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	<title>generosidad Archives - Monoyoga</title>
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	<description>El arte de moverse hacia la quietud</description>
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	<title>generosidad Archives - Monoyoga</title>
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		<title>El cuenco de otro</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Mono Yoga]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 17 Aug 2026 12:17:55 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Reflexiones]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Seguramente, la mayoría de la gente que lea estas líneas me habrá conocido entre 2014 y 2019, cuando mi «estudio de yoga» era un trozo de césped junto al templo de Debod. Al llegar, desenrollaba mi esterilla y dejaba delante de ella mi mochila, un bote y una caja con caramelos, que se convertirían minutos</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><span style="font-weight: 400;">Seguramente, la mayoría de la gente que lea estas líneas me habrá conocido entre 2014 y 2019, cuando mi «estudio de yoga» era un trozo de césped junto al templo de Debod. Al llegar, desenrollaba mi esterilla y dejaba delante de ella mi mochila, un bote y una caja con caramelos, que se convertirían minutos después en el centro de un círculo de esterillas. Círculo que se fue multiplicando con el paso de los años.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">No había puertas ni paredes, nadie tenía que darte permiso para unirte, y tampoco nadie te iba a pedir nada al terminar. La mayor parte de los asistentes me encontraban a través de esta misma web, donde explicaba el sistema de </span><i><span style="font-weight: 400;">dāna</span></i><span style="font-weight: 400;">. Muchos otros se enteraban por el boca a boca, siendo así mejor o peor informados de cómo funcionaban las clases. También había unos pocos que se unían sin tener ni idea, al menos de inicio, de quién era yo, de dónde había salido, qué hacíamos exactamente o cuándo nos daba por ponernos ahí.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Al finalizar la clase, cada uno a su ritmo iba enrollando su esterilla y acercándose al centro del círculo para recoger su mochila, <a href="https://monoyoga.es/reflexiones/bote-la-caja-caramelos/" target="_blank" rel="noopener">dejar algo en el bote y/o coger algún caramelo</a>. Desde el principio intuí que era muy buena práctica no preocuparme de quién o cuanto dejaba en el bote. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Algunos de mis alumnos no tuvieron esa misma intuición. Eso, sumado a que para ellos seguramente era más difícil mirar para otro lado si justo también iban al bote, desembocaba en un amplio abanico de emociones. Tengo todavía en mi mente las imágenes nítidas de dos de esos alumnos, ya convertidos en amigos, expresándome en diferentes momentos su enfado e indignación. Uno, porque no conseguía explicarse lo poco que veía dejar a algunos. Otra, porque la gente como ella hacía viable las clases, mientras otros se iban sin dejar nada. Y también molesta conmigo, por no decir nada al respecto. Sus protestas surtieron un leve efecto; recuerdo que al poco tiempo di uno de esos discursos que tanto me rechinan y que caracterizan la parte final de muchos eventos que no tienen precio. Fui incapaz de dar otro, a pesar de comprender perfectamente su enfado por lo que ella entendía como una injusticia. </span><b></b></p>
<h2><b>Generosidad anónima</b></h2>
<p><span style="font-weight: 400;">Una de las cosas que más frecuentemente me han agradecido las personas con las que he coincidido los años posteriores a dejar de dar clase en el parque, es el haber hecho posible que vinieran a practicar cuando estaban sin dinero, sin trabajo, y algunos hasta sin casa propia o en una situación mental complicada. Me imagino que, en un contexto así, tener la opción de ir casi todos los días de la semana a un entorno natural, formando parte de un grupo, a ejercitar y escuchar a tu cuerpo y dar un descanso a tu mente, debe ser un verdadero regalo. Me están agradecidos a mí, pero en realidad la mayor parte del mérito no es mío.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">En 2013, cuando regresé de Asia a Madrid, comencé a dar clases en un espacio donde no se podía recibir dinero a cambio de las actividades ofrecidas, ni siquiera en forma de donativo. Durante seis meses dií una clase semanal; ocasionalmente dos. Además del tiempo de la clase en sí, invertía una hora en ir y otra en volver a casa, más el dinero del transporte. Estaba encantado de darlas, pero no me podía permitir hacerlo con mayor frecuencia.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">En la primavera de 2014 las clases se mudaron al templo de Debod. También con una o dos clases a la semana inicialmente, pero ya con el bote presente; abriendo la puerta a recibir. Al cambiar de lugar, la asistencia bajó, pero pronto comenzó una firme tendencia ascendente. El bote empezó a llenarse, y ambas cosas me invitaron a ir aumentando el número de clases. Sin el compromiso y la generosidad de los que venían, nunca me hubiera podido permitir ir cinco días a la semana a dar clase. Habría tenido que emplear mi tiempo y energía en conseguir dinero de otra forma y, con suerte, continuado dando una clase a la semana en caso de haber disfrutado del suficiente ánimo y energía para ello.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">De manera que, aunque yo sea el receptor de la gratitud de aquellos que pudieron venir a clase cuando no se lo podrían haber permitido de otra forma, en realidad deberían estar agradecidos a todos los que asistían regularmente y depositaban dinero en el bote sin que nadie les incitara a ello.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">A este último grupo pertenecían esos dos alumnos que mencioné anteriormente; los que se quejaban de lo poco (o nada) que dejaban algunos. Desde luego que habrá venido gente con ganas de aprovecharse, de llevarse lo máximo a cambio de dar lo mínimo. Al igual que asistieron también otros en una genuina mala situación, lo cual otorga incluso más mérito a que tuvieran el ánimo de participar. Sin conocer la situación personal de cada uno, no podemos medir su generosidad o falta de ella. Pero, de todos modos, lo que hagan los demás no es nuestra responsabilidad; solo somos responsables de nuestros actos e intenciones. Eso es a lo que debemos prestar atención, porque eso es lo que va a determinar la calidad de nuestra mente; nuestra felicidad o sufrimiento.</span><b></b></p>
<h2><b>El cuenco de otro</b></h2>
<p><span style="font-weight: 400;">Originariamente, los monjes budistas dependían de las ofrendas de la gente laica para alimentarse, ya que la </span><i><span style="font-weight: 400;">vinaya</span></i><span style="font-weight: 400;"> (código monástico) les prohibía tanto el uso de dinero como cultivar su propia comida. Aún hoy muchos de ellos siguen observando estas reglas, y para recibir y consumir dichas ofrendas utilizan su cuenco reglamentario, cuyo uso tiene a su vez también una serie de normas, una de las cuales me viene frecuentemente a la cabeza:</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;"> </span><i><span style="font-weight: 400;">No miraré al cuenco de otro con la intención de encontrar alguna falta: esto ha de ser practicado.</span></i></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Ajahn Cha, uno de los maestros budistas más importantes del siglo </span><span style="font-weight: 400;">xx</span><span style="font-weight: 400;">, decía:</span></p>
<p><i><span style="font-weight: 400;">No es apropiado observar a otros con una mente que busca encontrar faltas. Esto no te ayudará en tu práctica de ninguna manera. Si quieres sentirte molesto, observa esa molestia en tu corazón. Si la conducta de otros no es perfecta, o no se comportan como buenos monjes, no es tu trabajo juzgarles. No te vas a volver más sabio vigilando y acusando a los demás. La </span></i><span style="font-weight: 400;">vinaya</span><i><span style="font-weight: 400;"> es una herramienta para ayudarte a desarrollar </span></i><span style="font-weight: 400;">samadhi</span><i><span style="font-weight: 400;"> (atención estable). No es un arma para descubrir defectos o juzgar quién es bueno o malo. Nadie puede practicar por ti, y tú tampoco puedes practicar por otra persona. Así que sé consciente de tu propio comportamiento. Ese es el camino a seguir.</span></i></p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Sobre el modelo de la generosidad (I)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Mono Yoga]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 12 Aug 2026 12:11:33 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Reflexiones]]></category>
		<category><![CDATA[dana]]></category>
		<category><![CDATA[generosidad]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Inspirado por mis profesores de yoga y la tradición budista tailandesa, la inmensa mayoría de las actividades relacionadas con el yoga y la meditación que he ofrecido desde que comencé a enseñar se han basado en la generosidad (dāna). Este sistema precede al budismo, y se puede encontrar en diferentes tradiciones espirituales. Dicha manera de</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Inspirado por mis profesores de yoga y la tradición budista tailandesa, la inmensa mayoría de las actividades relacionadas con el yoga y la meditación que he ofrecido desde que comencé a enseñar se han basado en la generosidad (<em>dāna</em>). Este sistema precede al budismo, y se puede encontrar en diferentes tradiciones espirituales. Dicha manera de funcionar, tan aparentemente simple, puede resultar tremendamente desafiante tanto para profesores, facilitadores y organizadores, como para los estudiantes o asistentes.</p>
<p>Aunque haya mantenido la misma manera de operar durante más de una década, mi relación y mis opiniones acerca del sistema de la generosidad han ido cambiando. El principal motivo por el que he continuado con él ha sido porque así lo sentía y aún lo siento. No puedo dar razón más poderosa ni, seguramente para muchos de los que me lean, más abstracta e imprecisa. Así que voy a compartir algunas reflexiones que espero os ayuden a entender más de dónde vengo, o mejor dicho de dónde viene este sistema dentro de la tradición que yo sigo. Ojalá también os den claridad y faciliten vuestra relación con esa forma de funcionar, de manera que cuando la practiquéis, ya sea como donante o receptor, redunde en un mayor beneficio tanto para vosotros como para los demás.</p>
<h2>Un recuerdo de lo que significa meditar</h2>
<p>Considero que es útil, para ponernos en contexto, recordar brevemente el significado de la palabra meditación en el budismo <em>theravada</em>. Aunque en el idioma pali no hay una única palabra para lo que en Occidente llamamos meditación, una muy común es <em>bhāvanā</em>, que significa cultivar, desarrollar, hacer crecer algo. ¿Y qué es lo que queremos cultivar y desarrollar? Las cualidades mentales que proporcionan felicidad y evitan el sufrimiento tanto para nosotros como para los demás: la generosidad, la bondad, la compasión, la alegría empática, la tranquilidad, la estabilidad mental, etc.</p>
<h2>Regalos y generosidad</h2>
<p>Vamos con otra palabra pali: <em>dāna</em>, que significa regalo, ofrenda, y también generosidad. Ya que estamos, definamos de igual manera esos términos en castellano. Un regalo es una cosa que damos voluntaria y gratuitamente, sin coste. La generosidad es la cualidad de ser generoso/a, es decir, que es propenso/a a hacer regalos, a dar gratuitamente.</p>
<h2>Los regalos de una persona íntegra</h2>
<p>Aunque existen numerosos discursos budistas sobre la generosidad y los regalos, hay dos que considero particularmente útiles a la hora de despejar muchas de las dudas e inquietudes que nos pueden surgir a la hora de funcionar con el sistema de la generosidad.</p>
<p>El primero¹ describe cómo hace un regalo una persona íntegra:</p>
<p><em>Una persona íntegra da un regalo con convicción. Una persona íntegra da un regalo con respeto. Una persona íntegra da un regalo en el momento adecuado. Una persona íntegra da un regalo con empatía. Una persona íntegra da un regalo sin perjudicarse a sí misma ni a los demás.</em></p>
<p>En el segundo², el Buda alaba los factores presentes en una ofrenda por parte del donante:</p>
<p><em>[…]</em> <em>el donante, antes de dar, está alegre; mientras da, su mente es pura y radiante, y después de dar está satisfecho.</em></p>
<p>Si realmente estamos siguiendo la tradición de <em>dāna</em>, deberíamos ser capaces de percibir claramente esos factores. El acto de dar sería meditación, ya que, cuando damos, estamos cultivando esas cualidades mentales beneficiosas.</p>
<p>Pero, lamentablemente, no es lo que suele destacar en muchos eventos de este tipo. En su lugar, el protagonismo se lo acaban llevando en última instancia otros elementos menos edificantes como el miedo a la escasez, a la falta de apreciación por parte de los asistentes, o la asunción implícita y anticipada de los organizadores de la supuestamente obligada e insuficiente reciprocidad de los asistentes.</p>
<p>Este y otros comportamientos por parte de profesores y organizadores son el resultado de no considerar todas las dimensiones de <em>dāna</em>. Por ejemplo, ignoran la parte de «dar sin perjudicarse a uno mismo y a los demás»; piensan en lo que quieren dar, sin reparar en cuánto se pueden permitir, tanto en términos económicos como de tiempo, energía y atención, y es ahí cuando empiezan las conductas dudosas y los sentimientos y pensamientos nocivos.</p>
<p>Si tenemos que hacer malabares y contorsionismos con las palabras y expresiones que utilizamos, nos descubrimos justificándonos repetidamente, intentamos dejar al receptor con un sentimiento de obligación a dar de vuelta, o nos queda un regusto raro en el corazón en lugar de las cualidades mentales positivas mencionadas al inicio, seguramente sea el momento de parar y revisar cuáles son nuestras verdaderas motivaciones para dar, y si estamos siendo honestos y permaneciendo fieles a la tradición y a nosotros mismos.</p>
<h2>En la vida cotidiana</h2>
<p>Todo esto no solo es aplicable si somos monjes, profesores de meditación o si dirigimos eventos o comunidades budistas. También podemos beneficiarnos de esta evaluación en nuestra vida cotidiana, en cualquier momento en el que damos o recibimos cualquier regalo. Descubriremos que, en numerosas ocasiones, detrás de los regalos se encuentran, envueltos de altruismo y desprendimiento, otras muchas cosas: el deseo de ser reconocidos, de que nos quieran, de condicionar al otro para que se comporte de una determinada manera, de que se sienta en deuda con nosotros&#8230;</p>
<p>Si definimos con precisión lo que es realmente <em>dāna</em>, en qué consiste un regalo, y cuál es el verdadero significado de la generosidad, al tiempo que mantenemos presentes nuestros valores e intenciones, hay muy poco margen para el error. Y si este ocurre, será fácilmente identificado y sabremos qué tenemos que cambiar para hacerlo mejor en el futuro. Esto nos va a demandar una gran honestidad, que puede resultar incómoda y sonrojante, pero que seguro nos proporcionará ligereza mental, claridad y serenidad, y nos ayudará a integrar la vida cotidiana con nuestra práctica de meditación formal.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>[¹]: Sappurisadana Sutta, Anguttara Nikaya 5.148.</p>
<p>[²]: Dana Sutta, Anguttara Nikaya 6.37.</p>
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		<title>Generosidad, gratitud, reciprocidad</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Mono Yoga]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 06 Apr 2025 05:56:25 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Reflexiones]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Dāna es una palabra sánscrita y pali que suele traducirse como generosidad, ofrecimiento o regalo. Desde hace miles de años, mucho antes de los tiempos del Buda, los buscadores que abandonaban sus posesiones, profesiones y familia para dedicarse de pleno a la práctica espiritual han dependido de la generosidad de otros para su sustento. El</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><em>Dāna</em> es una palabra sánscrita y pali que suele traducirse como generosidad, ofrecimiento o regalo. Desde hace miles de años, mucho antes de los tiempos del Buda, los buscadores que abandonaban sus posesiones, profesiones y familia para dedicarse de pleno a la práctica espiritual han dependido de la generosidad de otros para su sustento.</p>
<p>El Buda no fue una excepción, tanto siendo alumno como a la hora de enseñar. Dado que él como asceta no usaba dinero, dudo que tuviera que pagar materialmente a sus maestros Ālāra Kālāma y Uddaka Rāmaputta. No satisfecho con las enseñanzas de estos, y continuando por su cuenta la búsqueda de la extinción del sufrimiento, fue una ofrenda de alimento lo que le recondujo desde la extrema e infructuosa práctica de mortificación a la revelación del Camino Medio que culminó en su iluminación.</p>
<p>Tras ella, comenzó a enseñar el <em>Dhamma. </em>Muchos de los que se convertían en sus seguidores lo hacían ordenándose como monjes. Cuando sesenta de ellos lograron también iluminarse, les envió a enseñar a aquellos que pudieran beneficiarse de su doctrina. Eran monjes mendicantes; vivian de los alimentos que la gente les ofrecía. Pero no era un intercambio «dame comida y te enseñaré el <em>Dhamma</em>«, sino un ofrecimiento basado en la generosidad. Enseñaban a cualquiera que pudiera beneficiarse de ello y tuviera interés en escuchar, sin importar que les hubiera dado comida o no. El hecho de poder vivir gracias a los regalos de algunos, significaba que podían ofrecer las enseñanzas gratuitamente a todos.</p>
<p>Esta manera de funcionar, que a mucha gente le resulta inconcebible en nuestros días, ha continuado de forma ininterrumpida durante más de 2.500 años hasta llegar a nosotros. Los monjes de ciertas tradiciones siguen obligados por sus preceptos a vivir de los alimentos que reciben diariamente de otros, y a continuar enseñando cuando se lo soliciten sin esperar nada a cambio. Pero no solo los monjes lo hacen; también hay seguidores laicos que enseñamos bajo el mismo principio. Y tampoco es algo único del budismo; la generosidad es una cualidad universal que no pertenece en exclusiva a ninguna religión, sistema de creencias o grupo de personas.</p>
<p>Cuando nos regalan algo que consideramos valioso, es natural querer agradecer el regalo y reciprocar. La mejor manera de agradecer las enseñanzas es ponerlas en práctica, y compartirlas de la misma manera que llegaron a nosotros.</p>
<blockquote><p><em>«El verdadero culto no consiste en ofrecer incienso, flores y otras cosas materiales, sino en esforzarse por seguir la misma vía de aquel al que se venera».</em></p>
<p><em>Ayya Kehmma</em></p></blockquote>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Dāna y la cuestión de cobrar por la enseñanza espiritual</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Mono Yoga]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 27 Apr 2020 06:00:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Budismo]]></category>
		<category><![CDATA[budismo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Dāna (दान) es una palabra sánscrita y pali que significa «generosidad» o «dar». Ajahn Pasanno (Manitoba, Canadá, 1949) es el discípulo de Ajahn Chah de mayor antigüedad en Estados Unidos, y el tercero en el mundo tras Ajahn Sumedho y Ajahn Khemadhammo. Durante muchos años fue el abad de Wat Pah Nanachat, monasterio de la</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"><em>Dāna</em> (दान) es una palabra sánscrita y pali que significa «generosidad» o «dar».</p>



<div class="wp-block-group"><div class="wp-block-group__inner-container is-layout-flow wp-block-group-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="698" height="953" align="left" class="wp-image-1317" style="width: 150px;padding: 0px 10px 0px 0px;" src="https://monoyoga.es/wp-content/uploads/2020/04/Ajahn-Pasanno.jpg" alt="cobrar por la enseñanza espiritual - Entrevista a Ajahn Pasanno" srcset="https://monoyoga.es/wp-content/uploads/2020/04/Ajahn-Pasanno-200x273.jpg 200w, https://monoyoga.es/wp-content/uploads/2020/04/Ajahn-Pasanno-220x300.jpg 220w, https://monoyoga.es/wp-content/uploads/2020/04/Ajahn-Pasanno-400x546.jpg 400w, https://monoyoga.es/wp-content/uploads/2020/04/Ajahn-Pasanno-600x819.jpg 600w, https://monoyoga.es/wp-content/uploads/2020/04/Ajahn-Pasanno.jpg 698w" sizes="(max-width: 698px) 100vw, 698px" /><strong>Ajahn Pasanno </strong>(Manitoba, Canadá, 1949) es el   discípulo de <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Ajahn_Chah" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Ajahn Chah</a> de mayor antigüedad en Estados Unidos, y el tercero en el mundo tras Ajahn Sumedho y Ajahn Khemadhammo. Durante muchos años fue el abad de <a rel="noreferrer noopener" href="http://www.watpahnanachat.org/" target="_blank">Wat Pah Nanachat</a>, monasterio de la tradición tailandesa del bosque en el noroeste de Tailandia. A finales de los noventa, Ajahn Pasanno se trasladó a California para dirigir el entonces nuevo monasterio de Abhayagiri. Con más de 40 años como <em><a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Bhikkhu" target="_blank" rel="noreferrer noopener">bhikkhu</a></em>, Ajahn Pasanno ha sido pieza clave en la formación de numerosos monjes en Tailandia y Estados Unidos, y ha apoyado también la instrucción para las mujeres.</p>
</div></div>



<p class="wp-block-paragraph"><em><strong>¿Cuál es su punto de vista sobre los maestros budistas que cobran por el dharma?&nbsp;</strong></em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Bhikkhu Pasanno: El asunto es que hay mucho por ahí basado en <em>d</em><em>ā</em><em>na</em>. No intento tener un punto de vista sobre lo que otras personas hacen. Yo sé cómo lo hago yo y sé cómo nuestra comunidad lo hace y me siento cómodo con ello. Tengo la esperanza de ser un ejemplo para otras personas, y empieza a haber más gente dentro de la comunidad laica que está eligiendo el <em>d</em><em>ā</em><em>na</em> como medio para organizar retiros y charlas, así que es muy esperanzador.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em><strong>¿Qué hay del sistema de usar <a href="https://monoyoga.es/reflexiones/precio-sugerido/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">donaciones sugeridas</a>; hay alguna diferencia o distinción con donaciones sugeridas o con pedir para dāna?</strong></em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Bhikkhu Pasanno: No hay tanta diferencia, ¿o sí que la hay? Una donación sugerida es casi una petición de por lo menos una cierta cantidad de dinero. No es exactamente una donación en sí, en el sentido de que uno lo esté dando libremente.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em><strong>Entonces, ¿la diferencia sería que con </strong></em><em><strong>d</strong></em><em><strong>ā</strong></em><em><strong>na</strong></em><em><strong> no hay una sugerencia de ningún tipo mientras que obviamente con el otro hay una sugerencia clara de una cantidad?</strong></em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Bhikkhu Pasanno: Sí, a cierto nivel uno lo podría llamar una diferencia semántica, pero de hecho es también una sensación diferente. En el momento que dices donación sugerida, en realidad estás esperando más una donación en lugar de estar dando libremente. Otro aspecto de ello, especialmente en Occidente, es que hay una falta de entendimiento, a veces de lo que es <em>d</em><em>ā</em><em>na</em> y otras veces de cómo las cosas realmente operan y funcionan. De modo que en ocasiones debe haber cierta educación o en realidad hacerle saber a las personas qué tipo de necesidad hay. Esto tiene que ser gestionado con delicadeza también.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Entonces, no es quedarse sentado sin decir nada, pero es difícil cuando se dice algo. Cómo se dice y bajo qué circunstancias, de manera que es más el tratar de educar a las personas en cómo las cosas funcionan, para que la gente se sienta cómoda, o se sienta inspirada para compartir o para ofrecer apoyo en las cosas que merezcan ese apoyo.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em><strong>En su experiencia, ¿este método o sistema de </strong></em><em><strong>d</strong></em><em><strong>ā</strong></em><em><strong>na</strong></em><em><strong> ha sido exitoso en Occidente como en Estados Unidos?</strong></em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Bhikkhu Pasanno: Bueno, depende de dónde. He visto lugares que lo han tomado como manera de llevar su centro o monasterio. Para nosotros, es nuestra tradición o modo de existencia. Todo está disponible de manera gratuita, en el sentido de que no cobramos. Así que así es como funciona cuando la gente viene a quedarse al monasterio o viene a escuchar enseñanzas o a hacer retiros o recibir publicaciones. Pero estamos en una institución antigua que tiene un empuje de historia y conocimiento sobre ello, por lo que funciona muy bien como monasterio. Yo creo que, para centros laicos, desde luego, es un territorio un poco más nuevo. Los lugares que conozco que han decidido hacerlo, todos han descubierto que funciona muy bien. Y hay otros beneficios que lo acompañan. No es solo ser capaz de pagar las facturas, sino también de construir comunidades. De modo que las oportunidades están abiertas para que la gente se una y participe, ya sea con una donación material, financiera o cualquier tipo de ayuda de cualquier otro modo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El espíritu de la generosidad comienza por informar de cómo uno interactúa con las circunstancias del centro o del monasterio, y desde ahí hacer comunidad con la generosidad como valor de base.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em><strong>¿Qué hay de los inconvenientes de tratar de usar este sistema de </strong></em><em><strong>d</strong></em><em><strong>ā</strong></em><em><strong>na</strong></em><em><strong>, como que la gente abuse de él o no lo entienda, o saque ventaja de ello?</strong></em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Bhikkhu Pasanno: El asunto es que, si estamos usando el modelo de <em>dāna</em>, entonces nuestro ofrecimiento de las enseñanzas es ofrecido también libremente. De manera que, si la gente quiere aprovecharse de ello de alguna forma, entonces a cierto nivel es en realidad su problema porque lo único que hacemos es un ofrecimiento. Si tú aceptas lo que ofrecemos, entonces es natural. Habrá aquellos que lo entiendan y lo aprecien y habrá aquellos que no terminen de entenderlo. El método de <em>dāna</em> no es una transacción comercial.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">Si te resulta interesante el tema, hace tiempo publiqué una entrevista a otro monje budista sobre ello. Puedes <a href="https://monoyoga.es/meditacion-2/precio-la-iluminacion-entrevista-bhikkhu-thanissaro/">leerla pinchando aquí</a>.</p>
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		<title>Mente generosa</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Mono Yoga]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 13 Apr 2020 06:00:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Budismo]]></category>
		<category><![CDATA[Dogen]]></category>
		<category><![CDATA[generosidad]]></category>
		<category><![CDATA[mente]]></category>
		<category><![CDATA[Shunryu Suzuki]]></category>
		<category><![CDATA[zen]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Si tenemos una mente generosa, una gran mente, y si hacemos la práctica con un fuerte espíritu, no tendremos por qué preocuparnos. Sin esperar nada, solo practicamos nuestra vía. Muchos estudiantes preguntaron a Dogen cómo se podría mantener económicamente el templo o el grupo sin seguir ningún plan y él respondió: «Cuando nos sea difícil</p>
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<p class="wp-block-paragraph">Si tenemos una mente generosa, una gran mente, y si hacemos la práctica con un fuerte espíritu, no tendremos por qué preocuparnos. Sin esperar nada, <a rel="noreferrer noopener" aria-label="solo practicamos nuestra vía (se abre en una nueva pestaña)" href="https://monoyoga.es/meditacion-2/vuestra-practica/" target="_blank">solo practicamos nuestra vía</a>. Muchos estudiantes preguntaron a <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Dōgen">Dogen</a> cómo se podría mantener económicamente el templo o el grupo sin seguir ningún plan y él respondió: «Cuando nos sea difícil mantener nuestro templo, entonces nos pondremos a reflexionar sobre ello, pero mientras tanto no es necesario planteárnoslo». Nuestro modo de actuar no es pensar demasiado en algo antes de que ocurra. De ese modo, tenemos una <a rel="noreferrer noopener" aria-label="mente completamente serena (se abre en una nueva pestaña)" href="https://monoyoga.es/meditacion-2/un-lago-tranquilo/" target="_blank">mente completamente serena</a>. Sin embargo vosotros, como tenéis algo, os preocupáis por si llegarais a perderlo, pero si no tenéis nada, no tenéis por qué preocuparos.  </p>



<p class="wp-block-paragraph">Suzuki,
Shunryu. <em>No
siempre será así.</em> 
</p>
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		<title>Precio sugerido</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Mono Yoga]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 21 Dec 2019 10:05:48 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Reflexiones]]></category>
		<category><![CDATA[clases de yoga]]></category>
		<category><![CDATA[generosidad]]></category>
		<category><![CDATA[gratis]]></category>
		<category><![CDATA[Precio]]></category>
		<category><![CDATA[regalo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El dinero suele ser un tema problemático de abordar cuando nos dedicamos a enseñar yoga o meditación. Aunque no utilicéis la fórmula literal del precio sugerido (yo no lo hago), creo que este artículo que he traducido de otro profesor de yoga puede ser útil tanto para alumnos como para profesores si necesitáis un punto</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"><em>El dinero suele ser un tema problemático de abordar cuando nos dedicamos a enseñar yoga o meditación. Aunque no utilicéis la fórmula literal del precio sugerido (yo no lo hago), creo que este artículo que he traducido de otro profesor de yoga puede ser útil tanto para alumnos como para profesores si necesitáis un punto de vista diferente que os pueda ayudar a ordenar vuestras ideas sobre las alternativas a los precios fijos en este tipo de actividades (y a lo mejor también en otras). </em> </p>



<p class="wp-block-paragraph">Iulia me ha comunicado que hay un problema con mi próximo taller
de yoga en torno al dinero, concretamente que algunas personas han
expresado un sentimiento de que el precio es demasiado alto. Voy a
intentar hablar sobre ese tema en esta entrada.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si estás buscando una respuesta corta que te proporcione
satisfacción inmediata, seguramente te voy a decepcionar. Si estás
interesado en reflexionar conmigo sobre este asunto, te invito a
seguir leyendo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">He estado reflexionando, pensando e indagando mucho sobre el
dinero en los últimos años. Mientras escribo estas líneas estoy en
mi segunda lectura del libro de Charles Eisenstein <a href="http://sacred-economics.com/wp-content/uploads/2012/01/sacred-economics-book-text.pdf"><em>Sacred
Economics</em></a>,
y a punto de empezar <em>En deuda </em>de David Graeber.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Personalmente…</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Mi relación con el dinero ha sido difícil desde que tengo uso de
razón. Cuando abrí mi primera cuenta bancaria deposité 100 <em>shekels</em>
(el equivalente israelí al euro)
y, siguiendo el consejo de mi padre y la sabiduría popular, lo puse
todo en un plan de ahorros a corto plazo… para inmediatamente
encontrarme con una deuda de 20 <em>agorot</em> (el equivalente israelí
al céntimo) debido al coste de la transacción. Ya entonces tenía
la impresión de que el dinero era algo difícil de conseguir, que
nunca puedes tener suficiente y que es una fuente inagotable de
preocupación y ansiedad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Incluso cuando tenía una buena carrera profesional y recibía un
buen salario y vivía de forma modesta me sentía inseguro. Sentía
que debía medir con cuidado cómo gastaba el dinero y siempre estaba
preocupado por lo que ocurriría si perdía mi empleo… cómo me
gestionaría económicamente. Al final le puse fin a mi carrera
profesional cuando me di cuenta de 1) que no importaba cuánto dinero
ganara que nunca era suficiente para sentirme ni remotamente seguro
económicamente y, 2) que era infeliz en mi persecución de ese
fantasma llamado «seguridad económica».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Resumiendo una larga historia: la felicidad me encontró (al menos
durante un tiempo), pero incluso vivir modestamente en un país con
precios de Europa del Este seguía siendo caro y la inseguridad se
apoderó de mí nuevamente. Esta vez de forma más aguda; el dinero
se estaba terminando hasta que al final… se terminó de verdad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para entonces mis preguntas sobre el dinero se habían convertido
en una única y muy diferente pregunta. En mi mente el dinero venía
a representar una relación entre mi propia persona y la comunidad o
sociedad en la que vivía. No tener dinero significaba no tener una
relación con la sociedad que habitaba. Ofrecer mis dones y ser
rechazado significaba que la sociedad en la que vivía no necesitaba
o valoraba mis dones. De cualquier forma, se convirtió en una
cuestión sobre relaciones y comunidad. Ya no era sobre el dinero en
sí mismo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Resumiendo una historia aún más larga: mi esperanza de venir a
Rumanía era crear una vida en la que el dinero tuviera un papel más
pequeño. Mayormente, de forma sorprendente y a través de un proceso
demandante, eso es lo que ha sucedido. Ahora me encuentro en un lugar
donde la inseguridad empieza lentamente a ser reemplazada por la
seguridad (aunque este viaje está lejos de terminar). Sin embargo,
una de las pocas cosas que me faltan en esta nueva vida es la
capacidad de expresar mis dones.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Don (regalo)</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Charles Eisenstein (y otros) hablan de la <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Economía_del_don">economía
del don</a> [<em>gift economy</em>,
traducido literalmente: economía del regalo. N.d.T.].
Mi impresión es que mucha gente interpreta esto de manera
superficial, significando una economía en la cual las cosas son
dadas como regalos «gratis»; sin un intercambio de dinero. Creo que
esto es un malentendido y puede inducir a error.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Creo que una economía del don describe un mundo en el cual la
gente vive sus vidas en sus dones. En esta visión subyace la idea de
que todos tenemos un talento especial, que estamos aquí para
manifestar nuestros dones y que el hacerlo nos brindará una
experiencia de plenitud y alineación con un
sentido de propósito.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Uno de mis dones es el yoga, y vivir en una aldea rumana (con una
comprensión básica del idioma rumano) no me ofrece la oportunidad
de expresar ese don. La invitación de Iulia para dar un taller de
fin de semana en Targu Mures es una oportunidad fascinante para estar
en mi don. 
</p>



<p class="wp-block-paragraph">Eso nos deja con la cuestión del intercambio y cómo el dinero se
ajusta a ello.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Dar como medio para el intercambio</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Antes de ponernos con el dinero, quiero hablar un poco sobre
«regalar» como acto de dar. Aunque normalmente se nos enseña que
antes del dinero estaba el trueque (10 pollos por 1 cabra), resulta
que no es cierto. Es una asunción en lo más profundo de la economía
moderna que ha sido refutada (hay evidencia que prueba lo contrario).
</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una forma de intercambio más corriente era la de una cadena de regalos que creaban deuda (¡!) dentro de una comunidad. Esta forma de intercambio nos da acceso a una cualidad humana interesante: responder a la <a href="https://monoyoga.es/generosidad/" target="_blank" rel="noreferrer noopener" aria-label="generosidad (se abre en una nueva pestaña)">generosidad</a> con más generosidad. Querer dar más de lo que has recibido. Resulta que la razón para esto no es un sentimiento profundo de altruismo, sino una comprensión intuitiva de estar en deuda (muy diferente a la deuda basada en el dinero, ya que no tiene que ser cuantificada). Si te ayudo en tiempos de necesidad, querrás ayudarme a cambio.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, los hilos que mantienen unida a una comunidad no son
los intercambios en sí, sino la deuda (sin cuantificar) resultante.
Una comunidad es una colección de deudas donde todo el mundo debe
algo a los demás. Todas esas deudas, ya sean grandes o pequeñas,
crean una sensación continua de dependencia y de relación. Un
intercambio basado en el dinero es aquel en el que todas las deudas
se cancelan y no hay necesidad de una mayor relación. Si le traigo
garrafas de agua a mi vecina cuando vengo del centro del pueblo con
el coche, ella querrá darme algo a cambio. Huevos, por ejemplo. Y me
dará una cantidad generosa de ellos, y yo querré ayudarla otra vez…
y así continuamente. Si compro huevos de la mujer del mercado, no
existe necesidad para una relación entre nosotros más allá de ese
intercambio limitado. ¿Te preocupas por tu supermercado: quiénes
son los dueños, quién hace los productos, quién repone los
estantes, la persona que te cobra en caja, etc.?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para un intercambio basado en el dar es necesaria una relación,
una comunidad. Tiene que existir una red de relaciones continuas y de
confianza a lo largo del tiempo para que el dar pueda fluir. Un
intercambio de esta naturaleza no es muy probable entre dos extraños
que posiblemente nunca se vuelvan a ver. De hecho, la evolución del
dinero está ligada en numerosos aspectos a las guerras. Una forma de
intercambio basado en el dar que genera deuda puede haber existido en
las aldeas del pasado, pero cuando un soldado pasaba por una aldea
querías que te pagara en monedas. Era posible que nunca le volvieras
a ver, que muriera al día siguiente. No era alguien con quien
quisieras establecer una relación recíproca a largo plazo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Recuerdo dos cosas que comprendí aquí en el pueblo. La primera
me sorprendió por su obviedad: que es más fácil dar algo de lo
cual tienes en abundancia. Si tengo una cosecha generosa de
calabazas, es fácil para mí dar calabazas. La segunda me
decepcionó; la mayoría de los actos de dar en el pueblo son, en
efecto, medios para endeudarse o pagar deuda, hay muy poco «regalar».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Así que parece que «economía del regalo» es un nombre
engañoso, ya que en realidad está basada en deuda creada al dar.
Puede que debiera llamarse «economía de la deuda». Lo cual nos
lleva al…</p>



<h2 class="wp-block-heading">Dinero como medio para el intercambio</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Hay muchas definiciones y usos del dinero. Uno de ellos es como
medio de intercambio. Este puede ser un tema escabroso de abordar
porque asumimos el dinero sin saber realmente qué es y cómo se
crea. Me gustaría intentar ver el dinero de otro modo, el dinero
como una expresión del dar que sí tiene sentido de comunidad y de
regalo. Veamos cómo encaja esto y apliquémoslo en una situación
real: un taller de yoga en Targu Mures.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Vamos a reunirnos. Yo no os conozco a ninguno de vosotros y
vosotros no me conocéis (aunque puede que algunos os conozcáis
entre vosotros). Con suerte será un buen taller y una experiencia
valiosa para vosotros. Estoy deseando compartir las enseñanzas que
son preciadas para mí y hacerlo de una manera que las haga preciadas
también para vosotros. De manera natural querréis dar algo a cambio
y querréis hacerlo con un espíritu de regalo. Querréis sentiros
generosos y mantener una sensación de continuidad, relación y
comunidad. ¿Cómo hacer esto posible?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ya que no somos (de momento) parte de una comunidad ya existente,
no es probable que tengáis algo que yo quiera o necesite (apenas me
conocéis, ¿cómo podéis saber lo que quiero o necesito?). Por lo
tanto, suponed que me pudierais dar un símbolo de gratitud; un
objeto que diga «esto es para indicar que me has dado algo valioso y
estoy en deuda contigo».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ese objeto sería simbólico para ti. Yo podría quedármelo hasta
que en alguna ocasión en el futuro nos volvamos a encontrar y me
dieras algo que yo quisiera o necesitara y yo te devolviera el objeto
simbólico. O puede que tengas un amigo en deuda contigo (tienes un
símbolo que ese amigo te entregó) y tu amigo me dio o hizo algo por
mí y a cambio le di a tu amigo el símbolo que tú me diste. Ahora
tú y tu amigo tenéis un objeto simbólico del otro, y aquí es
donde las cosas se ponen interesantes. Podéis intercambiar vuestros
símbolos y cancelar vuestras deudas, dando por finalizada esa
dinámica. O podríais quedaros los símbolos, permanecer en deuda el
uno con el otro, e intercambiar los símbolos con otros dejando que
vuestras deudas sigan fluyendo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Digamos que queremos hacer lo segundo. ¿No sería genial si
tuviéramos objetos que son símbolos que todos hemos acordado y que
representan una noción de valor compartida? Estos objetos podrían
fluir más lejos y de manera más dinámica. Serían más fáciles de
intercambiar y llegarían a más gente. El dinero es ese objeto, o al
menos podría llegar a serlo si fuéramos capaces de alejarnos de las
cualidades menos agradables que asociamos a él.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Precio sugerido</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Para hacer esta experiencia más suave para vosotros y para mí,
he optado por hacer un experimento: transformar un intercambio de
dinero en algo más maleable. Darnos a todos la oportunidad de
reflexionar sobre nuestra relación con los demás y con el dinero. 
</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es por ello que el taller tiene un precio sugerido y no uno fijo.
Un precio sugerido transmite una reflexión de mi valoración. Un
precio sugerido te invita a hacer tu propia elección. Esta reflexión
será mucho más relevante tras el taller, cuando tengas una
sensación directa de la experiencia. Establecer tu propio precio te
da la oportunidad de reflexionar no solo sobre un número, sino sobre
el valor, el dar, y el dinero en sí mismo. Es una oportunidad de
conformar una relación conmigo, con el yoga, con tu propia práctica,
con el dinero, con el dar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Soy consciente de que esto puede resultar un desafío para
vosotros. Lo es también para mí. El mundo en el que vivimos
actualmente parece estar desalineado en muchos aspectos. El sistema
monetario en el que vivimos ha hecho que el dinero sea algo escaso y
que se atasca, en lugar de ser abundante y fluir. Estoy abriéndome a
explorar una nueva narrativa y nuevas relaciones, y ofreciendo un
precio sugerido estoy invitándote a unirte en esa exploración.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si este taller te llama pero estás pensando «no puedo
permitírmelo», piénsalo otra vez. No es cierto, es una limitación
que te pones a ti mismo. Aunque haya una cuota, cuánto das depende
de ti. Al final del taller puedes decidir cuánto dar. Puedes dar el
precio sugerido, puedes dar más, puedes dar menos. Si crees que es
adecuado pedir una devolución, puedes no pagar nada. Confío en mí,
en mis profesores, en las enseñanzas que me han dado… y confío en
ti.</p>
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