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	<title>cuento Archives - Monoyoga</title>
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	<description>El arte de moverse hacia la quietud</description>
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	<title>cuento Archives - Monoyoga</title>
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		<title>Los dos monjes y la mujer</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Mono Yoga]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 30 Jan 2020 16:56:30 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Budismo]]></category>
		<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Un joven monje y su maestro viajaban juntos cuando llegaron a un río con una corriente muy fuerte. Mientras se preparaban para cruzar, vieron aproximarse a una pequeña mujer, que les pidió ayuda para poder llegar a la otra orilla. Los dos monjes se miraron; habían hecho el voto de no tocar a una mujer.</p>
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<p class="wp-block-paragraph">Un joven monje y su maestro viajaban
juntos cuando llegaron a un río con una corriente muy fuerte.
Mientras se preparaban para cruzar, vieron aproximarse a una pequeña
mujer, que les pidió ayuda para poder llegar a la otra orilla.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los dos monjes se miraron; habían
hecho el voto de no tocar a una mujer.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Entonces, sin decir palabra, el maestro hizo un gesto invitando a la mujer a subir a sus hombros, la llevó atravesando el río y la dejó amablemente en el otro lado.  </p>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter size-full"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="450" height="262" src="https://monoyoga.es/wp-content/uploads/2020/01/up_52354b8ce849d1.95055940_lg.jpg" alt="Los dos monjes y la mujer" class="wp-image-1220" srcset="https://monoyoga.es/wp-content/uploads/2020/01/up_52354b8ce849d1.95055940_lg-200x116.jpg 200w, https://monoyoga.es/wp-content/uploads/2020/01/up_52354b8ce849d1.95055940_lg-300x175.jpg 300w, https://monoyoga.es/wp-content/uploads/2020/01/up_52354b8ce849d1.95055940_lg-400x233.jpg 400w, https://monoyoga.es/wp-content/uploads/2020/01/up_52354b8ce849d1.95055940_lg.jpg 450w" sizes="(max-width: 450px) 100vw, 450px" /></figure></div>



<p class="wp-block-paragraph">El monje más joven no podía dar
crédito a lo que acababa de ver. ¡Su respetado maestro había roto
su voto! Tras cruzar él también, los dos monjes continuaron su
camino.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Durante varias horas caminaron sin
decir palabra, el monje más joven sin parar de pensar en lo que
había sucedido. <br><br>Llegada la hora de parar para comer, el
joven monje no pudo contenerse más: «Como monjes, no nos está
permitido tocar a las mujeres. ¿Cómo ha sido capaz de llevar a esa
mujer sobre sus hombros?».</p>



<p class="wp-block-paragraph">El <a href="https://monoyoga.es/reflexiones/instructor-profesor-maestro-amigo/" target="_blank" rel="noreferrer noopener" aria-label="maestro (se abre en una nueva pestaña)">maestro</a> le miró y contestó: «Dejé a aquella mujer nada más llegar a la otra orilla. ¿Por qué todavía la llevas sobre tus hombros?».</p>
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		<title>Los tres hermitaños</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Mono Yoga]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 16 Jan 2020 17:50:29 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[cuento]]></category>
		<category><![CDATA[India]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Hace muchos años, tres parientes de mediana edad, dos hombres y una mujer, se hartaron de vivir en la gran ciudad. Habían tenido suficiente de la vida mundana: de los hijos, de sus parejas, de los trabajos, de las visitas, del dinero y, sobre todo, de la constante cháchara y parloteo que había que soportar</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Hace muchos años, tres parientes de
mediana edad, dos hombres y una mujer, se hartaron de vivir en la
gran ciudad. Habían tenido suficiente de la vida mundana: de los
hijos, de sus parejas, de los trabajos, de las visitas, del dinero y,
sobre todo, de la constante cháchara y parloteo que había que
soportar al llevar una vida «normal». 
</p>



<p class="wp-block-paragraph">Frustrados y cansados de ese estrés
incesante, anhelando quietud y soledad, decidieron retirarse a las
montañas y mantener noble silencio. Para sentirse más seguros, se
fueron juntos a la búsqueda del lugar donde pudieran comenzar sus
herméticas y aisladas vidas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tras vagar durante más de un año,
encontraron un lugar ideal en una remota región de los Himalayas,
donde un arroyo, cuevas, árboles frutales y multitud de plantas
comestibles les proporcionarían todo lo que los tres ascetas
pudieran necesitar. Allí se asentaron para pasar el resto de sus
vidas con la ecuanimidad que solo una vida a resguardo de la sociedad
les podría ofrecer. 
</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al cabo de poco tiempo los tres empezaron a recuperar su vitalidad y su salud, y con ellas, una sensación de <a href="https://monoyoga.es/yoga/la-paz-dentro-ti/" target="_blank" rel="noreferrer noopener" aria-label="paz (se abre en una nueva pestaña)">paz</a>, de felicidad y de armonía. Viviendo al ritmo de las estaciones, escuchando los cantos de los animales del bosque, junto al susurro de la brisa, el ulular del viento y el sonido del <a href="https://monoyoga.es/filosofia/agua/" target="_blank" rel="noreferrer noopener" aria-label="agua (se abre en una nueva pestaña)">agua</a>, practicaron yoga, <a href="https://monoyoga.es/meditacion/" target="_blank" rel="noreferrer noopener" aria-label="meditación (se abre en una nueva pestaña)">meditación</a>, y contemplaron el universo interior y exterior. Los tres disfrutaban su soledad, la cual hacía que se desplegara un espacio infinito dentro de ellos, y adoraban su silencio, el cual les sabía igual que la más dulce de las mieles.  </p>



<p class="wp-block-paragraph">Un día, un elegante potro salvaje
apareció en su territorio, pastó un poco, y cabalgó hacia el
interior del bosque de nuevo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">«¡Qué caballo negro tan bonito!»,
dijo uno de los hombres tres meses después.</p>



<p class="wp-block-paragraph">«No era negro, era marrón», le
corrigió el otro ermitaño cuando habían pasado otros seis meses.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un año más tarde, fue la mujer la que
habló enfurecida: «Si no dejáis de hablar, ¡me marcho de aquí!».</p>
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