditación? Frecuentemente eso será suficiente para poder continuar con la práctica. Por supuesto, los obstáculos reapareceran innumerables veces y tendremos que repetir la jugada con paciencia. Este remedio lo podemos usar para todos los obstáculos.

En cuanto a soluciones concretas para el obstáculo del deseo, una muy buena es reflexionar un momento sobre la verdadera naturaleza de lo que deseamos. Nuestra mente actúa como si nuestro objeto de deseo nos fuera a dar más felicidad o satisfacción de lo que es capaz. Pero seguramente estemos sentados tratando de meditar porque ya hemos experimentado en nuestra vida muchas veces lo efímeros y poco satisfactorios que son esos deseos cuando los vemos cumplidos, de manera que no dejamos de desear una cosa tras otra. Recuerda:

No hay paz en querer siempre más

El segundo obstáculo es la aversión. En este caso el Buda lo comparó con agua hirviendo, cuyas burbujas distorsionan el reflejo de la realidad. Desde el simple aburrimiento hasta la ira o el miedo, cuando queremos que algo no esté presente, o que sea diferente, la aversión nos acompaña. Cuando una cosa nos moleste, irrite, frustre o la consideremos insuficiente, la aversión hará que queramos escapar o deshacernos de ella.

En muchas ocasiones esta aversión estará dirigida a una persona. Si nos molesta un sonido, la aversión posiblemente incluirá a quien lo produce. Si me he sentido atacado, puede que guarde rencor e incluso odio y deseos de que le pase algo malo a la persona que me atacó. Tambien es muy probable que en algunos momentos sintamos aversión hacia nosotros mismos. Nos sentimos incompetentes, por ejemplo meditando, o pensamos que no somos suficiente en algún aspecto, incluso puede que lleguemos a desear dejar de existir.

Para estos sentimientos de aversión, el antídoto más poderoso es la meditación metta. Si te decides a utilizarla, recuerda hacerlo gradualmente, empezando por alguien a quien sea fácil enviar buenos deseos.

En el tercer obstáculo se incluyen dos factores mentales: la pereza y el letargo, y se compara con agua cubierta de vegetación.

Está presente cuando no tenemos energía, nos sentimos cansados o somnolientos. Una de las próximas entradas que escriba será sobre esté obstáculo, ya que sus causas pueden ser muy variadas y sus respectivas soluciones muy diferentes.

Si la pereza y el letargo se hacen presentes en tu meditación, de momento te diría que observes si duermes lo suficiente y analices cual es la actividad previa a la meditación que te ha podido dejar sin energía. Para activarte, prueba a ducharte con agua fría (o al menos refrescarte la cara), exponer los ojos a la luz (indirectamente) y/o hacer algo que active un poco el cuerpo (algún estiramiento, un poco de movimiento, un paseo corto a ritmo ligero…).

El cuarto obstáculo es la agitación debida a la preocupación por el futuro o al remordimiento por algo que hemos hecho en el pasado, y el Buda lo comparó con agua movida por el viento.

Para superarlo, lo primero es ser conscientes de que no podemos cambiar el pasado, ni tampoco controlar el futuro.

Si es el remordimiento lo que te afecta, toma un momento para reflexionar si, aunque no puedas rectificar lo que hayas hecho, puedes hacer algo para compensarlo en parte, o al menos pedir sinceras disculpas por ello y/o sentar la intención de obrar de manera diferente en el futuro. Una vez tengas claro que hacer al respecto, vuelve a tu objeto de meditación sabiendo que a ese problema ya le has asignado la mejor acción posible.

Cuando la preocupación por el futuro nos acompañe, podemos darnos cuenta de que la gran mayoría de las cosas por las que nos preocupamos nunca llegan a suceder. Y si suceden, a menudo es de manera mucho menos dramática de lo que temíamos.

El quinto y último obstáculo es la duda escéptica, y el símil que usó el Buda para describirla es agua con lodo que ha sido agitada y se ha vuelto opaca.

Si dudamos de la eficacia de la técnica de meditación que estamos utilizando, de las enseñanzas de nuestros profesores, o de nuestra propia capacidad de meditar correctamente, nuestra meditación no progresará. Aunque cierto escepticismo es sano, sin un mínimo de confianza no podremos avanzar. Para dejar las dudas a un lado, aunque sea momentaneamente, podemos traer a la menta a otras personas en las que confiemos o admiremos, y que hayan puesto en práctica las enseñanzas con resultados que nosotros mismos podemos apreciar de cierto modo desde fuera.

También puede ser útil reconocer que es posible utilizar distintos mapas y modelos para explicar ciertos conceptos. Algunos de ellos pueden resultarnos extraños si son muy diferente a nuestra propia cultura o marco de referencia, y otros puede que sean más metafóricos que literales, y expresen simbólicamente una verdad dificíl de transmitir de otro modo. En este caso, cabe cuestionarnos si somos capaces de mantener una mente abierta, intentando comprender con verdadero interés y sin prejuicios de dónde vienen y hacia dónde apuntan las enseñanzas

Si pensamos que nosotros somos el problema, podemos preguntarnos si realmente hay algo tan malo o deficiente en nosotros. ¿Algunas vez has creído que no eras capaz de algo y al final lo has logrado? ¿Crees que toda la gente que ha experimentado los beneficios de la meditación son más inteligentes y capaces que tú? ¿Qué nadie más en el mundo ha tenido las mismas dudas y problemas? Hasta el mismísimo Buda tuvo que pasar por todo los obstáculos que hemos mencionado en sus diferentes versiones. Y si leyeras los suttas, seguramente te sorprendería la cantidad de problemas y complicaciones que se narran en ellos, desde los más básicos y evidentes, hasta los más retorcidos e inverosímiles. Seguramente no seas tan «especial», y a lo largo de la historia haya habido miles (si no millones) de meditadores mucho menos capaces  y aún así han logrado experimentar los beneficios de la meditación.

Espero que puedas dejar a un lado estos cinco obstáculos, que crezcan en ti las cinco facultades espirituales, y disfrutes de tus sesiones de meditación.