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	<title>compartir Archives - Monoyoga</title>
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	<description>El arte de moverse hacia la quietud</description>
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		<title>Conectar con otros</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Mono Yoga]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 19 Sep 2022 16:49:49 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El gran maestro de té, Sen No Rikyu, vivía en Kyoto con sus estudiantes. En aquella época, la gente entregaba sus productos a sus clientes más acaudalados por una puerta trasera, que generalmente daba a la cocina. Normalmente, un sirviente o las mujeres se encargaban de recoger las entregas. Pero Rikyu tenía debilidad por el</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>El gran maestro de té, Sen No Rikyu, vivía en Kyoto con sus estudiantes. En aquella época, la gente entregaba sus productos a sus clientes más acaudalados por una puerta trasera, que generalmente daba a la cocina. Normalmente, un sirviente o las mujeres se encargaban de recoger las entregas. Pero Rikyu tenía debilidad por el pescador local que le entregaba la captura del día, e insistía en recibir y saludar él mismo al pescador casi a diario. Era muy poco frecuente que las clases altas se relacionaran con la gente llana de ese modo, de manera que el pescador se ponía nervioso al principio, sin saber qué decir ni cómo decirlo.</p>
<p>Pero Rikyu apaciguó su inquietud rápidamente, y al poco tiempo los dos charlaban como si fueran viejos amigos. El pescador se dio cuenta de que Rikyu se interesaba por él sinceramente, y se sentía cómodo debatiendo de cualquier tema con él: sus problemas en casa, sus preocupaciones e intereses, así como los eventos más destacados de su vida diaria. Y cuanto más compartía, más parecía que el viejo maestro disfrutaba con sus conversaciones. Pronto se dio cuenta el pescador de que parte del corazón del <a href="https://monoyoga.es/reflexiones/instructor-profesor-maestro-amigo/" target="_blank" rel="noopener">maestro</a> se perdía soñando con una vida sencilla como la suya.</p>
<p>Un día, aunque Rikyu estaba muy ocupado, el pescador esperó largo tiempo para poder hablar con él. Cuando este llegó a la cocina, rápidamente notó que el pescador tenía algo en mente. Tuvo que insistir durante mucho tiempo al nervioso hombrecillo, que no hacía otra cosa que mirar hacia el suelo, hasta que al final lo soltó: «Maestro, sería un gran honor si aceptara venir a mi casa a tomar té». Inmediatamente se puso totalmente rojo, esperando que la invitación fuera rechazada. Para su sorpresa, el rostro de Rikyu se iluminó de gozo, le dio una palmadita en el hombro, y le levantó la mirada. «Me encantaría», dijo de manera sentida, y concretaron la fecha.</p>
<p>Rikyu hizo que uno de sus alumnos más avanzados le acompañara a la humilde cabaña costera del pescador. Tomaron té en <a href="https://monoyoga.es/filosofia/silencio-y-oracion/" target="_blank" rel="noopener">silencio</a> durante aproximadamente una hora, para después conversar mientras disfrutaban de una sencilla pero sabrosa comida. Durante el camino de vuelta, Rikyu se giró hacia su alumno diciendo: “¡Esta ha sido una de las sesiones de té más trascendentales de toda mi vida!”. El alumno se quedó perplejo, y tras un rato más caminando, no se pudo contener: “Maestro, ese hombrecillo hizo una chapuza con el té. ¡Lo hizo <i>todo</i> mal! ¡Si hasta casi rompe la tetera!”. Rikyu se detuvo, apoyó su mano en el hombro del alumno y le miró directa y profundamente a los ojos: “Ese hombre no nos invitó a su casa para mostrarnos su <a href="https://entrete.es/gong-fu-cha-el-maestro-es-el-te/" target="_blank" rel="noopener">habilidad preparando el té</a>”.</p>
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		<title>Caramelos</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Mono Yoga]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 18 Sep 2019 20:41:42 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Reflexiones]]></category>
		<category><![CDATA[caramelos]]></category>
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<p class="wp-block-paragraph">Los caramelos que han acompañado mis clases de yoga durante los últimos años cumplen varias funciones. Sirven para que, a quien no le haya gustado la clase, pueda irse a casa con buen sabor de boca a pesar de todo. También son una manera de poder recompensarnos por nuestro esfuerzo y ayudarnos a establecer el hábito de practicar (a nuestro cerebro le encantan las recompensas dulces). Y pueden formar parte de un ritual; como referencia para cerrar el proceso de la clase con conciencia, haciéndonos visitar el centro del círculo de esterillas e invitarnos a observar qué necesitamos llevarnos y <a href="https://monoyoga.es/generosidad/" target="_blank" rel="noreferrer noopener" aria-label="qué sentimos dar en ese momento (abre en una nueva pestaña)">qué sentimos dar en ese momento</a>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En los ya pocos días que restan de clases en el templo, además de los <a href="https://monoyoga.es/reflexiones/bote-la-caja-caramelos/" target="_blank" rel="noreferrer noopener" aria-label="caramelos de la caja de madera (abre en una nueva pestaña)">caramelos de la caja de madera</a> habrá más caramelos en botes de cristal. Os invito a que os llevéis un bote (o dos, no os cortéis) a casa. Los caramelos de ese bote pueden ser la recompensa cuando practiquéis a solas, para no perder la rutina. También pueden servir de recordatorio para practicar simplemente estando ahí; que cuando lo veamos surja el impulso de desenrollar la esterilla.  </p>



<p class="wp-block-paragraph">Por último, aunque no menos importante, sirven para compartir. Esa ha sido la intención que ha dado fuerza a mis clases de yoga durante estos años. Se pueden compartir los caramelos en sí mismos, con familiares o compañeros de trabajo. Pero lo que seguro compartiréis y habéis estado compartiendo de manera continua y posiblemente sin daros cuenta, son los frutos de <a rel="noreferrer noopener" aria-label="vuestra práctica (abre en una nueva pestaña)" href="https://monoyoga.es/meditacion-2/vuestra-practica/" target="_blank">vuestra práctica</a>. Eso es algo que, inevitablemente, habéis estado dando a todas las personas de vuestro alrededor. Y, a lo mejor, en un futuro, también compartís vuestra práctica dando clases. Puede que de manera esporádica a un par de amigos, o de forma organizada como profesores «oficiales» de yoga. Y os daréis cuenta de que la parte más importante de vuestra práctica ya no son los saludos al sol, ni <em>trikonasana</em>, ni siquiera el sentaros en <a href="https://monoyoga.es/meditacion/" target="_blank" rel="noreferrer noopener" aria-label="meditación (abre en una nueva pestaña)">meditación</a>; sino que uno de los pilares más importantes del yoga es, simplemente, compartir.  </p>
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