¿Alumno o cliente?

Me resulta curioso tanto el lenguaje que se utiliza como las dinámicas que suceden en torno a las clases de yoga y meditación. Solemos hablar más de alumnos que de clientes, al igual que cada vez nos gusta hablar más de donación o aportación y menos de precio. Me gustaría compartiros algunas de mis reflexiones al respecto, y para ello os hablaré sobre el alumno perfecto y el cliente perfecto. Espero que también os invite a reflexionar a vosotros.

Según la RAE en dos de sus acepciones, una clase es una «lección que explica el profesor a sus alumnos» y «un grupo de alumnos que reciben enseñanza en un mismo aula».

Si voy al colegio, al instituto, a la universidad, o incluso a una academia de alemán, es normal decir que estudio matemáticas, biología, literatura, o que estoy aprendiendo alemán. Si vas a clases de yoga o de meditación, ¿alguna vez dices que estudias yoga o que estás aprendiendo a meditar?; ¿y la gente que conoces? Yo dudo de si lo he escuchado decir a alguien siquiera una vez.

Pensad por un momento que sois profesores y le queréis enseñar algo a alguien. Un alumno perfecto sería el que aprende todo lo que le queréis enseñar, ¿no es así? Incluso podemos ir más allá: un alumno perfecto aprendería lo que le enseñáis y lo usaría para aprender de otros profesores que saben más que vosotros, para descubrir o inventar cosas nuevas, superándoos así a vosotros, sus profesores.

Esto, que igual os puede sonar un poco peregrino, es lo que sucede de manera natural en nuestro sistema educativo. Para un profesor de primaria o de la ESO, que enseña las materias generales de historia, lengua y literatura, matemáticas, biología, inglés, etc., es normal que sus alumnos, cuando ya han aprendido lo que ellos les tenían que enseñar, pasen a otros profesores que les enseñarán cosas cada vez más complejas. Algunos de esos alumnos en el futuro serán diplomados o doctorados, y superarán ampliamente en conocimiento a sus antiguos profesores. Es algo normal.

Ahora pensad en vuestras clases de yoga y comparad con el párrafo anterior. ¿Creéis que vuestros profesores esperan que aprendáis todo lo que ellos os pueden enseñar? ¿Creéis que esperan que aprendáis lo que ellos saben, o enseñaros al menos hasta cierto punto, y que os vayáis después con otros profesores? ¿Sería algo natural? ¿Cómo les sentaría?

Cambiemos ahora el término alumno por el de cliente. Piensa en el cliente perfecto. Pero de verdad: antes de pasar al siguiente párrafo, párate un minuto o dos, deja de leer y piensa cómo sería o qué cualidades tendría el cliente perfecto si fueras un empresario.

Algunas de las cualidades que tendría mi cliente perfecto serían:

  • Tener siempre alguna necesidad que yo le pueda satisfacer. Esto es, o bien satisfago una de sus necesidades y le hago tener otra nueva para que siga siendo mi cliente (y repito el ciclo continuamente), o le satisfago parcialmente su necesidad pero nunca completamente, de manera que siga siendo mi cliente porque le aporto valor, y no deje de serlo porque siempre me va a necesitar.
  • Que no aprenda o que no aprenda demasiado. Mi cliente perfecto siempre va a necesitar mi conocimiento. Si aprende todo lo que yo sé, es probable que deje de ser mi cliente y que se vaya con otro profesor.
  • Que nunca sea autónomo. Mi cliente perfecto debería ser siempre dependiente de mí, de manera que siempre necesitara mis servicios.

Si fuera empresario y se cumplieran los puntos anteriores, me ahorraría mucho trabajo. Si cada vez que adquiero un cliente, le hago dependiente de mí a largo plazo o de por vida, no necesito invertir en captar muchos clientes.

Podría hacer más larga la entrada y entrar en muchos más detalles y sutilezas, pero creo que es suficiente para invitaros a pensar y reflexionar, que es realmente mi objetivo. ¿Vas a clases de yoga o de meditación? ¿Aprendes yoga? ¿Aprendes a meditar? ¿Eres cada vez más autónomo? ¿Crees que es una intención manifiesta de tu profesor el enseñarte? Cuando acabas un curso, ¿tienen otro para venderte? ¿Te animan tus profesores a que vayas a aprender de otros que saben más que ellos o que enseñan cosas diferentes? ¿Crees que tu profesor te considera alumno o cliente? Y tú, ¿te consideras alumno o cliente? Recuerda que varias de estas preguntas no son dicotomías; la respuesta no es solo blanco o negro, y puede cambiar con el paso del tiempo.

Terminar la partida

Esta fábula me la contaron hará unos veinte años (literalmente, ¡madre mía cómo pasa el tiempo!), y os la escribo desde mi lejano recuerdo y sin conocer su origen. Si sabes de dónde procede, te agradecería lo compartieras en los comentarios o escribiéndome un correo. Espero que mi versión no altere la esencia de su significado; yo le he ido encontrando significados diferentes cada vez que me ha venido a la mente a lo largo de los años.

Cuatro hombres se encuentran en una habitación privada de un local donde periódicamente se reúnen para hablar de sus cosas y disfrutar de un juego de tablero. Un día, en mitad de la partida, se empieza a escuchar un gran revuelo fuera de la habitación. Los hombres paran el juego para escuchar más detenidamente. De repente, alguien abre la puerta violentamente, gritando desencajado que se va a acabar el mundo, para salir corriendo después, al igual que hace la gente que pueden ver más allá de la puerta ahora abierta. Se asoman por la ventana, para ver igualmente en la calle gente corriendo y gritando. Caos.

Dando por cierto el anuncio del fin del mundo, uno de los hombres dice: «¡Se acaba el mundo! Voy a ir a mi casa a decirle a mi familia lo mucho que la quiero. Esa es la última cosa que quiero hacer. ¿Qué vais a hacer vosotros?».

«Yo voy a encontrarme con mi mujer y hacer el amor con ella por última vez», responde otro.

«Yo me encenderé un cigarro, iré a coger una botella del mejor licor y me emborracharé mientras todo termina», declara el tercero.

El cuarto hombre permanece inmutable observando el tablero, y ante su silencio uno de los otros le recrimina: «¿Es que no has oído? ¡Vamos a morir todos! ¡Es el fin del mundo! ¿Qué es lo último que vas a hacer tú?».

«Yo, con vuestro permiso, terminar la partida».

mayo 18th, 2020|

No siempre será así

En este blog ya he compartido pequeñas dosis de la sabiduría que nos dejó Shunryu Suzuki, tanto en su obra más famosa, Mente zen, Mente de principiante (aquí), como en No siempre será así (en los siguientes enlaces: aquí, aquí y aquí). Hoy os traigo el resto de los fragmentos que guardé cuando leí este último.

Vivir plenamente cada momento

«Intentad reservar cada día un espacio de tiempo para permanecer sentados, sin moveros, sin esperar nada, como si estuvierais viviendo el último momento de vuestra vida. Sintiendo en cada momento vuestro último instante. En cada inspiración y en cada espiración hay innumerables instantes de tiempo. Vuestra intención es vivir cada momento.

En primer lugar, haced la práctica de espirar y después inspirar el aire suavemente. La calma de la mente se encuentra al final de la espiración. Si espiráis con suavidad, sin intentar espirar el aire, vuestra mente entrará en un estado de perfecta quietud. Dejaréis de existir. Al espirar de ese modo, la inspiración surgirá de este estado de manera natural. Aquella vitalidad que lleva a vuestro interior todo cuanto hay en el mundo exterior invadirá todo vuestro cuerpo. Os sentiréis totalmente renovados. Empezad después a espirar, para disolver aquella fresca sensación en la vacuidad. Seguid practicando en cada momento, sin intentar hacer nada».

Abrid vuestra intuición

«Para abrir vuestra naturaleza innata y sentir algo desde el fondo de vuestros corazones, es necesario permanecer en silencio. Por medio de esta clase de práctica adquiriréis una comprensión más intuitiva de las enseñanzas. No hablar no significa ser sordos y mudos, sino escuchar a vuestra intuición.

La mayoría de la gente no se deja engañar por algo sino por sí misma, por su habilidad, su belleza, su confianza o su aspecto. Hemos de saber si nos estamos engañando o no. El daño que pueda haceros alguien que os engañe nunca será tan profundo como el que os haréis si os engañáis a vosotros mismos, lo cual es fatal».

«Hoy en día los jóvenes quedan para salir unos con otros, pero la Iluminación no es algo que podáis encontrar en una cita. Si organizáis vuestra vida de modo que os levantáis por la mañana a una hora determinada, cogéis la bolsa con el desayuno a una hora determinada y os vais a trabajar, en el caso de tener novia o novio, os encontraréis en algún momento. No hay necesidad de quedar. En un momento dado vendrá a la esquina donde soléis veros. Esa es nuestra forma de actuar. Hacer llamadas telefónicas es absurdo e innecesario. Aunque quedéis por teléfono: «¡Eh, salgo ahora!», si no acude a la esquina os sentiréis decepcionados. Pero si no quedáis y sin embargo llega, estaréis muy contentos.

Así es como alcanzáis la Iluminación. No es una broma, sino que estoy hablando de algo real. No fijar ninguna cita significa no esperar ni apegarse a la Iluminación. Cuando estáis animados por la Iluminación, os basta con percibirla, aunque solo sea por un breve instante. El resto del día os sentiréis felices. Pero, si le exigís demasiado, os estaréis apegando a ella».

No siempre será así
mayo 11th, 2020|Tags: , , |

Aprendiendo de las clases de yoga

Todos aprendemos de las personas que nos rodean, es algo natural; es la primera forma en la que aprendemos cuando somos pequeños, cuando no sabemos hablar, ni leer ni escribir, y nos queda todo por aprender.

Cuando vamos a clases de yoga, también aprendemos. Aunque no queramos. Porque en cualquier materia hay alumnos que tienen un especial interés en aprender, en absorber conocimiento, y otros cuyo interés es practicar y no le dan muchas vueltas a quedarse con la teoría. Pero aun así, con la práctica, esta se vuelve conocimiento integrado, sin apenas esfuerzo y casi sin darnos cuenta.

Hoy os propongo un ejercicio que os puede ayudar especialmente si queréis ser profesores en el futuro, aunque también os puede aportar para desarrollar vuestra propia práctica personal, aunque no tengáis intenciones de enseñar, y es igualmente útil para elegir un profesor de yoga si estás en el proceso de buscar uno, ya sea para ir a clase regularmente o para hacer un curso de formación.

Si practicáis un estilo o linaje determinado de yoga y/o meditación, tomad 5 clases con profesores diferentes dentro de ese estilo o linaje. Además, tomad 5 clases con profesores diferentes de otros estilos o linajes. Al finalizar cada una de esas clases, mientras tomáis un café tranquilamente, sentaos a escribir lo que os ha gustado, tanto de la clase como del profesor o profesora, y lo que no os ha gustado y cómo se podría mejorar. Cómo el profesor entró en el espacio, cómo recibía y trataba a los alumnos antes de la clase, la secuencia, los ajustes, su lenguaje, cómo gestionaba el espacio; ¿se movía por la sala?, ¿demostraba las posturas?, cómo te sentías mental y físicamente antes y después de la clase… Apunta cualquier cosa que te llamara la atención o resonara especialmente contigo, con tus gustos, estilo, personalidad y valores.

Este ejercicio nos puede ayudar a ser más conscientes tanto de las cosas que valoramos y queremos que siempre estén presentes en nuestros profesores, como de aquellas que no queremos imitar, que insultan nuestros principios. Porque, al igual que cuando somos pequeños aprendemos de manera automática por imitación, de adultos esto puede pasar también sin que nos demos cuenta, y que no todo lo que aprendamos de esa manera sea bueno.

Nos ayuda a darnos cuenta de las cosas concretas que queremos añadir a nuestra práctica, de los efectos que tienen en nuestro cuerpo y nuestra mente determinadas secuencias, ejercicios o posturas. Y hace que, poco a poco, cogiendo de aquí y de allá, vayamos completando el puzle de nuestro propio yoga. Porque yoga, para ti, solo hay uno: el tuyo.

Espero que te sirva.

Dāna y la cuestión de cobrar por la enseñanza espiritual

Dāna (दान) es una palabra sánscrita y pali que significa «generosidad» o «dar».

cobrar por la enseñanza espiritual - Entrevista a Ajahn PasannoAjahn Pasanno (Manitoba, Canadá, 1949) es el discípulo de Ajahn Chah de mayor antigüedad en Estados Unidos, y el tercero en el mundo tras Ajahn Sumedho y Ajahn Khemadhammo. Durante muchos años fue el abad de Wat Pah Nanachat, monasterio de la tradición tailandesa del bosque en el noroeste de Tailandia. A finales de los noventa, Ajahn Pasanno se trasladó a California para dirigir el entonces nuevo monasterio de Abhayagiri. Con más de 40 años como bhikkhu, Ajahn Pasanno ha sido pieza clave en la formación de numerosos monjes en Tailandia y Estados Unidos, y ha apoyado también la instrucción para las mujeres.

¿Cuál es su punto de vista sobre los maestros budistas que cobran por el dharma? 

Bhikkhu Pasanno: El asunto es que hay mucho por ahí basado en dāna. No intento tener un punto de vista sobre lo que otras personas hacen. Yo sé cómo lo hago yo y sé cómo nuestra comunidad lo hace y me siento cómodo con ello. Tengo la esperanza de ser un ejemplo para otras personas, y empieza a haber más gente dentro de la comunidad laica que está eligiendo el dāna como medio para organizar retiros y charlas, así que es muy esperanzador.

¿Qué hay del sistema de usar donaciones sugeridas; hay alguna diferencia o distinción con donaciones sugeridas o con pedir para dāna?

Bhikkhu Pasanno: No hay tanta diferencia, ¿o sí que la hay? Una donación sugerida es casi una petición de por lo menos una cierta cantidad de dinero. No es exactamente una donación en sí, en el sentido de que uno lo esté dando libremente.

Entonces, ¿la diferencia sería que con dāna no hay una sugerencia de ningún tipo mientras que obviamente con el otro hay una sugerencia clara de una cantidad?

Bhikkhu Pasanno: Sí, a cierto nivel uno lo podría llamar una diferencia semántica, pero de hecho es también una sensación diferente. En el momento que dices donación sugerida, en realidad estás esperando más una donación en lugar de estar dando libremente. Otro aspecto de ello, especialmente en Occidente, es que hay una falta de entendimiento, a veces de lo que es dāna y otras veces de cómo las cosas realmente operan y funcionan. De modo que en ocasiones debe haber cierta educación o en realidad hacerle saber a las personas qué tipo de necesidad hay. Esto tiene que ser gestionado con delicadeza también.

Entonces, no es quedarse sentado sin decir nada, pero es difícil cuando se dice algo. Cómo se dice y bajo qué circunstancias, de manera que es más el tratar de educar a las personas en cómo las cosas funcionan, para que la gente se sienta cómoda, o se sienta inspirada para compartir o para ofrecer apoyo en las cosas que merezcan ese apoyo.

En su experiencia, ¿este método o sistema de dāna ha sido exitoso en Occidente como en Estados Unidos?

Bhikkhu Pasanno: Bueno, depende de dónde. He visto lugares que lo han tomado como manera de llevar su centro o monasterio. Para nosotros, es nuestra tradición o modo de existencia. Todo está disponible de manera gratuita, en el sentido de que no cobramos. Así que así es como funciona cuando la gente viene a quedarse al monasterio o viene a escuchar enseñanzas o a hacer retiros o recibir publicaciones. Pero estamos en una institución antigua que tiene un empuje de historia y conocimiento sobre ello, por lo que funciona muy bien como monasterio. Yo creo que, para centros laicos, desde luego, es un territorio un poco más nuevo. Los lugares que conozco que han decidido hacerlo, todos han descubierto que funciona muy bien. Y hay otros beneficios que lo acompañan. No es solo ser capaz de pagar las facturas, sino también de construir comunidades. De modo que las oportunidades están abiertas para que la gente se una y participe, ya sea con una donación material, financiera o cualquier tipo de ayuda de cualquier otro modo.

El espíritu de la generosidad comienza por informar de cómo uno interactúa con las circunstancias del centro o del monasterio, y desde ahí hacer comunidad con la generosidad como valor de base.

¿Qué hay de los inconvenientes de tratar de usar este sistema de dāna, como que la gente abuse de él o no lo entienda, o saque ventaja de ello?

Bhikkhu Pasanno: El asunto es que, si estamos usando el modelo de dāna, entonces nuestro ofrecimiento de las enseñanzas es ofrecido también libremente. De manera que, si la gente quiere aprovecharse de ello de alguna forma, entonces a cierto nivel es en realidad su problema porque lo único que hacemos es un ofrecimiento. Si tú aceptas lo que ofrecemos, entonces es natural. Habrá aquellos que lo entiendan y lo aprecien y habrá aquellos que no terminen de entenderlo. El método de dāna no es una transacción comercial.

Si te resulta interesante el tema, hace tiempo publiqué una entrevista a otro monje budista sobre ello. Puedes leerla pinchando aquí.

Cómo mantener la práctica en nuestra vida diaria

Para mantener la práctica en nuestra vida diaria, lo primero que debemos tener en cuenta es nuestro nivel de dedicación y compromiso, la prioridad que le damos a la práctica en comparación con el resto de cosas que ocupan nuestro tiempo y atención. Para llevar nuestra práctica al 100 % a la vida cotidiana y con la máxima efectividad, la práctica tiene que ser la cosa más importante en nuestra vida. Como dijo Richard Hamming en una famosa conferencia, «La mayoría de los grandes científicos están completamente comprometidos con su problema. Aquellos que no se comprometen, raramente producen trabajo sobresaliente, de primera clase». Él hablaba de ciencia, por supuesto, pero es igualmente cierto para cualquier otra cosa, incluida la práctica del Dharma.

Pero no llegas a ese punto de repente, tienes que empezar donde estés y cultivar ese grado de dedicación. Richard Hamming habló de eso también. Da igual donde estés cuando empiezas este proceso, lo más probable es que tu conocimiento y entendimiento del Dharma, tu práctica del Dharma y la meta del despertar no estén todavía combinados para formar un único objetivo cohesionado. No pasa nada, se fusionarán con el paso del tiempo. Y como prioridad, serán solo una (o tres) entre muchas prioridades que compiten entre sí. Al principio ni siquiera serás consciente de todos los otros apegos y prioridades con las que lucharán. Pero esa es una de las cosas que se volverán evidentes mientras cultivas el mindfulness en la vida diaria.

Sé plenamente consciente de tu motivación. Revísala con frecuencia. Penétrala profundamente. Si te descubres a ti mismo pensando «quiero experimentar el despertar», pregúntate por qué. ¿Despertar de qué? ¿Despertar a qué? ¿Qué sé realmente sobre cómo hacerlo? Investiga lo que Buda y otros han dicho al respecto, y después mira dentro de ti. ¿Qué es lo que realmente quieres y por qué lo quieres? Y especialmente, ¿por qué lo quieres antes que cualquier otra cosa que el mundo te pueda ofrecer? Cuando haya presiones para que hagas otras cosas con tu tiempo, algo que siempre sucederá, nunca pierdas la oportunidad de revisar y preguntarte, «¿cómo de importante es en realidad esto para mí?, ¿qué estoy dispuesto a cambiar o sacrificar?». Uno de los grandes peligros a los que nos enfrentamos en nuestra vida es la toma inconsciente de decisiones, el funcionamiento de nuestro karma habitual. Cada vez que surge este tipo de situación, es una oportunidad para la aplicación de la consciencia plena y la generación de un nuevo tipo de karma.

Busca inspiración de otros. Asiste a eventos inspiradores y escucha charlas inspiradoras. Lee libros inspiradores. Relaciónate con personas que estén entusiasmadas con el Dharma. Cuando otros comiencen a describirte como un obseso, entonces sabrás que estás en el camino al 100 %. Incluso el 50 % es admirable, pero no te conformes. ¿Quieres admiración o iluminación? ¡Pues a por ello!

Lo segundo a tener en cuenta para mantener la práctica en nuestra vida diaria son los cambios que debemos hacer en nuestras vidas para tener tiempo y energía disponibles para nuestra práctica formal y estudiar, para reducir o eliminar las preocupaciones que nos roban energía y motivación, y para eliminar las fuentes de agitación mental que obstruirán nuestra práctica. Richard Hamming también tenía mucho que decir sobre esto: «Los grandes científicos, cuando surge una oportunidad, se lanzan a por ella y la persiguen abandonando todo lo demás». Esto es absolutamente necesario. ¿Lees el periódico? ¿Ves la televisión? ¿Lees ficción? ¿Juegas al golf? ¿Vas al cine, a eventos deportivos, conciertos u otros entretenimientos? ¿Haces de voluntario para proyectos sociales, políticos, medioambientales, caritativos o humanitarios? ¿Socializas con gente que no está involucrada en el Dharma? No estoy sugiriendo que no debas hacer esas cosas, pero si despertar es tu máxima prioridad, verás todas esas actividades desde otra perspectiva, te darás cuenta del tiempo que consumen, del efecto que tienen en tu mente, y probablemente hagas algunos cambios importantes. Cualquier cosa que quede debe convertirse en parte de tu práctica si quieres practicar al 100 %.

Convertirse en un practicante del Dharma a tiempo completo tiene un efecto radical en la vida social de una persona. Esta descubre que tiene cada vez menos en común con su familia y amigos, y que muchos de los intereses y actividades que compartía con ellos dejan de ser importantes. Las relaciones que mantiene y el tiempo que invierte en esas relaciones se convierten más en un asunto de amor bondadoso, de compasión, y de la práctica de la consciencia plena aplicada al entendimiento del deseo, la aversión, la ilusión* y el dukha. En otras palabras, las relaciones que continúen se convertirán en parte de tu práctica. Seguramente te encontrarás con que muchas de tus antiguas amistades se disuelven y son reemplazadas por otras nuevas más conectadas al Dharma. Esto puede resultar difícil para algunas personas, y puede existir un periodo de aislamiento y soledad antes de unirnos a una shanga que nos dé apoyo junto a otros compañeros practicantes.

Es muy probable que termines simplificando tu vida enormemente. Buda sugirió a la gente que dejara todo atrás —familia, trabajos, posesiones— a cambio de una túnica y un cuenco, la camaradería de otros monjes, y un lugar bajo un árbol para dormir y meditar. Las inclemencias del tiempo, los insectos y animales salvajes iban de regalo. Esto no es muy práctico hoy en día. Por supuesto que podrías dormir debajo de un puente y alimentarte en comedores sociales, pero probablemente descubrirías que no te lleva al tipo de práctica que quieres tener. Pero aun así podemos aprender mucho de los renunciantes. Los monjes de Buda tomaban solo una comida al día, que se obtenía pasando, cuenco en mano, por las casas de la gente. ¿Cuánto tiempo inviertes cada día en comer y preparar la comida? ¿Realmente necesitas comer tres veces al día? Durante muchos, muchos años, comí solamente una vez al día. Descubrí que llevaba mucho tiempo el comer tres veces. Buda tampoco permitía a los bikkhus acumular comida y guardarla para otro día. Parece que sería más eficiente para un monje pasar por más casas y conseguir más comida para no tener que ir otra vez al día siguiente. Pero entonces existirían los problemas de almacenar y proteger la comida, de cómo repartir los remanentes, y todo el tiempo, la energía y agitación que eso supondría. Creo que era una sabia norma.

mantener la práctica en nuestra vida diaria
Monjes en pindabat (la ronda diaria para recibir comida)

¿Cuánto posees (¿o te posee a ti?) y cuánto necesitas en realidad? Decidir qué hacer con tu trabajo o carrera puede ser duro, pero no puedes evitar dejar de preguntarte «¿cuánto dinero necesito realmente?, ¿cuánto me cuesta este trabajo en términos de tiempo y energía, estrés y agitación?, ¿cómo contribuye mi trabajo a mi práctica y mi eventual despertar?». ¿Dónde y cómo vives? ¿Es realmente necesario que sea así? Por razones éticas y morales, no puedo condonar el abandono de parejas, hijos o padres ancianos. En su lugar, cuidar de ellos y el tiempo que pases con ellos deben convertirse en parte de tu práctica. Pero observa el efecto que tu sentido de la responsabilidad hacia ellos tiene sobre ti y tus apegos a las cosas mundanas. Aunque no debas abandonarlos, probablemente debas renegociar las expectativas que tienen de ti.

No estoy sugiriendo que lo abandones todo. Estas son decisiones que deberás tomar por ti mismo, y necesitas tanto cuidar de ti ahora mismo como proveer para tu futuro. Pero sea lo que sea que decidas no dejar a un lado, debe convertirse en parte de tu práctica si aspiras al 100 %. No hay otra manera. Lo cierto es que el abordar estas preguntas es una práctica de mindfulness en sí misma, una que debe ser constante.

Por último, existen diferentes técnicas que podemos utilizar para convertir las actividades de la vida diaria en una práctica significativa, y, muy importante, hay cosas que podemos hacer para recordarnos el aplicar dichas técnicas. Me centraré en cómo recordar practicar mindfulness a todas horas. Aprender a tener consciencia plena de manera continua tiene un paralelismo exacto con ser plenamente consciente de nuestro objeto de meditación cuando meditamos. Al principio te olvidas totalmente del objeto de meditación con frecuencia y tu mente vaga durante largos periodos de tiempo. Del mismo modo, al principio habrá largos periodos, de hecho, la mayor parte del día, donde habremos olvidado ser deliberadamente conscientes. Tras un tiempo, solo te olvidas del objeto de meditación brevemente antes de darte cuenta de que la mente se ha visto atrapada por otra cosa. Igualmente, tras un tiempo hay lapsos en nuestro mindfulness durante el día, especialmente cuando surgen aflicciones mentales fuertes, pero rápidamente reconocemos el lapso. Es entonces cuando podemos reflexionar en lo que acaba de suceder mientras está reciente, y continuar nuestra práctica de mindfulness a partir de ahí. Finalmente, al igual que tu atención plenamente consciente se vuelve eventualmente ininterrumpida durante tu meditación sentada, así también eventualmente en la vida diaria tu mindfulness tornará continuo.

He descubierto que una reflexión y un repaso diarios son muy útiles a la hora de cultivar la continuidad en nuestra consciencia plena. Otro profesor que conozco hace que sus alumnos lleven consigo una libreta en la que escriben seis veces al día para ayudarles a mantenerse plenamente conscientes. Ya lo hagas una o seis veces al día, la idea es recordar cómo de consciente has sido desde la última vez, y felicitarte por tus éxitos (regocijarte en ellos incluso). Entonces reflexionas sobre las ocasiones en las cuales tu mindfulness se ha visto interrumpido, y haces una resolución o te imaginas siendo más capaz de mantener esa consciencia plena en el futuro. Sugiero que una persona comience utilizando los preceptos y las perfecciones de generosidad, virtud y paciencia como herramientas. Elige una cosa para empezar: irritabilidad e ira, deseo, mentira, etc., lo que sea particularmente significativo e importante para ti. Usa el repaso diario de las ocasiones en las que esos estados mentales surgieron, en los que eras o no eras plenamente consciente, para que eso te lleve a un punto en el que siempre seas consciente del momento en que esos estados están surgiendo. Cuando tengas éxito con eso, construye sobre ello añadiendo más ítems a tu lista de cosas específicas de las que quieres ser consciente. No te limites a superar aspectos negativos, cultiva los positivos también. El resultado será un poderoso hábito de mantener consciencia plena a lo largo del día.

No pretendía meterme en técnicas específicas para la práctica del mindfulness, pero te sugeriré una. En el Dvedhavitakka Sutta («Dos clases de pensamiento», Majjhima Nikaya 19) Buda describe como, siendo un bodhisattva, practicó la atención plenamente consciente de los pensamientos y estados mentales beneficiosos y perniciosos cuando fuese que estos surgían. Examinando minuciosamente cómo los pensamientos y estados mentales perniciosos hacen sentir a uno física y mentalmente, las palabras y acciones a las que dan lugar, y el efecto que tienen sobre uno mismo y los demás, uno reconoce que llevan a «mi propia aflicción o a la aflicción de otros o a la aflicción de ambos. Obstruyen el discernimiento, promueven la contrariedad y no llevan a la liberación». Por favor, date cuenta de que se trata solamente de observar, no de juzgar, sentirse culpable o analizar. Todo lo que se necesita para ver aquello que debe ser visto es una consciencia plena, abierta y no discriminatoria dirigida a aquello que está sucediendo ahora según sucede. Las conclusiones descritas por Buda se tornan obvias, no necesitas indagar para encontrarlas, y el pensamiento analítico solo creará confusión. Buda continúa diciendo: «Cuando me di cuenta de que llevaba a mi propia aflicción, aminoró. Cuando me di cuenta de que llevaba a la aflicción de otros… a la aflicción de ambos… que obstruye el discernimiento, que promueve la contrariedad y que no lleva a la liberación, aminoró».Este es el efecto deseado, e ilustra el poderoso efecto que la consciencia plena tiene en el surgimiento y el cese de los pensamientos y estados mentales habituales.

El sutta continúa contándonos que Buda, quien entonces era solo un bodhisattva, hizo lo mismo con los pensamientos y estados mentales beneficiosos, observando que: «eso no me lleva ni a mi aflicción ni a la aflicción de otros ni a la aflicción de ambos. Fomenta el discernimiento, promueve la falta de contrariedad y lleva a la liberación. Si yo fuese a pensar y reflexionar en esa línea durante una noche… durante un día… durante un día y una noche, no imagino ningún peligro que pudiera venir de ello, excepto que pensar y reflexionar durante mucho tiempo cansaría el cuerpo. Cuando un cuerpo está cansado, la mente está inquieta; y una mente inquieta está lejos de la concentración. Así pues, calmé mi mente internamente, la tranquilicé, la unifiqué y la concentré. ¿Para qué? Para que mi mente no estuviera inquieta.

Lo que un monje sigue buscando con su pensamiento y su reflexión, eso se convierte en la inclinación de su consciencia. Si un monje sigue buscando el pensamiento impregnado de renunciación, abandonando el pensamiento impregnado de sensualidad, su mente está doblegada por ese pensamiento impregnado de renunciación».

«Una energía inagotable surgió en mí, y se estableció una atención nítida. Mi cuerpo estaba calmado e indiferente, mi mente concentrada y unificada».

Espero que estas reflexiones te sean de ayuda, y que tu práctica te lleve a la meta final.

* las tres causas raíz del dukha; el sufrimiento o insatisfacción inherente a la existencia.

Traducción propia de <https://dharmatreasure.org/practice-in-ones-daily-life/>