Las partes de la respiración

Si observas tu respiración, ¿cuántas partes distingues?, ¿cuáles son esas partes?

Partes de la respiración

Aunque la respuesta a la primera pregunta sea evidente para algunas personas, no creo que todo el mundo conteste «cuatro». Las partes más obvias de la respiración son los movimientos de ida y vuelta del aire, la inspiración y la espiración. Pero estos dos movimientos están ritmados por tiempos de pausa llamados apneas, que también son partes de la respiración.

Una apnea es cualquier momento de pausa del flujo respiratorio, pero hay dos apneas que se producen de forma natural en la respiración cotidiana, una después de la inspiración y otra tras la espiración. De forma general, la segunda suele ser más larga que la primera. Esa apnea más larga, el tiempo de pausa posespiratoria, tiene unas características fisiológicas particulares, que hacen que suponga un tiempo de descanso general para el organismo.

En hatha yoga, cuando realizamos pranayama, entre otros factores modificamos las duraciones y proporciones de esas cuatro partes de la respiración, según los efectos que estemos buscando. Puraka es el término para referirse a la inspiración, rechaka para la espiración, y khumbaka para las apneas; antar khumbaka cuando la apnea se produce con los pulmones llenos de aire y bahir khumbaka para la apnea que se produce después de la espiración.

Según la tradición hindú, tras practicar pranayama durante largo tiempo y de manera adecuada, el yogui puede suspender completamente la inhalación y exhalación a voluntad. Esta apnea extrema es llamada kevala khumbaka, y muchos la relacionan directamente con el estado de Samadhi, el último de los ocho miembros del yoga.

Cuando usamos la respiración como objeto de meditación, las sensaciones de los dos movimientos respiratorios suelen ser bastante tangibles. Sin embargo, en las apneas, ante la ausencia de sensaciones, es fácil que la mente aproveche para ir a buscar cualquier otro estímulo y distraerse. Permanecer conscientes de nuestro objeto (o de su ausencia) en esas pausas es fundamental.

Si practicamos para desarrollar nuestra concentración, es posible que, por el camino, en algunas fases, no seamos capaces de sentir que estamos respirando. Al principio será porque nuestra respiración se ha vuelto muy sutil y nuestra sensibilidad no se ha desarrollado lo suficiente para percibirla. Las primeras ocasiones en que esto suceda, es muy probable que el miedo y la falta de mindfulness hagan que, en lugar de dejar que todo se desarrolle naturalmente, realicemos una inhalación profunda que nos sacará del estado de concentración que habíamos alcanzado. Cuando parezca que hemos dejado de respirar, simplemente debemos esperar en el último punto donde hemos notado la respiración y esta, tarde o temprano, volverá a aparecer.

Posteriormente, si llegamos a desarrollar lo suficiente nuestra concentración, algunos textos y maestros nos dicen que, efectivamente, la respiración pulmonar cesará. Esto sucederá cuando alcancemos la cuarta jhana o nirodha·samāpatti*.

* La suspensión temporal de la consciencia, así como de la materialidad producida por esta y sus factores mentales asociados.

Dónde observar la respiración cuando meditamos

Observar la respiración es una de las formas de meditación más simples que, a simple vista, nos podemos encontrar. También puede que sea la más universal, siendo común a muchas culturas, religiones y prácticas.

A pesar de su aparente sencillez, el cómo y el dónde observemos la respiración cuando meditamos pueden influir de gran manera en los frutos que obtengamos de nuestra práctica.

Aunque hay numerosas maneras de hacerlo, hoy os voy a comentar tres de las más frecuentes (y más usadas al comenzar la práctica de la meditación) y sus ventajas e inconvenientes:

Seguir la respiración

De esta forma, lo que hacemos es seguir las sensaciones de la respiración a medida que entra y sale de nuestro cuerpo. Cuando el aire entre, seremos conscientes de la respiración desde el primer punto donde notemos la entrada del aire (puede que en el borde exterior o dentro de las fosas nasales) hasta el punto donde notemos que termina (normalmente alguna zona del abdomen). Cuando el aire salga, seremos conscientes de la respiración al contrario: desde el punto más interno hasta el punto más externo. De manera que seremos conscientes de las sensaciones de la respiración en esos dos puntos y a lo largo de todo el recorrido entre ambos.

Hay gente que se imagina ese recorrido y le resulta más fácil mantener la concentración así. En mi opinión, no deberíamos crear una imagen mental a nuestra voluntad, ya que esa no es la verdadera realidad de nuestra experiencia. Sin embargo, si nuestra mente crea una imagen visual de ese trayecto directamente formada por las sensaciones de nuestra respiración, creo que no hay problema.

La ventaja de seguir la respiración es que es una meditación más activa, y en la que siempre vamos a tener sensaciones para observar, de manera que es más probable lograr continuidad y aumentar nuestra concentración.

El inconveniente es que, al no estabilizar la atención en un punto, sino moverla continuamente, el grado máximo de concentración que podemos alcanzar es limitado. Es por ello que la considero una buena forma para practicar al principio, pero al cabo de un tiempo, cuando la mente se haya empezado a estabilizar, sería mejor pasar a observar la respiración en un punto concreto.

Observar la respiración en el abdomen

Dónde observar la respiración cuando meditamos

Una zona muy usada para observar las sensaciones de la respiración es el abdomen. Suele ser fácil notar la respiración en el abdomen, de manera que el objeto de meditación es bastante tangible. Sin embargo, algunas personas no notan que el aire llegue al abdomen cuando respiran. Si os sucede esto, se me ocurren un par de caminos a seguir:

El primero es mantener una atención relativamente abierta, en la cual seamos conscientes de las sensaciones en el lugar donde la respiración sea más evidente y, al mismo tiempo, de las sensaciones en el abdomen. Tras un tiempo observando, es posible que sigamos sin notar que el aire llega al abdomen, pero nos demos cuenta de que ciertas sensaciones en el abdomen cambian con la respiración; de manera que podemos ser conscientes de esas sensaciones, que hemos descubierto están ligadas a la respiración, aunque no parezca que la respiración llega hasta ahí.

Otra opción sería reeducar nuestra respiración, algo que va mucho más allá del objetivo de esta entrada, ya que hay numerosos motivos por los que puede que no notemos la respiración en el abdomen, cada uno de ellos con sus diferentes y respectivas soluciones.

Observar la respiración en las fosas nasales

Quizá la opción más frecuentemente enseñada sea observar la respiración en la entrada de la nariz; las fosas nasales. Aquí la respiración suele ser más sutil que en el abdomen, de manera que nuestra mente debe ser más sensible y estar más atenta para percibirla. Esto hace que el observar la respiración en las fosas nasales tienda a afilar más nuestra atención y hacer más profunda la concentración.

La contrapartida a esta sutileza es que puede ser difícil percibir la respiración en esta zona. Si no notamos nada, o si notamos el aire muy dentro de las fosas nasales en lugar de a la entrada, hay dos prácticas que nos pueden ayudar a desarrollar nuestra sensibilidad.

Una opción es practicar el primer ejercicio mencionado en este artículo, el seguir la respiración. Puede que al principio el punto más externo lo notemos alejado de la entrada de la nariz, y se sitúe más bien en la parte superior de las fosas nasales. Pero si continuamos practicando el seguir la respiración, seguramente iremos viendo como ese punto más externo se va moviendo, acercándose cada vez más al borde exterior de las fosas nasales.

Otro ejercicio que nos permite desarrollar nuestra sensibilidad en esa zona es observar las sensaciones de la respiración en una fosa nasal cada vez, mientras practicamos la respiración alterna.

febrero 4th, 2020|Tags: , , , |

Jala Neti: dale un lavado a tu nariz

Al igual que cualquier artesano mantiene sus herramientas en perfectas condiciones, un yogui ha de hacer lo mismo con las suyas. Y una de las herramientas principales a la que no le suelen prestar atención muchos yoguis actuales es la nariz. Tanto si nos movemos al ritmo de la respiración durante la práctica de asanas como si usamos la respiración como objeto en la meditación sentada, nuestra práctica será mucho más agradable y eficiente si nuestras fosas nasales están limpias y despejadas, de manera que el aire pueda fluir con facilidad por ellas. Incluso aunque no practiquemos yoga, desde que nacemos hasta que morimos estamos continuamente respirando, y la calidad de nuestra respiración influirá en la calidad de nuestra vida.

Un método para mantener limpia nuestra nariz es la práctica de lavados nasales, conocida como Jala Neti en yoga.

Preparativos para practicar Jala Neti

Neti Pot

Normalmente se utiliza una lota o neti pot, que es un recipiente con una boquilla, la punta de la cual se introduce en la fosa nasal para que entre la solución salina. Dicha solución la prepararemos con agua ligeramente caliente (la temperatura corporal es suficiente) y sal. Podemos usar sal común sin yodar (cloruro sódico), aunque algunas fuentes recomiendan cloruro potásico para obtener mejores resultados. La proporción es aproximadamente de media cucharilla de sal por cada neti pot de agua, aunque puede que tengamos que ajustar la concentración según el tamaño de la lota y nuestras sensaciones, por ejemplo, si notamos irritación o ligera quemazón por dentro al pasar el agua. También es conveniente tener a mano un pañuelo para limpiarnos la nariz y un recipiente para que caigan el agua y los moquetes, o hacerlo sobre el lavabo.

Cómo realizar Jala Neti

Puedes hacerlo en el baño, delante del espejo para tener una referencia visual y sobre el lavabo para que caigan los residuos, insertando la boquilla de la lota por una fosa nasal e inclinando la cabeza hacia el lado contrario y ligeramente hacia delante hasta que la gravedad haga que el agua encuentre su camino hacia arriba de la primera fosa nasal y salga por el otro lado. El agua no debe subir a los cornetes ya que eso causa una sensación desagradable en la parte superior de la cabeza. Si eso sucede, es que estás inclinando la cabeza demasiado hacia atrás. También puede suceder que el agua caiga a la garganta, seguramente por tener la cabeza inclinada hacia atrás o por no respirar con suficiente amplitud por la boca. Las primeras veces que hagas Jala Neti puede que tengas que experimentar con el ángulo de inclinación hasta dar con el adecuado.

Jala Neti

Suénate la nariz para eliminar los restos de agua y mocos (ver el siguiente apartado para los detalles) y vuelve a llenar el neti pot con la solución salina para repetir el proceso por el otro lado.

Secando y eliminando los restos de agua

Al terminar Jala Neti es muy importante eliminar o secar todos los restos de agua que hayan podido quedar en las distintas cavidades de la cabeza. Para sonarnos la nariz yo distingo dos formas; la que hemos hecho toda la vida para sonarnos «desde la nariz», o desde el abdomen usando Kapalabhati. Si tenemos los oídos sensibles, posiblemente notaremos que la segunda opción es mucho más suave para estos. Nos sonaremos repetidas veces desde distintos ángulos, sin tapar nunca ambos lados de la nariz a la vez, por ejemplo:

  • Con la cabeza y el tronco erguidos, tapando la fosa nasal derecha, y sonándonos o haciendo Kapalabhati por la fosa nasal izquierda unas 10 veces o hasta que notemos que ya no va a salir nada más. Repetiremos el proceso con la fosa nasal derecha y luego con ambos lados de la nariz a la vez.

  • Con la cabeza y el tronco paralelos al suelo, flexionando desde la cadera. Miraremos hacia la izquierda, de manera que tendremos la cabeza ladeada, y haremos lo mismo que en el paso anterior, repitiendo en la otra fosa nasal y cambiando el sentido hacia el que ladeamos la cabeza. Después miraremos hacia abajo y lo haremos con ambas fosas nasales a la vez.
  • Podemos también limpiar ambos lados de la nariz a la vez en posturas invertidas, ya sea en perro cabeza abajo o como si fuéramos a subir al apoyo sobre la cabeza, pero sin elevar las caderas ni levantar las piernas.

También puede ayudar a sacar el agua restante rotar el cuello. A mí me sucede a veces que a pesar de notar la nariz despejada y haber hecho Kapalabhati o haberme sonado la nariz en todas las posturas anteriores, cuando hago rotaciones articulares que implican mover la cabeza inclinándola el agua sale sin esfuerzo.

Limpia y aclara el neti pot y deja que se seque al aire libre.

Puedes practicar Jala Neti todos los días como parte de tu rutina de yoga (yo lo hago), especialmente para ayudar con la sinusitis crónica.

Beneficios de practicar Jala Neti

Una vez le coges el truco, Jala Neti se tarda muy poco en hacer. Deja la nariz limpia, la respiración más libre y la mente se siente más despejada y alerta. Puede ayudar a aliviar los síntomas de sinusitis (la sinusitis crónica es uno de los problemas de salud con mayor prevalencia en Europa y Estados Unidos), asma, alergias nasales y resfriados. Resensibiliza la nariz, especialmente en fumadores, lo que podremos notar en nuestro sentido del olfato y a la hora de practicar pranayamas o concentrarnos en la respiración. Es muy útil si vas a practicar la respiración alterna y necesitas poder respirar por ambos lados de la nariz.

Contraindicaciones de Jala Neti

Si la nariz está muy taponada debido a un fuerte resfriado, si sangra o hay una infección interna, es mejor abstenerse de realizar Jala Neti.

Evitarlo también si tenemos dolor de oído.

Mejor practicarlo a primera hora de la mañana con el estómago vacío, y evitar hacerlo después de las comidas y por la noche (aunque esto último puede que queramos hacerlo si lo usamos varias veces al día como terapia).

diciembre 4th, 2018|Tags: , , , |

Respiración Alterna (Anuloma Viloma, Nadi Shodhana)

Los ejercicios de respiración alterna en yoga ayudan a equilibrar cuerpo y mente, dejándonos en un estado mental relajado pero alerta. También aumentan la sensibilidad para percibir y ser conscientes de la respiración en las fosas nasales. Hay numerosos patrones que pueden ser practicados con la respiración alterna. A este tipo de respiración (o a algunos de sus patrones en concreto; cada linaje y tradición difieren en su denominación) también se lo conoce como Anuloma Viloma, Nadi Shodhana o Nadi Shuddhi.

Posición de la mano en la respiración alterna

Dobla los dedos índice y corazón de la mano derecha, de forma que toquen cerca de la base del pulgar, quedando el meñique apoyado contra el dedo anular.

Mudra para la respiración alterna en yoga

Shanka Mudra o Vishnu Mudra. Shanka significa caracola, objeto que porta Vishnu en una de sus cuatro manos.

Técnica I de respiración alterna

Siéntate con la espalda erguida y relajada y cierra los ojos. Prepara la mano derecha con el mudra y descansa la izquierda sobre la rodilla. El ciclo es el siguiente:

1. Cierra el orificio nasal derecho con el pulgar de la mano derecha, e inhala y exhala 5 veces por el orificio izquierdo. Permanece atento a cada respiración.

2. Tras la quinta exhalación, abre el orificio derecho y cierra el izquierdo con el dedo anular. Inhala y exhala 5 veces por el lado derecho.

3. Tras la quinta exhalación, descansa la mano y realiza 5 respiraciones completas usando ambas fosas nasales.

Practica de 3 a 5 rondas.

Ten cuidado de no empujar con la mano de manera que se incline la cabeza, ni tampoco torciendo el septum. Tradicionalmente solo se utiliza la mano derecha para realizar la respiración alterna, pero si notamos que acumulamos excesiva tensión en el brazo o en el hombro podemos ir cambiando la mano con la que aplicamos los cierres.

Al finalizar tu práctica, tómate siempre un tiempo para observar sus efectos. ¿Cómo describirías tu estado mental?

Técnica II de respiración alterna

  1. Cierra la fosa nasal derecha e inhala por la izquierda.

  2. Exhala por la derecha.
  3. Inhala por la derecha.
  4. Exhala por la izquierda.

Practica de 5 a 20 rondas, finalizando cuando exhales por el lado izquierdo. Cada 4-5 ciclos abre momentáneamente los ojos y comprueba tu postura.

Tómate unos instantes para observar los efectos de tu práctica. Si has realizado en otras ocasiones la primera técnica de respiración alterna, ¿cómo se comparan con ella los efectos de esta segunda técnica?

Respiración alterna con cuenta

Una vez nos hemos familiarizado con las formas más elementales de respiración alterna, podemos incorporar una cuenta mental. Esta nos servirá primeramente para asegurarnos de que tanto la inhalación como la exhalación tienen la misma duración. Comienza con una cifra que sea cómoda de alcanzar, y ve incrementándola poco a poco, sin que haya sensación de tensión o incomodidad. El hecho de que el ciclo respiratorio se vaya alargando debe ser consecuencia de la aceptación y la relajación, no del esfuerzo o el uso agresivo de la fuerza de voluntad. Contar puede ser una buena manera de mantener la mente concentrada, especialmente si tendemos a distraernos.

octubre 12th, 2018|Tags: , , , |

Kapalabhati: la respiración purificadora

Qué es Kapalabhati

Kapalabhati se podría traducir como “cráneo resplandeciente” (de kapal: cráneo y bhati: limpiar, purificar, iluminar) y es una de las prácticas yóguicas más importantes de purificación. Kapalabhati es un patrón de respiración con exhalaciones rápidas asistidas por fuertes contracciones del abdomen. Ayuda a tonificar los músculos abdominales y disminuye los niveles de dióxido de carbono a la vez que satura el cuerpo de oxígeno, de manera que uno se siente alerta y despierto tras solo unos minutos de práctica.

Cuándo realizar Kapalabhati

Puede ser utilizado como parte de nuestra rutina habitual por las mañanas, o cuando nos sintamos con poca energía, soñolientos, y necesitemos “animarnos”. Como nos recarga de energía, es mejor evitarlo por las noches ya que dificultaría el sueño, y reducir la duración de su práctica en verano o cuando haga mucho calor.

Es recomendable practicar Kapalabhati antes de cualquier otra técnica de pranayama, ya que es una preparación ideal para todos los pranayamas.

Contraindicaciones de Kapalabhati

No debe practicarse Kapalabhati justo después de comer, ni tampoco durante la menstruación o el embarazo, ya que las fuertes contracciones abdominales pueden resultar perjudiciales. Aquellas personas con problemas cardíacos y presión arterial alta también deben evitar esta práctica. Las personas con hernias discales puede que descubran que la fuerte presión abdominal irrita su problema de espalda. Tampoco se recomienda si tenemos problemas de útero, retina o sangrados nasales.

Cómo realizar Kapalabhati

Siéntate con la espalda erguida y relajada. Tómate unos instantes para conectar con tu respiración. Tras ello, comienza a tirar de la parte inferior del abdomen hacia dentro con las exhalaciones, mientras permites que las inhalaciones se produzcan de manera espontánea. Hazlo cuatro o cinco veces hasta que cojas el tranquillo de mover el abdomen como un fuelle. Ahora empieza a acelerar tus exhalaciones de manera que exhales una vez por segundo. Con cada golpe de abdomen producirás un sonido parecido al de un tren antiguo de vapor que empieza a andar, o al de un pequeño motor intentando arrancar (puedes escucharlo en el vídeo que hay al final del artículo). La exhalación es activa y la inhalación debe ser completamente pasiva; cuando se relajan los músculos abdominales, el vacío en los pulmones hará automáticamente que el aire entre. Tras un minuto, descansa y respira de forma natural durante unas diez respiraciones antes de comenzar otra ronda de exhalaciones rápidas. Realiza tres rondas en total, tomándote tu tiempo para descansar y respirar normalmente entre cada ronda.

Para el principiante es importante mantener la integridad, el vigor y la amplitud de cada respiración, en lugar de incrementar su frecuencia, aunque esto signifique al principio realizar 30 o 40 respiraciones por minuto.

Cuando te acostumbres al ritmo de una exhalación por segundo, puedes intentar exhalar cada medio segundo, de manera que realices 120 exhalaciones por minuto. Asegúrate de no tensar la parte superior del cuerpo, los ojos ni el rostro, sino mantener la acción concentrada en la parte inferior del abdomen, bombeando la respiración con un movimiento rápido y enérgico en cada exhalación. Entre cada ronda simplemente observa como tu respiración va cambiando. Puede que sea más larga y profunda de lo habitual. También observa como tu estado mental cambia, y si tu cuerpo se siente con más energía.

Una vez que seas experto en realizar Kapalabhati a través de ambas fosas nasales, puedes practicar por un lado de cada vez. Haz tres rondas cerrando el orificio izquierdo y exhalando e inhalando por el derecho, asegurándote de descansar entre rondas. Después cambia al orificio izquierdo otras tres rondas. Finalmente, termina tu práctica respirando por ambos lados otras dos o tres rondas.

Tómate siempre unos momentos para sentir los efectos de la práctica. Una vez conozcas cómo esta te afecta a ti personalmente, puedes decidir cuándo usarla. La próxima vez que sientas la necesidad de un chute de cafeína, prueba a practicar Kapalabhati en su lugar.

En el siguiente video Surinder Singh (el profesor con el que hice la formación en India en 2013) da indicaciones sobre Kapalabhati. Podéis ir directamente a ver como lo realiza a partir del minuto 1:13

enero 20th, 2018|Tags: , , |

Yoga: cambiando los hábitos estresantes del cerebro

Tres veces a la semana mi padre conduce a las 7 de la mañana en dirección a un estudio de danza a cinco manzanas de la playa. En la luminosa sala de suelo de madera un hombre musculoso con la cabeza afeitada y en bañador susurra instrucciones en una mezcla de inglés y sánscrito. Mi padre, y el resto de la clase (la mayoría actrices bronceadas y flexibles en mallas negras de Lululemon) se doblan y retuercen en extrañas posturas. Las ventanas se empañan con la condensación de la respiración colectiva.

Mi padre lleva asistiendo a clases de yoga más de 6 años. A mí siempre me han interesado el ejercicio y los deportes, pero no entendía qué había de extraordinario en esta rara técnica de estiramiento prolongado. También tenía un interés paralelo en neurociencia, pero poco me imaginaba que esta antigua práctica cambiaría mi entendimiento sobre la relación entre el cuerpo y el cerebro.

El yoga puede, supuestamente, mejorar el sistema inmune y los síntomas de la depresión, así como reducir el dolor crónico, el estrés y la presión arterial. Estas afirmaciones han sido hechas por los yoguis a lo largo de los años, y sonaban a tonterías new age. Sin embargo, y sorprendentemente, toda esa lista de beneficios está respaldada por investigaciones científicas.

Puede sonar a cosa de magia que posar como un guerrero orgulloso o como un cuervo pueda tener tamaños efectos, pero no es magia. Es neurobiología. La siguiente frase puede sonarte o muy profunda o tremendamente obvia, pero todo se resume en esto: las cosas que haces y los pensamientos que tienes cambian los patrones de funcionamiento y la composición química de tu cerebro. Incluso actos tan simples como cambiar tu postura, relajar los músculos faciales, o ralentizar tu frecuencia respiratoria pueden afectar a tu actividad cerebral (más allá de la actividad necesaria para llevar a cabo la acción). Estos cambios son a menudo pasajeros, pero pueden ser duraderos, especialmente si implican el cambio de un hábito.

La primera vez que madrugué para ir con mi padre a yoga, tenía en la cabeza la imagen de una habitación repleta de gente contorsionándose lentamente para alcanzar la iluminación. Cuando la clase estaba a punto de comenzar, mi padre masculló desde la esterilla de al lado: “Se supone que tienes que respirar a través de la nariz a la vez que constriñes la parte posterior de la garganta para hacer un sonido como el del océano”. Aquello sonaba un poco entre hippy y cursi, pero lo probé de todas formas, solo para descubrir después que ese era uno de los factores clave del efecto del yoga en el cerebro.

En quince minutos estaba chorreando tanto sudor que apenas podía sostener un perro cabeza abajo. Pero a lo largo de todas las posturas, el instructor seguía mencionando como se suponía que debíamos mantener nuestra respiración calmada y con un ritmo constante. ¿Calmados? ¿En serio? Mis músculos temblaban mientras intentaba mantenerme en la postura de una flexión de brazos a 6 centímetros del suelo. Cuando el profesor nos pidió que giráramos de tal manera que el hombro derecho descendiera por debajo de la rodilla derecha, apenas podía llenar mis pulmones. Nos pidió que nos arqueáramos hacia atrás, y mi columna crujió y se resistió dolorosamente a mis esfuerzos. ¿Calmados? ¡Pero si quería que nos quedáramos apoyados sobre nuestras cabezas!

Como neurocientífico, a pesar de mi inicial incredulidad, me di cuenta de que el yoga funciona no porque las posturas sean relajantes, sino porque son estresantes. Son los intentos por permanecer calmado durante este estrés lo que produce el mayor beneficio neurobiológico de la práctica del yoga.

Tu cerebro tiende a reaccionar de forma automática ante la incomodidad y la desorientación, disparando la respuesta fisiológica al estrés y activando un ansioso diálogo entre el córtex prefrontal y el más emocional sistema límbico. La respuesta al estrés en sí misma incrementa la probabilidad de tener pensamientos angustiosos como el de “me va a dar un tirón” o “no puedo mantener esta posición por más tiempo”. Y de hecho, esos pensamientos a su vez agravan la respuesta al estrés.

Curiosamente, a pesar de las diferentes formas de situaciones estresantes en las que una persona puede encontrarse (quedarte sobre la cabeza, huir de un león, acabar un informe a las 5 de la mañana), el sistema nervioso solo tiene una respuesta ante el estrés. Los pensamientos específicos que tengas pueden cambiar, pero las áreas del cerebro involucradas y la respuesta fisiológica serán las mismas. La reacción fisiológica al estrés conlleva un aumento de la frecuencia cardiaca, de la frecuencia respiratoria, de la tensión muscular e incremento del cortisol y otras hormonas del estrés.

Lo fascinante de la interacción cuerpo-mente es que funciona en ambos sentidos. Por ejemplo, si estás estresado, tus músculos se tensarán (preparándose para huir de un león), y esto te llevará a un modo de pensar más negativo. Relajar esos músculos, en particular los músculos faciales, llevará al cerebro en el otro sentido, lejos del estrés y hacia pensamientos más relajados. De igual manera, bajo una situación de estrés tu frecuencia respiratoria aumenta. Ralentizar tu respiración apartará la respuesta al estrés de tu cerebro y llevará a este nuevamente hacia pensamientos más calmados.

¿Cómo encajamos todo esto? Como ya he comentado, la respuesta al estrés en el sistema nervioso es activada de forma refleja por las sensaciones de desasosiego y confusión. La torsión de tu columna, el ácido láctico producido por tus músculos tensándose, la incómoda sensación cuando estamos cabeza abajo, la incapacidad de respirar; todo ello son diferentes formas de desasosiego y confusión, y tienden a llevarnos automáticamente a un estado mental tenso y a la activación de la respuesta al estrés en todo el sistema nervioso. Sin embargo, el hecho de que esta respuesta sea automática no significa que sea necesaria. Es, de hecho, un hábito del cerebro. Uno de los principales propósitos del yoga es reentrenar este hábito de manera que tu cerebro deje de invocar automáticamente la respuesta al estrés.

Algunas personas pueden pensar que la respuesta al estrés es un reflejo innato y que por lo tanto no puede ser modificada. Esta respuesta es parcialmente innata, y parcialmente aprendida en las etapas iniciales de la infancia. Sí, la respuesta al estrés ya viene descargada e instalada en tu primer sistema operativo. Sin embargo, esta tendencia se ve aumentada por años de refuerzo. Particularmente te empapas de cómo los que te rodean, principalmente tus padres, reaccionan ante situaciones estresantes. Sus reacciones se programan en tu sistema nervioso. Pero no porque un hábito sea innato y después reforzado significa que sea inmune al cambio. Casi cualquier hábito puede ser cambiado, o al menos mejorado, mediante la repetición de un nuevo hábito.

Para darte un ejemplo de cómo cambiar una reacción innata similar, voy a cambiar totalmente de tercio y asumir que tenemos un problema con el reflejo faríngeo (el que evita que nos atragantemos con alimentos o bebidas). Probablemente la primera vez que intentáramos beber una cerveza entera de un trago este reflejo nos lo impediría. Pero con la práctica constante (que muchos hemos llevado a cabo en la realidad), al final suprimimos gran parte de ese reflejo. Al igual que con el reflejo faríngeo, el hecho de que tu respuesta al estrés sea innata y automática no significa que no pueda ser modificada mediante la práctica sostenida e intencionada.

Para algunas personas el levantarse a las 6:30 de la mañana para ir a una clase de yoga disparará automáticamente su respuesta al estrés. La buena noticia es que no necesitas ir a una clase para practicar yoga. Las posturas que la mayoría de la gente asocia con el yoga son simplemente una forma en particular de practicar yoga llamada asana (asana se traduce como “postura”). La práctica de asanas te desafía de un modo específico, pero la vida misma te ofrece numerosos desafíos de por sí. Ante cualquier situación estresante puedes intentar las mismas técnicas para calmarte; respirar lento y profundo, relajar los músculos de la cara, limpiar tu cabeza de pensamientos angustiosos, concentrarte en el momento presente. De hecho, aplicar estas técnicas a la vida real es de lo que trata el yoga en realidad. Yoga es simplemente el proceso de prestar atención al momento presente y calmar la mente. Con el paso del tiempo comenzarás a reentrenar tu reacción automática al estrés, y a reemplazarla por otra que te conduzca más hacia la felicidad y el bienestar general.

Tras volver varias veces a la clase de yoga de mi padre, llegué finalmente a la conclusión de que no solo puedes practicar yoga en la vida real, sino que también puedes ir a una clase de yoga y no estar realmente practicando yoga. Algunas de las personas que estaban alrededor de mi padre, especialmente en una ciudad tan preocupada con la imagen corporal como Los Ángeles, pueden simplemente estar poniendo sus piernas detrás de la cabeza, y aun así no concentrarse en mantener su respiración calmada y constante, o sus mentes despejadas. Puede que estén pensando en cualquier otra cosa.

chica con piernas detras de la cabeza

¿Está esta chica haciendo yoga?

Sin la intención sostenida de concentrarse en el presente y calmar la mente, ir a una clase de yoga puede ser una actividad mecánica realizada por inercia. Si lo pienso, ¿quién sabe si mi padre está realmente haciendo yoga y no simplemente mirando a las mujeres que se ponen las piernas detrás de la cabeza? Por mi parte, todo lo que puedo decir es que desde mi esterilla puedo oír su respiración yendo y viniendo, profunda y lentamente como el océano, y que no tiene ningún problema en quedarse apoyado sobre la cabeza.

Artículo original en inglés:

https://www.psychologytoday.com/blog/prefrontal-nudity/201109/yoga-changing-the-brains-stressful-habits