Meditación caminando
Caminar es casi tan natural para el ser humano como respirar, y podemos aprovechar cuando caminamos para seguir cultivando nuestra mente. La meditación caminando es un complemento perfecto a nuestra práctica sentada, o incluso puede convertirse en nuestra práctica principal.
Podemos observar la respiración mientras caminamos, dando continuidad al cultivo de la atención plena en la respiración, o hacer del acto mismo de caminar nuestro objeto de meditación. Concretamente, las sensaciones en los pies al caminar. Hay diversas maneras de hacerlo; aquí os dejo unas indicaciones como referencia para poder empezar a practicar formalmente.
- Elige un lugar más o menos llano que te permita dar de 10 a 30 pasos. Si puede ser descalzo, mucho mejor.
- Parado en uno de los extremos del recorrido, tómate un momento para centrarte, ser consciente del cuerpo y soltar tensiones.
- Dirige la mirada al suelo, a una distancia cómoda delante de ti, para evitar distraerte con el entorno. Recoge las manos delante o detrás de ti de la manera más relajada posible.
- Comienza a caminar lentamente, sintiendo cómo un pie de cada vez se despega del suelo, avanza y vuelve a posarse. Puedes dividir cada paso y etiquetar mentalmente cada fase del movimiento para que te ayude a mantenerte consciente de las sensaciones en los pies. P.ej: elevando, avanzando, aterrizando… Usa tus propias palabras y divide los pasos en tantas o tan pocas fases como te sea útil y natural. Pueden ser tres como en el ejemplo anterior, pueden ser más, o simplemente notar mentalmente «izquierdo, derecho, izquierdo…» Las palabras son solo una ayuda para mantener la atención en las sensaciones de los pies. Si no te son útiles o con el paso del tiempo ya no las necesitas, deja de usarlas.
- Continúa hasta llegar al final del recorrido establecido. Vuelve a centrarte si es necesario, gira y regresa siguiendo el mismo sistema hacia el punto inicial.
- Repite tantas veces como quieras.
El simple hecho de caminar ya nos ayuda a compensar el tiempo que pasamos en meditación sentada. Si es de manera más ligera e informal, nos ayuda a relajar la vista, a encontrar una consciencia más periférica, conectar con la realidad física y a estimular la circulación de los fluidos del cuerpo. También nos puede dar energía si la práctica sentada nos ha embotado la mente, o ayudar a calmarnos antes de sentarnos si venimos con la mente o el cuerpo muy agitados.
Por otro lado, si seguimos las indicaciones descritas arriba para una meditación caminando formal, mantendremos una atención más estable que ayudará a que sigamos fortaleciendo nuestra concentración. Además, el caminar lentamente desarrolla nuestra propiocepción y muchas estructuras estabilizadoras, compensando de otra forma también los largos periodos estáticos de meditación sentada. Alternar la meditación sentada y la meditación caminando da como resultado una práctica más equilibrada en muchos aspectos.
En la siguiente entrada describiré las instrucciones para la tercera práctica que completa lo que podría ser un equipo básico del meditador: la meditación metta o del amor incondicional.