Un modelo es un esquema teórico de una realidad compleja que se elabora para facilitar su comprensión. Existen, por ejemplo, diversos modelos filosóficos, psicológicos, médicos…

Como seres humanos, funcionamos con modelos de manera inherente, dado que no podemos conocer y entender absolutamente todos los elementos que componen la realidad y todas las relaciones entre ellos. Desarrollamos de manera natural e inconsciente un modelo (o conjunto de modelos) personal que nos ayuda a comprender e interactuar con la realidad. Este modelo debería ser flexible para poder ir actualizándose a medida que vamos ganando conocimiento y experiencia vital.

El psicólogo Bill Plotkin sostiene que: “a la hora de evaluar las virtudes de un modelo, la principal pregunta que debemos hacernos no es si es verdad, sino si nos resulta útil como herramienta de descripción, debate y acción.” Esto es importante tenerlo siempre presente, pero como en las siguientes entradas me voy a orientar hacia los problemas que pueden surgir en la práctica de la meditación, expondré un ejemplo para ilustrarlo en dicho contexto.

Hace tiempo me hablaron de una meditadora y yoguini que sufría de ciertos efectos no deseados de su práctica. Cuando me describieron su situación, para mí estaba claro que se había desenraizado (este es un concepto muy interesante que tendrá su propia entrada próximamente) o, usando otro modelo, que tenía muy alterado el elemento viento.

Al cabo de un tiempo esta practicante me visitó. Me contó que cuando surgieron sus problemas, sus profesores no le ofrecieron una solución, así que acudió al sistema médico. Tras pasar por varios profesionales llegó a parar a manos de un eminente neurólogo que, a pesar de sus llamativos síntomas, le dijo: “lo que tú tienes no es un problema médico; yo no puedo ayudarte”. Me sorprendió que el especialista no lo considerara un problema médico, pero creo que lo que realmente quería expresar es que ella no tenía un problema que se pudiera solucionar con el modelo médico que él utilizaba.

Si eso mismo le hubiera pasado en Tailandia, por poner el ejemplo que me resulta más familiar, estoy convencido de que el proceso hubiera sido diferente. Para empezar, sus síntomas y las causas de estos seguramente hubieran estado incluidas en el modelo espiritual y meditativo de sus profesores. En el caso de que hubiera acudido a un médico alopático tailandés, sería más probable que ese médico también estuviera familiarizado con el modelo médico tradicional tailandés y/o el modelo espiritual budista, bien para implementarlos él mismo si los dominara, bien para referirla a otra persona especializada. Esto que menciono también es aplicable a todos aquellos países con tradiciones espirituales más integradas en la cultura y con unos modelos médicos diferentes.

Tras el paso infructuoso por la vía oficial occidental, esta meditadora encontró a una mujer de la que no recuerdo qué tipo de terapia o modelo usaba, pero sí recuerdo que ella también identificó que el problema estaba en que se había desenraizado, y la ayudó a volver a enraizarse, de manera que sus síntomas mejoraron.

Con esto no quiero decir que un modelo sea mejor que otro, sino ilustrar la importancia de saber si nuestro modelo es útil o no dadas las circunstancias.

Una práctica sobre la que me gustaría advertir es la coger un elemento de un sistema, mapa o modelo ajeno y querer asimilarlo en el nuestro. Esto es algo que veo hacer sobre todo en occidente con modelos espirituales o médicos orientales, y la mayoría de las veces lo que se hace es reducirlo o distorsionarlo para que pueda encajar en nuestro modelo, al que solemos considerar como superior o incluso dar por hecho que es la realidad.

Sin embargo, en oriente veo más generalizada una forma de obrar diferente. Tienen un modelo propio tradicional, y además adoptan el occidental, sin querer explicar uno a través del otro, o reducirlo para asimilarlo. De manera que mantienen ambos modelos, y usan uno, otro o ambos al mismo tiempo (sin por ello tener que mezclar churras con merinas) según el caso.