No siempre será así

En este blog ya he compartido pequeñas dosis de la sabiduría que nos dejó Shunryu Suzuki, tanto en su obra más famosa, Mente zen, Mente de principiante (aquí), como en No siempre será así (en los siguientes enlaces: aquí, aquí y aquí). Hoy os traigo el resto de los fragmentos que guardé cuando leí este último.

Vivir plenamente cada momento

«Intentad reservar cada día un espacio de tiempo para permanecer sentados, sin moveros, sin esperar nada, como si estuvierais viviendo el último momento de vuestra vida. Sintiendo en cada momento vuestro último instante. En cada inspiración y en cada espiración hay innumerables instantes de tiempo. Vuestra intención es vivir cada momento.

En primer lugar, haced la práctica de espirar y después inspirar el aire suavemente. La calma de la mente se encuentra al final de la espiración. Si espiráis con suavidad, sin intentar espirar el aire, vuestra mente entrará en un estado de perfecta quietud. Dejaréis de existir. Al espirar de ese modo, la inspiración surgirá de este estado de manera natural. Aquella vitalidad que lleva a vuestro interior todo cuanto hay en el mundo exterior invadirá todo vuestro cuerpo. Os sentiréis totalmente renovados. Empezad después a espirar, para disolver aquella fresca sensación en la vacuidad. Seguid practicando en cada momento, sin intentar hacer nada».

Abrid vuestra intuición

«Para abrir vuestra naturaleza innata y sentir algo desde el fondo de vuestros corazones, es necesario permanecer en silencio. Por medio de esta clase de práctica adquiriréis una comprensión más intuitiva de las enseñanzas. No hablar no significa ser sordos y mudos, sino escuchar a vuestra intuición.

La mayoría de la gente no se deja engañar por algo sino por sí misma, por su habilidad, su belleza, su confianza o su aspecto. Hemos de saber si nos estamos engañando o no. El daño que pueda haceros alguien que os engañe nunca será tan profundo como el que os haréis si os engañáis a vosotros mismos, lo cual es fatal».

«Hoy en día los jóvenes quedan para salir unos con otros, pero la Iluminación no es algo que podáis encontrar en una cita. Si organizáis vuestra vida de modo que os levantáis por la mañana a una hora determinada, cogéis la bolsa con el desayuno a una hora determinada y os vais a trabajar, en el caso de tener novia o novio, os encontraréis en algún momento. No hay necesidad de quedar. En un momento dado vendrá a la esquina donde soléis veros. Esa es nuestra forma de actuar. Hacer llamadas telefónicas es absurdo e innecesario. Aunque quedéis por teléfono: «¡Eh, salgo ahora!», si no acude a la esquina os sentiréis decepcionados. Pero si no quedáis y sin embargo llega, estaréis muy contentos.

Así es como alcanzáis la Iluminación. No es una broma, sino que estoy hablando de algo real. No fijar ninguna cita significa no esperar ni apegarse a la Iluminación. Cuando estáis animados por la Iluminación, os basta con percibirla, aunque solo sea por un breve instante. El resto del día os sentiréis felices. Pero, si le exigís demasiado, os estaréis apegando a ella».

No siempre será así
mayo 11th, 2020|Tags: , , |

Dāna y la cuestión de cobrar por la enseñanza espiritual

Dāna (दान) es una palabra sánscrita y pali que significa «generosidad» o «dar».

cobrar por la enseñanza espiritual - Entrevista a Ajahn PasannoAjahn Pasanno (Manitoba, Canadá, 1949) es el discípulo de Ajahn Chah de mayor antigüedad en Estados Unidos, y el tercero en el mundo tras Ajahn Sumedho y Ajahn Khemadhammo. Durante muchos años fue el abad de Wat Pah Nanachat, monasterio de la tradición tailandesa del bosque en el noroeste de Tailandia. A finales de los noventa, Ajahn Pasanno se trasladó a California para dirigir el entonces nuevo monasterio de Abhayagiri. Con más de 40 años como bhikkhu, Ajahn Pasanno ha sido pieza clave en la formación de numerosos monjes en Tailandia y Estados Unidos, y ha apoyado también la instrucción para las mujeres.

¿Cuál es su punto de vista sobre los maestros budistas que cobran por el dharma? 

Bhikkhu Pasanno: El asunto es que hay mucho por ahí basado en dāna. No intento tener un punto de vista sobre lo que otras personas hacen. Yo sé cómo lo hago yo y sé cómo nuestra comunidad lo hace y me siento cómodo con ello. Tengo la esperanza de ser un ejemplo para otras personas, y empieza a haber más gente dentro de la comunidad laica que está eligiendo el dāna como medio para organizar retiros y charlas, así que es muy esperanzador.

¿Qué hay del sistema de usar donaciones sugeridas; hay alguna diferencia o distinción con donaciones sugeridas o con pedir para dāna?

Bhikkhu Pasanno: No hay tanta diferencia, ¿o sí que la hay? Una donación sugerida es casi una petición de por lo menos una cierta cantidad de dinero. No es exactamente una donación en sí, en el sentido de que uno lo esté dando libremente.

Entonces, ¿la diferencia sería que con dāna no hay una sugerencia de ningún tipo mientras que obviamente con el otro hay una sugerencia clara de una cantidad?

Bhikkhu Pasanno: Sí, a cierto nivel uno lo podría llamar una diferencia semántica, pero de hecho es también una sensación diferente. En el momento que dices donación sugerida, en realidad estás esperando más una donación en lugar de estar dando libremente. Otro aspecto de ello, especialmente en Occidente, es que hay una falta de entendimiento, a veces de lo que es dāna y otras veces de cómo las cosas realmente operan y funcionan. De modo que en ocasiones debe haber cierta educación o en realidad hacerle saber a las personas qué tipo de necesidad hay. Esto tiene que ser gestionado con delicadeza también.

Entonces, no es quedarse sentado sin decir nada, pero es difícil cuando se dice algo. Cómo se dice y bajo qué circunstancias, de manera que es más el tratar de educar a las personas en cómo las cosas funcionan, para que la gente se sienta cómoda, o se sienta inspirada para compartir o para ofrecer apoyo en las cosas que merezcan ese apoyo.

En su experiencia, ¿este método o sistema de dāna ha sido exitoso en Occidente como en Estados Unidos?

Bhikkhu Pasanno: Bueno, depende de dónde. He visto lugares que lo han tomado como manera de llevar su centro o monasterio. Para nosotros, es nuestra tradición o modo de existencia. Todo está disponible de manera gratuita, en el sentido de que no cobramos. Así que así es como funciona cuando la gente viene a quedarse al monasterio o viene a escuchar enseñanzas o a hacer retiros o recibir publicaciones. Pero estamos en una institución antigua que tiene un empuje de historia y conocimiento sobre ello, por lo que funciona muy bien como monasterio. Yo creo que, para centros laicos, desde luego, es un territorio un poco más nuevo. Los lugares que conozco que han decidido hacerlo, todos han descubierto que funciona muy bien. Y hay otros beneficios que lo acompañan. No es solo ser capaz de pagar las facturas, sino también de construir comunidades. De modo que las oportunidades están abiertas para que la gente se una y participe, ya sea con una donación material, financiera o cualquier tipo de ayuda de cualquier otro modo.

El espíritu de la generosidad comienza por informar de cómo uno interactúa con las circunstancias del centro o del monasterio, y desde ahí hacer comunidad con la generosidad como valor de base.

¿Qué hay de los inconvenientes de tratar de usar este sistema de dāna, como que la gente abuse de él o no lo entienda, o saque ventaja de ello?

Bhikkhu Pasanno: El asunto es que, si estamos usando el modelo de dāna, entonces nuestro ofrecimiento de las enseñanzas es ofrecido también libremente. De manera que, si la gente quiere aprovecharse de ello de alguna forma, entonces a cierto nivel es en realidad su problema porque lo único que hacemos es un ofrecimiento. Si tú aceptas lo que ofrecemos, entonces es natural. Habrá aquellos que lo entiendan y lo aprecien y habrá aquellos que no terminen de entenderlo. El método de dāna no es una transacción comercial.

Si te resulta interesante el tema, hace tiempo publiqué una entrevista a otro monje budista sobre ello. Puedes leerla pinchando aquí.

Cómo mantener la práctica en nuestra vida diaria

Para mantener la práctica en nuestra vida diaria, lo primero que debemos tener en cuenta es nuestro nivel de dedicación y compromiso, la prioridad que le damos a la práctica en comparación con el resto de cosas que ocupan nuestro tiempo y atención. Para llevar nuestra práctica al 100 % a la vida cotidiana y con la máxima efectividad, la práctica tiene que ser la cosa más importante en nuestra vida. Como dijo Richard Hamming en una famosa conferencia, «La mayoría de los grandes científicos están completamente comprometidos con su problema. Aquellos que no se comprometen, raramente producen trabajo sobresaliente, de primera clase». Él hablaba de ciencia, por supuesto, pero es igualmente cierto para cualquier otra cosa, incluida la práctica del Dharma.

Pero no llegas a ese punto de repente, tienes que empezar donde estés y cultivar ese grado de dedicación. Richard Hamming habló de eso también. Da igual donde estés cuando empiezas este proceso, lo más probable es que tu conocimiento y entendimiento del Dharma, tu práctica del Dharma y la meta del despertar no estén todavía combinados para formar un único objetivo cohesionado. No pasa nada, se fusionarán con el paso del tiempo. Y como prioridad, serán solo una (o tres) entre muchas prioridades que compiten entre sí. Al principio ni siquiera serás consciente de todos los otros apegos y prioridades con las que lucharán. Pero esa es una de las cosas que se volverán evidentes mientras cultivas el mindfulness en la vida diaria.

Sé plenamente consciente de tu motivación. Revísala con frecuencia. Penétrala profundamente. Si te descubres a ti mismo pensando «quiero experimentar el despertar», pregúntate por qué. ¿Despertar de qué? ¿Despertar a qué? ¿Qué sé realmente sobre cómo hacerlo? Investiga lo que Buda y otros han dicho al respecto, y después mira dentro de ti. ¿Qué es lo que realmente quieres y por qué lo quieres? Y especialmente, ¿por qué lo quieres antes que cualquier otra cosa que el mundo te pueda ofrecer? Cuando haya presiones para que hagas otras cosas con tu tiempo, algo que siempre sucederá, nunca pierdas la oportunidad de revisar y preguntarte, «¿cómo de importante es en realidad esto para mí?, ¿qué estoy dispuesto a cambiar o sacrificar?». Uno de los grandes peligros a los que nos enfrentamos en nuestra vida es la toma inconsciente de decisiones, el funcionamiento de nuestro karma habitual. Cada vez que surge este tipo de situación, es una oportunidad para la aplicación de la consciencia plena y la generación de un nuevo tipo de karma.

Busca inspiración de otros. Asiste a eventos inspiradores y escucha charlas inspiradoras. Lee libros inspiradores. Relaciónate con personas que estén entusiasmadas con el Dharma. Cuando otros comiencen a describirte como un obseso, entonces sabrás que estás en el camino al 100 %. Incluso el 50 % es admirable, pero no te conformes. ¿Quieres admiración o iluminación? ¡Pues a por ello!

Lo segundo a tener en cuenta para mantener la práctica en nuestra vida diaria son los cambios que debemos hacer en nuestras vidas para tener tiempo y energía disponibles para nuestra práctica formal y estudiar, para reducir o eliminar las preocupaciones que nos roban energía y motivación, y para eliminar las fuentes de agitación mental que obstruirán nuestra práctica. Richard Hamming también tenía mucho que decir sobre esto: «Los grandes científicos, cuando surge una oportunidad, se lanzan a por ella y la persiguen abandonando todo lo demás». Esto es absolutamente necesario. ¿Lees el periódico? ¿Ves la televisión? ¿Lees ficción? ¿Juegas al golf? ¿Vas al cine, a eventos deportivos, conciertos u otros entretenimientos? ¿Haces de voluntario para proyectos sociales, políticos, medioambientales, caritativos o humanitarios? ¿Socializas con gente que no está involucrada en el Dharma? No estoy sugiriendo que no debas hacer esas cosas, pero si despertar es tu máxima prioridad, verás todas esas actividades desde otra perspectiva, te darás cuenta del tiempo que consumen, del efecto que tienen en tu mente, y probablemente hagas algunos cambios importantes. Cualquier cosa que quede debe convertirse en parte de tu práctica si quieres practicar al 100 %.

Convertirse en un practicante del Dharma a tiempo completo tiene un efecto radical en la vida social de una persona. Esta descubre que tiene cada vez menos en común con su familia y amigos, y que muchos de los intereses y actividades que compartía con ellos dejan de ser importantes. Las relaciones que mantiene y el tiempo que invierte en esas relaciones se convierten más en un asunto de amor bondadoso, de compasión, y de la práctica de la consciencia plena aplicada al entendimiento del deseo, la aversión, la ilusión* y el dukha. En otras palabras, las relaciones que continúen se convertirán en parte de tu práctica. Seguramente te encontrarás con que muchas de tus antiguas amistades se disuelven y son reemplazadas por otras nuevas más conectadas al Dharma. Esto puede resultar difícil para algunas personas, y puede existir un periodo de aislamiento y soledad antes de unirnos a una shanga que nos dé apoyo junto a otros compañeros practicantes.

Es muy probable que termines simplificando tu vida enormemente. Buda sugirió a la gente que dejara todo atrás —familia, trabajos, posesiones— a cambio de una túnica y un cuenco, la camaradería de otros monjes, y un lugar bajo un árbol para dormir y meditar. Las inclemencias del tiempo, los insectos y animales salvajes iban de regalo. Esto no es muy práctico hoy en día. Por supuesto que podrías dormir debajo de un puente y alimentarte en comedores sociales, pero probablemente descubrirías que no te lleva al tipo de práctica que quieres tener. Pero aun así podemos aprender mucho de los renunciantes. Los monjes de Buda tomaban solo una comida al día, que se obtenía pasando, cuenco en mano, por las casas de la gente. ¿Cuánto tiempo inviertes cada día en comer y preparar la comida? ¿Realmente necesitas comer tres veces al día? Durante muchos, muchos años, comí solamente una vez al día. Descubrí que llevaba mucho tiempo el comer tres veces. Buda tampoco permitía a los bikkhus acumular comida y guardarla para otro día. Parece que sería más eficiente para un monje pasar por más casas y conseguir más comida para no tener que ir otra vez al día siguiente. Pero entonces existirían los problemas de almacenar y proteger la comida, de cómo repartir los remanentes, y todo el tiempo, la energía y agitación que eso supondría. Creo que era una sabia norma.

mantener la práctica en nuestra vida diaria
Monjes en pindabat (la ronda diaria para recibir comida)

¿Cuánto posees (¿o te posee a ti?) y cuánto necesitas en realidad? Decidir qué hacer con tu trabajo o carrera puede ser duro, pero no puedes evitar dejar de preguntarte «¿cuánto dinero necesito realmente?, ¿cuánto me cuesta este trabajo en términos de tiempo y energía, estrés y agitación?, ¿cómo contribuye mi trabajo a mi práctica y mi eventual despertar?». ¿Dónde y cómo vives? ¿Es realmente necesario que sea así? Por razones éticas y morales, no puedo condonar el abandono de parejas, hijos o padres ancianos. En su lugar, cuidar de ellos y el tiempo que pases con ellos deben convertirse en parte de tu práctica. Pero observa el efecto que tu sentido de la responsabilidad hacia ellos tiene sobre ti y tus apegos a las cosas mundanas. Aunque no debas abandonarlos, probablemente debas renegociar las expectativas que tienen de ti.

No estoy sugiriendo que lo abandones todo. Estas son decisiones que deberás tomar por ti mismo, y necesitas tanto cuidar de ti ahora mismo como proveer para tu futuro. Pero sea lo que sea que decidas no dejar a un lado, debe convertirse en parte de tu práctica si aspiras al 100 %. No hay otra manera. Lo cierto es que el abordar estas preguntas es una práctica de mindfulness en sí misma, una que debe ser constante.

Por último, existen diferentes técnicas que podemos utilizar para convertir las actividades de la vida diaria en una práctica significativa, y, muy importante, hay cosas que podemos hacer para recordarnos el aplicar dichas técnicas. Me centraré en cómo recordar practicar mindfulness a todas horas. Aprender a tener consciencia plena de manera continua tiene un paralelismo exacto con ser plenamente consciente de nuestro objeto de meditación cuando meditamos. Al principio te olvidas totalmente del objeto de meditación con frecuencia y tu mente vaga durante largos periodos de tiempo. Del mismo modo, al principio habrá largos periodos, de hecho, la mayor parte del día, donde habremos olvidado ser deliberadamente conscientes. Tras un tiempo, solo te olvidas del objeto de meditación brevemente antes de darte cuenta de que la mente se ha visto atrapada por otra cosa. Igualmente, tras un tiempo hay lapsos en nuestro mindfulness durante el día, especialmente cuando surgen aflicciones mentales fuertes, pero rápidamente reconocemos el lapso. Es entonces cuando podemos reflexionar en lo que acaba de suceder mientras está reciente, y continuar nuestra práctica de mindfulness a partir de ahí. Finalmente, al igual que tu atención plenamente consciente se vuelve eventualmente ininterrumpida durante tu meditación sentada, así también eventualmente en la vida diaria tu mindfulness tornará continuo.

He descubierto que una reflexión y un repaso diarios son muy útiles a la hora de cultivar la continuidad en nuestra consciencia plena. Otro profesor que conozco hace que sus alumnos lleven consigo una libreta en la que escriben seis veces al día para ayudarles a mantenerse plenamente conscientes. Ya lo hagas una o seis veces al día, la idea es recordar cómo de consciente has sido desde la última vez, y felicitarte por tus éxitos (regocijarte en ellos incluso). Entonces reflexionas sobre las ocasiones en las cuales tu mindfulness se ha visto interrumpido, y haces una resolución o te imaginas siendo más capaz de mantener esa consciencia plena en el futuro. Sugiero que una persona comience utilizando los preceptos y las perfecciones de generosidad, virtud y paciencia como herramientas. Elige una cosa para empezar: irritabilidad e ira, deseo, mentira, etc., lo que sea particularmente significativo e importante para ti. Usa el repaso diario de las ocasiones en las que esos estados mentales surgieron, en los que eras o no eras plenamente consciente, para que eso te lleve a un punto en el que siempre seas consciente del momento en que esos estados están surgiendo. Cuando tengas éxito con eso, construye sobre ello añadiendo más ítems a tu lista de cosas específicas de las que quieres ser consciente. No te limites a superar aspectos negativos, cultiva los positivos también. El resultado será un poderoso hábito de mantener consciencia plena a lo largo del día.

No pretendía meterme en técnicas específicas para la práctica del mindfulness, pero te sugeriré una. En el Dvedhavitakka Sutta («Dos clases de pensamiento», Majjhima Nikaya 19) Buda describe como, siendo un bodhisattva, practicó la atención plenamente consciente de los pensamientos y estados mentales beneficiosos y perniciosos cuando fuese que estos surgían. Examinando minuciosamente cómo los pensamientos y estados mentales perniciosos hacen sentir a uno física y mentalmente, las palabras y acciones a las que dan lugar, y el efecto que tienen sobre uno mismo y los demás, uno reconoce que llevan a «mi propia aflicción o a la aflicción de otros o a la aflicción de ambos. Obstruyen el discernimiento, promueven la contrariedad y no llevan a la liberación». Por favor, date cuenta de que se trata solamente de observar, no de juzgar, sentirse culpable o analizar. Todo lo que se necesita para ver aquello que debe ser visto es una consciencia plena, abierta y no discriminatoria dirigida a aquello que está sucediendo ahora según sucede. Las conclusiones descritas por Buda se tornan obvias, no necesitas indagar para encontrarlas, y el pensamiento analítico solo creará confusión. Buda continúa diciendo: «Cuando me di cuenta de que llevaba a mi propia aflicción, aminoró. Cuando me di cuenta de que llevaba a la aflicción de otros… a la aflicción de ambos… que obstruye el discernimiento, que promueve la contrariedad y que no lleva a la liberación, aminoró».Este es el efecto deseado, e ilustra el poderoso efecto que la consciencia plena tiene en el surgimiento y el cese de los pensamientos y estados mentales habituales.

El sutta continúa contándonos que Buda, quien entonces era solo un bodhisattva, hizo lo mismo con los pensamientos y estados mentales beneficiosos, observando que: «eso no me lleva ni a mi aflicción ni a la aflicción de otros ni a la aflicción de ambos. Fomenta el discernimiento, promueve la falta de contrariedad y lleva a la liberación. Si yo fuese a pensar y reflexionar en esa línea durante una noche… durante un día… durante un día y una noche, no imagino ningún peligro que pudiera venir de ello, excepto que pensar y reflexionar durante mucho tiempo cansaría el cuerpo. Cuando un cuerpo está cansado, la mente está inquieta; y una mente inquieta está lejos de la concentración. Así pues, calmé mi mente internamente, la tranquilicé, la unifiqué y la concentré. ¿Para qué? Para que mi mente no estuviera inquieta.

Lo que un monje sigue buscando con su pensamiento y su reflexión, eso se convierte en la inclinación de su consciencia. Si un monje sigue buscando el pensamiento impregnado de renunciación, abandonando el pensamiento impregnado de sensualidad, su mente está doblegada por ese pensamiento impregnado de renunciación».

«Una energía inagotable surgió en mí, y se estableció una atención nítida. Mi cuerpo estaba calmado e indiferente, mi mente concentrada y unificada».

Espero que estas reflexiones te sean de ayuda, y que tu práctica te lleve a la meta final.

* las tres causas raíz del dukha; el sufrimiento o insatisfacción inherente a la existencia.

Traducción propia de <https://dharmatreasure.org/practice-in-ones-daily-life/>

Leer, estudiar, practicar

Hace tiempo escuché una anécdota en la que el Dalai Lama era invitado a bendecir un monasterio en el sur de India con motivo de su inauguración. Los lugareños, que estaban muy emocionados con su presencia, organizaron una gran ceremonia y una visita guiada para mostrarle las fantásticas instalaciones. En un momento de la visita, tras haber mirado por todos lados, el Dalai Lama les preguntó: «¿dónde está vuestra biblioteca?», «¡oh!, no tenemos biblioteca, pero tenemos esta preciosa sala de meditación» contestaron los organizadores. A lo que él respondió: «mmm, no, no voy a bendecir este centro».

Me encanta leer. Y he tenido la suerte de disfrutar de fantásticas bibliotecas en los templos donde he estado. Los libros nos permiten recibir el conocimiento de maestros de otras épocas, pueden servirnos de inspiración, brindarnos nuevas ideas o dar soluciones cuando nos encontramos con un problema o un obstáculo en nuestro camino.

Pero los libros también pueden convertirse en un simple medio de escape de la realidad; pueden proporcionarnos una excusa para no tener que esforzarnos de verdad en analizar y experimentar por nosotros mismos las cosas.

En varias ocasiones me he encontrado con cierto arquetipo de meditador empachado de teoría y con una carencia evidente de práctica. Empeñado en mostrar a todo el mundo todo el conocimiento que ha acumulado, tan solo hay que rascar un poco para ver que debajo de esa aparente erudición no hay nada que respalde sus palabras.

El conocimiento teórico nos puede resultar muy interesante y estimulante. Podemos pasar horas hablando sobre él, usando palabras grandilocuentes y términos en lenguas antiguas y exóticas, intentando iluminar al principiante, impresionar al que no sabe de tecnicismos o tratando de convencer a otros de la teoría que hemos leído. Pero con todo, sigue siendo solo teoría.

A veces nos emociona tanto la lectura que casi podemos sentir que el conocimiento y la teoría han adoptado la forma de la experiencia. Pero no debemos engañarnos; lo principal es llevar el conocimiento a la práctica, y verificarlo en nuestra propia experiencia, contrastarlo con la realidad. La acumulación de conocimiento no debe convertirse en algo para presumir ante los demás, ni hay que volverse adicto a la teoría, sino aplicar lo aprendido cuando surja la oportunidad.

Está bien leer, estudiar y desarrollar desde ahí nuestra inspiración. Pero hay un límite, y cuando uno ha desarrollado una especie de inspiración general y de confianza en sí mismo, debe dejar de leer.

Un maestro de meditación decía que a la práctica hay que llevar solo nuestro cuerpo, nuestra palabra y nuestra mente, dejando a un lado nuestros pensamientos, las escrituras y toda la teoría aprendida. La práctica no es lugar para la teoría o los libros, porque muchas veces lo que hemos leído en ellos no es exactamente igual a cómo lo experimentamos nosotros: el mapa no es el territorio. Y, si nos empeñamos en que lo sea, es muy probable que nos dirijamos directos al fracaso. Es por este apego a la teoría y a los libros que mucha gente que estudia mucho, que sabe mucho, no tiene éxito en la práctica de la meditación.

Y esto es así porque, al final, el corazón es el único libro que merece la pena leer.

El corazón es el único libro que merece la pena leer
marzo 1st, 2020|Tags: , , |

Los dos monjes y la mujer

Un joven monje y su maestro viajaban juntos cuando llegaron a un río con una corriente muy fuerte. Mientras se preparaban para cruzar, vieron aproximarse a una pequeña mujer, que les pidió ayuda para poder llegar a la otra orilla.

Los dos monjes se miraron; habían hecho el voto de no tocar a una mujer.

Entonces, sin decir palabra, el maestro hizo un gesto invitando a la mujer a subir a sus hombros, la llevó atravesando el río y la dejó amablemente en el otro lado.

Los dos monjes y la mujer

El monje más joven no podía dar crédito a lo que acababa de ver. ¡Su respetado maestro había roto su voto! Tras cruzar él también, los dos monjes continuaron su camino.

Durante varias horas caminaron sin decir palabra, el monje más joven sin parar de pensar en lo que había sucedido.

Llegada la hora de parar para comer, el joven monje no pudo contenerse más: «Como monjes, no nos está permitido tocar a las mujeres. ¿Cómo ha sido capaz de llevar a esa mujer sobre sus hombros?».

El maestro le miró y contestó: «Dejé a aquella mujer nada más llegar a la otra orilla. ¿Por qué todavía la llevas sobre tus hombros?».

enero 30th, 2020|Tags: , , |

Mas allá del McMindfulness

En esta entrada os dejo un texto que encontré hace unos seis años sobre el denominado «McMindfulness» y que me ha venido a la cabeza recientemente. A pesar del tiempo transcurrido, me parece que el tema sigue muy vigente.

El texto original en inglés fue escrito por Ron Purser y David Loy y publicado en The Huffington Post. La traducción al castellano, que fue lo que encontré primero, es obra de José, quien muy amablemente me ha dado permiso para compartirla aquí. Os invito a visitar su web, Meditaminas, donde podéis encontrar otros artículos sobre meditación, así como sus cursos y clases.

McMidfulness

Más allá del McMindfulness

De repente, la meditación mindfulness se ha convertido en un fenómeno de masas, abriéndose camino hacia escuelas, empresas, prisiones y agencias de gobiernos, incluyendo el Ejército americano. Millones de personas están recibiendo beneficios tangibles de su práctica de mindfulness: menos estrés, mejor concentración, quizá un poco más de empatía. No es necesario decir que esto es un gran avance que debe ser bienvenido, pero que tiene una sombra.

La revolución del mindfulness parece ofrecer una panacea universal para resolver casi todas las áreas de las preocupaciones diarias. Libros recientes sobre el tema incluyen: Padres mindfulness, Comer (de forma) mindfulness, Política mindfulness, Terapia mindfulness, Liderazgo mindfulness, Una nación mindfulness, Recuperación mindfulness, El poder del aprendizaje mindfulness, El cerebro mindfulness, El camino del mindfulness a través de la depresión, El camino del mindfulness hacia la autocompasión.Casi diariamente, los medios citan estudios científicos que informan de los numerosos beneficios para la salud de la meditación mindfulness y cómo una práctica sencilla puede producir cambios neurológicos en el cerebro.

La popularidad creciente del movimiento mindfulness también se ha convertido en una lucrativa industria artesanal. Los consultores promueven la formación en mindfulness prometiendo que mejorará la eficiencia laboral, reducirá el absentismo e incrementará las habilidades sociales cruciales para el éxito laboral. Algunos incluso afirman que la formación mindfulness puede actuar como una «tecnología disruptiva», reformando incluso las compañías más disfuncionales en organizaciones más amables, compasivas y sostenibles. Hasta el momento, no obstante, no se han publicado estudios empíricos que sostengan dichas afirmaciones.

En sus esfuerzos de promoción, los partidarios de la formación mindfulness habitualmente incluyen en el prólogo que sus programas están «inspirados en el budismo». Hay un cierto caché a la hora de decir a los neófitos que el mindfulness es un legado del budismo, una tradición famosa por su antigüedad y sus métodos de meditación probados. Pero, al mismo tiempo, los consultores a menudo aseguran a sus patrocinadores corporativos que su particular marca de mindfulness ha retirado todos los lazos y afiliaciones con los orígenes budistas.

Desligar el mindfulness de su contexto ético y religioso del budismo es un movimiento comprensible para hacer dicha formación como un producto viable en el mercado. Pero la urgencia para secularizar y acomodar el mindfulness a una técnica de mercado puede llevar a una desafortunada desnaturalización de esta antigua práctica, cuyo objetivo es mucho más que aliviar una jaqueca, reducir la presión sanguínea o ayudar a los directivos a estar más centrados y ser más productivos.

Generar una técnica más simplificada y secularizada (lo que algunos críticos empiezan a llamar «McMindfulness») puede volverla más apetecible al mundo empresarial, pero esta descontextualización del mindfulness de su propósito original de liberación y transmisión de ética social tiene algo de «negocio fáustico». En lugar de aplicar mindfulness como una forma de despertar a personas y organizaciones de las malsanas raíces de la avaricia, la aversión y la ignorancia, habitualmente se moderniza hacia técnicas banales, terapéuticas y de autoayuda que en verdad refuerzan esas raíces.

La mayor parte de las opiniones científicas y populares que circulan por los medios han retratado el mindfulness en términos de reducción de estrés y mejora de la atención. Los beneficios de estas habilidades son una herencia sine qua non del mindfulness y es su mayor atractivo para las empresas actuales. Pero el mindfulness, entendido y practicado dentro de la tradición budista, no es meramente una técnica éticamente neutra para reducir el estrés y aumentar la concentración. En su lugar, el mindfulness es una cualidad distintiva de la atención que depende y se ve influida por muchos otros factores: la naturaleza de nuestros pensamientos, acciones y palabras, nuestra forma de ganarnos la vida y nuestros esfuerzos para evitar comportamientos poco saludables y desarrollar otros comportamientos que propicien acciones sabias, armonía social y compasión.

Los budistas diferencian entre mindfulness correcto (samma sati) y mindfulness incorrecto (miccha sati). La distinción no es moral; la cuestión es si la calidad de la consciencia se caracteriza por tener intenciones saludables y cualidades mentales positivas que lleven a la prosperidad y al bienestar a los demás y a uno mismo.

De acuerdo con el Canon Pali (las primeras enseñanzas registradas de Buda), incluso una persona que cometa un crimen premeditado y cruel puede estar practicando mindfulness, el incorrecto. Claramente, la atención mindful y la concentración de un terrorista, un francotirador o un criminal de guante blanco no es la misma cualidad de mindfulness que el Dalai Lama y otros adeptos del budismo han desarrollado. El mindfulness correcto está guiado por intenciones y motivaciones que se basan en la contención, estados mentales correctos y conductas éticas, objetivos que incluyen pero superan la reducción del estrés y el incremento de la concentración.

Otro malentendido común es que la meditación mindfulness es un asunto privado e interno. A menudo se comercializa el mindfulness como un método para la autorrealización personal, como una forma de aplazar los problemas y tribulaciones del sofocante mundo laboral. Dicha orientación individualista y consumista hacia la práctica de mindfulness puede ser efectiva para la autoconservación y el desarrollo personal, pero es esencialmente inútil para mitigar las causas del sufrimiento colectivo y empresarial.

Cuando la práctica del mindfulness se «paquetiza» de esta forma, la interconexión de los motivos personales se pierde. Hay una disociación entre la transformación personal de cada uno y el tipo de transformación social y organizacional que tiene en cuenta las causas y condiciones del sufrimiento en un entorno más amplio. Esta colonización del mindfulness también tiene un efecto de instrumentalización, reorientando la práctica hacia las necesidades del mercado en lugar de una reflexión crítica de las causas de nuestro sufrimiento colectivo o «dukkha social».

Buda enfatizó que sus enseñanzas trataban sobre la comprensión y cesación del dukkha (sufrimiento en el sentido más amplio). Así pues, ¿qué ocurre con el dukkha generado por cómo funcionan las instituciones?

Muchos defensores del mundo empresarial argumentan que el cambio transformador comienza en uno mismo. Si la mente de cada uno pudiera estar más centrada y en paz, entonces la transformación social y empresarial vendría después. El problema con esta formulación es que las tres motivaciones que el budismo señala (avaricia, odio e ignorancia), hoy por hoy no están confinadas a las mentes individuales sino que se han institucionalizado en fuerzas más allá del control personal.

Hasta el momento actual, el movimiento del mindfulness ha evitado cualquier consideración seria de por qué el estrés es tan generalizado en las modernas instituciones empresariales. En su lugar, las empresas se han subido a la moda del mindfulness porque desplaza, de manera muy conveniente, la carga de la responsabilidad al individuo: el estrés se encuadra dentro de un problema personal y el mindfulness se ofrece como la medicina correcta que ayuda al empleado a trabajar de manera más calmada y eficiente dentro de un entorno tóxico. Envuelto en un aura de cuidado y humanidad, el mindfulness se pone de moda como una válvula de escape, una manera de liberar la tensión, una técnica para afrontar y adaptarse al estrés del mundo laboral.

El resultado es una versión atomizada y altamente privatizada de la práctica de mindfulness, que se ha confinado en lo que Jeremy Carrette y Richard King (en su libro Vendiendo Espiritualidad; la conquista silenciosa de la religión) describen como una orientación acomodaticia. La formación en mindfulness resulta atractiva porque es un método de moda para suavizar el «disconfort» de los empleados, promoviendo una aceptación tácita del statu quo y un instrumento para mantener la atención centrada en los objetivos empresariales.

En muchos aspectos, la formación de mindfulness en las empresas (con su promesa de que empleados más calmados y menos estresados serán más productivos) tiene muchas similitudes con el movimiento, actualmente desacreditado, de las «relaciones humanas», populares en las décadas de 1950 y 1960. Esos programas de formación fueron criticados por su uso manipulador de las técnicas de asesoramiento como las de «escucha activa», establecidas como un método de pacificar a los empleados haciéndoles sentir que se oían sus preocupaciones, aunque las condiciones laborales permanecían inalteradas. Esos métodos terminaron siendo conocidos como cow psychology porque las vacas (cow en inglés) dóciles producen más leche.

Bhikkhu Bodhi, un monje budista occidental, ha advertido: «Ausentes de crítica social aguda, las prácticas budistas pueden ser fácilmente utilizadas para justificar y estabilizar el statu quo, convirtiéndose en un refuerzo del capitalismo consumista». Desafortunadamente, un punto de vista del mindfulness más ético y socialmente responsable se percibe hoy como una preocupación secundaria, o como una politización innecesaria del viaje personal de autorrealización.

Uno tiene la esperanza de que el movimiento del mindfulness no siga el camino habitual de la mayoría de modas empresariales —entusiasmo desenfrenado, aceptación sin crítica del statu quo y desilusión final—. Para convertirse en una fuerza genuina para la transformación positiva personal y social, debe reclamar un marco ético y aspirar a propósitos más nobles que tengan en cuenta el bienestar de todos los seres vivos.

enero 21st, 2020|Tags: , , |