El ejercicio de las cavidades comunicantes nos ayuda a liberar tensiones en el torso y a soltar el diafragma, de manera que nos puede resultar útil si tenemos dificultades para respirar abdominalmente.

Aunque, visceralmente hablando, el movimiento respiratorio se desarrolla en el tórax (todo el mundo sabe que cuando inhalamos el aire va a los pulmones y no al hígado o a los intestinos), es imposible disociar funcionalmente los movimientos torácicos de los que se producen en el abdomen, de manera que los movimientos de la cavidad abdominal tienen consecuencias en la cavidad torácica y, por tanto, en la respiración. De ahí que sean cavidades comunicantes.

Cavidades comunicantes
Las dos cavidades principales y sus subdivisiones

Cavidades comunicantes

  1. Túmbate boca arriba sobre una superficie firme, con las rodillas flexionadas y las plantas de los pies cómodamente apoyadas en el suelo.
  2. Haz una inhalación abdominal completa (sin forzar) y mantén el aire dentro.
  3. Mientras contienes el aire, lleva el abdomen hacia dentro, moviendo el ombligo hacia la columna. Tu diafragma ascenderá y tu cajón torácico se expandirá. Mantén esta posición un segundo.
  4. Reteniendo aún el aire, relaja el abdomen y deja que vuelva a inflarse. Mantén esta posición un segundo.
  5. Mientras continúas reteniendo el aire, continúa esta secuencia de vaciar/relajar el abdomen, de manera que se va alternando la expansión de las dos cavidades respiratorias. Repite mientras sea cómodo aguantar la respiración. Con la práctica, comprueba si puedes llegar a 10 repeticiones con una inhalación.

Este ejercicio ejercita el diafragma torácico, el cual une y a la vez separa las dos cavidades, aumentando su movilidad y permitiendo también un estiramiento suave de otros músculos accesorios de la respiración. Si al cabo de varias sesiones de práctica te resulta muy fácil llegar a 10 repeticiones del ejercicio, puedes seguir hasta alcanzar, sin forzar, 20 o 30 repeticiones con una sola inhalación.