Reflexión sobre los alimentos

En varios centros de Tailandia donde he meditado, es costumbre recitar una reflexión sobre los alimentos que se van a tomar. Es una adaptación de la reflexión que deben hacer los monjes a la hora de hacer uso de la comida que les es donada cada día. La traducción al castellano de la fórmula usada en dichos centros me ha quedado así:

Con sabia consideración tomo esta comida,

no para distraer mi mente,

ni para embriagarme.

No para engrandecer mi cuerpo,

ni para embellecerme.

Solo para nutrirme,

seguir con vida y con salud;

para alimentar la vida espiritual.

De esta forma, dejo ir las sensaciones desagradables

sin provocar otras nuevas.

Así, el proceso de la vida continúa,

libre de culpa, en paz.

En un retiro es muy fácil hacer una pausa, teniendo tu plato de comida ya listo, para hacer esta reflexión sobre los alimentos antes de comer, porque todo el mundo hace la pausa y se recitan esas frases en grupo. En casa, sin embargo, es muy probable que la impulsividad que solemos acarrear nos invite a no hacer ninguna pausa, sino a comer con el mismo ritmo frenético y la poca conciencia de lo que estamos haciendo con los que realizamos casi todas las actividades en nuestro día a día.

Me parece muy interesante tomar verdaderamente un momento con la comida delante de nosotros y reflexionar sinceramente también en casa antes de empezar a comer. ¿Voy a comer esto porque lo necesito o para evadirme de mis emociones o pensamientos? ¿Es de alguna manera alguno de estos alimentos tóxico para mi mente o cuerpo? ¿Es realmente nutritiva y saludable esta comida? ¿Me alimento para resultar más atractivo o impresionar a los demás? ¿Me he servido y voy a comer lo justo para saciar mi hambre, o voy a terminar todo lo que haya en el plato aunque sienta que voy a reventar?

En los retiros de meditación suele haber una especie de bufé en el que nos servimos la cantidad que consideramos adecuada, la calidad de la comida es buena, y el tipo de alimentos que nos ofrecen facilita la práctica de la meditación. En la mayoría de centros ofrecen dos comidas al día (desayuno y almuerzo), aunque es tradicional que los yoguis y monjes coman solo una vez por día. Resulta curioso observar los distintos comportamientos y actitudes de la gente a la hora de servirse, sobre todo cuando algún alimento en concreto, por ejemplo los dulces, están «contados».

Reflexión sobre los alimentos durante un retiro de meditación en Wat Suan Mokkh (Tailandia)
Comida y tarjeta con la reflexión que se recita en los retiros de Suan Mokkh y Dipabhavan

Si prestamos atención a lo que comemos, podemos aprender mucho. Puede que descubramos que nuestro cuerpo literalmente nos pide ciertos tipos de alimentos, e incluso podremos diferenciar cuándo nos los pide porque los necesita para funcionar correctamente de cuando lo hace para tapar algún agujero emocional. Notaremos qué cosas digerimos mejor, y cuáles nos producen sensaciones desagradables como menciona el texto de arriba, ya sean de pesadez, somnolencia, acidez, etc. A lo mejor llegamos a observar incluso cómo distintos alimentos promueven distintos estados mentales y emocionales en nosotros.

Os aconsejo que toméis un momento para reflexionar antes de cada comida, para ser conscientes de vuestros hábitos actuales, y para tomar conciencia de qué tipo de vida estáis, literalmente, alimentando.

junio 15th, 2020|Tags: , , , |

Contar respiraciones

Un método muy antiguo y extendido para ayudarnos a mantener la atención en la respiración cuando meditamos es el de contar respiraciones. Al igual que hay muchas maneras de observar la respiración, también hay numerosas formas de contar respiraciones para conseguir estabilidad mental. A continuación os explico dos de ellas.

Contar la duración de la respiración

Un método es contar la duración de los movimientos de la respiración: la inhalación y la exhalación:

  • Inhalando: «Uno, dos, tres…» (hasta lo que dure la inhalación); exhalando: «Uno, dos, tres…».
Contar respiraciones

También podemos añadir algo antes del número que contamos para que nos ayude a no acelerar la cuenta y hacer que contemos con un ritmo constante, de más o menos un segundo por número:

  • «Y uno, y dos, y tres…».
  • «Om uno, om dos, om tres…».

Si estamos utilizando la respiración natural para meditar, debemos recordar que el objetivo de contar es ayudarnos a mantenernos conscientes de las sensaciones de la respiración, y que no nos van a dar una medalla por forzar la respiración al extremo para llegar a contar hasta un número muy alto.

Contar el número de respiraciones

Otro método es contar el número de respiraciones. Para ello conviene determinar dos cosas:

Elegir el momento de la respiración en el que vamos a contar

Hay personas que cuentan en la pausa que se produce al terminar la exhalación y eso les ayuda a no distraerse durante ese vacío, mientras que a otras les produce el efecto contrario. También podemos contar al inicio de uno de los movimientos de la respiración (por ejemplo, de la exhalación), o al inicio de ambos movimientos (de manera que contaríamos: 1, 1, 2, 2, 3, 3, etc.).

Poner un límite a la cuenta

Si contamos de forma lineal sin poner un límite, es muy posible que el conteo se vuelva automático y que notemos que nuestra mente se ha distraído aunque siga contando en un segundo plano, lo cual no nos ayuda a concentrarnos. Un método clásico mencionado en el Visuddhimagga es elegir un número entre 5 y 10, y contar hasta ese número de respiraciones. Cuando llegamos al número establecido, o si descubrimos que nos hemos distraído, volvemos a contar desde 1.

Si tenéis dificultades para estabilizar vuestra atención en la respiración al meditar, espero que le deis una oportunidad a estas técnicas. Si habéis usado algún método diferente para contar respiraciones que os haya resultado efectivo, os invito a compartirlo en los comentarios. Y si solo quieres usar la ayuda del conteo al principio de tu meditación, hace tiempo publiqué una forma de contar gradual, en la que nos vamos deshaciendo de esta ayuda poco a poco: diez minutos de atención en la respiración.

Mas allá del McMindfulness

En esta entrada os dejo un texto que encontré hace unos seis años sobre el denominado «McMindfulness» y que me ha venido a la cabeza recientemente. A pesar del tiempo transcurrido, me parece que el tema sigue muy vigente.

El texto original en inglés fue escrito por Ron Purser y David Loy y publicado en The Huffington Post. La traducción al castellano, que fue lo que encontré primero, es obra de José, quien muy amablemente me ha dado permiso para compartirla aquí. Os invito a visitar su web, Meditaminas, donde podéis encontrar otros artículos sobre meditación, así como sus cursos y clases.

McMidfulness

Más allá del McMindfulness

De repente, la meditación mindfulness se ha convertido en un fenómeno de masas, abriéndose camino hacia escuelas, empresas, prisiones y agencias de gobiernos, incluyendo el Ejército americano. Millones de personas están recibiendo beneficios tangibles de su práctica de mindfulness: menos estrés, mejor concentración, quizá un poco más de empatía. No es necesario decir que esto es un gran avance que debe ser bienvenido, pero que tiene una sombra.

La revolución del mindfulness parece ofrecer una panacea universal para resolver casi todas las áreas de las preocupaciones diarias. Libros recientes sobre el tema incluyen: Padres mindfulness, Comer (de forma) mindfulness, Política mindfulness, Terapia mindfulness, Liderazgo mindfulness, Una nación mindfulness, Recuperación mindfulness, El poder del aprendizaje mindfulness, El cerebro mindfulness, El camino del mindfulness a través de la depresión, El camino del mindfulness hacia la autocompasión.Casi diariamente, los medios citan estudios científicos que informan de los numerosos beneficios para la salud de la meditación mindfulness y cómo una práctica sencilla puede producir cambios neurológicos en el cerebro.

La popularidad creciente del movimiento mindfulness también se ha convertido en una lucrativa industria artesanal. Los consultores promueven la formación en mindfulness prometiendo que mejorará la eficiencia laboral, reducirá el absentismo e incrementará las habilidades sociales cruciales para el éxito laboral. Algunos incluso afirman que la formación mindfulness puede actuar como una «tecnología disruptiva», reformando incluso las compañías más disfuncionales en organizaciones más amables, compasivas y sostenibles. Hasta el momento, no obstante, no se han publicado estudios empíricos que sostengan dichas afirmaciones.

En sus esfuerzos de promoción, los partidarios de la formación mindfulness habitualmente incluyen en el prólogo que sus programas están «inspirados en el budismo». Hay un cierto caché a la hora de decir a los neófitos que el mindfulness es un legado del budismo, una tradición famosa por su antigüedad y sus métodos de meditación probados. Pero, al mismo tiempo, los consultores a menudo aseguran a sus patrocinadores corporativos que su particular marca de mindfulness ha retirado todos los lazos y afiliaciones con los orígenes budistas.

Desligar el mindfulness de su contexto ético y religioso del budismo es un movimiento comprensible para hacer dicha formación como un producto viable en el mercado. Pero la urgencia para secularizar y acomodar el mindfulness a una técnica de mercado puede llevar a una desafortunada desnaturalización de esta antigua práctica, cuyo objetivo es mucho más que aliviar una jaqueca, reducir la presión sanguínea o ayudar a los directivos a estar más centrados y ser más productivos.

Generar una técnica más simplificada y secularizada (lo que algunos críticos empiezan a llamar «McMindfulness») puede volverla más apetecible al mundo empresarial, pero esta descontextualización del mindfulness de su propósito original de liberación y transmisión de ética social tiene algo de «negocio fáustico». En lugar de aplicar mindfulness como una forma de despertar a personas y organizaciones de las malsanas raíces de la avaricia, la aversión y la ignorancia, habitualmente se moderniza hacia técnicas banales, terapéuticas y de autoayuda que en verdad refuerzan esas raíces.

La mayor parte de las opiniones científicas y populares que circulan por los medios han retratado el mindfulness en términos de reducción de estrés y mejora de la atención. Los beneficios de estas habilidades son una herencia sine qua non del mindfulness y es su mayor atractivo para las empresas actuales. Pero el mindfulness, entendido y practicado dentro de la tradición budista, no es meramente una técnica éticamente neutra para reducir el estrés y aumentar la concentración. En su lugar, el mindfulness es una cualidad distintiva de la atención que depende y se ve influida por muchos otros factores: la naturaleza de nuestros pensamientos, acciones y palabras, nuestra forma de ganarnos la vida y nuestros esfuerzos para evitar comportamientos poco saludables y desarrollar otros comportamientos que propicien acciones sabias, armonía social y compasión.

Los budistas diferencian entre mindfulness correcto (samma sati) y mindfulness incorrecto (miccha sati). La distinción no es moral; la cuestión es si la calidad de la consciencia se caracteriza por tener intenciones saludables y cualidades mentales positivas que lleven a la prosperidad y al bienestar a los demás y a uno mismo.

De acuerdo con el Canon Pali (las primeras enseñanzas registradas de Buda), incluso una persona que cometa un crimen premeditado y cruel puede estar practicando mindfulness, el incorrecto. Claramente, la atención mindful y la concentración de un terrorista, un francotirador o un criminal de guante blanco no es la misma cualidad de mindfulness que el Dalai Lama y otros adeptos del budismo han desarrollado. El mindfulness correcto está guiado por intenciones y motivaciones que se basan en la contención, estados mentales correctos y conductas éticas, objetivos que incluyen pero superan la reducción del estrés y el incremento de la concentración.

Otro malentendido común es que la meditación mindfulness es un asunto privado e interno. A menudo se comercializa el mindfulness como un método para la autorrealización personal, como una forma de aplazar los problemas y tribulaciones del sofocante mundo laboral. Dicha orientación individualista y consumista hacia la práctica de mindfulness puede ser efectiva para la autoconservación y el desarrollo personal, pero es esencialmente inútil para mitigar las causas del sufrimiento colectivo y empresarial.

Cuando la práctica del mindfulness se «paquetiza» de esta forma, la interconexión de los motivos personales se pierde. Hay una disociación entre la transformación personal de cada uno y el tipo de transformación social y organizacional que tiene en cuenta las causas y condiciones del sufrimiento en un entorno más amplio. Esta colonización del mindfulness también tiene un efecto de instrumentalización, reorientando la práctica hacia las necesidades del mercado en lugar de una reflexión crítica de las causas de nuestro sufrimiento colectivo o «dukkha social».

Buda enfatizó que sus enseñanzas trataban sobre la comprensión y cesación del dukkha (sufrimiento en el sentido más amplio). Así pues, ¿qué ocurre con el dukkha generado por cómo funcionan las instituciones?

Muchos defensores del mundo empresarial argumentan que el cambio transformador comienza en uno mismo. Si la mente de cada uno pudiera estar más centrada y en paz, entonces la transformación social y empresarial vendría después. El problema con esta formulación es que las tres motivaciones que el budismo señala (avaricia, odio e ignorancia), hoy por hoy no están confinadas a las mentes individuales sino que se han institucionalizado en fuerzas más allá del control personal.

Hasta el momento actual, el movimiento del mindfulness ha evitado cualquier consideración seria de por qué el estrés es tan generalizado en las modernas instituciones empresariales. En su lugar, las empresas se han subido a la moda del mindfulness porque desplaza, de manera muy conveniente, la carga de la responsabilidad al individuo: el estrés se encuadra dentro de un problema personal y el mindfulness se ofrece como la medicina correcta que ayuda al empleado a trabajar de manera más calmada y eficiente dentro de un entorno tóxico. Envuelto en un aura de cuidado y humanidad, el mindfulness se pone de moda como una válvula de escape, una manera de liberar la tensión, una técnica para afrontar y adaptarse al estrés del mundo laboral.

El resultado es una versión atomizada y altamente privatizada de la práctica de mindfulness, que se ha confinado en lo que Jeremy Carrette y Richard King (en su libro Vendiendo Espiritualidad; la conquista silenciosa de la religión) describen como una orientación acomodaticia. La formación en mindfulness resulta atractiva porque es un método de moda para suavizar el «disconfort» de los empleados, promoviendo una aceptación tácita del statu quo y un instrumento para mantener la atención centrada en los objetivos empresariales.

En muchos aspectos, la formación de mindfulness en las empresas (con su promesa de que empleados más calmados y menos estresados serán más productivos) tiene muchas similitudes con el movimiento, actualmente desacreditado, de las «relaciones humanas», populares en las décadas de 1950 y 1960. Esos programas de formación fueron criticados por su uso manipulador de las técnicas de asesoramiento como las de «escucha activa», establecidas como un método de pacificar a los empleados haciéndoles sentir que se oían sus preocupaciones, aunque las condiciones laborales permanecían inalteradas. Esos métodos terminaron siendo conocidos como cow psychology porque las vacas (cow en inglés) dóciles producen más leche.

Bhikkhu Bodhi, un monje budista occidental, ha advertido: «Ausentes de crítica social aguda, las prácticas budistas pueden ser fácilmente utilizadas para justificar y estabilizar el statu quo, convirtiéndose en un refuerzo del capitalismo consumista». Desafortunadamente, un punto de vista del mindfulness más ético y socialmente responsable se percibe hoy como una preocupación secundaria, o como una politización innecesaria del viaje personal de autorrealización.

Uno tiene la esperanza de que el movimiento del mindfulness no siga el camino habitual de la mayoría de modas empresariales —entusiasmo desenfrenado, aceptación sin crítica del statu quo y desilusión final—. Para convertirse en una fuerza genuina para la transformación positiva personal y social, debe reclamar un marco ético y aspirar a propósitos más nobles que tengan en cuenta el bienestar de todos los seres vivos.

enero 21st, 2020|Tags: , , |

Preparando la mente para meditar

Antes de que nos pongamos realmente a meditar, necesitamos prepararnos. En cualquier ocasión en que queramos hacer algo, necesitamos prepararnos para ello. Si te preparas de verdad para lo que vas a hacer, es sorprendente lo natural y fácil que se vuelve cuando lo haces. Igual que cuando el agricultor o jardinero que quieren cultivar, lo primero que hacen es preparar la tierra. Sin ese paso, simplemente arrojando las semillas, algunas puede que broten, pero es muy probable que se marchiten pronto y no lleguen a dar frutos. Puede que no crezcan adecuadamente porque la tierra carece de nutrientes, no retiene el agua de forma adecuada, o porque su consistencia no permita el desarrollo de las raíces.

Del mismo modo, la persona que quiere cultivar sus cualidades internas tiene que preparar la tierra. Ambas actividades tienen muchas similitudes. Puede que conozcas el significado de la palabra pali “bhavana”. Uno de sus significados es cultivar. Bhavana significa literalmente “hacer crecer algo”. La raíz de la palabra es “bhu”, que significa crecer. Cultivar algo implica que tienes la semilla (o la parte necesaria de la planta), por lo tanto tienes algo que cultivar. Si no tienes semillas, no puedes cultivar nada. Pero tener la semilla no es suficiente, tienes que preparar la tierra. Cuando preparas la tierra, lo primero que haces es quitar las malas hierbas, limpiar el terreno. Esto es algo que también debemos hacer en nuestras vidas. Es natural que aparezcan malas hierbas. Observa tu vida con detenimiento, tu estilo de vida, y descubre qué tipos de malas hierbas hay. Algunas puede que lleven mucho tiempo ahí y hayan desarrollado raíces fuertes, como por ejemplo un mal hábito, y que lleve tiempo arrancarlas. Quitar las malas hierbas, las piedras, o cualquier otro impedimento, es algo muy importante.

Si realmente te gusta hacer algo, no escatimes tu esfuerzo. Mucha gente pregunta cuánto tiempo tienes que permanecer sentado para desarrollar samadhi (concentración), cuánto necesitan meditar para alcanzar Nibbana. ¿Quién puede saberlo? Si realmente disfrutas haciéndolo, eres feliz simplemente por el mero hecho de hacerlo; esta felicidad te brinda mucha motivación. ¡Por favor, no regatees! La gente quiere dar lo mínimo posible y recibir lo máximo. Creo que esta actitud no es la adecuada, especialmente en lo que concierne a la meditación. También en otras áreas de tu vida, como en las relaciones; si quieres dar poco y recibir mucho, al final no obtendrás nada. La verdad es que recibes tanto como das. Si das poco recibirás poco, si te das completamente recibirás mucho. Cuando medites, mira profundamente dentro de tu mente. ¿Por qué estás meditando? ¿Realmente quieres hacerlo? Cuando hagas una cosa, sin importar lo que sea, tendrás que hacer algunos sacrificios, dejar de lado otras. Al igual que para sentarte a meditar o ir a un retiro, tienes que renunciar a algo.

Nuestra naturaleza humana es básicamente espiritual; dentro de nosotros tenemos bellas cualidades como la compasión, el amor incondicional, la atención plena, la paz mental. Ya tenemos las semillas y queremos cultivarlas.

La paz dentro de ti

Imagina una peonza. Estar en calma es como una peonza en perfecto equilibrio, girando tan rápido que parece inmóvil. Tiene esa apariencia no porque no se esté moviendo, sino porque se mueve a máxima velocidad.

Calma no es la ausencia o negación de energía, vida o movimiento. La calma es dinámica. Es movimiento sin conflicto, vida en armonía consigo misma, destreza en acción. La calma se puede experimentar cuando hay una participación total, desinhibida y sin oposición en el momento en el que te encuentras, cuando estás presente de todo corazón en lo que estás haciendo.

Sin embargo, para la mayoría de nosotros, la mayor parte del tiempo nuestra vida no se parece a una peonza en perfecto equilibrio, girando tan rápido que parece inmóvil. Nuestras vidas parecen más una peonza girando de forma caótica, errática, aleatoria. Sabemos que estamos vivos porque al menos todavía seguimos girando, pero no estamos perfectamente centrados, y tampoco giramos ni de lejos a máxima velocidad. No tenemos tanta energía como nos gustaría, no experimentamos tanta vitalidad como podríamos, y tampoco sentimos la paz de la calma o el disfrute de ser.

Peonza

La calma, por lo tanto, es un estado superior de energía al que no estamos acostumbrados. Y no estamos acostumbrados porque raramente hacemos las cosas de forma sincera e incondicional, de todo corazón. Cuando no haces las cosas de corazón, cuando preferirías estar en un lugar diferente del que estás, hay partes de ti que se cierran y dejan de participar. La circulación de tu energía se vuelve restringida, y la fuerza vital creativa no puede fluir a través de ti sin impedimento. Tu flujo de energía, la cantidad de fuerza vital que discurre a través de ti comienza a disminuir. La fuente de energía no disminuye, pero la que fluye por ti sí que lo hace. Esto nos lleva a enfermar, a sufrir, a sentirnos sin energía, sin vitalidad, carentes de entusiasmo, deprimidos, frustrados, infelices.

Sin embargo, cuando hacemos algo de todo corazón, cuando estás donde quieres estar y participas plenamente en el momento en el que estás (a veces de forma entusiasta, otras de forma más moderada) experimentarás una nueva sensación de vitalidad, una explosión de energía, un vigor renovado. Esto no sucede porque haya realmente un aumento de energía, sino porque ya no la estás restringiendo tanto. Ahora fluye mejor. Hay menos conflicto, menos fricción, menos no querer estar donde estás, y por lo tanto, para ti, la sensación es de mayor energía.

Esto ocurre cuando no intentas girar en sentidos opuestos al mismo tiempo. Giramos en sentidos opuestos cuando obramos a favor de deseos contradictorios, cuando tenemos un conflicto con lo que estamos haciendo, cuando no lo hacemos de todo corazón. Seguramente esto nos pase la mayor parte del tiempo. La calma sucede cuando tu interior se relaja y estás en armonía contigo mismo.

Esta es la clave: cuando te puedes experimentar a ti mismo en calma, cuando puedes brindar tu completa atención a experimentar la verdad sobre ti, experimentarás también la paz dinámica, tranquila y armoniosa que ofrece la energía vital cuando es abundante y está perfectamente centrada.

[…] Cuando sientes esta paz dentro de ti, se producirá de manera espontánea una transformación en la manera en que piensas sobre ti mismo y en la forma en la que ves el mundo. Nada te volverá a parecer lo mismo.

El yoga es una forma de movernos hacia la calma para experimentar la verdad sobre quiénes somos. Es también una manera de aprender a estar centrados en la acción de forma que tenemos siempre la más clara perspectiva de lo que está sucediendo y, consecuentemente, podemos obrar de la manera más adecuada. Por supuesto que el yoga no es la única manera de conseguir esto, pero es una manera excelente de hacerlo. Es un antiguo proceso diseñado para ayudar a destapar y descubrir tu verdadera naturaleza para que puedas vivir tu vida con esta nueva conciencia.

Un lago tranquilo

Sentirse insatisfecho no es algo malo. No es insano. La insatisfacción es un síntoma del deseo de libertad de nuestro corazón.

Cuando nos sentimos insatisfechos, en lugar de decir “¡Argh, esto es horrible!”, simplemente date cuenta de que en ese momento somos conscientes de nuestras limitaciones. La insatisfacción es una señal de que hemos llegado al límite de lo que podemos tolerar, nos hemos topado con un muro, y algo dentro de nosotros no quiere ir más allá de ese límite, de ese muro. Pero tenemos una elección: podemos engrosar ese muro (o construir otro) distrayéndonos, o podemos dejar ir, y al dejar ir el muro se desvanece. Cuanto más dejamos ir, más vamos talando el tronco de nuestro “yo”, del ego con el que tenemos que vivir. Dejar ir en este contexto no es solamente un sinónimo de liberación y dicha, sino que es algo muy práctico. Cada vez que dejamos ir, nos estamos liberando a nosotros mismos. 

Buda no dijo que no tuviéramos que tener ningún deseo. Él reconoció que vivimos en un mundo de energía inquieta, de anhelo, de descontento, y nos dio unas enseñanzas que nos permiten investigar la realidad de este mundo. Enseñó un camino de investigación, pero no podemos hacer uso de esa habilidad para investigar el reino de nuestra mente y nuestro cuerpo de forma minuciosa y exhaustiva a menos que hayamos cultivado previamente una cierta cantidad de paz, de sosiego.

La mente es frecuentemente comparada con un lago o estanque. Si las aguas del lago están constantemente agitadas, revueltas, es difícil llegar a ver el fondo. Solo podemos ver el fondo del lago cuando el agua se ha calmado y está quieta. Al igual que un lago, nuestra mente puede estar también agitada, revuelta, o calmada, quieta.

Un lago tranquilo

Una de las condiciones para ser capaces de investigar la naturaleza de nuestra mente es la capacidad de encontrar quietud. Este es el primer paso en la meditación, aprender a sosegarnos. A menos que hagamos esto, estaremos siempre en un estado de inquietud y preocupación. Hasta que no tengamos una cierta cantidad de quietud interior, seremos incapaces de ver con claridad la naturaleza cambiante de nuestras emociones, pensamientos y hábitos, y la manera en que estos nos influyen a nosotros mismos o afectan a otras personas.

Para empezar a meditar, calmamos la mente simplemente concentrándonos, dirigiendo nuestra atención hacia un objeto que sea tranquilizador. Por ejemplo, podemos meditar en la respiración. No necesitamos concentrarnos demasiado intensamente en ella, lo suficiente para notar el ritmo natural de la respiración. Observar la respiración no nos cuesta dinero, y es algo que está siempre disponible, por lo que no tenemos excusa para no aprender a tranquilizar nuestra mente.

Recuerda, no hay claridad mental mientras exista agitación y turbulencia. No seremos capaces de llegar al punto de profunda percepción donde la mente es realmente transformada si tenemos una sensación constante de agitación.

Eso no significa que siempre vayamos a tener éxito cuando intentemos calmar nuestra mente. No significa que nuestros hábitos nunca nos vayan a dominar y a llevarnos de vuelta a nuestra antigua rutina. Pero siempre tendremos una enseñanza, un método, que nos ayudará a salirnos de esa rutina. Con el tiempo, a medida que aumenta nuestra habilidad para ver de forma más clara y profunda, no necesitamos que se produzcan unas condiciones especiales, podremos hacerlo en cualquier circunstancia.

En medio de la situación más intolerable seremos capaces de encontrar quietud, el ojo de la tormenta.

 

Seeds of Dhamma

Ajahn Sundara

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