Sobre el modelo de la generosidad (I)
Inspirado por mis profesores de yoga y la tradición budista tailandesa, la inmensa mayoría de las actividades relacionadas con el yoga y la meditación que he ofrecido desde que comencé a enseñar se han basado en la generosidad (dāna). Este sistema precede al budismo, y se puede encontrar en diferentes tradiciones espirituales. Dicha manera de funcionar, tan aparentemente simple, puede resultar tremendamente desafiante tanto para profesores, facilitadores y organizadores, como para los estudiantes o asistentes.
Aunque haya mantenido la misma manera de operar durante más de una década, mi relación y mis opiniones acerca del sistema de la generosidad han ido cambiando. El principal motivo por el que he continuado con él ha sido porque así lo sentía y aún lo siento. No puedo dar razón más poderosa ni, seguramente para muchos de los que me lean, más abstracta e imprecisa. Así que voy a compartir algunas reflexiones que espero os ayuden a entender más de dónde vengo, o mejor dicho de dónde viene este sistema dentro de la tradición que yo sigo. Ojalá también os den claridad y faciliten vuestra relación con esa forma de funcionar, de manera que cuando la practiquéis, ya sea como donante o receptor, redunde en un mayor beneficio tanto para vosotros como para los demás.
Un recuerdo de lo que significa meditar
Considero que es útil, para ponernos en contexto, recordar brevemente el significado de la palabra meditación en el budismo theravada. Aunque en el idioma pali no hay una única palabra para lo que en Occidente llamamos meditación, una muy común es bhāvanā, que significa cultivar, desarrollar, hacer crecer algo. ¿Y qué es lo que queremos cultivar y desarrollar? Las cualidades mentales que proporcionan felicidad y evitan el sufrimiento tanto para nosotros como para los demás: la generosidad, la bondad, la compasión, la alegría empática, la tranquilidad, la estabilidad mental, etc.
Regalos y generosidad
Vamos con otra palabra pali: dāna, que significa regalo, ofrenda, y también generosidad. Ya que estamos, definamos de igual manera esos términos en castellano. Un regalo es una cosa que damos voluntaria y gratuitamente, sin coste. La generosidad es la cualidad de ser generoso/a, es decir, que es propenso/a a hacer regalos, a dar gratuitamente.
Los regalos de una persona íntegra
Aunque existen numerosos discursos budistas sobre la generosidad y los regalos, hay dos que considero particularmente útiles a la hora de despejar muchas de las dudas e inquietudes que nos pueden surgir a la hora de funcionar con el sistema de la generosidad.
El primero¹ describe cómo hace un regalo una persona íntegra:
Una persona íntegra da un regalo con convicción. Una persona íntegra da un regalo con respeto. Una persona íntegra da un regalo en el momento adecuado. Una persona íntegra da un regalo con empatía. Una persona íntegra da un regalo sin perjudicarse a sí misma ni a los demás.
En el segundo², el Buda alaba los factores presentes en una ofrenda por parte del donante:
[…] el donante, antes de dar, está alegre; mientras da, su mente es pura y radiante, y después de dar está satisfecho.
Si realmente estamos siguiendo la tradición de dāna, deberíamos ser capaces de percibir claramente esos factores. El acto de dar sería meditación, ya que, cuando damos, estamos cultivando esas cualidades mentales beneficiosas.
Pero, lamentablemente, no es lo que suele destacar en muchos eventos de este tipo. En su lugar, el protagonismo se lo acaban llevando en última instancia otros elementos menos edificantes como el miedo a la escasez, a la falta de apreciación por parte de los asistentes, o la asunción implícita y anticipada de los organizadores de la supuestamente obligada e insuficiente reciprocidad de los asistentes.
Este y otros comportamientos por parte de profesores y organizadores son el resultado de no considerar todas las dimensiones de dāna. Por ejemplo, ignoran la parte de «dar sin perjudicarse a uno mismo y a los demás»; piensan en lo que quieren dar, sin reparar en cuánto se pueden permitir, tanto en términos económicos como de tiempo, energía y atención, y es ahí cuando empiezan las conductas dudosas y los sentimientos y pensamientos nocivos.
Si tenemos que hacer malabares y contorsionismos con las palabras y expresiones que utilizamos, nos descubrimos justificándonos repetidamente, intentamos dejar al receptor con un sentimiento de obligación a dar de vuelta, o nos queda un regusto raro en el corazón en lugar de las cualidades mentales positivas mencionadas al inicio, seguramente sea el momento de parar y revisar cuáales son nuestras verdaderas motivaciones para dar, y si estamos siendo honestos y permaneciendo fieles a la tradición y a nosotros mismos.
En la vida cotidiana
Todo esto no solo es aplicable si somos monjes, profesores de meditación o si dirigimos eventos o comunidades budistas. También podemos beneficiarnos de esta evaluación en nuestra vida cotidiana, en cualquier momento en el que damos o recibimos cualquier regalo. Descubriremos que, en numerosas ocasiones, detrás de los regalos se encuentran, envueltos de altruismo y desprendimiento, otras muchas cosas: el deseo de ser reconocidos, de que nos quieran, de condicionar al otro para que se comporte de una determinada manera, de que se sienta en deuda con nosotros…
Si definimos con precisión lo que es realmente dāna, en qué consiste un regalo, y cuál es el verdadero significado de la generosidad, al tiempo que mantenemos presentes nuestros valores e intenciones, hay muy poco margen para el error. Y si este ocurre, será fácilmente identificado y sabremos qué tenemos que cambiar para hacerlo mejor en el futuro. Esto nos va a demandar una gran honestidad, que puede resultar incómoda y sonrojante, pero que seguro nos proporcionará ligereza mental, claridad y serenidad, y nos ayudará a integrar la vida cotidiana con nuestra práctica de meditación formal.
[¹]: Sappurisadana Sutta, Anguttara Nikaya 5.148.
[²]: Dana Sutta, Anguttara Nikaya 6.37.