Preparando la mente para meditar

Antes de que nos pongamos realmente a meditar, necesitamos prepararnos. En cualquier ocasión en que queramos hacer algo, necesitamos prepararnos para ello. Si te preparas de verdad para lo que vas a hacer, es sorprendente lo natural y fácil que se vuelve cuando lo haces. Igual que cuando el agricultor o jardinero que quieren cultivar, lo primero que hacen es preparar la tierra. Sin ese paso, simplemente arrojando las semillas, algunas puede que broten, pero es muy probable que se marchiten pronto y no lleguen a dar frutos. Puede que no crezcan adecuadamente porque la tierra carece de nutrientes, no retiene el agua de forma adecuada, o porque su consistencia no permita el desarrollo de las raíces.

Del mismo modo, la persona que quiere cultivar sus cualidades internas tiene que preparar la tierra. Ambas actividades tienen muchas similitudes. Puede que conozcas el significado de la palabra pali “bhavana”. Uno de sus significados es cultivar. Bhavana significa literalmente “hacer crecer algo”. La raíz de la palabra es “bhu”, que significa crecer. Cultivar algo implica que tienes la semilla (o la parte necesaria de la planta), por lo tanto tienes algo que cultivar. Si no tienes semillas, no puedes cultivar nada. Pero tener la semilla no es suficiente, tienes que preparar la tierra. Cuando preparas la tierra, lo primero que haces es quitar las malas hierbas, limpiar el terreno. Esto es algo que también debemos hacer en nuestras vidas. Es natural que aparezcan malas hierbas. Observa tu vida con detenimiento, tu estilo de vida, y descubre qué tipos de malas hierbas hay. Algunas puede que lleven mucho tiempo ahí y hayan desarrollado raíces fuertes, como por ejemplo un mal hábito, y que lleve tiempo arrancarlas. Quitar las malas hierbas, las piedras, o cualquier otro impedimento, es algo muy importante.

Si realmente te gusta hacer algo, no escatimes tu esfuerzo. Mucha gente pregunta cuánto tiempo tienes que permanecer sentado para desarrollar samadhi (concentración), cuánto necesitan meditar para alcanzar Nibbana. ¿Quién puede saberlo? Si realmente disfrutas haciéndolo, eres feliz simplemente por el mero hecho de hacerlo; esta felicidad te brinda mucha motivación. ¡Por favor, no regatees! La gente quiere dar lo mínimo posible y recibir lo máximo. Creo que esta actitud no es la adecuada, especialmente en lo que concierne a la meditación. También en otras áreas de tu vida, como en las relaciones; si quieres dar poco y recibir mucho, al final no obtendrás nada. La verdad es que recibes tanto como das. Si das poco recibirás poco, si te das completamente recibirás mucho. Cuando medites, mira profundamente dentro de tu mente. ¿Por qué estás meditando? ¿Realmente quieres hacerlo? Cuando hagas una cosa, sin importar lo que sea, tendrás que hacer algunos sacrificios, dejar de lado otras. Al igual que para sentarte a meditar o ir a un retiro, tienes que renunciar a algo.

Nuestra naturaleza humana es básicamente espiritual; dentro de nosotros tenemos bellas cualidades como la compasión, el amor incondicional, la atención plena, la paz mental. Ya tenemos las semillas y queremos cultivarlas.

La paz dentro de ti

Imagina una peonza. Estar en calma es como una peonza en perfecto equilibrio, girando tan rápido que parece inmóvil. Tiene esa apariencia no porque no se esté moviendo, sino porque se mueve a máxima velocidad.

Calma no es la ausencia o negación de energía, vida o movimiento. La calma es dinámica. Es movimiento sin conflicto, vida en armonía consigo misma, destreza en acción. La calma se puede experimentar cuando hay una participación total, desinhibida y sin oposición en el momento en el que te encuentras, cuando estás presente de todo corazón en lo que estás haciendo.

Sin embargo, para la mayoría de nosotros, la mayor parte del tiempo nuestra vida no se parece a una peonza en perfecto equilibrio, girando tan rápido que parece inmóvil. Nuestras vidas parecen más una peonza girando de forma caótica, errática, aleatoria. Sabemos que estamos vivos porque al menos todavía seguimos girando, pero no estamos perfectamente centrados, y tampoco giramos ni de lejos a máxima velocidad. No tenemos tanta energía como nos gustaría, no experimentamos tanta vitalidad como podríamos, y tampoco sentimos la paz de la calma o el disfrute de ser.

Peonza

La calma, por lo tanto, es un estado superior de energía al que no estamos acostumbrados. Y no estamos acostumbrados porque raramente hacemos las cosas de forma sincera e incondicional, de todo corazón. Cuando no haces las cosas de corazón, cuando preferirías estar en un lugar diferente del que estás, hay partes de ti que se cierran y dejan de participar. La circulación de tu energía se vuelve restringida, y la fuerza vital creativa no puede fluir a través de ti sin impedimento. Tu flujo de energía, la cantidad de fuerza vital que discurre a través de ti comienza a disminuir. La fuente de energía no disminuye, pero la que fluye por ti sí que lo hace. Esto nos lleva a enfermar, a sufrir, a sentirnos sin energía, sin vitalidad, carentes de entusiasmo, deprimidos, frustrados, infelices.

Sin embargo, cuando hacemos algo de todo corazón, cuando estás donde quieres estar y participas plenamente en el momento en el que estás (a veces de forma entusiasta, otras de forma más moderada) experimentarás una nueva sensación de vitalidad, una explosión de energía, un vigor renovado. Esto no sucede porque haya realmente un aumento de energía, sino porque ya no la estás restringiendo tanto. Ahora fluye mejor. Hay menos conflicto, menos fricción, menos no querer estar donde estás, y por lo tanto, para ti, la sensación es de mayor energía.

Esto ocurre cuando no intentas girar en sentidos opuestos al mismo tiempo. Giramos en sentidos opuestos cuando obramos a favor de deseos contradictorios, cuando tenemos un conflicto con lo que estamos haciendo, cuando no lo hacemos de todo corazón. Seguramente esto nos pase la mayor parte del tiempo. La calma sucede cuando tu interior se relaja y estás en armonía contigo mismo.

Esta es la clave: cuando te puedes experimentar a ti mismo en calma, cuando puedes brindar tu completa atención a experimentar la verdad sobre ti, experimentarás también la paz dinámica, tranquila y armoniosa que ofrece la energía vital cuando es abundante y está perfectamente centrada. […] Cuando sientes esta paz dentro de ti, se producirá de manera espontánea una transformación en la manera en que piensas sobre ti mismo y en la forma en la que ves el mundo. Nada te volverá a parecer lo mismo.

El yoga es una forma de movernos hacia la calma para experimentar la verdad sobre quiénes somos. Es también una manera de aprender a estar centrados en la acción de forma que tenemos siempre la más clara perspectiva de lo que está sucediendo y, consecuentemente, podemos obrar de la manera más adecuada. Por supuesto que el yoga no es la única manera de conseguir esto, pero es una manera excelente de hacerlo. Es un antiguo proceso diseñado para ayudar a destapar y descubrir tu verdadera naturaleza para que puedas vivir tu vida con esta nueva conciencia.

Un lago tranquilo

Sentirse insatisfecho no es algo malo. No es insano. La insatisfacción es un síntoma del deseo de libertad de nuestro corazón.

Cuando nos sentimos insatisfechos, en lugar de decir “¡Argh, esto es horrible!”, simplemente date cuenta de que en ese momento somos conscientes de nuestras limitaciones. La insatisfacción es una señal de que hemos llegado al límite de lo que podemos tolerar, nos hemos topado con un muro, y algo dentro de nosotros no quiere ir más allá de ese límite, de ese muro. Pero tenemos una elección: podemos engrosar ese muro (o construir otro) distrayéndonos, o podemos dejar ir, y al dejar ir el muro se desvanece. Cuanto más dejamos ir, más vamos talando el tronco de nuestro “yo”, del ego con el que tenemos que vivir. Dejar ir en este contexto no es solamente un sinónimo de liberación y dicha, sino que es algo muy práctico. Cada vez que dejamos ir, nos estamos liberando a nosotros mismos. 

Buda no dijo que no tuviéramos que tener ningún deseo. Él reconoció que vivimos en un mundo de energía inquieta, de anhelo, de descontento, y nos dio unas enseñanzas que nos permiten investigar la realidad de este mundo. Enseñó un camino de investigación, pero no podemos hacer uso de esa habilidad para investigar el reino de nuestra mente y nuestro cuerpo de forma minuciosa y exhaustiva a menos que hayamos cultivado previamente una cierta cantidad de paz, de sosiego.

La mente es frecuentemente comparada con un lago o estanque. Si las aguas del lago están constantemente agitadas, revueltas, es difícil llegar a ver el fondo. Solo podemos ver el fondo del lago cuando el agua se ha calmado y está quieta. Al igual que un lago, nuestra mente puede estar también agitada, revuelta, o calmada, quieta.

Un lago tranquilo

Una de las condiciones para ser capaces de investigar la naturaleza de nuestra mente es la capacidad de encontrar quietud. Este es el primer paso en la meditación, aprender a sosegarnos. A menos que hagamos esto, estaremos siempre en un estado de inquietud y preocupación. Hasta que no tengamos una cierta cantidad de quietud interior, seremos incapaces de ver con claridad la naturaleza cambiante de nuestras emociones, pensamientos y hábitos, y la manera en que estos nos influyen a nosotros mismos o afectan a otras personas.

Para empezar a meditar, calmamos la mente simplemente concentrándonos, dirigiendo nuestra atención hacia un objeto que sea tranquilizador. Por ejemplo, podemos meditar en la respiración. No necesitamos concentrarnos demasiado intensamente en ella, lo suficiente para notar el ritmo natural de la respiración. Observar la respiración no nos cuesta dinero, y es algo que está siempre disponible, por lo que no tenemos excusa para no aprender a tranquilizar nuestra mente.

Recuerda, no hay claridad mental mientras exista agitación y turbulencia. No seremos capaces de llegar al punto de profunda percepción donde la mente es realmente transformada si tenemos una sensación constante de agitación.

Eso no significa que siempre vayamos a tener éxito cuando intentemos calmar nuestra mente. No significa que nuestros hábitos nunca nos vayan a dominar y a llevarnos de vuelta a nuestra antigua rutina. Pero siempre tendremos una enseñanza, un método, que nos ayudará a salirnos de esa rutina. Con el tiempo, a medida que aumenta nuestra habilidad para ver de forma más clara y profunda, no necesitamos que se produzcan unas condiciones especiales, podremos hacerlo en cualquier circunstancia.

En medio de la situación más intolerable seremos capaces de encontrar quietud, el ojo de la tormenta.

 

Seeds of Dhamma

Ajahn Sundara

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El precio de la Iluminación: Entrevista a Bhikkhu Thanissaro

Bhikkhu Thanissaro Bhikkhu Thānissaro, también conocido como Ajaan Geoff y bautizado al nacer (1949) como Geoffrey DeGraff, es un monje budista Theravada americano de la Orden Dhammayut (Dhammayutika Nikaya), de la tradición tailandesa del bosque kammatthana. Actualmente es el abad del Metta Forest Monastery en el condado de San Diego. Es un traductor prolífico y notablemente habilidoso del Pāli Canon. También es autor de varios libros gratuitos sobre el Dhamma. Fue introducido en las enseñanzas de Buda en su época de instituto, durante un vuelo desde Filipinas. Tras graduarse en 1971 en Historia Intelectual Europea por el Oberlin College, viajó a Tailandia, donde practicó meditación bajo la instrucción de Ajaan Fuang Jotiko, quien a su vez fue estudiante de Ajaan Lee. Fue ordenado monje en 1976 en Wat Asokaram, el templo de Ajaan Lee donde el sobrino de este, Phra Rajvarakhun (Samrong Gunavuddho), hizo de preceptor en su ordenación. Después se trasladó a Wat Dhammasathit, donde continuó estudiando con Ajaan Fuang.

Antes de la muerte de Ajaan Fuang en 1986, este expresó su deseo de que Ajaan Geoff se convirtiera en abad de Wat Dhammasathit. Tiempo después de la muerte de su profesor, el puesto de abad le fue ofrecido, pero con “condiciones” y sin autoridad, ya que era un occidental en un monasterio fundado por y para monjes tailandeses. En lugar de aceptar ese cargo, viajó al condado de San Diego en 1991 bajo petición de Ajaan Suwat Suvaco, para ayudar a fundar el Metta Forest Monastery, del que se convertiría en abad en 1993. En 1995, Ajaan Geoff se convirtió en el primer bhikkhu de origen no tailandés nacido en América al que se le otorgaba el título, la autoridad y la responsabilidad de preceptor (Upajjhaya) en la Orden Dhammayut.

¿Puede, por favor, decirme lo que significa la palabra “dana” en la tradición budista Theravada?

Thanissaro Bhikkhu: Literalmente significa regalo. Está asociada a la palabra “caga” que significa generosidad. Las dos van de la mano.

¿Cuáles son los requerimientos para que alguien acepte dana? Por ejemplo, ¿hace falta ser monje y tomar ciertos preceptos o vivir de una determinada manera?

Thanissaro Bhikkhu: No. Dado el hecho de que dana significa regalo, cubre todo, desde un regalo corriente que puedes dar a un miembro de tu familia o un amigo, hasta lo que puedes ofrecer a un miembro de la Shanga. Las expectativas, sin embargo, difieren según el cómo y el porqué se da. Si eres un miembro de la Shanga que vive del dana de la gente, hay una serie de requerimientos sobre cómo comportarte antes de recibir el regalo y cómo lo usas una vez lo has recibido. Eso se hace para preservar la buena fe de los donantes y ayudar a mantener viva la institución monástica.

Pedir directamente una “donación sugerida”, ¿se considera técnicamente dana en el sentido que tiene la palabra en el budismo Theravada?

Thanissaro Bhikkhu: Técnicamente hablando, podría contar como dana. Es como el regalo que le das a un mendigo. Pero es un abuso de la tradición en la que dana, en sentido budista, es enseñada y practicada. Una de las reglas que siguen los monjes es la de no sugerir una donación de ninguna forma. Si la gente se ofrece de antemano, por ejemplo diciendo “si necesita algo, hágamelo saber”, o si formulan el ofrecimiento de manera que le ponen límites, entonces puedes pedir dentro de esos límites. Pero incluso en ese caso hay que tener en cuenta lo que la persona es capaz de dar, y lo que le gustaría dar.

En la tradición Theravada, la cultura del dana está diseñada para mantener la confianza en ambas partes. En ese contexto, se consideraría un abuso si alguien pide una “cantidad sugerida”. Un regalo debe ser ofrecido libremente, de manera que también pueda ser recibido con libertad. Eso asegura que no hay condiciones.

¿Debe el estudiante sentirse, de alguna forma, obligado? ¿O sentir que tiene una deuda por las enseñanzas?

Thanissaro Bhikkhu: La única obligación es que trates las enseñanzas con respeto, como harías con cualquier regalo. En otras palabras, que las pongas en práctica con sinceridad.

¿Hay dana que sea insano? ¿Como dar demasiado, o demasiado poco, o dar de forma inadecuada?

Thanissaro Bhikkhu: Sí, si te haces daño a ti mismo o a la otra persona con el regalo. Esto significa, por un lado, dar por encima de tus posibilidades, y por el otro, dar algo que el receptor no debería utilizar. Eso sería considerado inapropiado.

¿Cuáles son los requerimientos para que un profesor laico acepte dana?

Thanissaro Bhikkhu: No hay reglas específicas en cuanto a cómo se tienen que comportar los profesores laicos en cuanto al dana, pero cuando se vuelva una práctica institucionalizada van a apreciar la sabiduría de la cultura budista tradicional del dana. Si continúas poniendo presión sobre la gente para que dé, o si utilizas incorrectamente su generosidad, va a haber una respuesta negativa. Por ejemplo, he conocido mucha gente que se ha ofendido por las charlas sobre dana al final de los retiros, porque no importa con cuanto cuidado lo articules, la intención subyacente es obvia: “Dame. Dame más de lo que pretendías dar”. Ese tipo de intenciones resultan muy ofensivas cuando vienen de gente que te ha estado enseñando a ser compasivo y desprendido.

¿Cuál es su punto de vista sobre una persona laica cobrando por una clase de meditación?

Thanissaro Bhikkhu: Uno de los problemas es si resulta o no apropiado el cobrar por algo que originalmente fue dado gratis. Los profesores laicos, originariamente, obtuvieron su conocimiento sobre meditación de los monásticos, pero después ellos lo han cambiado y cobran por ello. Es como si Walt Disney coge un cuento de hadas de la cultura popular, de dominio público, y lo convierte en un producto Disney y reclama derechos de propiedad sobre él.

El segundo problema es que aquellos que pagan por un servicio, son los que deciden si lo que reciben vale el dinero que han pagado por ello. Comienzan a tener voz para decidir lo que merece o no merece ser enseñado, porque, después de todo, es su dinero. Y pagarán por lo que quieren, y no por aquello que no quieren.

En un caso como este, los profesores se vuelven muy sensibles al tipo de enseñanza que le agrada a la audiencia y la que no. Incluso cuando esta sensibilidad no es consciente, empieza a condicionar lo que se enseña y lo que no. Por ejemplo, si comienzas a enseñar sobre el karma y las vidas pasadas, y la gente en la audiencia muestra con sus gestos que no quieren escuchar estas cosas, empiezas a dejarlas a un lado. De esta forma este “Dharma en venta” (Dharma-for-sale) se convierte inevitablemente en Dharma distorsionado.

Una vez escuché sobre una clase de psicología conductual que enseñaba un profesor en el MIT. El profesor tenía la costumbre de andar de un lado a otro enfrente de la clase mientras explicaba, y los estudiantes (siendo estudiantes del MIT) decidieron realizar un experimento de psicología conductual con el profesor sin decírselo. Cuando este se encontraba en el rincón izquierdo del aula, le miraban intencionadamente y tomaban apuntes. Cuando estaba en el rincón derecho, miraban por la ventana, se hacían los aburridos, etc. No pasó mucho tiempo hasta que le tuvieron enseñado a no andar más y quedarse en el rincón izquierdo. Y él no se dio cuenta de lo que le habían hecho.

Lo mismo sucede con demasiada facilidad cuando enseñas el Dharma por dinero. El profesor no es ni siquiera consciente de que determinados temas se han quedado fuera de su discurso.

Cuando Buda dijo que no se debía comerciar con el Dharma (Dhamma en pali), ¿hay excepciones a esta regla o algún resquicio?

Thanissaro Bhikkhu: No dentro de la vida monástica. Las reglas son muy claras en cuanto a que los monjes y monjas no deben comerciar con el Dharma a cambio de favores. Hubo una ocasión en la que una persona laica ofreció a Buda un “honorario” como profesor. Buda lo consideró tan inapropiado que le dijo a la persona que lo tirara.

El principio de que se debe permitir a la gente dar voluntariamente es una muestra importante de uno de los aspectos distintivos de la enseñanza de Buda sobre el karma: que tienes el poder de decidir sobre lo que haces. Permitir total libertad a la gente en cómo ofrecen sus regalos hace que el poder de elección sea algo real en sus vidas.

Y en cuanto al trueque, ¿también se considera comerciar?

Thanissaro Bhikkhu: Sí.

En algunas de las otras tradiciones budistas, algunos profesores piden una cantidad fija por los retiros, talleres, meditaciones o charlas. Usan palabras como “coste”, “aportación”, “entrada”. Algunos utilizan “donación sugerida” pero dejan claro que sin pagarla no vas a recibir ninguna enseñanza. ¿Cuál es su opinión sobre esto?

Thanissaro Bhikkhu: Creo que es desafortunado que hagan eso. El Dharma se convierte en un producto, lo que lo somete a las fuerzas del mercado. Una de las más elementales lecciones del Dharma es la generosidad, y una de las mejores maneras de inspirar a otras personas a ser a su vez generosas con otras es siendo generosos con el Dharma, enseñar el Dharma gratis. Esto crea la atmósfera adecuada para que la gente reciba el Dharma como un regalo, en cuyo caso lo apreciarán más. Si lo reciben como un producto, será más fácil que lo desechen.

Hablando de mercados, usted mencionó anteriormente a Walt Disney y la venta del Dharma. De hecho he visto que ciertos profesores budistas registran como marca ciertos aspectos del Dharma. ¿Ha tenido noticia de ello?

Thanissaro Bhikkhu: Sí, he oído sobre el tema.

Cuando escucha eso, ¿qué es lo primero que le viene a la cabeza?

Thanissaro Bhikkhu: Es prostituir el Dharma. O puede que sea mejor decir que es convertir el Dharma en un “producto procesado del Dharma”, lo mismo que cuando tienen que etiquetar las cosas como processed food-product porque no son realmente comida.

¿Cuáles son los aspectos kármicos de prostituir el Dharma? ¿Qué dijo Buda sobre comerciar con el Dharma? ¿Habló alguna vez sobre el tema?

Thanissaro Bhikkhu: Básicamente dijo que, como profesor, debes observar tu motivación para enseñar, y la motivación nunca debe incluir la idea de que esperas una recompensa monetaria. Buda nunca explicó las consecuencias kármicas de ir en contra de este principio, pero es fácil apreciar que terminarás distorsionando el Dharma. Cuando distorsionas el Dharma para otros, tú mismo no vas a quedar expuesto a otra cosa sino al Dharma distorsionado. Y no hará falta que esperes hasta tu próxima vida para que eso suceda. Empezarás a justificar tus acciones a ti mismo ahora, y eso marchitará tu sensibilidad para apreciar lo que es Dharma genuino y lo que no. Incluso cuando escuches Dharma que es genuino, tu actitud distorsionará lo que escuches.

¿Cuál diría que es el menor de estos dos males: que no haya enseñanzas budistas de ningún tipo, o enseñarlas a alguien a cambio de alguna forma de tarifa?

Thanissaro Bhikkhu: (Risas) Esas nunca son las dos únicas opciones. Hay una tercera opción: ofrecer las enseñanzas gratis.

Pero muchos de estos profesores dicen que no tienen elección y que se sienten llamados a enseñar o “compartir”, a comunicar la verdad a otros. Dicen que, para enseñar/compartir/comunicar a tiempo completo necesitan ganar dinero para pagar sus facturas, su hipoteca, el crédito del coche, los gastos de sus viajes, el alojamiento, la comida, etc. Eso es lo que me dicen a mí.

Thanissaro Bhikkhu: El profesor haría mejor en encontrar otra ocupación y, entonces, con el tiempo libre que le quedara, ofrecer el Dharma gratis.

Entonces, ¿está diciendo que no hay razón ninguna para enseñar esto por dinero?, ¿la gente debería conseguir un trabajo para ganar dinero y enseñar aparte el Dharma gratis?

Thanissaro Bhikkhu: Exacto.

¿Y qué me dice de crear algún tipo de centro de meditación sin ánimo de lucro con profesores laicos profesionales que pidan una tarifa y donaciones para hacerlo funcionar? ¿Qué piensa sobre esto?

Thanissaro Bhikkhu: Me preocupa que, en organizaciones como esas, las necesidades de la organización lleguen a ser lo primordial: pagar a los empleados, pagar a los gestores, pagar la publicidad. Incluso las organizaciones sin ánimo de lucro tienen que cuadrar las cuentas, y sería demasiado fácil empezar a seleccionar el Dharma para que coincida con las necesidades de la organización y dejar aparte el resto. Esto no significa que las órdenes monásticas sean totalmente incapaces de distorsionar el Dharma, pero están diseñadas para minimizar las presiones que conducirían en esa dirección. Los gastos de estructura son bajos y la cultura monástica fomenta la frugalidad. Las grandes organizaciones con presupuestos enormes, sin embargo, son costosas de llevar por naturaleza. Sus necesidades tienden a modelar los ideales y puntos de vista de la gente que trabaja para ellas.

¿Y sobre dar a otro “guía”, “orientación”, “coaching” y cobrar por hora a cambio de consejos o sugerencias sobre espiritualidad, jhana o meditación vipassana?

Thanissaro Bhikkhu: Cuando los profesores dicen que esperan una “compensación justa” por su tiempo, y miden esa compensación en dinero, se convierte en un comentario triste que refleja como la mentalidad del mercado capitalista ha invadido todos y cada uno de los aspectos de nuestra cultura, incluyendo las mentes de los profesores del Dharma. Incluso los economistas se están empezando a dar cuenta de que hay límites morales en los mercados, que hay ciertas áreas donde no puedes permitir que el mercado irrumpa en las interacciones entre las personas, de lo contrario todo se corrompe. Uno esperaría que la gente que enseña el Dharma fueran de las primeras a la hora de darse cuenta de esto.

¿Existe algo como estar “inspirado por dana?

Thanissaro Bhikkhu: Hay tres maneras en las que el dana puede ser inspirador.

La primera es cuando tú eres el receptor de algo que obviamente ha requerido algún sacrificio por parte del donante. Cuando era monje en Tailandia, había unos cuantos hogares muy pobres en el camino donde yo pasaba a por comida. Algunas de las chabolas eran apenas suficiente para que dos personas cupieran tumbadas. Incluso así, los habitantes de esas chabolas ponían comida en mi cuenco: un trozo de salchicha o pescado seco. Cada vez que eso ocurría, me sentía especialmente obligado a practicar duro ese día, porque había sido el beneficiario de la generosidad de una persona pobre. Eso siempre me inspiraba.

La segunda manera es cuando eres el receptor de un regalo gratuito del Dharma. Mi profesor y los otros profesores de su generación tuvieron que poner sus vidas en juego para encontrar el Dharma. El hecho de que él me lo diera de manera gratuita mostraba su genuina preocupación por mi bienestar. Sentir su compasión y que se preocupaba fue realmente inspirador. Era como si me considerara de su familia. No puedes tener esa misma sensación cuando se cobra un precio por el Dharma. Como Lewis Hyde dijo en su libro The Gift, cobrar por algo crea barreras entre los vendedores y los compradores potenciales. Los regalos que se dan gratis disuelven esas barreras.

La tercera manera de ser inspirado por el dana es cuando ves a alguien siendo generoso con otra persona. Te recuerda lo que hace valiosa la interacción humana, y te hace querer ser partícipe también.

¿Hacia dónde cree que se dirige esto en el futuro? ¿A un modelo de negocio más occidental como las marcas registradas o crear centros de meditación laicos, o hacia una vuelta al modelo de dana tradicional?

Thanissaro Bhikkhu: Creo que vamos a terminar con ambos. Cuando registras el Dharma, va a haber una campaña publicitaria para promocionar ese “producto del Dharma”, para convencer a la gente de que es una mejora respecto al Dharma antiguo, y habrá gente que irá a por ello. Pero entonces estarán aquellos que se rebelarán, que valorarán el tipo de Dharma que pueden aprender en una cultura donde los profesores encarnan los principios del Dharma en su forma de enseñar. Por lo que creo que vamos a terminar con ambos modelos, y la gente tendrá que decidir si se deja llevar por el despliegue publicitario o busca algo con sustancia.

Gracias a John, de http://www.nondualitymagazine.org por su trabajo y por su permiso para traducir y publicar esta entrevista. Podéis encontrar más entrevistas a profesores de diferentes tradiciones en su página web.

Enlace a la publicación original: http://www.nondualitymagazine.org/nonduality_magazine.priceofenlightenment.theravada.bhikkhuthanissaro.htm