El profesor como sanador
En su libro Teaching Yoga, Donna Farhi describe varios arquetipos que suelen representar al profesor de yoga en la mente de los alumnos. Uno de ellos es el del profesor como sanador, y la segunda de las cualidades de un buen profesor que mencioné la semana pasada me recordó ese libro y las diferentes maneras en que un profesor puede encarnar ese arquetipo.
El propio Buda es a menudo descrito como el Gran médico o sanador. Su exposición de las Cuatro Nobles Verdades sigue un modelo médico clásico que consiste en:
- El diagnóstico (la noble verdad del sufrimiento)
- La causa (la noble verdad del origen del sufrimiento)
- La cura (la noble verdad del cese del sufrimiento)
- El tratamiento (la noble verdad del sendero que conduce al cese del sufrimiento)
Pero no hace falta ser un buda para que representemos ese arquetipo para otros.
No es infrecuente que un alumno hable con su profesor de yoga sobre una lesión. Muchas veces es para comentarle sobre gestión durante la práctica (cosa normal), y en otras es para consultarle como remediarla. Hay casos en los que el alumno no ha acudido a ningún profesional de la salud, pero en otras ocasiones sí lo ha hecho y no le ha servido. No ya porque no le hayan resuelto la lesión, sino porque no le han dado lo que necesitaba. Es posible que su profesor de yoga, a pesar de no estar preparado para ayudarle con su problema, sea más accesible, le conozca mejor y le dedique más tiempo y atención que un profesional perfectamente cualificado para tratar su lesión.
El otro lado de la moneda es el de los profesores que automáticamente se erigen como salvadores del alumno. Recuerdo una ocasión en la que asistí a una clase de un profesor de yoga con el que tenía cierta confianza. Antes de comenzar, nos pregunto a cada uno si nos dolía algo o teníamos algún problema. Yo le comenté que me molestaba el codo, sin darle más detalles. Él automáticamente me dijo, más como un deber que como una sugerencia, las cosas que tenía que hacer durante la clase y las que no, sin interesarse por si ya tenía la capacidad de gestionarme. Además me sorprendió que lo tuviera tan claro sin saber qué parte del codo me molestaba, ni cuando me daba problemas o qué había originado las molestias.
Como profesores de yoga o meditación, puede que no fuera nuestra intención inicial ponernos en el papel de sanador, pero si la realidad es que para algunos de nuestros alumnos vamos a encarnar este arquetipo, deberíamos tenerlo muy en cuenta a la hora de tratar con ellos. En la mayoría de los casos no para solucionar sus problemas, sino para poder acompañarles adecuadamente mientras los transitan.
Donna Farhi menciona en su libro que las personas acudimos a terapeutas, médicos y otros tipos de sanadores tanto por la calidad de su presencia como por su habilidad. Que su propia elección de profesionales de la salud se basa en la capacidad de estos de enfocarse en el proceso y de escuchar cuidadosamente sus preocupaciones. Que al considerar el arquetipo del sanador, debemos ser conscientes de que dar nuestra completa presencia y atención a una persona es sanador en sí mismo.
No todos podemos ser médicos o profesionales de la salud, pero sí que todos tenemos la capacidad de ser sanadores para otra persona, al menos por un momento.
Ser escuchado es ser sanado. Ser escuchado profundamente es ser sanado profundamente.
Mike Boxhall