Vuestra práctica

Normalmente, cuando practicamos esperamos algo: si nos esforzamos duramente, nuestra práctica mejorará. Si nos fijamos una meta en la práctica, acabaremos alcanzándola. Tenemos la idea de que la práctica mejorará cada día y que será buena para nuestra salud y nuestro estado mental. Aunque esto sea cierto, significa que no la comprendemos del todo.

Practicamos también sabiendo que la meta no se alcanza al cabo de uno o dos años, sino que está aquí mismo. Aquí está la meta de la práctica. Cuando practicáis con esta comprensión, os estáis ocupando de muchas cosas y, al mismo tiempo, estáis concentrados, totalmente dedicados a la práctica que estáis haciendo en ese preciso momento.

Podéis decir: «Mi práctica no es lo bastante buena para sentir la meta o todo el significado que conlleva en ese preciso momento». Pero aunque digáis que vuestra práctica no es lo bastante buena, por ahora es la única que tenéis. Sea buena o mala, es vuestra práctica. La única forma de abordar una práctica perfecta es aceptarse a sí mismo. Decir que vuestra práctica es mala no la ayuda en nada, como tampoco decir que es excelente. Vuestra práctica es vuestra práctica. Solo la estáis catalogando de buena o mala, eso es todo.

Suzuki, Shunryu. No siempre será así.

septiembre 3rd, 2019|Tags: , , |

Frecuencia, volumen, intensidad.

La frecuencia, el volumen y la intensidad son tres de los parámetros con los que trabajamos cuando entrenamos. Según cada persona, considerará su práctica personal más como un entrenamiento físico o como un entrenamiento mental o espiritual. Independientemente de la etiqueta que le pongamos podemos jugar con esos mismos parámetros, aunque de manera diferente según la intención que tengamos.

Frecuencia, volumen, intensidad

Frecuencia

La frecuencia es la cantidad de veces en un período de tiempo en que se realiza un entrenamiento, y posiblemente sea el primer parámetro que incrementaremos cuando nuestra práctica se haga más seria.

Si practicamos hatha yoga, notaremos una gran diferencia si vamos a clase con una frecuencia de una vez a la semana o tres. Generalmente, entrenar una vez a la semana nos hará mantener nuestras capacidades o que disminuyan lo mínimo posible. Una frecuencia de tres veces a la semana nos debería dar un progreso bastante palpable, aunque depende de los otros parámetros. Y una de las diferencias que suele haber entre los alumnos y los maestros es que los primeros practican con poca frecuencia y los segundos han llegado a ser lo que son porque han practicado a diario durante años.

Muchas veces vamos a talleres de yoga y aprendemos cosas intelectualmente que en ese momento no podemos plasmar físicamente. La clave para llegar a esto último es una práctica frecuente en casa o en clase. De hecho, es muy común que la gente use los talleres como si fueran una clase, pero se ahorrarían mucho dinero y progresarían mucho más si lo aprendido en el taller lo practicaran a menudo en casa. Dos ejemplos clásicos, aunque parezcan muy distintos son hacer el pino y meditar. Si vamos solo de vez en cuando a un taller sobre el tema, nuestro progreso será lento y difícil. Aunque en total vayamos a muchos talleres, si la frecuencia es baja seguramente no tendremos mucho éxito.

Si nuestra práctica es meditativa, también es muy importante la frecuencia. En un retiro de meditación la frecuencia es máxima; se medita todos los días y además con muchas sesiones al día. Si no estamos en un retiro, podemos sentarnos a meditar también todos los días en casa. Y muchos meditadores disciplinados sacan tiempo para dos o tres sentadas diarias.

Además de las meditaciones formales largas, podemos tomarnos uno o varios momentos durante el día para reconectar con nuestra meditación. Una respiración, un minuto, dos, cinco… Aunque pueda parecer poco (porque es poco volumen), el hecho de hacer que la frecuencia sea alta nos ayuda en nuestra práctica. Si nos sentamos por la mañana para encender el fuego de la meditación, esos otros breves momentos nos sirven para que ese fuego no se apague a lo largo del día.

Idealmente, nuestra meditación acabará permeando nuestra vida, y al final llegaremos a una frecuencia máxima: nuestra vida será meditación.

Volumen

El volumen se podría definir como la cantidad total de actividad efectuada en el entrenamiento. En el caso del yoga y la meditación, el indicador más común para medir el volumen sería el tiempo.

Si practicamos yoga un par de veces a la semana durante una hora y media y queremos empezar a practicar más, lo más lógico es aumentar antes la frecuencia (tres, cuatro, cinco días) que el volumen (hacer dos clases seguidas o una de tres horas). Es mucho más beneficioso hacer una hora todos los días que varias horas un día y nada el resto de la semana.

Si ya tenemos una frecuencia alta, como por ejemplo hacer todas las mañanas cuatro saludos al sol o meditar cinco minutos, lo que incrementaremos será el volumen/tiempo de práctica.

Cuando vamos a clases de yoga, la duración de las mismas suele ser de entre una hora y hora y media, pero cuando practicamos en casa creo que tendemos a la pereza y a hacer bastante menos. ¿Os pasa que las prácticas se vuelven automáticamente más cortas si os ponéis a solas que si vais a clases dirigidas? Hay varias maneras de alargar nuestras sesiones de hatha yoga; mantener las posturas durante más respiraciones, añadir posturas, incorporar pranayama, aumentar el número de repeticiones en los ejercicios, realizar una relajación al terminar, o unir la meditación a la práctica de asanas.

En la práctica formal de meditación creo que hay una dosis mínima para notar una gran diferencia y pasar ese primer escalón grande que nos solemos encontrar cuando empezamos a meditar. Diría que sentadas de 30 o 45 minutos dan muchos más frutos que las que duran menos de 20. Obviamente, es un 50 % o un 125 % más de volumen, pero la diferencia en los resultados es exponencial. Aunque depende de cada persona, creo que hay una línea que normalmente no da tiempo a pasar si no le dedicamos ese tiempo a la sesión de meditación. Nuestra mente, al igual que ciertos alimentos, necesita un mínimo de tiempo de cocción. Lamentablemente, cuando se trata de meditar, no todos tenemos una olla express ni podemos comprar una mente ya «cocinada» como hacemos con la comida.

Intensidad

En Occidente estamos cada vez más adaptando el yoga a nuestra mentalidad. Parece que si una práctica no es verdaderamente intensa físicamente, no vale para nada. La cultura que nos dio el yoga no pretendía desarrollar ejercicios gimnásticos espectaculares, pero para muchos occidentales eso es lo que el yoga representa por muchas palabras bonitas con las que los adornemos. No nos damos cuenta de que el yoga no vale como un entrenamiento occidental, sino que es una meditación dinámica donde la respiración y el movimiento se vuelven uno, creando distintos grados de movilidad, estabilidad, resistencia, fuerza, paciencia y concentración que pueden aumentar la calidad de nuestro día a día.

Si nuestro yoga se vuelve demasiado intenso nos hará perder sensibilidad y quedarnos sin respiración. El movimiento y la respiración ya no serán uno. La meditación dinámica se verá interrumpida.

La manera de aumentar la intensidad en la meditación no es mediante la fuerza bruta, sino aumentando los dos parámetros anteriores: la frecuencia y el volumen. Eso es un retiro de meditación, y eso es lo que esperamos que sea finalmente toda nuestra vida. Practicar constantemente durante horas, días, semanas, meses, años… en cada acto que realicemos. Nuestra sensibilidad no solo no disminuirá, sino que aumentará de forma que muchos no pueden ni imaginar. El fuego de la meditación nos permitirá ir quemando obstrucciones, penetrar el velo de la realidad cotidiana y, finalmente, ver la realidad última.