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	<description>El arte de moverse hacia la quietud</description>
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		<title>El cuenco de otro</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Mono Yoga]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 17 Aug 2026 12:17:55 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Reflexiones]]></category>
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		<category><![CDATA[generosidad]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Seguramente, la mayoría de la gente que lea estas líneas me habrá conocido entre 2014 y 2019, cuando mi «estudio de yoga» era un trozo de césped junto al templo de Debod. Al llegar, desenrollaba mi esterilla y dejaba delante de ella mi mochila, un bote y una caja con caramelos, que se convertirían minutos</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><span style="font-weight: 400;">Seguramente, la mayoría de la gente que lea estas líneas me habrá conocido entre 2014 y 2019, cuando mi «estudio de yoga» era un trozo de césped junto al templo de Debod. Al llegar, desenrollaba mi esterilla y dejaba delante de ella mi mochila, un bote y una caja con caramelos, que se convertirían minutos después en el centro de un círculo de esterillas. Círculo que se fue multiplicando con el paso de los años.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">No había puertas ni paredes, nadie tenía que darte permiso para unirte, y tampoco nadie te iba a pedir nada al terminar. La mayor parte de los asistentes me encontraban a través de esta misma web, donde explicaba el sistema de </span><i><span style="font-weight: 400;">dāna</span></i><span style="font-weight: 400;">. Muchos otros se enteraban por el boca a boca, siendo así mejor o peor informados de cómo funcionaban las clases. También había unos pocos que se unían sin tener ni idea, al menos de inicio, de quién era yo, de dónde había salido, qué hacíamos exactamente o cuándo nos daba por ponernos ahí.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Al finalizar la clase, cada uno a su ritmo iba enrollando su esterilla y acercándose al centro del círculo para recoger su mochila, <a href="https://monoyoga.es/reflexiones/bote-la-caja-caramelos/" target="_blank" rel="noopener">dejar algo en el bote y/o coger algún caramelo</a>. Desde el principio intuí que era muy buena práctica no preocuparme de quién o cuanto dejaba en el bote. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Algunos de mis alumnos no tuvieron esa misma intuición. Eso, sumado a que para ellos seguramente era más difícil mirar para otro lado si justo también iban al bote, desembocaba en un amplio abanico de emociones. Tengo todavía en mi mente las imágenes nítidas de dos de esos alumnos, ya convertidos en amigos, expresándome en diferentes momentos su enfado e indignación. Uno, porque no conseguía explicarse lo poco que veía dejar a algunos. Otra, porque la gente como ella hacía viable las clases, mientras otros se iban sin dejar nada. Y también molesta conmigo, por no decir nada al respecto. Sus protestas surtieron un leve efecto; recuerdo que al poco tiempo di uno de esos discursos que tanto me rechinan y que caracterizan la parte final de muchos eventos que no tienen precio. Fui incapaz de dar otro, a pesar de comprender perfectamente su enfado por lo que ella entendía como una injusticia. </span><b></b></p>
<h2><b>Generosidad anónima</b></h2>
<p><span style="font-weight: 400;">Una de las cosas que más frecuentemente me han agradecido las personas con las que he coincidido los años posteriores a dejar de dar clase en el parque, es el haber hecho posible que vinieran a practicar cuando estaban sin dinero, sin trabajo, y algunos hasta sin casa propia o en una situación mental complicada. Me imagino que, en un contexto así, tener la opción de ir casi todos los días de la semana a un entorno natural, formando parte de un grupo, a ejercitar y escuchar a tu cuerpo y dar un descanso a tu mente, debe ser un verdadero regalo. Me están agradecidos a mí, pero en realidad la mayor parte del mérito no es mío.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">En 2013, cuando regresé de Asia a Madrid, comencé a dar clases en un espacio donde no se podía recibir dinero a cambio de las actividades ofrecidas, ni siquiera en forma de donativo. Durante seis meses dií una clase semanal; ocasionalmente dos. Además del tiempo de la clase en sí, invertía una hora en ir y otra en volver a casa, más el dinero del transporte. Estaba encantado de darlas, pero no me podía permitir hacerlo con mayor frecuencia.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">En la primavera de 2014 las clases se mudaron al templo de Debod. También con una o dos clases a la semana inicialmente, pero ya con el bote presente; abriendo la puerta a recibir. Al cambiar de lugar, la asistencia bajó, pero pronto comenzó una firme tendencia ascendente. El bote empezó a llenarse, y ambas cosas me invitaron a ir aumentando el número de clases. Sin el compromiso y la generosidad de los que venían, nunca me hubiera podido permitir ir cinco días a la semana a dar clase. Habría tenido que emplear mi tiempo y energía en conseguir dinero de otra forma y, con suerte, continuado dando una clase a la semana en caso de haber disfrutado del suficiente ánimo y energía para ello.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">De manera que, aunque yo sea el receptor de la gratitud de aquellos que pudieron venir a clase cuando no se lo podrían haber permitido de otra forma, en realidad deberían estar agradecidos a todos los que asistían regularmente y depositaban dinero en el bote sin que nadie les incitara a ello.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">A este último grupo pertenecían esos dos alumnos que mencioné anteriormente; los que se quejaban de lo poco (o nada) que dejaban algunos. Desde luego que habrá venido gente con ganas de aprovecharse, de llevarse lo máximo a cambio de dar lo mínimo. Al igual que asistieron también otros en una genuina mala situación, lo cual otorga incluso más mérito a que tuvieran el ánimo de participar. Sin conocer la situación personal de cada uno, no podemos medir su generosidad o falta de ella. Pero, de todos modos, lo que hagan los demás no es nuestra responsabilidad; solo somos responsables de nuestros actos e intenciones. Eso es a lo que debemos prestar atención, porque eso es lo que va a determinar la calidad de nuestra mente; nuestra felicidad o sufrimiento.</span><b></b></p>
<h2><b>El cuenco de otro</b></h2>
<p><span style="font-weight: 400;">Originariamente, los monjes budistas dependían de las ofrendas de la gente laica para alimentarse, ya que la </span><i><span style="font-weight: 400;">vinaya</span></i><span style="font-weight: 400;"> (código monástico) les prohibía tanto el uso de dinero como cultivar su propia comida. Aún hoy muchos de ellos siguen observando estas reglas, y para recibir y consumir dichas ofrendas utilizan su cuenco reglamentario, cuyo uso tiene a su vez también una serie de normas, una de las cuales me viene frecuentemente a la cabeza:</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;"> </span><i><span style="font-weight: 400;">No miraré al cuenco de otro con la intención de encontrar alguna falta: esto ha de ser practicado.</span></i></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Ajahn Cha, uno de los maestros budistas más importantes del siglo </span><span style="font-weight: 400;">xx</span><span style="font-weight: 400;">, decía:</span></p>
<p><i><span style="font-weight: 400;">No es apropiado observar a otros con una mente que busca encontrar faltas. Esto no te ayudará en tu práctica de ninguna manera. Si quieres sentirte molesto, observa esa molestia en tu corazón. Si la conducta de otros no es perfecta, o no se comportan como buenos monjes, no es tu trabajo juzgarles. No te vas a volver más sabio vigilando y acusando a los demás. La </span></i><span style="font-weight: 400;">vinaya</span><i><span style="font-weight: 400;"> es una herramienta para ayudarte a desarrollar </span></i><span style="font-weight: 400;">samadhi</span><i><span style="font-weight: 400;"> (atención estable). No es un arma para descubrir defectos o juzgar quién es bueno o malo. Nadie puede practicar por ti, y tú tampoco puedes practicar por otra persona. Así que sé consciente de tu propio comportamiento. Ese es el camino a seguir.</span></i></p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Sobre el modelo de la generosidad (I)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Mono Yoga]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 12 Aug 2026 12:11:33 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Reflexiones]]></category>
		<category><![CDATA[dana]]></category>
		<category><![CDATA[generosidad]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Inspirado por mis profesores de yoga y la tradición budista tailandesa, la inmensa mayoría de las actividades relacionadas con el yoga y la meditación que he ofrecido desde que comencé a enseñar se han basado en la generosidad (dāna). Este sistema precede al budismo, y se puede encontrar en diferentes tradiciones espirituales. Dicha manera de</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Inspirado por mis profesores de yoga y la tradición budista tailandesa, la inmensa mayoría de las actividades relacionadas con el yoga y la meditación que he ofrecido desde que comencé a enseñar se han basado en la generosidad (<em>dāna</em>). Este sistema precede al budismo, y se puede encontrar en diferentes tradiciones espirituales. Dicha manera de funcionar, tan aparentemente simple, puede resultar tremendamente desafiante tanto para profesores, facilitadores y organizadores, como para los estudiantes o asistentes.</p>
<p>Aunque haya mantenido la misma manera de operar durante más de una década, mi relación y mis opiniones acerca del sistema de la generosidad han ido cambiando. El principal motivo por el que he continuado con él ha sido porque así lo sentía y aún lo siento. No puedo dar razón más poderosa ni, seguramente para muchos de los que me lean, más abstracta e imprecisa. Así que voy a compartir algunas reflexiones que espero os ayuden a entender más de dónde vengo, o mejor dicho de dónde viene este sistema dentro de la tradición que yo sigo. Ojalá también os den claridad y faciliten vuestra relación con esa forma de funcionar, de manera que cuando la practiquéis, ya sea como donante o receptor, redunde en un mayor beneficio tanto para vosotros como para los demás.</p>
<h2>Un recuerdo de lo que significa meditar</h2>
<p>Considero que es útil, para ponernos en contexto, recordar brevemente el significado de la palabra meditación en el budismo <em>theravada</em>. Aunque en el idioma pali no hay una única palabra para lo que en Occidente llamamos meditación, una muy común es <em>bhāvanā</em>, que significa cultivar, desarrollar, hacer crecer algo. ¿Y qué es lo que queremos cultivar y desarrollar? Las cualidades mentales que proporcionan felicidad y evitan el sufrimiento tanto para nosotros como para los demás: la generosidad, la bondad, la compasión, la alegría empática, la tranquilidad, la estabilidad mental, etc.</p>
<h2>Regalos y generosidad</h2>
<p>Vamos con otra palabra pali: <em>dāna</em>, que significa regalo, ofrenda, y también generosidad. Ya que estamos, definamos de igual manera esos términos en castellano. Un regalo es una cosa que damos voluntaria y gratuitamente, sin coste. La generosidad es la cualidad de ser generoso/a, es decir, que es propenso/a a hacer regalos, a dar gratuitamente.</p>
<h2>Los regalos de una persona íntegra</h2>
<p>Aunque existen numerosos discursos budistas sobre la generosidad y los regalos, hay dos que considero particularmente útiles a la hora de despejar muchas de las dudas e inquietudes que nos pueden surgir a la hora de funcionar con el sistema de la generosidad.</p>
<p>El primero¹ describe cómo hace un regalo una persona íntegra:</p>
<p><em>Una persona íntegra da un regalo con convicción. Una persona íntegra da un regalo con respeto. Una persona íntegra da un regalo en el momento adecuado. Una persona íntegra da un regalo con empatía. Una persona íntegra da un regalo sin perjudicarse a sí misma ni a los demás.</em></p>
<p>En el segundo², el Buda alaba los factores presentes en una ofrenda por parte del donante:</p>
<p><em>[…]</em> <em>el donante, antes de dar, está alegre; mientras da, su mente es pura y radiante, y después de dar está satisfecho.</em></p>
<p>Si realmente estamos siguiendo la tradición de <em>dāna</em>, deberíamos ser capaces de percibir claramente esos factores. El acto de dar sería meditación, ya que, cuando damos, estamos cultivando esas cualidades mentales beneficiosas.</p>
<p>Pero, lamentablemente, no es lo que suele destacar en muchos eventos de este tipo. En su lugar, el protagonismo se lo acaban llevando en última instancia otros elementos menos edificantes como el miedo a la escasez, a la falta de apreciación por parte de los asistentes, o la asunción implícita y anticipada de los organizadores de la supuestamente obligada e insuficiente reciprocidad de los asistentes.</p>
<p>Este y otros comportamientos por parte de profesores y organizadores son el resultado de no considerar todas las dimensiones de <em>dāna</em>. Por ejemplo, ignoran la parte de «dar sin perjudicarse a uno mismo y a los demás»; piensan en lo que quieren dar, sin reparar en cuánto se pueden permitir, tanto en términos económicos como de tiempo, energía y atención, y es ahí cuando empiezan las conductas dudosas y los sentimientos y pensamientos nocivos.</p>
<p>Si tenemos que hacer malabares y contorsionismos con las palabras y expresiones que utilizamos, nos descubrimos justificándonos repetidamente, intentamos dejar al receptor con un sentimiento de obligación a dar de vuelta, o nos queda un regusto raro en el corazón en lugar de las cualidades mentales positivas mencionadas al inicio, seguramente sea el momento de parar y revisar cuáles son nuestras verdaderas motivaciones para dar, y si estamos siendo honestos y permaneciendo fieles a la tradición y a nosotros mismos.</p>
<h2>En la vida cotidiana</h2>
<p>Todo esto no solo es aplicable si somos monjes, profesores de meditación o si dirigimos eventos o comunidades budistas. También podemos beneficiarnos de esta evaluación en nuestra vida cotidiana, en cualquier momento en el que damos o recibimos cualquier regalo. Descubriremos que, en numerosas ocasiones, detrás de los regalos se encuentran, envueltos de altruismo y desprendimiento, otras muchas cosas: el deseo de ser reconocidos, de que nos quieran, de condicionar al otro para que se comporte de una determinada manera, de que se sienta en deuda con nosotros&#8230;</p>
<p>Si definimos con precisión lo que es realmente <em>dāna</em>, en qué consiste un regalo, y cuál es el verdadero significado de la generosidad, al tiempo que mantenemos presentes nuestros valores e intenciones, hay muy poco margen para el error. Y si este ocurre, será fácilmente identificado y sabremos qué tenemos que cambiar para hacerlo mejor en el futuro. Esto nos va a demandar una gran honestidad, que puede resultar incómoda y sonrojante, pero que seguro nos proporcionará ligereza mental, claridad y serenidad, y nos ayudará a integrar la vida cotidiana con nuestra práctica de meditación formal.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>[¹]: Sappurisadana Sutta, Anguttara Nikaya 5.148.</p>
<p>[²]: Dana Sutta, Anguttara Nikaya 6.37.</p>
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		<title>El poder del grupo</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Mono Yoga]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 03 Aug 2026 21:13:50 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Meditación]]></category>
		<category><![CDATA[meditación]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Meditar en grupo es una experiencia que puede resultar muy beneficiosa tanto para principiantes, en cuyo caso puede parecer obvio, como para los meditadores más experimentados, lo cual puede no resultar tan evidente a primera vista. En ambos casos, creo que solemos subestimar el poder del grupo. Si estamos empezando, unirnos a un grupo de</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Meditar en grupo es una experiencia que puede resultar muy beneficiosa tanto para principiantes, en cuyo caso puede parecer obvio, como para los meditadores más experimentados, lo cual puede no resultar tan evidente a primera vista. En ambos casos, creo que solemos subestimar el poder del grupo.</p>
<p>Si estamos empezando, unirnos a un grupo de meditación nos brinda estructura y consistencia. Muchas veces cuesta mantener una práctica personal, y es normal, de vez en cuando, abandonarla totalmente durante días. La fiabilidad y solidez que nos aporta un grupo que se reúne de manera periódica sirve de ayuda para mantener nuestra práctica individual, o de recordatorio para retomarla, ya que suele ser más fácil el compromiso con los demás que con uno mismo.</p>
<p>También puede suceder, particularmente al comienzo del camino espiritual, que nuestro círculo más cercano no comparta nuestras inquietudes y necesidades. Al unirnos a un grupo, conocemos a otras personas que van en una dirección similar a la nuestra, brindándonos una sensación de conexión, propósito y motivación para continuar.</p>
<p>Un grupo sano nos enseñará a tratarnos a nosotros mismos y a los demás con amabilidad, lo que nos beneficiará emocionalmente. Sentirnos parte de una comunidad, y ser útiles para otros, aumentará también nuestra percepción de significado.</p>
<p>Idealmente, el grupo nos debería ayudar a profundizar en nuestra práctica formal de meditación. Por un lado, teniendo disponible un profesor o a practicantes más avanzados a los que podamos consultar nuestras dudas; por otro, creo que el poder del grupo, y más si hay en él meditadores expertos, potencia nuestros factores mentales positivos, ayudando a que experimentemos nuestra meditación de manera más profunda y beneficiosa.</p>
<p>Si somos meditadores experimentados, puede que no necesitemos ayuda con nuestra práctica formal, pero que notemos carencias en alguna de las áreas que he comentado antes, como la sensación de conexión o de significado. Y lo bueno es que, en este caso, no es indispensable encontrar a un maestro o a un practicante más avanzado que nosotros para nutrir esas carencias. Como tampoco es necesario para el siguiente punto.</p>
<p>Creo que lo más beneficioso de practicar en grupo o formar parte de una comunidad, si eres un meditador veterano, es que te va a permitir ver todos tus puntos débiles, siempre que seas capaz de mantenerte humilde y honesto.</p>
<p>Hay una famosa cita de Ram Dass que reza: si crees estar iluminado, ve a pasar una semana con tu familia. Es una frase muy popular en numerosos círculos espirituales, y por una buena razón. Pero no hace falta ni que nosotros estemos iluminados, ni que el desafío sea tan grande como el que pueda presentar nuestra familia. Formar parte de casi cualquier grupo de personas va a sacar a la luz nuestros apegos y aversiones, y a desafiar nuestras creencias, ideas y opiniones, las cuales pueden parecer perfectas si no tenemos a otros para contrastarlas y ponerlas a prueba. El poder del grupo nos proporciona un contexto ideal para trabajar con todo esto de manera adecuada.</p>
<p>Además, demasiado tiempo encerrados a solas en nuestro mundo, exponiéndonos exclusivamente al conocimiento que nos gusta, al que estamos acostumbrados, que nos refuerza y hace sentir cómodos, acaba resultando en una imagen distorsionada de nosotros mismos y del mundo exterior, en rigidez mental, y puede que hasta nos llegue a hacer <a href="https://monoyoga.es/budismo/la-taza-de-te-un-cuento-zen/" target="_blank" rel="noopener">impermeables</a> a las enseñanzas y aprendizajes que, siendo en contraste tremendamente incómodos, posiblemente sean también los que más necesitemos.</p>
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		<title>Treinta minutos</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Mono Yoga]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 28 Jul 2026 11:44:04 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Meditación]]></category>
		<category><![CDATA[meditación]]></category>
		<category><![CDATA[samatha]]></category>
		<category><![CDATA[vipassana]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Treinta minutos es una cantidad de tiempo significativa cuando comenzamos a desarrollar nuestra práctica de meditación. Es la duración que muchos profesores alientan a alcanzar en las sesiones sentadas, y tienen buenas razones para ello. Al empezar a practicar, es muy probable que no tengamos una vida muy alineada con la meditación, de manera que</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Treinta minutos es una cantidad de tiempo significativa cuando comenzamos a desarrollar nuestra práctica de meditación. Es la duración que muchos profesores alientan a alcanzar en las sesiones sentadas, y tienen buenas razones para ello.</p>
<p>Al empezar a practicar, es muy probable que no tengamos una vida muy alineada con la meditación, de manera que nuestra mente llegará al cojín considerablemente acelerada y desordenada. En treinta minutos hay el tiempo suficiente para que nuestra mente vaya perdiendo la inercia del resto del día, y su contenido se asiente. A medida que esto sucede, permanecer con nuestro objeto de meditación se vuelve más fácil; la mente se estabiliza y crecen la calma y la concentración.</p>
<p>Si mantenemos una práctica regular, notaremos que los estímulos externos van perdiendo relevancia, y las distracciones internas comienzan a tomar otra dimensión. Empiezan a aflorar contenidos que permanecían disimulados entre la vorágine de la rutina diaria; algunos de ellos asuntos que sabíamos que estaban ahí, pero que preferíamos ignorar, y otros de los que desconocíamos su existencia o magnitud.</p>
<p>Cuando esto suceda, habrá personas que puedan navegar estos territorios simplemente siguiendo el método de meditación que ya venían usando, y otras que necesitarán recursos más allá de su técnica principal de meditación: escucha, confirmación de que van por el buen camino, prácticas suplementarias que les equilibren, o herramientas para gestionar su mundo emocional, de manera que este no les sobrepase. Todos somos diferentes, y hay muchos factores que influyen en lo que cada uno necesita: nuestra personalidad, el momento en que nos encontramos, nuestro estilo de vida…</p>
<p>Con una práctica constante de al menos treinta minutos, también es posible que se empiecen a manifestar otras experiencias que no esperábamos. Gran parte del auge de la meditación en Occidente viene dado por una reformulación de prácticas orientales desprovistas de los contextos, modelos y mapas de los que surgieron, y habitualmente diluidas o aplicadas en dosis más pequeñas de las tradicionales. Esto, sumado al énfasis exclusivo en los aspectos de la meditación percibidos como «beneficiosos» en nuestra sociedad, puede hacer que nos preocupemos cuando aparezcan fenómenos que son totalmente normales, pero de los que nunca habíamos oído hablar. A medida que intensificamos nuestra práctica y accedemos a etapas avanzadas, es más fácil que surjan experiencias de diferente naturaleza (perceptivas, somáticas, afectivas, cognitivas…) que resulten desconcertantes para quienes no las esperaban ni saben cómo interpretarlas ni gestionarlas. Es importante tener el conocimiento o <a href="https://monoyoga.es/reflexiones/tres-cualidades-de-un-buen-profesor/" target="_blank" rel="noopener">acompañamiento adecuado</a> si esto sucede. Carecer de dicho soporte puede provocar que surja miedo o inseguridad, y que abandonemos una práctica que en realidad es beneficiosa para nosotros, que nos quedemos atascados sin saber cómo progresar, o que empecemos a cultivar lo que no debemos con las correspondientes consecuencias negativas.</p>
<p>Con el paso de las sesiones será más fácil mantener la misma postura de meditación durante largos periodos, no solo por la adaptación de los tejidos, sino también porque la tranquilidad mental hará que percibamos en el cuerpo menor incomodidad, y comenzará a producir sensaciones de bienestar físico. Una vez nos acostumbramos a sentarnos durante treinta minutos, una sesión de cuarenta y cinco minutos o una hora, que podría parecer una tortura y algo muy remoto al principio, de repente se vuelve fácilmente accesible. Esa capacidad de ir alargando nuestras sesiones nos permitirá continuar alcanzando estados cada vez más profundos de calma y estabilidad mental, lo que nos abrirá las puertas a una felicidad interior que, en mayor o menor medida, nos acompañará también fuera del cojín, y a la posibilidad de ir percibiendo aspectos cada vez más sutiles de la realidad, trascendiendo la percepción mundana a la que estamos habituados.</p>
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		<title>Alguien con quien sintonices</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Mono Yoga]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 20 Jul 2026 16:31:46 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Reflexiones]]></category>
		<category><![CDATA[meditación]]></category>
		<category><![CDATA[profesor]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Antes de ponernos manos a la obra con nuestra meditación, necesitamos un referente que nos proporcione la suficiente teoría para comenzar a practicar, y al que recurrir cuando tengamos dudas o surjan problemas. Dicho referente debería cumplir dos requisitos: ser alguien con quien sintonicemos, y que esté por delante de nosotros en el camino. A</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Antes de ponernos manos a la obra con nuestra meditación, necesitamos un referente que nos proporcione la suficiente teoría para comenzar a practicar, y al que recurrir cuando tengamos dudas o surjan problemas.</p>
<p>Dicho referente debería cumplir dos requisitos: ser alguien con quien sintonicemos, y que esté por delante de nosotros en el camino. A veces puede que nos veamos inspirados a practicar a través de un libro, el audio de una charla, o un video, pero considero fundamental conectar con alguien en persona en algún momento; ninguno de los otros medios va a poder encarnar la teoría, ni proporcionarnos <a href="https://monoyoga.es/reflexiones/tres-cualidades-de-un-buen-profesor/" target="_blank" rel="noopener">escucha y empatía</a>, y estos tres elementos serán de tremenda importancia para nuestro desarrollo.</p>
<p><span style="color: #000000;">La persona que nos enseña, sobre todo si es la primera, puede afectar de manera radical a cómo experimentamos nuestra relación con una materia o práctica. Ya sea al aprender matemáticas, a tocar un instrumento o a meditar, esa primera influencia puede contribuir a una experiencia traumática que haga que abandonemos y evitemos esa disciplina para siempre, o encender la chispa de una pasión que nos acompañe durante el resto de nuestra vida.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">No te dejes llevar por las apariencias, etiquetas o rangos oficiales, y sí por tu sensación de conexión. He conocido a varios maestros en persona que me siguen inspirando, y por cuya experiencia, sabiduría y generosidad estoy tremendamente agradecido, pero en el momento de practicar a su lado no eran lo que yo necesitaba. Sin embargo, bajo la guía de otras personas, también con una dilatada experiencia, pero evidentemente mucho más imperfectas que los famosos maestros, he sentido un mayor vínculo y me dieron el soporte necesario para que mi práctica alcanzara niveles mucho más profundos. </span></p>
<p><span style="color: #000000;">En ocasiones, la mejor ayuda vendrá de alguien que solo está un peldaño por encima de ti en cuanto a habilidad. Lo que podría verse como una desventaja comparándolo con un maestro, se convierte en algo muy valioso: es posible que con un compañero compartamos un lenguaje y un contexto similares, y que él haya pasado hace poco por las mismas dificultades que tú estás enfrentando, las cuales quedan ya muy lejanas al maestro. </span></p>
<p><span style="color: #000000;">Si encuentras a alguien con quien sintonices, no pierdas la oportunidad de relacionarte con esa persona. La soledad se hace muy presente y de manera reiterada en el camino espiritual; aprovecha la ocasión si se te presenta. A veces nos da vergüenza, o tenemos ya una agenda de lugares, prácticas o maestros que queremos visitar, y seguimos fieles a nuestros planes pasando de largo. Yo he cometido ese error en el pasado, y estoy mucho más atento para no repetirlo. </span></p>
<p><span style="color: #000000;">En un famoso discurso, Ananda, primo y asistente del</span><span style="font-size: xx-small;"><!-- ¿de? --></span><span style="color: #000000;"> Buda, le expresa a este que «tener un buen amigo, tener un buen compañero, tener un buen camarada, es la mitad de la vida espiritual», y el</span><span style="font-size: xx-small;"><!-- ¿sin el artículo? --></span><span style="color: #000000;"> Buda le corrige inmediatamente diciendo que «tener un buen amigo, tener un buen compañero, tener un buen camarada lo es todo en la vida espiritual». Espero que encuentres muchos en tu camino.</span></p>
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		<title>Mucha práctica</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Mono Yoga]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 13 Jul 2026 12:16:58 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Meditación]]></category>
		<category><![CDATA[meditación]]></category>
		<category><![CDATA[práctica personal]]></category>
		<category><![CDATA[Reflexiones]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En la anterior entrada comentaba que un escenario ideal para practicar meditación sería recibir un poco de teoría, seguida de mucha práctica y con apoyo disponible cuando sea necesario. Hoy voy a dedicar la entrada a esa parte de mucha práctica. Lo más importante si quieres cultivar una habilidad es realizarla muchas veces. No hay</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>En la anterior entrada comentaba que un escenario ideal para practicar meditación sería recibir un poco de teoría, seguida de mucha práctica y con apoyo disponible cuando sea necesario. Hoy voy a dedicar la entrada a esa parte de mucha práctica.</p>
<p>Lo más importante si quieres cultivar una habilidad es realizarla muchas veces. No hay atajos, no hay nada que sustituya a la práctica.</p>
<blockquote>
<p style="text-align: center;">«Si la gente supiera lo mucho que he trabajado para conseguir mi maestría,<br />
no parecería tan maravillosa después de todo». Miguel Ángel</p>
</blockquote>
<p>Una de las principales causas que hacen que abandonemos la práctica al poco de iniciarla es tener la sensación o creencia de que no somos capaces de meditar. Dos aspectos fundamentales a tener en cuenta para evitar que nos invada esta creencia son, por un lado, el elegir lo que practicamos y cómo lo practicamos de acuerdo a nuestras necesidades y capacidades en ese momento; y, por otro lado, distinguir entre no saber y no ser capaz.</p>
<h2>Elegir según nuestras necesidades</h2>
<p>Nuestro objeto o técnica de meditación debería ser el adecuado a nuestra habilidad y estado mental, y la dirección de la práctica es, en general, de lo tosco hacia lo sutil. De manera que, si mi mente está muy agitada, necesitaré un objeto o práctica relativamente basto, y si mi mente está calmada y refinada usaré un objeto más sutil.</p>
<p>Por poner un ejemplo de escala. Si estamos muy alterados, puede que lo primero que necesitemos sea movimiento intenso de todo el cuerpo. Después, el movimiento puede ser cada vez más suave y refinado. Llegado cierto momento, el movimiento de todo el cuerpo resultará demasiado perturbador, y nos quedaremos en quietud. Dentro de esa quietud física, iremos prestando atención a percepciones cada vez más sutiles a medida que nuestra mente sigue entrando en estados más profundos de calma.</p>
<p>Esa es una de las razones por las que muchas culturas han desarrollado prácticas físicas como preparación para la meditación, para llevar la mente progresivamente hacia percepciones cada vez más sutiles.</p>
<p>Pero no es necesario que tengamos conocimientos de ninguna de estas disciplinas, simplemente reconocer de qué estado mental partimos y realizar una práctica acorde que nos lleve a un escalón superior de calma. Mucha gente ya lo hace de manera intuitiva; cuando una situación les supera o llevan dándole vueltas a la cabeza a algo mucho tiempo sin solución, van a dar un paseo. Y algo tan simple y al alcance de todo el mundo, como ir a caminar sin más, les tranquiliza.</p>
<p>Así que, durante un tiempo, nuestra práctica meditativa (o al menos la primera parte de ella) puede que consista en alguna forma de movimiento físico, u otra actividad que no consideremos estrictamente como meditación, pero que nos ayude a calmar la mente. Quizás algo más espiritual o energético si tenemos conocimientos de ello, alguna actividad artesanal, o algo tan mundano como ir a caminar en silencio. No te dejes influenciar por las apariencias o etiquetas, y usa lo que funcione para ti.</p>
<h2>No saber vs. no ser capaz</h2>
<p>Mucha gente confunde de manera inconsciente no saber con no ser capaz cuando empiezan a meditar, y esta confusión les genera una creencia negativa que les hace abandonar la práctica. Lo podemos comparar con aprender a tocar la guitarra. Cuando empezamos, nos enseñan cómo colocar los dedos para tocar los distintos acordes. Si aprendemos la teoría, incluso podríamos explicarle a otra persona cómo hacerlo, de manera que está claro que algo sabemos. Ahora bien, seguramente al principio no sea posible traducir ese conocimiento intelectual en algo que se asemeje a una melodía. Sabemos la teoría, pero aún no somos capaces de llevarla a la práctica. Y la única manera de llegar a hacerlo es practicando con la suficiente frecuencia.</p>
<p>De la misma manera, cuando empezamos a meditar aprenderemos algo de teoría, pero a pesar de tenerla suficientemente clara, es muy probable que no seamos capaces de llevarla a la práctica como quisiéramos. Solo es posible corregir esa discrepancia entre nuestro conocimiento y nuestra capacidad mediante la correspondiente cantidad de entrenamiento.</p>
<p>Hazte consciente de la siguiente inhalación que hagas. Y de la siguiente exhalación. Apuesto a que lo has hecho mejor que la mayoría de la gente al intentar tocar su primer acorde. Si estás leyendo esto, seguramente sabes meditar y eres capaz de hacerlo, aunque tu música aún no suene como a ti te gustaría. ¿Ya has practicado hoy?</p>
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