Mas allás del McMindfulness

En esta entrada os dejo un texto que encontré hace unos seis años sobre el denominado «McMindfulness» y que me ha venido a la cabeza recientemente. A pesar del tiempo transcurrido, me parece que el tema sigue muy vigente.

El texto original en inglés fue escrito por Ron Purser y David Loy y publicado en The Huffington Post. La traducción al castellano, que fue lo que encontré primero, es obra de José, quien muy amablemente me ha dado permiso para compartirla aquí. Os invito a visitar su web, Meditaminas, donde podéis encontrar otros artículos sobre meditación, así como sus cursos y clases.

Más allá del McMindfulness

De repente, la meditación mindfulness se ha convertido en un fenómeno de masas, abriéndose camino hacia escuelas, empresas, prisiones y agencias de gobiernos, incluyendo el Ejército americano. Millones de personas están recibiendo beneficios tangibles de su práctica de mindfulness: menos estrés, mejor concentración, quizá un poco más de empatía. No es necesario decir que esto es un gran avance que debe ser bienvenido, pero que tiene una sombra.

La revolución del mindfulness parece ofrecer una panacea universal para resolver casi todas las áreas de las preocupaciones diarias. Libros recientes sobre el tema incluyen: Padres mindfulness, Comer (de forma) mindfulness, Política mindfulness, Terapia mindfulness, Liderazgo mindfulness, Una nación mindfulness, Recuperación mindfulness, El poder del aprendizaje mindfulness, El cerebro mindfulness, El camino del mindfulness a través de la depresión, El camino del mindfulness hacia la autocompasión.Casi diariamente, los medios citan estudios científicos que informan de los numerosos beneficios para la salud de la meditación mindfulness y cómo una práctica sencilla puede producir cambios neurológicos en el cerebro.

La popularidad creciente del movimiento mindfulness también se ha convertido en una lucrativa industria artesanal. Los consultores promueven la formación en mindfulness prometiendo que mejorará la eficiencia laboral, reducirá el absentismo e incrementará las habilidades sociales cruciales para el éxito laboral. Algunos incluso afirman que la formación mindfulness puede actuar como una «tecnología disruptiva», reformando incluso las compañías más disfuncionales en organizaciones más amables, compasivas y sostenibles. Hasta el momento, no obstante, no se han publicado estudios empíricos que sostengan dichas afirmaciones.

En sus esfuerzos de promoción, los partidarios de la formación mindfulness habitualmente incluyen en el prólogo que sus programas están «inspirados en el budismo». Hay un cierto caché a la hora de decir a los neófitos que el mindfulness es un legado del budismo, una tradición famosa por su antigüedad y sus métodos de meditación probados. Pero, al mismo tiempo, los consultores a menudo aseguran a sus patrocinadores corporativos que su particular marca de mindfulness ha retirado todos los lazos y afiliaciones con los orígenes budistas.

Desligar el mindfulness de su contexto ético y religioso del budismo es un movimiento comprensible para hacer dicha formación como un producto viable en el mercado. Pero la urgencia para secularizar y acomodar el mindfulness a una técnica de mercado puede llevar a una desafortunada desnaturalización de esta antigua práctica, cuyo objetivo es mucho más que aliviar una jaqueca, reducir la presión sanguínea o ayudar a los directivos a estar más centrados y ser más productivos.

Generar una técnica más simplificada y secularizada (lo que algunos críticos empiezan a llamar «McMindfulness») puede volverla más apetecible al mundo empresarial, pero esta descontextualización del mindfulness de su propósito original de liberación y transmisión de ética social tiene algo de «negocio fáustico». En lugar de aplicar mindfulness como una forma de despertar a personas y organizaciones de las malsanas raíces de la avaricia, la aversión y la ignorancia, habitualmente se moderniza hacia técnicas banales, terapéuticas y de autoayuda que en verdad refuerzan esas raíces.

La mayor parte de las opiniones científicas y populares que circulan por los medios han retratado el mindfulness en términos de reducción de estrés y mejora de la atención. Los beneficios de estas habilidades son una herencia sine qua non del mindfulness y es su mayor atractivo para las empresas actuales. Pero el mindfulness, entendido y practicado dentro de la tradición budista, no es meramente una técnica éticamente neutra para reducir el estrés y aumentar la concentración. En su lugar, el mindfulness es una cualidad distintiva de la atención que depende y se ve influida por muchos otros factores: la naturaleza de nuestros pensamientos, acciones y palabras, nuestra forma de ganarnos la vida y nuestros esfuerzos para evitar comportamientos poco saludables y desarrollar otros comportamientos que propicien acciones sabias, armonía social y compasión.

Los budistas diferencian entre mindfulness correcto (samma sati) y mindfulness incorrecto (miccha sati). La distinción no es moral; la cuestión es si la calidad de la consciencia se caracteriza por tener intenciones saludables y cualidades mentales positivas que lleven a la prosperidad y al bienestar a los demás y a uno mismo.

De acuerdo con el Canon Pali (las primeras enseñanzas registradas de Buda), incluso una persona que cometa un crimen premeditado y cruel puede estar practicando mindfulness, el incorrecto. Claramente, la atención mindful y la concentración de un terrorista, un francotirador o un criminal de guante blanco no es la misma cualidad de mindfulness que el Dalai Lama y otros adeptos del budismo han desarrollado. El mindfulness correcto está guiado por intenciones y motivaciones que se basan en la contención, estados mentales correctos y conductas éticas, objetivos que incluyen pero superan la reducción del estrés y el incremento de la concentración.

Otro malentendido común es que la meditación mindfulness es un asunto privado e interno. A menudo se comercializa el mindfulness como un método para la autorrealización personal, como una forma de aplazar los problemas y tribulaciones del sofocante mundo laboral. Dicha orientación individualista y consumista hacia la práctica de mindfulness puede ser efectiva para la autoconservación y el desarrollo personal, pero es esencialmente inútil para mitigar las causas del sufrimiento colectivo y empresarial.

Cuando la práctica del mindfulness se «paquetiza» de esta forma, la interconexión de los motivos personales se pierde. Hay una disociación entre la transformación personal de cada uno y el tipo de transformación social y organizacional que tiene en cuenta las causas y condiciones del sufrimiento en un entorno más amplio. Esta colonización del mindfulness también tiene un efecto de instrumentalización, reorientando la práctica hacia las necesidades del mercado en lugar de una reflexión crítica de las causas de nuestro sufrimiento colectivo o «dukkha social».

Buda enfatizó que sus enseñanzas trataban sobre la comprensión y cesación del dukkha (sufrimiento en el sentido más amplio). Así pues, ¿qué ocurre con el dukkha generado por cómo funcionan las instituciones?

Muchos defensores del mundo empresarial argumentan que el cambio transformador comienza en uno mismo. Si la mente de cada uno pudiera estar más centrada y en paz, entonces la transformación social y empresarial vendría después. El problema con esta formulación es que las tres motivaciones que el budismo señala (avaricia, odio e ignorancia), hoy por hoy no están confinadas a las mentes individuales sino que se han institucionalizado en fuerzas más allá del control personal.

Hasta el momento actual, el movimiento del mindfulness ha evitado cualquier consideración seria de por qué el estrés es tan generalizado en las modernas instituciones empresariales. En su lugar, las empresas se han subido a la moda del mindfulness porque desplaza, de manera muy conveniente, la carga de la responsabilidad al individuo: el estrés se encuadra dentro de un problema personal y el mindfulness se ofrece como la medicina correcta que ayuda al empleado a trabajar de manera más calmada y eficiente dentro de un entorno tóxico. Envuelto en un aura de cuidado y humanidad, el mindfulness se pone de moda como una válvula de escape, una manera de liberar la tensión, una técnica para afrontar y adaptarse al estrés del mundo laboral.

El resultado es una versión atomizada y altamente privatizada de la práctica de mindfulness, que se ha confinado en lo que Jeremy Carrette y Richard King (en su libro Vendiendo Espiritualidad; la conquista silenciosa de la religión) describen como una orientación acomodaticia. La formación en mindfulness resulta atractiva porque es un método de moda para suavizar el «disconfort» de los empleados, promoviendo una aceptación tácita del statu quo y un instrumento para mantener la atención centrada en los objetivos empresariales.

En muchos aspectos, la formación de mindfulness en las empresas (con su promesa de que empleados más calmados y menos estresados serán más productivos) tiene muchas similitudes con el movimiento, actualmente desacreditado, de las «relaciones humanas», populares en las décadas de 1950 y 1960. Esos programas de formación fueron criticados por su uso manipulador de las técnicas de asesoramiento como las de «escucha activa», establecidas como un método de pacificar a los empleados haciéndoles sentir que se oían sus preocupaciones, aunque las condiciones laborales permanecían inalteradas. Esos métodos terminaron siendo conocidos como cow psychology porque las vacas (cow en inglés) dóciles producen más leche.

Bhikkhu Bodhi, un monje budista occidental, ha advertido: «Ausentes de crítica social aguda, las prácticas budistas pueden ser fácilmente utilizadas para justificar y estabilizar el statu quo, convirtiéndose en un refuerzo del capitalismo consumista». Desafortunadamente, un punto de vista del mindfulness más ético y socialmente responsable se percibe hoy como una preocupación secundaria, o como una politización innecesaria del viaje personal de autorrealización.

Uno tiene la esperanza de que el movimiento del mindfulness no siga el camino habitual de la mayoría de modas empresariales —entusiasmo desenfrenado, aceptación sin crítica del statu quo y desilusión final—. Para convertirse en una fuerza genuina para la transformación positiva personal y social, debe reclamar un marco ético y aspirar a propósitos más nobles que tengan en cuenta el bienestar de todos los seres vivos.

enero 21st, 2020|Tags: , , |

Meditar en 5 pasos

  1. Encuentra una postura sentada razonablemente erguida, que respete las curvas naturales de tu columna y a la vez sea fácil y cómoda; que se note una postura «construida» y a la vez relajada.
  2. Descansa la mirada en dirección a la entrada de la nariz, donde sientas el contacto del aire. Esto es solo una dirección, una referencia. No intentes mirar la punta de la nariz o, muy probablemente, generarás innecesaria tensión ocular.
  3. Entrega tus párpados a la gravedad y deja que ellos se coloquen, ya elijan dejar los ojos parcialmente abiertos o cerrarlos del todo.
  4. Suelta las riendas de la respiración. Deja que sea el aire el que respire en tu cuerpo a través de la nariz. Sigue las sensaciones de la respiración mientras el aire fluye a través de las fosas nasales hacia el pecho y el abdomen. Observa dónde se hace más notable la respiración, más fácil de percibir. A lo mejor es en las sensaciones de las fosas nasales, o en la sensación de expansión y contracción del abdomen. Descansa en ese lugar tu atención, y mantente allí observando las sensaciones de la respiración. Este será tu objeto de meditación.
  5. Cuando la atención se vaya de tu objeto de meditación (la respiración), nota dónde se ha ido y, amablemente, tráela de vuelta al lugar que habías elegido para observar la respiración. Es normal distraerse, y es un proceso involuntario que no podemos controlar directamente, solo entrenar. Lo que sí podemos controlar es redirigir nuestra atención cada vez que somos conscientes de que nos hemos distraído.
septiembre 11th, 2019|Tags: , , , |

Vuestra práctica

Normalmente, cuando practicamos esperamos algo: si nos esforzamos duramente, nuestra práctica mejorará. Si nos fijamos una meta en la práctica, acabaremos alcanzándola. Tenemos la idea de que la práctica mejorará cada día y que será buena para nuestra salud y nuestro estado mental. Aunque esto sea cierto, significa que no la comprendemos del todo.

Practicamos también sabiendo que la meta no se alcanza al cabo de uno o dos años, sino que está aquí mismo. Aquí está la meta de la práctica. Cuando practicáis con esta comprensión, os estáis ocupando de muchas cosas y, al mismo tiempo, estáis concentrados, totalmente dedicados a la práctica que estáis haciendo en ese preciso momento.

Podéis decir: «Mi práctica no es lo bastante buena para sentir la meta o todo el significado que conlleva en ese preciso momento». Pero aunque digáis que vuestra práctica no es lo bastante buena, por ahora es la única que tenéis. Sea buena o mala, es vuestra práctica. La única forma de abordar una práctica perfecta es aceptarse a sí mismo. Decir que vuestra práctica es mala no la ayuda en nada, como tampoco decir que es excelente. Vuestra práctica es vuestra práctica. Solo la estáis catalogando de buena o mala, eso es todo.

Suzuki, Shunryu. No siempre será así.

septiembre 3rd, 2019|Tags: , , |

Frecuencia, volumen, intensidad.

La frecuencia, el volumen y la intensidad son tres de los parámetros con los que trabajamos cuando entrenamos. Según cada persona, considerará su práctica personal más como un entrenamiento físico o como un entrenamiento mental o espiritual. Independientemente de la etiqueta que le pongamos podemos jugar con esos mismos parámetros, aunque de manera diferente según la intención que tengamos.

Frecuencia, volumen, intensidad

Frecuencia

La frecuencia es la cantidad de veces en un período de tiempo en que se realiza un entrenamiento, y posiblemente sea el primer parámetro que incrementaremos cuando nuestra práctica se haga más seria.

Si practicamos hatha yoga, notaremos una gran diferencia si vamos a clase con una frecuencia de una vez a la semana o tres. Generalmente, entrenar una vez a la semana nos hará mantener nuestras capacidades o que disminuyan lo mínimo posible. Una frecuencia de tres veces a la semana nos debería dar un progreso bastante palpable, aunque depende de los otros parámetros. Y una de las diferencias que suele haber entre los alumnos y los maestros es que los primeros practican con poca frecuencia y los segundos han llegado a ser lo que son porque han practicado a diario durante años.

Muchas veces vamos a talleres de yoga y aprendemos cosas intelectualmente que en ese momento no podemos plasmar físicamente. La clave para llegar a esto último es una práctica frecuente en casa o en clase. De hecho, es muy común que la gente use los talleres como si fueran una clase, pero se ahorrarían mucho dinero y progresarían mucho más si lo aprendido en el taller lo practicaran a menudo en casa. Dos ejemplos clásicos, aunque parezcan muy distintos son hacer el pino y meditar. Si vamos solo de vez en cuando a un taller sobre el tema, nuestro progreso será lento y difícil. Aunque en total vayamos a muchos talleres, si la frecuencia es baja seguramente no tendremos mucho éxito.

Si nuestra práctica es meditativa, también es muy importante la frecuencia. En un retiro de meditación la frecuencia es máxima; se medita todos los días y además con muchas sesiones al día. Si no estamos en un retiro, podemos sentarnos a meditar también todos los días en casa. Y muchos meditadores disciplinados sacan tiempo para dos o tres sentadas diarias.

Además de las meditaciones formales largas, podemos tomarnos uno o varios momentos durante el día para reconectar con nuestra meditación. Una respiración, un minuto, dos, cinco… Aunque pueda parecer poco (porque es poco volumen), el hecho de hacer que la frecuencia sea alta nos ayuda en nuestra práctica. Si nos sentamos por la mañana para encender el fuego de la meditación, esos otros breves momentos nos sirven para que ese fuego no se apague a lo largo del día.

Idealmente, nuestra meditación acabará permeando nuestra vida, y al final llegaremos a una frecuencia máxima: nuestra vida será meditación.

Volumen

El volumen se podría definir como la cantidad total de actividad efectuada en el entrenamiento. En el caso del yoga y la meditación, el indicador más común para medir el volumen sería el tiempo.

Si practicamos yoga un par de veces a la semana durante una hora y media y queremos empezar a practicar más, lo más lógico es aumentar antes la frecuencia (tres, cuatro, cinco días) que el volumen (hacer dos clases seguidas o una de tres horas). Es mucho más beneficioso hacer una hora todos los días que varias horas un día y nada el resto de la semana.

Si ya tenemos una frecuencia alta, como por ejemplo hacer todas las mañanas cuatro saludos al sol o meditar cinco minutos, lo que incrementaremos será el volumen/tiempo de práctica.

Cuando vamos a clases de yoga, la duración de las mismas suele ser de entre una hora y hora y media, pero cuando practicamos en casa creo que tendemos a la pereza y a hacer bastante menos. ¿Os pasa que las prácticas se vuelven automáticamente más cortas si os ponéis a solas que si vais a clases dirigidas? Hay varias maneras de alargar nuestras sesiones de hatha yoga; mantener las posturas durante más respiraciones, añadir posturas, incorporar pranayama, aumentar el número de repeticiones en los ejercicios, realizar una relajación al terminar, o unir la meditación a la práctica de asanas.

En la práctica formal de meditación creo que hay una dosis mínima para notar una gran diferencia y pasar ese primer escalón grande que nos solemos encontrar cuando empezamos a meditar. Diría que sentadas de 30 o 45 minutos dan muchos más frutos que las que duran menos de 20. Obviamente, es un 50 % o un 125 % más de volumen, pero la diferencia en los resultados es exponencial. Aunque depende de cada persona, creo que hay una línea que normalmente no da tiempo a pasar si no le dedicamos ese tiempo a la sesión de meditación. Nuestra mente, al igual que ciertos alimentos, necesita un mínimo de tiempo de cocción. Lamentablemente, cuando se trata de meditar, no todos tenemos una olla express ni podemos comprar una mente ya «cocinada» como hacemos con la comida.

Intensidad

En Occidente estamos cada vez más adaptando el yoga a nuestra mentalidad. Parece que si una práctica no es verdaderamente intensa físicamente, no vale para nada. La cultura que nos dio el yoga no pretendía desarrollar ejercicios gimnásticos espectaculares, pero para muchos occidentales eso es lo que el yoga representa por muchas palabras bonitas con las que los adornemos. No nos damos cuenta de que el yoga no vale como un entrenamiento occidental, sino que es una meditación dinámica donde la respiración y el movimiento se vuelven uno, creando distintos grados de movilidad, estabilidad, resistencia, fuerza, paciencia y concentración que pueden aumentar la calidad de nuestro día a día.

Si nuestro yoga se vuelve demasiado intenso nos hará perder sensibilidad y quedarnos sin respiración. El movimiento y la respiración ya no serán uno. La meditación dinámica se verá interrumpida.

La manera de aumentar la intensidad en la meditación no es mediante la fuerza bruta, sino aumentando los dos parámetros anteriores: la frecuencia y el volumen. Eso es un retiro de meditación, y eso es lo que esperamos que sea finalmente toda nuestra vida. Practicar constantemente durante horas, días, semanas, meses, años… en cada acto que realicemos. Nuestra sensibilidad no solo no disminuirá, sino que aumentará de forma que muchos no pueden ni imaginar. El fuego de la meditación nos permitirá ir quemando obstrucciones, penetrar el velo de la realidad cotidiana y, finalmente, ver la realidad última.

El mundo de las cinco de la mañana

Me gustaría comentar brevemente porqué nos reunimos a esta hora del día. Usamos la hora del alba porque es un muy buen momento para escuchar e investigar el Dhamma. Esta hora del día es cuando muchas flores se abren. Podríamos llamarla la hora de florecer. Igualmente, para nosotros es una hora en la que nuestras mentes están muy receptivas, muy abiertas, y por lo tanto son más capaces de escuchar y entender el Dhamma. De manera que elegimos esta hora del día aunque pueda ser difícil para algunos de vosotros, especialmente los que os gusta dormir hasta tarde. Os animamos a descubrir si es o no un momento especial del día para hacer uso de él, ya sea aquí en el templo o en vuestra casa.

El Buda se iluminó al amanecer y creemos que todos los grandes maestros religiosos han hecho un especial uso de este momento del día. Lo podemos llamar el mundo de las cinco de la mañana. Este mundo es un momento especial que os animamos a utilizar; no importa donde te encuentres, no importa con quien estés, aprende a beneficiarte del mundo de las cinco de la mañana.

Otra forma de hablar de este momento es decir que nuestras tazas de té todavía no están desbordadas. Esta es una metáfora que cogemos prestada de los practicantes zen. A esta hora del día nuestras tazas todavía no se han llenado, aún queda algo de espacio, queda sitio para verter algo dentro de ellas. Más avanzado el día nuestras tazas se llenan con todo tipo de cosas y ya no hay lugar para nada nuevo. Pero ahora, a las cinco de la mañana, nuestras tazas todavía no se han desbordado, de manera que aún hay sitio para añadir algo nuevo y obtener un beneficio especial.

Puede que os estéis preguntando qué cosas nuevas vamos a añadir. Podemos decir que a las cinco de lamañana añadimos la luz del Dhamma o la luz de la vida o, hablando de una forma un poco más monástica, podemos decir que es el momento de añadir la luz de la Comprensión y la Visión Clara.

Traducido y adaptado de un texto de Ajahn Buddhadasa que se lee en la mañana del primer día en los retiros de meditación de Wat Suan Mokkh y Dipabhāvan.

diciembre 17th, 2018|Tags: |

Mente Zen, mente de principiante

«El maestro ofrece al alumno la prueba evidente de que lo que dice y sus objetivos, aparentemente imposibles, pueden alcanzarse en esta vida.”

“Cuando tenemos nuestro cuerpo y nuestra mente en orden, todo lo demás existe en su justo lugar, de la manera correcta.

Pero, generalmente, sin ser conscientes de ello, intentamos cambiar algo distinto a nosotros mismos, tratamos de poner orden en lo que está fuera de nosotros. Y es imposible organizar las cosas si tu mismo no estás en orden.”

“Si haces el máximo esfuerzo por continuar con la práctica, con todo tu corazón y tu mente, sin el deseo de conseguir beneficio, entonces cualquier cosa que hagas será verdadera práctica. Tu propósito debería ser el de simplemente continuar practicando. Cuando haces algo, tu propósito debería ser simplemente hacerlo.”

“Una enseñanza que no suene como si estuviera obligándote a algo no es verdadera enseñanza”

La verdadera práctica del zazen es sentarte como cuando tienes sed y bebes agua. Ahí eres natural. También es natural que te eches una siesta cuando tienes mucho sueño. Pero echarte una siesta simplemente porque eres perezoso, como si el privilegio de los seres humanos fuera echarse una siesta, eso no es natural. Piensas: «Mis amigos, todos ellos, están durmiendo la siesta, ¿por qué no hacerlo yo también? ¿Por qué tengo que trabajar tan duro cuando nadie más está trabajando? Si ellos tienen tanto dinero, ¿por qué yo no? Esto no es ser natural. Tu mente está enredada pensando alguna otra idea, la idea de otro, y no eres independiente, no estás siendo tu mismo, no estás siendo natural. Aunque te sientes en la postura de las piernas cruzadas, si tu zazen no es natural, la tuya no será una verdadera práctica. Cuando tienes sed no tienes que obligarte a beber agua; estás contento de beberla. Si tienes verdadera alegría al practicar zazen, estás practicando verdadero zazen. Y aunque tengas que forzarte, si sientes algo bueno en tu práctica, será zazen. En realidad, la cuestión no consiste en forzarte o no forzarte a hacer algo. Eres natural cuando quieres hacerlo, aunque tengas alguna dificultad.”

Mente Zen, mente de principiante, Shunryu Suzuki

 

agosto 30th, 2018|Tags: , , |