Meditar en grupo es una experiencia que puede resultar muy beneficiosa tanto para principiantes, en cuyo caso puede parecer obvio, como para los meditadores más experimentados, lo cual puede no resultar tan evidente a primera vista. En ambos casos, creo que solemos subestimar el poder del grupo.

Si estamos empezando, unirnos a un grupo de meditación nos brinda estructura y consistencia. Muchas veces cuesta mantener una práctica personal, y es normal, de vez en cuando, abandonarla totalmente durante días. La fiabilidad y solidez que nos aporta un grupo que se reúne de manera periódica sirve de ayuda para mantener nuestra práctica individual, o de recordatorio para retomarla, ya que suele ser más fácil el compromiso con los demás que con uno mismo.

También puede suceder, particularmente al comienzo del camino espiritual, que nuestro círculo más cercano no comparta nuestras inquietudes y necesidades. Al unirnos a un grupo, conocemos a otras personas que van en una dirección similar a la nuestra, brindándonos una sensación de conexión, propósito y motivación para continuar.

Un grupo sano nos enseñará a tratarnos a nosotros mismos y a los demás con amabilidad, lo que nos beneficiará emocionalmente. Sentirnos parte de una comunidad, y ser útiles para otros, aumentará también nuestra percepción de significado.

Idealmente, el grupo nos debería ayudar a profundizar en nuestra práctica formal de meditación. Por un lado, teniendo disponible un profesor o a practicantes más avanzados a los que podamos consultar nuestras dudas; por otro, creo que el poder del grupo, y más si hay en él meditadores expertos, potencia nuestros factores mentales positivos, ayudando a que experimentemos nuestra meditación de manera más profunda y beneficiosa.

Si somos meditadores experimentados, puede que no necesitemos ayuda con nuestra práctica formal, pero que notemos carencias en alguna de las áreas que he comentado antes, como la sensación de conexión o de significado. Y lo bueno es que, en este caso, no es indispensable encontrar a un maestro o a un practicante más avanzado que nosotros para nutrir esas carencias. Como tampoco es necesario para el siguiente punto.

Creo que lo más beneficioso de practicar en grupo o formar parte de una comunidad, si eres un meditador veterano, es que te va a permitir ver todos tus puntos débiles, siempre que seas capaz de mantenerte humilde y honesto.

Hay una famosa cita de Ram Dass que reza: si crees estar iluminado, ve a pasar una semana con tu familia. Es una frase muy popular en numerosos círculos espirituales, y por una buena razón. Pero no hace falta ni que nosotros estemos iluminados, ni que el desafío sea tan grande como el que pueda presentar nuestra familia. Formar parte de casi cualquier grupo de personas va a sacar a la luz nuestros apegos y aversiones, y a desafiar nuestras creencias, ideas y opiniones, las cuales pueden parecer perfectas si no tenemos a otros para contrastarlas y ponerlas a prueba. El poder del grupo nos proporciona un contexto ideal para trabajar con todo esto de manera adecuada.

Además, demasiado tiempo encerrados a solas en nuestro mundo, exponiéndonos exclusivamente al conocimiento que nos gusta, al que estamos acostumbrados, que nos refuerza y hace sentir cómodos, acaba resultando en una imagen distorsionada de nosotros mismos y del mundo exterior, en rigidez mental, y puede que hasta nos llegue a hacer impermeables a las enseñanzas y aprendizajes que, siendo en contraste tremendamente incómodos, posiblemente sean también los que más necesitemos.