Imagina una peonza. Estar en calma es como una peonza en perfecto equilibrio, girando tan rápido que parece inmóvil. Tiene esa apariencia no porque no se esté moviendo, sino porque se mueve a máxima velocidad.

Calma no es la ausencia o negación de energía, vida o movimiento. La calma es dinámica. Es movimiento sin conflicto, vida en armonía consigo misma, destreza en acción. La calma se puede experimentar cuando hay una participación total, desinhibida y sin oposición en el momento en el que te encuentras, cuando estás presente de todo corazón en lo que estás haciendo.

Sin embargo, para la mayoría de nosotros, la mayor parte del tiempo nuestra vida no se parece a una peonza en perfecto equilibrio, girando tan rápido que parece inmóvil. Nuestras vidas parecen más una peonza girando de forma caótica, errática, aleatoria. Sabemos que estamos vivos porque al menos todavía seguimos girando, pero no estamos perfectamente centrados, y tampoco giramos ni de lejos a máxima velocidad. No tenemos tanta energía como nos gustaría, no experimentamos tanta vitalidad como podríamos, y tampoco sentimos la paz de la calma o el disfrute de ser.

Peonza

La calma, por lo tanto, es un estado superior de energía al que no estamos acostumbrados. Y no estamos acostumbrados porque raramente hacemos las cosas de forma sincera e incondicional, de todo corazón. Cuando no haces las cosas de corazón, cuando preferirías estar en un lugar diferente del que estás, hay partes de ti que se cierran y dejan de participar. La circulación de tu energía se vuelve restringida, y la fuerza vital creativa no puede fluir a través de ti sin impedimento. Tu flujo de energía, la cantidad de fuerza vital que discurre a través de ti comienza a disminuir. La fuente de energía no disminuye, pero la que fluye por ti sí que lo hace. Esto nos lleva a enfermar, a sufrir, a sentirnos sin energía, sin vitalidad, carentes de entusiasmo, deprimidos, frustrados, infelices.

Sin embargo, cuando hacemos algo de todo corazón, cuando estás donde quieres estar y participas plenamente en el momento en el que estás (a veces de forma entusiasta, otras de forma más moderada) experimentarás una nueva sensación de vitalidad, una explosión de energía, un vigor renovado. Esto no sucede porque haya realmente un aumento de energía, sino porque ya no la estás restringiendo tanto. Ahora fluye mejor. Hay menos conflicto, menos fricción, menos no querer estar donde estás, y por lo tanto, para ti, la sensación es de mayor energía.

Esto ocurre cuando no intentas girar en sentidos opuestos al mismo tiempo. Giramos en sentidos opuestos cuando obramos a favor de deseos contradictorios, cuando tenemos un conflicto con lo que estamos haciendo, cuando no lo hacemos de todo corazón. Seguramente esto nos pase la mayor parte del tiempo. La calma sucede cuando tu interior se relaja y estás en armonía contigo mismo.

Esta es la clave: cuando te puedes experimentar a ti mismo en calma, cuando puedes brindar tu completa atención a experimentar la verdad sobre ti, experimentarás también la paz dinámica, tranquila y armoniosa que ofrece la energía vital cuando es abundante y está perfectamente centrada. […] Cuando sientes esta paz dentro de ti, se producirá de manera espontánea una transformación en la manera en que piensas sobre ti mismo y en la forma en la que ves el mundo. Nada te volverá a parecer lo mismo.

El yoga es una forma de movernos hacia la calma para experimentar la verdad sobre quiénes somos. Es también una manera de aprender a estar centrados en la acción de forma que tenemos siempre la más clara perspectiva de lo que está sucediendo y, consecuentemente, podemos obrar de la manera más adecuada. Por supuesto que el yoga no es la única manera de conseguir esto, pero es una manera excelente de hacerlo. Es un antiguo proceso diseñado para ayudar a destapar y descubrir tu verdadera naturaleza para que puedas vivir tu vida con esta nueva conciencia.