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	<title>samadhi Archives - Monoyoga</title>
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	<description>El arte de moverse hacia la quietud</description>
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	<title>samadhi Archives - Monoyoga</title>
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		<title>El cuenco de otro</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Mono Yoga]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 17 Aug 2026 12:17:55 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Reflexiones]]></category>
		<category><![CDATA[dana]]></category>
		<category><![CDATA[generosidad]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Seguramente, la mayoría de la gente que lea estas líneas me habrá conocido entre 2014 y 2019, cuando mi «estudio de yoga» era un trozo de césped junto al templo de Debod. Al llegar, desenrollaba mi esterilla y dejaba delante de ella mi mochila, un bote y una caja con caramelos, que se convertirían minutos</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><span style="font-weight: 400;">Seguramente, la mayoría de la gente que lea estas líneas me habrá conocido entre 2014 y 2019, cuando mi «estudio de yoga» era un trozo de césped junto al templo de Debod. Al llegar, desenrollaba mi esterilla y dejaba delante de ella mi mochila, un bote y una caja con caramelos, que se convertirían minutos después en el centro de un círculo de esterillas. Círculo que se fue multiplicando con el paso de los años.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">No había puertas ni paredes, nadie tenía que darte permiso para unirte, y tampoco nadie te iba a pedir nada al terminar. La mayor parte de los asistentes me encontraban a través de esta misma web, donde explicaba el sistema de </span><i><span style="font-weight: 400;">dāna</span></i><span style="font-weight: 400;">. Muchos otros se enteraban por el boca a boca, siendo así mejor o peor informados de cómo funcionaban las clases. También había unos pocos que se unían sin tener ni idea, al menos de inicio, de quién era yo, de dónde había salido, qué hacíamos exactamente o cuándo nos daba por ponernos ahí.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Al finalizar la clase, cada uno a su ritmo iba enrollando su esterilla y acercándose al centro del círculo para recoger su mochila, <a href="https://monoyoga.es/reflexiones/bote-la-caja-caramelos/" target="_blank" rel="noopener">dejar algo en el bote y/o coger algún caramelo</a>. Desde el principio intuí que era muy buena práctica no preocuparme de quién o cuanto dejaba en el bote. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Algunos de mis alumnos no tuvieron esa misma intuición. Eso, sumado a que para ellos seguramente era más difícil mirar para otro lado si justo también iban al bote, desembocaba en un amplio abanico de emociones. Tengo todavía en mi mente las imágenes nítidas de dos de esos alumnos, ya convertidos en amigos, expresándome en diferentes momentos su enfado e indignación. Uno, porque no conseguía explicarse lo poco que veía dejar a algunos. Otra, porque la gente como ella hacía viable las clases, mientras otros se iban sin dejar nada. Y también molesta conmigo, por no decir nada al respecto. Sus protestas surtieron un leve efecto; recuerdo que al poco tiempo di uno de esos discursos que tanto me rechinan y que caracterizan la parte final de muchos eventos que no tienen precio. Fui incapaz de dar otro, a pesar de comprender perfectamente su enfado por lo que ella entendía como una injusticia. </span><b></b></p>
<h2><b>Generosidad anónima</b></h2>
<p><span style="font-weight: 400;">Una de las cosas que más frecuentemente me han agradecido las personas con las que he coincidido los años posteriores a dejar de dar clase en el parque, es el haber hecho posible que vinieran a practicar cuando estaban sin dinero, sin trabajo, y algunos hasta sin casa propia o en una situación mental complicada. Me imagino que, en un contexto así, tener la opción de ir casi todos los días de la semana a un entorno natural, formando parte de un grupo, a ejercitar y escuchar a tu cuerpo y dar un descanso a tu mente, debe ser un verdadero regalo. Me están agradecidos a mí, pero en realidad la mayor parte del mérito no es mío.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">En 2013, cuando regresé de Asia a Madrid, comencé a dar clases en un espacio donde no se podía recibir dinero a cambio de las actividades ofrecidas, ni siquiera en forma de donativo. Durante seis meses dií una clase semanal; ocasionalmente dos. Además del tiempo de la clase en sí, invertía una hora en ir y otra en volver a casa, más el dinero del transporte. Estaba encantado de darlas, pero no me podía permitir hacerlo con mayor frecuencia.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">En la primavera de 2014 las clases se mudaron al templo de Debod. También con una o dos clases a la semana inicialmente, pero ya con el bote presente; abriendo la puerta a recibir. Al cambiar de lugar, la asistencia bajó, pero pronto comenzó una firme tendencia ascendente. El bote empezó a llenarse, y ambas cosas me invitaron a ir aumentando el número de clases. Sin el compromiso y la generosidad de los que venían, nunca me hubiera podido permitir ir cinco días a la semana a dar clase. Habría tenido que emplear mi tiempo y energía en conseguir dinero de otra forma y, con suerte, continuado dando una clase a la semana en caso de haber disfrutado del suficiente ánimo y energía para ello.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">De manera que, aunque yo sea el receptor de la gratitud de aquellos que pudieron venir a clase cuando no se lo podrían haber permitido de otra forma, en realidad deberían estar agradecidos a todos los que asistían regularmente y depositaban dinero en el bote sin que nadie les incitara a ello.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">A este último grupo pertenecían esos dos alumnos que mencioné anteriormente; los que se quejaban de lo poco (o nada) que dejaban algunos. Desde luego que habrá venido gente con ganas de aprovecharse, de llevarse lo máximo a cambio de dar lo mínimo. Al igual que asistieron también otros en una genuina mala situación, lo cual otorga incluso más mérito a que tuvieran el ánimo de participar. Sin conocer la situación personal de cada uno, no podemos medir su generosidad o falta de ella. Pero, de todos modos, lo que hagan los demás no es nuestra responsabilidad; solo somos responsables de nuestros actos e intenciones. Eso es a lo que debemos prestar atención, porque eso es lo que va a determinar la calidad de nuestra mente; nuestra felicidad o sufrimiento.</span><b></b></p>
<h2><b>El cuenco de otro</b></h2>
<p><span style="font-weight: 400;">Originariamente, los monjes budistas dependían de las ofrendas de la gente laica para alimentarse, ya que la </span><i><span style="font-weight: 400;">vinaya</span></i><span style="font-weight: 400;"> (código monástico) les prohibía tanto el uso de dinero como cultivar su propia comida. Aún hoy muchos de ellos siguen observando estas reglas, y para recibir y consumir dichas ofrendas utilizan su cuenco reglamentario, cuyo uso tiene a su vez también una serie de normas, una de las cuales me viene frecuentemente a la cabeza:</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;"> </span><i><span style="font-weight: 400;">No miraré al cuenco de otro con la intención de encontrar alguna falta: esto ha de ser practicado.</span></i></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Ajahn Cha, uno de los maestros budistas más importantes del siglo </span><span style="font-weight: 400;">xx</span><span style="font-weight: 400;">, decía:</span></p>
<p><i><span style="font-weight: 400;">No es apropiado observar a otros con una mente que busca encontrar faltas. Esto no te ayudará en tu práctica de ninguna manera. Si quieres sentirte molesto, observa esa molestia en tu corazón. Si la conducta de otros no es perfecta, o no se comportan como buenos monjes, no es tu trabajo juzgarles. No te vas a volver más sabio vigilando y acusando a los demás. La </span></i><span style="font-weight: 400;">vinaya</span><i><span style="font-weight: 400;"> es una herramienta para ayudarte a desarrollar </span></i><span style="font-weight: 400;">samadhi</span><i><span style="font-weight: 400;"> (atención estable). No es un arma para descubrir defectos o juzgar quién es bueno o malo. Nadie puede practicar por ti, y tú tampoco puedes practicar por otra persona. Así que sé consciente de tu propio comportamiento. Ese es el camino a seguir.</span></i></p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Los cinco obstáculos</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Mono Yoga]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 21 Aug 2025 20:35:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Meditación]]></category>
		<category><![CDATA[budismo]]></category>
		<category><![CDATA[concentración]]></category>
		<category><![CDATA[meditación]]></category>
		<category><![CDATA[mindfulness]]></category>
		<category><![CDATA[samadhi]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Si en la anterior entrada repasábamos las cinco facultades que debemos cultivar para tener éxito en nuestra meditación, esta semana veremos los cinco obstáculos que impiden nuestro avance meditativo. El Buda comparó la presencia de estos cinco obstáculos con intentar ver el reflejo de un rostro en la superficie del agua. Una mente afectada por</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Si en la anterior entrada repasábamos <a href="https://monoyoga.es/meditacion-2/las-cinco-facultades-espirituales/" target="_blank" rel="noopener">las cinco facultades</a> que debemos cultivar para tener éxito en nuestra meditación, esta semana veremos los cinco obstáculos que impiden nuestro avance meditativo.</p>
<p>El Buda comparó la presencia de estos cinco obstáculos con intentar ver el reflejo de un rostro en la superficie del agua. Una mente afectada por los obstáculos no producirá un reflejo fiel de la realidad, y cada obstáculo afectará a ese reflejo de forma diferente. Los cinco obstáculos nos acompañarán hasta la parte final de nuestro camino meditativo, a la que llegaremos cuando consigamos eliminarlos de raíz. Algunas personas serán más proclives a unos u otros, y habrá temporadas en los que uno de ellos nos visite con mayor fuerza y frecuencia, pero tarde o temprano vamos a tener que vernos las caras con todos ellos.</p>
<p>El primero de los obstáculos es el deseo sensorial. El Buda comparó este obstáculo con agua teñida de color. Cuando queremos, deseamos o buscamos experimentar algo en particular, este obstáculo está presente. Desde un sabor meditante la comida, el sonido de una canción, el disfrute táctil de un objeto u otra persona&#8230; Muchas veces este obstáculo nos ataca incluso antes de sentarnos a meditar, y hace que vayamos a buscar aquello que deseamos en lugar de ponernos a practicar.</p>
<p>Irónicamente, el deseo que más va a bloquear nuestro progreso meditativo es el de alcanzar un estado determinado en nuestra meditación. Ya sea experimentar un logro meditativo que nos hayan descrito o repetir una experiencia que hayamos tenido en el pasado, si nos sentamos con ansia de llegar a ese estado, no lo conseguiremos.</p>
<p>La primera herramienta que tenemos para deshacernos de los obstáculos cuando aparecen en nuestra meditación es simplemente ser conscientes de ellos. ¿Dónde se ha ido mi mente cuando ha abandonado el objeto de meditación? Frecuentemente eso será suficiente para poder continuar con la práctica. Por supuesto, los obstáculos reapareceran innumerables veces y tendremos que repetir la jugada con paciencia. Este remedio lo podemos usar para todos los obstáculos.</p>
<p>En cuanto a soluciones concretas para el obstáculo del deseo, una muy buena es reflexionar un momento sobre la verdadera naturaleza de lo que deseamos. Nuestra mente actúa como si nuestro objeto de deseo nos fuera a dar más felicidad o satisfacción de lo que es capaz. Pero seguramente estemos sentados tratando de meditar porque ya hemos experimentado en nuestra vida muchas veces lo efímeros y poco satisfactorios que son esos deseos cuando los vemos cumplidos, de manera que no dejamos de desear una cosa tras otra. Recuerda:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: center;">No hay paz en querer siempre más</p>
</blockquote>
<p>El segundo obstáculo es la aversión. En este caso el Buda lo comparó con agua hirviendo, cuyas burbujas distorsionan el reflejo de la realidad. Desde el simple aburrimiento hasta la ira o el miedo, cuando queremos que algo no esté presente, o que sea diferente, la aversión nos acompaña. Cuando una cosa nos moleste, irrite, frustre o la consideremos insuficiente, la aversión hará que queramos escapar o deshacernos de ella.</p>
<p>En muchas ocasiones esta aversión estará dirigida a una persona. Si nos molesta un sonido, la aversión posiblemente incluirá a quien lo produce. Si me he sentido atacado, puede que guarde rencor e incluso odio y deseos de que le pase algo malo a la persona que me atacó. Tambien es muy probable que en algunos momentos sintamos aversión hacia nosotros mismos. Nos sentimos incompetentes, por ejemplo meditando, o pensamos que no somos suficiente en algún aspecto, incluso puede que lleguemos a desear dejar de existir.</p>
<p>Para estos sentimientos de aversión, el antídoto más poderoso es la <a href="https://monoyoga.es/meditacion-2/meditacion-metta/" target="_blank" rel="noopener">meditación <em>metta</em></a>. Si te decides a utilizarla, recuerda hacerlo gradualmente, empezando por alguien a quien sea fácil enviar buenos deseos.</p>
<p>En el tercer obstáculo se incluyen dos factores mentales: la pereza y el letargo, y se compara con agua cubierta de vegetación.</p>
<p>Está presente cuando no tenemos energía, nos sentimos cansados o somnolientos. Una de las próximas entradas que escriba será sobre esté obstáculo, ya que sus causas pueden ser muy variadas y sus respectivas soluciones muy diferentes.</p>
<p>Si la pereza y el letargo se hacen presentes en tu meditación, de momento te diría que observes si duermes lo suficiente y analices cual es la actividad previa a la meditación que te ha podido dejar sin energía. Para activarte, prueba a ducharte con agua fría (o al menos refrescarte la cara), exponer los ojos a la luz (indirectamente) y/o hacer algo que active un poco el cuerpo (algún estiramiento, un poco de movimiento, un paseo corto a ritmo ligero&#8230;).</p>
<p>El cuarto obstáculo es la agitación debida a la preocupación por el futuro o al remordimiento por algo que hemos hecho en el pasado, y el Buda lo comparó con agua movida por el viento.</p>
<p>Para superarlo, lo primero es ser conscientes de que no podemos cambiar el pasado, ni tampoco controlar el futuro.</p>
<p>Si es el remordimiento lo que te afecta, toma un momento para reflexionar si, aunque no puedas rectificar lo que hayas hecho, puedes hacer algo para compensarlo en parte, o al menos pedir sinceras disculpas por ello y/o sentar la intención de obrar de manera diferente en el futuro. Una vez tengas claro que hacer al respecto, vuelve a tu objeto de meditación sabiendo que a ese problema ya le has asignado la mejor acción posible.</p>
<p>Cuando la preocupación por el futuro nos acompañe, podemos darnos cuenta de que <a href="https://psiquiatria.com/psiquiatria-general/el-90-de-las-cosas-que-nos-preocupan-jamas-suceden-pero-esos-pensamientos-tienen-un-impacto-en-la-salud" target="_blank" rel="noopener">la gran mayoría de las cosas por las que nos preocupamos nunca llegan a suceder</a>. Y si suceden, a menudo es de manera mucho menos dramática de lo que temíamos.</p>
<p>El quinto y último obstáculo es la duda escéptica, y el símil que usó el Buda para describirla es agua con lodo que ha sido agitada y se ha vuelto opaca.</p>
<p>Si dudamos de la eficacia de la técnica de meditación que estamos utilizando, de las enseñanzas de nuestros profesores, o de nuestra propia capacidad de meditar correctamente, nuestra meditación no progresará. Aunque cierto escepticismo es sano, sin un mínimo de confianza no podremos avanzar. Para dejar las dudas a un lado, aunque sea momentaneamente, podemos traer a la menta a otras personas en las que confiemos o admiremos, y que hayan puesto en práctica las enseñanzas con resultados que nosotros mismos podemos apreciar de cierto modo desde fuera.</p>
<p>También puede ser útil reconocer que es posible utilizar distintos mapas y modelos para explicar ciertos conceptos. Algunos de ellos pueden resultarnos extraños si son muy diferente a nuestra propia cultura o marco de referencia, y otros puede que sean más metafóricos que literales, y expresen simbólicamente una verdad dificíl de transmitir de otro modo. En este caso, cabe cuestionarnos si somos capaces de mantener una mente abierta, intentando comprender con verdadero interés y sin prejuicios de dónde vienen y hacia dónde apuntan las enseñanzas</p>
<p>Si pensamos que nosotros somos el problema, podemos preguntarnos si realmente hay algo tan malo o deficiente en nosotros. ¿Algunas vez has creído que no eras capaz de algo y al final lo has logrado? ¿Crees que toda la gente que ha experimentado los beneficios de la meditación son más inteligentes y capaces que tú? ¿Qué nadie más en el mundo ha tenido las mismas dudas y problemas? Hasta el mismísimo Buda tuvo que pasar por todo los obstáculos que hemos mencionado en sus diferentes versiones. Y si leyeras los <em>suttas</em>, seguramente te sorprendería la cantidad de problemas y complicaciones que se narran en ellos, desde los más básicos y evidentes, hasta los más retorcidos e inverosímiles. Seguramente no seas tan «especial», y a lo largo de la historia haya habido miles (si no millones) de meditadores mucho menos capaces  y aún así han logrado experimentar los beneficios de la meditación.</p>
<p>Espero que puedas dejar a un lado estos cinco obstáculos, que crezcan en ti las cinco facultades espirituales, y disfrutes de tus sesiones de meditación.</p>
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		<title>El Noble Óctuple Sendero</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Mono Yoga]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 12 Jan 2025 21:03:20 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Budismo]]></category>
		<category><![CDATA[dukkha]]></category>
		<category><![CDATA[jhana]]></category>
		<category><![CDATA[mindfulness]]></category>
		<category><![CDATA[samadhi]]></category>
		<category><![CDATA[sendero]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Tras reconocer que existe una insatisfacción inherente en nuestras vidas (dukkha), y haber expuesto que dicha insatisfacción tiene un origen, un cese, y un camino que lleva a su cese definitivo (las Cuatro Nobles Verdades), hoy veremos en qué consiste la cuarta de esas verdades: el Noble Óctuple Sendero. Como su propio nombre indica, está</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Tras reconocer que existe una insatisfacción inherente en nuestras vidas (<a href="https://monoyoga.es/budismo/la-historia-empieza-en-dukkha/" target="_blank" rel="noopener"><em>dukkha</em></a>), y haber expuesto que dicha insatisfacción tiene un origen, un cese, y un camino que lleva a su cese definitivo (<a href="https://monoyoga.es/budismo/las-cuatro-nobles-verdades/" target="_blank" rel="noopener">las Cuatro Nobles Verdades</a>), hoy veremos en qué consiste la cuarta de esas verdades: el Noble Óctuple Sendero.</p>
<p>Como su propio nombre indica, está compuesto de ocho partes. Aunque la enumeración de sus componentes tenga un orden determinado, no significa que el sendero se recorra de forma lineal (uno detrás de otro). A pesar de que al inicio hay una puesta en práctica ciertamente secuencial, todas sus partes se van desarrollando simultáneamente en mayor o menor medida, ya que cada una de ellas influye en el desarrollo de las demás. El Noble Óctuple Sendero se compone de:</p>
<ol>
<li>Recta visión (<em>sammādiṭṭhi</em>)</li>
<li>Recto pensamiento (<em>sammāsaṅkappo</em>)</li>
<li>Recta palabra (<em>sammāvācā</em>)</li>
<li>Recta acción (<em>sammākammanto</em>)</li>
<li>Recto medios de vida (<em>sammāājīvo</em>)</li>
<li>Recto esfuerzo (<em>sammāvāyāmo</em>)</li>
<li>Recta atención (<em>sammāsati</em>)</li>
<li>Recta concentración (<em>sammāsamādhi</em>)</li>
</ol>
<p>La palabra <em>sammā</em> tiene varios significados. En este contexto en concreto se traduce también como correcto o apropiado. Correcto no en el sentido de que esté bien o mal, sino de si conduce al final del sufrimiento o no. He continuado usando el adjetivo «recto» para mantener la congruencia con la entrada anterior.</p>
<p>Veamos la definición que da el Buda de cada uno de los componentes del Noble Óctuple Sendero:</p>
<h2>Recta Visión</h2>
<p>«¿Cuál es, monjes, la recta visión? Pues, monjes conocer el sufrimiento, conocer el origen del sufrimiento, conocer el final del sufrimiento, y conocer el camino que conduce al final del sufrimiento. A esto se le llama, monjes, recta visión.»¹</p>
<p>Aunque, como he comentado antes, el sendero no es lineal, la recta visión se considera su punto inicial y final. Necesitamos el punto de vista o perspectiva correctos para motivarnos y decidir comenzar a practicar el sendero. Al principio, una comprensión conceptual o intuitiva es lo que nos lleva a la práctica, y el resultado final de completar el sendero es una visión y un conocimiento experienciales, lo que resulta en la sabiduría que libera.</p>
<h2>Recto Pensamiento</h2>
<p>«¿Cuál es, monjes, el recto pensamiento? Pues, monjes, el pensamiento de renunciar, el pensamiento de no hacer daño, el pensamiento de no ser violento. A esto se le llama, monjes, recto pensamiento.»</p>
<p>También traducido como “recta intención”, el recto pensamiento informa nuestras acciones. Entendiendo que gran parte de nuestro sufrimiento proviene del deseo con apego, la mente comienza a inclinarse hacia la renuncia de ese deseo y de los objetos a los que nos ata. Comprender que los demás seres están en la misma situación que nosotros y desean lo mismo, nos hace abandonar la mala voluntad hacia otros.</p>
<h2>Recta palabra</h2>
<p>«¿Cuál es, monjes, la recta palabra? Pues, monjes, abstenerse de mentir, abstenerse de hablar maliciosamente, abstenerse de hablar groseramente, abstenerse de hablar frívolamente. A esto se le llama, monjes, recta palabra.»</p>
<p>Otras traducciones suelen coincidir en abstenerse de mentir, y definen las posteriores como abstenerse de hablar que cause cisma, abstenerse de hablar que sea demasiado duro, y abstenerse de hablar banalmente o de cotillear.</p>
<p>Recta acción</p>
<p>«¿Cuál es, monjes, la recta acción? Pues, monjes, abstenerse de matar seres vivos, abstenerse de tomar lo que no es dado, abstenerse de conducta sexual inapropiada. A esto se le llama, monjes, recta acción.»</p>
<p>El primer punto de los tres suele traducirse también como “no tomar vida” referido a seres sintientes, que serían aquellos que tiene una mente o consciencia, quedando las plantas excluidas de este grupo.</p>
<p>En cuanto al tercer aspecto de la recta acción, creo que merece una explicación un poco más detallada. Si no me equivoco, el original en pali sería <em>abrahmacariyā veramanī</em>, que se traduce por “abstenerse de no ser célibe” (es decir, serlo). Sin embargo, tanto en la fuente citada como en otros lugares utilizan la expresión “abstenerse de conducta sexual inapropiada” (<em>kāmesu micchācāra veramanī)</em>, que coincide con uno de los cinco preceptos que toman los budistas laicos. En este segundo caso, para un hombre, una pareja sexual inapropiada sería una mujer que es considerada pareja de otra persona, una mujer bajo la protección de un guardián o tutor (por ejemplo, alguien menor de edad bajo la protección de sus padres), o una mujer prohibida por convención (familiar directa, monjas u otras mujeres bajo voto de celibato, o aquellas prohibidas por alguna ley). Para una mujer, no sería un apropiado tener relaciones con cualquier hombre que no fuera su pareja, ni con un familiar cercano o alguien bajo voto de castidad. Aparte de esto, cualquier relación forzada, violenta o bajo coerción, sería también considerada inapropiada.</p>
<h2>Rectos medios de vida</h2>
<p>«¿Cuáles son, monjes, los recto medios de vida? He aquí, monjes, que un Noble discípulo renuncia a un medio de vida ilícito y se gana la vida por medios lícitos. A esto se le llama, monjes, rectos medios de vida.»</p>
<p>En otros pasajes, el Buda enumera con más detalle lo que considera medios de vida ilícitos. Los cinco principales: traficar con armas, con seres vivos (lo que incluye la trata de personas, la prostitución y tratar con animales para sacrificio), la producción de carne, de venenos y de intoxicantes (alcohol y otras drogas). En general, podría considerarse ilícito cualquier medio de vida que va en contra del Noble Octuple Sendero. Por ejemplo, una actividad en la que haya que mentir, robar, o hacer daño a los demás.</p>
<h2>Recto esfuerzo</h2>
<p>«¿Cuál es, monjes, el recto esfuerzo? He aquí, monjes, que un monje procura impedir que surjan estados mentales malignos y perjudiciales que no han surgido todavía, se esfuerza, genera energía, agudiza la mente y persevera. He aquí monjes, que un monje procura fomentar la renuncia a los estados mentales malignos y perjudiciales que ya han surgido&#8230; y persevera. He aquí, monjes, que un monje procura que surjan estados mentales beneficiosos que no han surgido todavía&#8230; y persevera. He aquí, monjes, que un monje procura mantener, conservar, clarificar, fomentar, desarrollar plenamente, cultivar y llevar a su perfección los estados mentales beneficiosos que ya han surgido. A esto se le llama, monjes, reto esfuerzo.»</p>
<h2>Recta atención</h2>
<p>«¿Cuál es, monjes, la recta atención? He aquí monjes que un monje vive contemplando el cuerpo en el cuerpo, fervoroso, lúcido y atento, eliminando la codicia y la frustración por lo mundano. He aquí, monjes, que un monje vive contemplando las sensaciones en las sensaciones, fervoroso, lúcido y atento, eliminando la codicia y la frustración por lo mundano. He aquí, monjes, que un monje vive contemplando la mente en la mente, fervoroso, lúcido y atento, eliminando la codicia y la frustración por lo mundano. He aquí monjes, que un monje vive contemplando los <em>dhammas</em> en los <em>dhammas</em>, fervoroso, lúcido y atento, eliminando la codicia y la frustración por lo mundano. A esto se le llama, monjes, recta atención.»</p>
<p>La palabra aquí traducida como atención es <em>sati</em>. Es probable que a muchos sati no os diga nada, pero si os cuento que a finales del siglo XIX, Thomas Williams Rhys Davis eligió la palabra <em>mindfulness</em> para traducir el término <em>sati</em> al inglés, seguro que ya os resulta más familiar. Los terminos atención, <em>sati</em> y <em>mindfulness</em> merecen sus propias entradas futuras.</p>
<h2>Recta concentración</h2>
<p>«¿Cuál es monjes, la recta concentración? He aquí, monjes, que un monje, retirado del deseo sensual, retirado de estados mentales perjudiciales, alcanza el primer <em>jhāna</em>, en el que hay gozo y felicidad nacidos del retiro y va acompañado de ideación y reflexión, y mora en él. Luego, al cesar la ideación y la reflexión, el monje alcanza el segundo <em>jhāna</em>, en el que hay gozo y felicidad nacidos de la concentración; está libre de ideación y reflexión, y va acompañado de unificación de la mente y serenidad interior, y mora en él. Luego, al desvanecerse el gozo, el monje permanece ecuánime, atento y lúcido, experimentando con el cuerpo aquel estado de felicidad que los Nobles llaman “Vivir feliz, atento y ecuánime”, con lo que alcanza el tercer <em>jhāna </em>y mora en él. Luego al renunciar al placer, al renunciar al dolor, y previa desaparición de la alegría y la frustración, el monje alcanza el cuarto <em>jhāna</em>, sin dolor ni placer, completamente purificado por la atención y la ecuanimidad, y mora en él. A esto se le llama, monjes, recta concentración.»</p>
<p>El término <em>samādhi</em>, traducido aquí como concentración, es usado también en otras tradiciones anteriores al budismo. Tanto el concepto de concentración como el de <em>jhāna</em> merecen también un comentario más exhaustivo en futuras entradas.</p>
<p>Hay que tener en cuenta que este discurso estaba dirigido a monjes discípulos del Buda, familiarizados con lo aquí expuesto y que posiblemente no necesitaran más explicación, pero puede que nosotros sí que la necesitemos.</p>
<p>Después de todo esto, te invito a hacerte las siguientes preguntas: ¿cuánto de lo explicado he entendido?, ¿creo que es cierto?, ¿merece la pena cultivar el Noble Óctuple Sendero? En la siguiente entrada os traeré una historia del Buda al respecto.</p>
<p>¹: Esta y todas las citas siguientes han sido extraídas de Bikkhu Boddhi, <i><a href="https://www.editorialkairos.com/catalogo/p/en-palabras-del-buddha" target="_blank" rel="noopener">En palabras del Buddha</a>. </i>Ed. Kairós.</p>
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