Noviembre 2024

Por | 5 noviembre, 2024 |Categorías: Reflexiones|Etiquetas: , , |

Hace dos años que no escribo en esta página y, antes de continuar haciéndolo, creo que es bueno resumir un poco lo que ha sido para mí este tiempo. No solo los dos últimos años, sino desde que dejé la actividad con la que comenzó Monoyoga. Así, tanto las personas que ya me conocéis en persona como las que solo sabéis de mí por las publicaciones antiguas, podéis tener una idea del punto en el que estoy ahora. Seguro que me sirve también a mí mismo para ubicarme.

En 2019 decidí que sería mi última temporada dando clases en el Templo de Debod de Madrid cómo lo había hecho desde 2014. Había varios motivos para ello.

Por un lado, la dinámica de las clases en Madrid me había dejado de llenar. Las clases se habían hecho muy populares, lo cual era de agradecer, y a la vez algo no me cuadraba. Podía tener al mismo tiempo en un grupo de cien o más personas a gente que llevaba años de práctica constante, profesores incluídos, con gente que practicaba también desde hacía tiempo pero de forma discontinua, otros que habían hecho yoga en contadas ocasiones, algunos que estaban en forma y tenían una gran base de conciencia corporal al haber practicado otras disciplinas aunque no hicieran yoga, otros más totalmente desconectados de su cuerpo, personas a la que conocía desde hacía años junto a otras a las que solo iba a ver ese día en mi vida, gente genuinamente interesada en la clase, meros curiosos o aburridos buscando entretenimiento, y todo el espectro entre esos puntos o combinaciones posibles entre ellos.

No es que hubiera algo intrínsecamente malo en esa combinación. Creo que un punto fuerte de las clases era que fueran abiertas y sin restricciones, aunque eso hiciera que el grupo fuera tan heterogéneo. Y también creo que lo que a mí me apetecía llegado cierto momento, era poder acompañar a gente a largo plazo en su camino, sin parones o cambios anuales de ubicación en invierno, tener una relación más profunda con las personas que venían. En definitiva, trabajar de forma distinta y en un contexto diferente.

Por otro lado, tenía desde hacía varios años el impulso de abandonar la ciudad e irme a vivir al campo, concretamente al pueblo de mi madre, y su repentino fallecimiento me trajo la urgencia para dar el paso definitivamente.

Así que, con un retraso de un año debido a los efectos del Covid, me fui a vivir a Valencia de Alcántara (Cáceres), con la idea de recuperar unos terrenos de mi familia abandonados después de un incendio y crear un lugar de meditación. Al poco tiempo de llegar me quedaron claras dos cosas; el terreno no era el más apropiado para mi idea, y me faltaba muchísimo capital financiero para hacer algo remotamente similar a lo que deseaba. Además, hace poco he sido consciente de la carencia más importante; el suficiente capital espiritual, por llamarlo de alguna manera.

En 2022 me sorprendí yéndome a vivir a Badajoz. Retomé por un tiempo la actividad en esta página, le dí aún más actividad a la cuenta de Instagram, comencé un grupo de meditación en persona y otro online, y descuidé mi práctica. Con el paso de los meses sentí que las redes sociales me quitaban muchísima energía y me rechinaban; tanto su funcionamiento, todo lo que conlleva el publicar, y el mundo “espiritual” que me llegaba a través de ellas. Me dí cuenta también de que descuidar tu propia práctica no es buena idea, y que echaba de menos vivir en el campo.

De manera que en 2023 volví a la senda que había abandonado; regresé al pueblo, retomé mis prácticas y, harto de la pseudo espiritualidad digital de la que me había intoxicado, decidí trabajar en las labores del campo y dejar de dar clases. Irónicamente, al dejar de anunciarme y comenzar a nutrir mi propia práctica, empezaron a aparecer personas que deseaban que les diera clase. Algunas tenían claro que querían cierto tipo de práctica física, otras preferían enfocarse en la meditación. y aún otras, no sabían muy bien lo que querían ni lo que necesitaban. Y así llegué al punto en el que me encuentro. Si alguien me pregunta qué hago ahora, les digo que escucho a la gente. Sobre todo, intento que se escuchen de verdad ellos mismos, y a partir de ahí, decidimos lo que vamos a hacer juntos.

En este contexto, toda la parte digital de Monoyoga dejaba de tener sentido, y he pensado repetidas veces en abandonar o eliminar la web y los perfiles de redes sociales. Las redes no me daban ninguna pena, pero con la web era diferente. Simplemente dejar de pagar el alojamiento y el dominio no lo siento correcto, vender la página tampoco… ¿buscar a alguien y regalársela? ¿A quién? Creo que hay valor en ella, y que de ahí podría rebrotar algo o nacer otra cosa, ya fuera mía o de otra persona. Además, de vez en cuando me llega un correo gracias a la página web que da sentido a que, a pesar de no estar actualizada, esta siga existiendo. Y esos correos esporádicos me animan un poco a volver a compartir cosas que creo tengo pendientes y pueden ayudar a otras personas en su camino, particularmente a aquellas que estén en algún «agujero negro» meditativo.

Y así hemos llegado hasta noviembre de 2024. He eliminado mis perfiles de Facebook e Instagram. Son lugares que considero tienen muchos más inconvenientes que ventajas, y por lo tanto no quiero alimentarlos ni estar en ellos. Con la página web tengo todavía dudas, pero en lugar de seguir dándole vueltas a la cabeza sin hacer nada y vivir permanentemente en la duda, creo que lo mejor es tomar acción; volver a ella, escribir y ver qué pasa.

Si quieres acompañarme en este «a ver qué pasa», puedes visitar de vez en cuando monoyoga.es para leer lo que vaya publicando, o suscribirte a la lista de correo para que te pueda avisar con las novedades (te dejo al final el formulario para hacerlo). Creo que es la mejor manera de estar al día sin depender de algoritmos. Te aseguro que no te voy a bombardear a correos. Me quedaría satisfecho si consiguiera mantener una frecuencia de uno al mes, y prometo no pasar de uno a la semana en el improbable caso de convertirme en un escritor prolífico.

Sigo sin tener nada que vender. Aunque la caja de caramelos pasara hace ya unos cuantos años a mejores manos, me siguen acompañando el mismo bote y la misma manera de funcionar económicamente. Y aunque puede que la mayoría de lo que escriba tenga una forma aparente budista, creo que muchos de los principios subyacentes son aplicables a multitud de caminos espirituales.

Hasta aquí mi actualización. Te invito a enviarme la tuya si te apetece. Para hacerlo, escríbeme a niki@monoyoga.es. Me encantará leerte.

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