Los cuatro elementos
En numerosas culturas se ha considerado tradicionalmente que todo, desde las cosas que nos rodean hasta nuestro propio cuerpo y mente, está constituido por una combinación de unos pocos elementos básicos.
En la antigua Grecia se tenían en cuenta cuatro elementos: tierra, agua, fuego y aire. En ayurveda son cinco; de nuevo tierra, agua, fuego y aire, más éter. En medicina tradicional China también son cinco, pero algunos diferentes: madera, fuego, tierra, metal y agua. En este tipo de sistemas se considera que la salud depende de mantener cierto equilibrio entre esos elementos, y que cuando hay un desequilibrio suficientemente grande, la enfermedad aparece.
También se estima que dichos elementos no están presentes en la misma cantidad en cada persona, sino que cada uno tenemos una constitución elemental propia que influye tanto en nuestras características físicas como en nuestra personalidad o psique. De forma que el equilibrio de una persona con un tipo de constitución no es igual al de otra persona con una constitución diferente.
Puede que todo esto te parezca muy interesante como dato cultural, pero pienses que son modelos de tiempos menos civilizados o de gente más ignorante. O puede que sí le des valor, pero nunca te hayas interesado mucho en ello. Ahora bien, si tienes una práctica física o meditativa que está basada en el conocimiento ancestral de esas culturas y quieres progresar en ella, es probable que te ayude el profundizar en lo que dicen esos modelos y sistemas, y familiarizarte con los paradigmas que utilizan. También te podrá resultar útil si en tu práctica se presentan eventos o problemas para los que no encuentras explicación o solución utilizando tus modelos actuales.
En esta entrada voy a usar como referencia la medicina tradicional tailandesa y el budismo theravada, ya que están más ligados a mi práctica, pero puedes considerar los mismos aspectos bajo el prisma de la cultura con la que estés más familiarizado, o con aquella de la que descienda tu práctica o la técnica que utilices.
Los elementos primarios que se utilizan en medicina tradicional tailandesa son tierra, agua, fuego y viento. Aunque en ella se reconozcan también otros elementos, no siempre se utilizan a efectos prácticos, y cuando sí se utilizan, no siempre es de la misma manera. Por ese motivo, y porque esos cuatro elementos son los más comunes a otros sistemas de otras culturas, me ceñiré a ellos.
Constituciones elementales
En mi experiencia, una de las diferencias de ir a un médico de un sistema occidental a uno tradicional asiático es que, muy probablemente, este último se tomará un momento para averiguar cual es tu constitución elemental.
Como he mencionado anteriormente, según la teoría de los elementos cada uno tenemos una constitución elemental individual; los cuatro elementos están presentes en diferente proporción en cada uno de nosotros. De manera que es importante considerar la constitución elemental de cada uno para entender mejor cuando hay un desequilibrio y encontrar la mejor manera de recuperar el equilibrio.
Todos somos diferentes, y reconocer las características individuales de cada persona también ha sido importante en el ámbito de las prácticas espirituales. Según nuestra constitución elemental o el desequilibrio que tengamos, puede que haya unas circunstancias determinadas y unos objetos o técnicas de meditación que sean más favorables o apropiados para nosotros, así como otros podrían ser perjudiciales.
Siguiendo con el ejemplo de la medicina tradicional tailandesa, voy a exponer a continuación ciertas características de cada constitución elemental¹. Te propongo como juego que reflexiones sobre en cuál de ellas te ves más representada:
Tierra
Cuando busques cualidades del elemento tierra en alguien, piensa en un granjero o persona de campo. Son personas bondadosas y honestas, que no se consideran especiales y tienen los pies en el suelo. Les gusta estar en su hogar, evitando los viajes y las aventuras. Tienen una mente estable, pudiendo ser lentos a la hora de adaptarse a los cambios. Suelen tener una buena perspectiva de las cosas y son de naturaleza equilibrada y compasiva. Cuidado con pensar que cualquiera que ande descalzo, haga su propio pan o seque sus propias hierbas para hacer infusiones es una persona en contacto con la tierra y, por lo tanto, esa es su constitución. El amor por la naturaleza o su relación con la Tierra como planeta no hacen que la constitución de una persona sea tierra.
Agua
Las personas de esta constitución elemental tienden a ser flexibles y de trato fácil, con una dulzura interior. A menudo son intuitivas y amables, y se sienten atraídas por las artes o actividades creativas, así como por disciplinas curativas. Suelen pensar mucho las cosas, pero no son buenas tomando decisiones, prefiriendo (de forma consciente o inconsciente) que otros guíen sus elecciones. Tienen mentes maleables y son fáciles de dirigir.
Pueden ser introspectivas, con riesgo a caer en depresión, y tener dificultades con el aprendizaje. Como el agua es un elemento pesado, los nuevos pensamientos e ideas no se procesan rápidamente a través de ella, pero una vez han aprendido algo, tienden a recordarlo. Si sufren por miedo o ansiedad, suele deberse a una falta de conocimiento o comprensión. Como el agua es cohesiva, a menudo son las que mantienen unidos los grupos de personas. Pueden quedarse atascadas en pensamientos o ideas, y tener dificultades en considerar otros puntos de vista. Son personas emotivas, especialmente sensibles ante la tristeza, la nostalgia, el anhelo, la alegría, la plenitud y el vacío. También son más proclives a las lágrimas que otras constituciones elementales. A menudo con un sudor y olor corporal moderados, y un deseo sexual tirando a bajo.
Los elementos agua, fuego y viento tienen un defecto mental específico asociado a cada uno de ellos; en el caso del agua este defecto es la ofuscación.
Fuego
Aquellos con esta constitución elemental suelen ser muy inteligentes, captando en seguida las cosas y siendo capaces de articular fácilmente sus pensamientos e ideas, yendo directamente al grano. Suelen ser buenos oradores, proclives al liderazgo y la enseñanza,. También poseen iniciativa, con tendencia hacia las ideas y el cambio, pudiendo llegar a pecar de egoistas. A menudo tienen poca paciencia y pueden ser agresivos e intimidar a los demás (de manera consciente o inconsciente), ya sea física, emocional o psicológicamente,. Tienen un sentido del yo muy desarrollado, una gran fuerza de voluntad y un fuerte deseo sexual. El defecto mental asociado al elemento fuego es la aversión.
Viento
La gente con esta constitución elemental son a menudo muy inteligentes académicamente hablando, captando nuevas ideas y conceptos rápidamente. Sin embargo, tanto sus pensamientos como su comunicación pueden ser erráticos, saltando de un tema a otro sin profundizar en ninguno. Habitualmente volubles e irresponsables, su inconstancia les puede hacer cambiar frecuentemente de actividad, trabajo, pareja… Es común que tengan una mente matemática y que sean buenos trabajando con ordenadores o tecnología, y también con un toque artístico. Tienden a tener muchas ideas, pero en la mayoría de las ocasiones no les acompaña el suficiente foco para llevarlas a cabo. A menudo ansiosos, nerviosos, caóticos, acelerados y creativos, se sobreestimulan con facilidad. El defecto mental asociado con el elemento viento es el apego.
Después de haber leído estas descripciones, ¿te identificas con alguna de ellas? ¿te parece que alguna representa bastante bien a alguna persona que conozcas?
No soy muy amigo de las etiquetas, y evito encasillar a la gente en ellas; aunque nos identifiquemos mayormente con uno de los elementos, seguro que también nos reconocemos en alguna de las cosas que dicen las otras descripciones. Al final, toda forma de clasificación es un mero constructo humano, desde las más ‘científicas’ hasta aquellas aparentemente irracionales, y ninguna de ellas es perfecta ni representa exactamente la realidad. Pero sí creo que ciertas clasificaciones nos pueden aportar luz y ser útiles a efectos prácticos en el contexto apropiado.
Ya uses estas etiquetas o aquellas de cualquier otro sistema de clasificación, me gustaría que repararas en la gran diferencia que existe entre unas personas y otras a todos los niveles: físico, emocional, mental… ¿Crees que todos estaríamos igual de sanos con la misma dieta, las mismas condiciones ambientales, y el mismo tipo y cantidad de actividad física, mental y social? Aunque haya un amplio espectro común en el que la mayoría debamos permanecer, el rango óptimo de cada uno será más reducido, y diferente al de otra persona.
Leyendo sobre las distintas constituciones elementales puede que te hayas dado cuenta de que algunas temporadas eres más uno que otro, y esta es otra idea que me gustaría transmitir; aunque tengamos un patrón más o menos estable, en muchos momentos las circunstancias van a hacer que funcionemos de forma distinta a la habitual, y eso requerirá también una adaptación en diferentes aspectos de nuestra vida, ya sea para que podamos conservar la salud, recuperarla, o para progresar en nuestra meditación o práctica espiritual.
Los cuatro elementos en meditación
Los cuatro elementos también pueden ser utilizados en meditación de varias maneras.
Una de ellas es percibiendo en el cuerpo una o más características de cada elemento. Las características asociadas a cada elemento pueden variar un poco de un sistema a otro, pero como ejemplo podrían ser:
- Tierra: solidez y aspereza.
- Agua: cohesión y fluidez.
- Fuego: calor y frío.
- Viento: movimiento y empuje.
No es raro que una persona use alguna de las características de los elementos como objeto de meditación de forma inadvertida mientras realiza otra técnica de meditación. Dependiendo de dicha técnica y hacia dónde esté orientada, puede que este detalle no tenga importancia. Sin embargo, en otros casos podrá crear confusión y frustración, ya que estaremos intentando ir hacia una determinada dirección a la vez que utilizamos, sin ser conscientes de ello, una herramienta que nos lleva en una dirección diferente. Esta es una de la razones por las que es útil tener contacto frecuente con un profesor.
Otra forma en la que podemos utilizar los elementos como objetos de meditación es mediante los kasinas. La palabra pali kasinā significa totalidad, y también se utiliza para designar un signo o representación que es usado como objeto de meditación inicial. Por ejemplo, en el caso del kasina de fuego, podemos usar una hoguera como representación inicial del fuego que usaremos como objeto² . Con el paso del tiempo, seremos capaces de crear y mantener el signo de fuego mentalmente, y ya no necesitaremos su representación física.
Si practicamos una técnica orientada a vipassana y alcanzamos la estabilidad de atención necesaria, es posible que lleguemos a percibir kalāpas (partículas elementales que forman la totalidad del mundo material), incluso si nunca nos han hablado de ellos. Si los utilizamos como herramienta en nuestra meditación, podremos llegar a observar que en dichos kalāpas también están presentes los cuatro elementos.
Nibbana (Nirvana)
Los cuatro elementos son utilizados en diferentes textos para describir la meta final; el fin del sufrimiento. Para terminar, os dejo con unos de mis versos favoritos al respecto.
Donde el agua, la tierra, el fuego y el viento no tienen donde posarse,
allí las estrella no brillan,
el sol no es visible,
no se puede encontrar la oscuridad.
Y cuando un sabio, uno que es valioso, a través de la sabiduría,
ha llegado a conocer esto por sí mismo,
entonces de la forma y el nombre,
del placer y del dolor,
es liberado.
Udana 1.10, Khuddaka Nikaya: Bahiya Sutta
¹:Las descripciones de las distintas constituciones elementales están extraídas del libro Seven Peppercorns.
²:Esto requiere más complejidad de la explicada aquí. Recomiendo consultar a un profesor o un manual especializado si queremos usar un kasina como objeto de meditación