Precio sugerido

El dinero suele ser un tema problemático de abordar cuando nos dedicamos a enseñar yoga o meditación. Aunque no utilicéis la fórmula literal del precio sugerido (yo no lo hago), creo que este artículo que he traducido de otro profesor de yoga puede ser útil tanto para alumnos como para profesores si necesitáis un punto de vista diferente que os pueda ayudar a ordenar vuestras ideas sobre las alternativas a los precios fijos en este tipo de actividades (y a lo mejor también en otras).

Iulia me ha comunicado que hay un problema con mi próximo taller de yoga en torno al dinero, concretamente que algunas personas han expresado un sentimiento de que el precio es demasiado alto. Voy a intentar hablar sobre ese tema en esta entrada.

Si estás buscando una respuesta corta que te proporcione satisfacción inmediata, seguramente te voy a decepcionar. Si estás interesado en reflexionar conmigo sobre este asunto, te invito a seguir leyendo.

He estado reflexionando, pensando e indagando mucho sobre el dinero en los últimos años. Mientras escribo estas líneas estoy en mi segunda lectura del libro de Charles Eisenstein Sacred Economics, y a punto de empezar En deuda de David Graeber.

Personalmente…

Mi relación con el dinero ha sido difícil desde que tengo uso de razón. Cuando abrí mi primera cuenta bancaria deposité 100 shekels (el equivalente israelí al euro) y, siguiendo el consejo de mi padre y la sabiduría popular, lo puse todo en un plan de ahorros a corto plazo… para inmediatamente encontrarme con una deuda de 20 agorot (el equivalente israelí al céntimo) debido al coste de la transacción. Ya entonces tenía la impresión de que el dinero era algo difícil de conseguir, que nunca puedes tener suficiente y que es una fuente inagotable de preocupación y ansiedad.

Incluso cuando tenía una buena carrera profesional y recibía un buen salario y vivía de forma modesta me sentía inseguro. Sentía que debía medir con cuidado cómo gastaba el dinero y siempre estaba preocupado por lo que ocurriría si perdía mi empleo… cómo me gestionaría económicamente. Al final le puse fin a mi carrera profesional cuando me di cuenta de 1) que no importaba cuánto dinero ganara que nunca era suficiente para sentirme ni remotamente seguro económicamente y, 2) que era infeliz en mi persecución de ese fantasma llamado «seguridad económica».

Resumiendo una larga historia: la felicidad me encontró (al menos durante un tiempo), pero incluso vivir modestamente en un país con precios de Europa del Este seguía siendo caro y la inseguridad se apoderó de mí nuevamente. Esta vez de forma más aguda; el dinero se estaba terminando hasta que al final… se terminó de verdad.

Para entonces mis preguntas sobre el dinero se habían convertido en una única y muy diferente pregunta. En mi mente el dinero venía a representar una relación entre mi propia persona y la comunidad o sociedad en la que vivía. No tener dinero significaba no tener una relación con la sociedad que habitaba. Ofrecer mis dones y ser rechazado significaba que la sociedad en la que vivía no necesitaba o valoraba mis dones. De cualquier forma, se convirtió en una cuestión sobre relaciones y comunidad. Ya no era sobre el dinero en sí mismo.

Resumiendo una historia aún más larga: mi esperanza de venir a Rumanía era crear una vida en la que el dinero tuviera un papel más pequeño. Mayormente, de forma sorprendente y a través de un proceso demandante, eso es lo que ha sucedido. Ahora me encuentro en un lugar donde la inseguridad empieza lentamente a ser reemplazada por la seguridad (aunque este viaje está lejos de terminar). Sin embargo, una de las pocas cosas que me faltan en esta nueva vida es la capacidad de expresar mis dones.

Don (regalo)

Charles Eisenstein (y otros) hablan de la economía del don [gift economy, traducido literalmente: economía del regalo. N.d.T.]. Mi impresión es que mucha gente interpreta esto de manera superficial, significando una economía en la cual las cosas son dadas como regalos «gratis»; sin un intercambio de dinero. Creo que esto es un malentendido y puede inducir a error.

Creo que una economía del don describe un mundo en el cual la gente vive sus vidas en sus dones. En esta visión subyace la idea de que todos tenemos un talento especial, que estamos aquí para manifestar nuestros dones y que el hacerlo nos brindará una experiencia de plenitud y alineación con un sentido de propósito.

Uno de mis dones es el yoga, y vivir en una aldea rumana (con una comprensión básica del idioma rumano) no me ofrece la oportunidad de expresar ese don. La invitación de Iulia para dar un taller de fin de semana en Targu Mures es una oportunidad fascinante para estar en mi don.

Eso nos deja con la cuestión del intercambio y cómo el dinero se ajusta a ello.

Dar como medio para el intercambio

Antes de ponernos con el dinero, quiero hablar un poco sobre «regalar» como acto de dar. Aunque normalmente se nos enseña que antes del dinero estaba el trueque (10 pollos por 1 cabra), resulta que no es cierto. Es una asunción en lo más profundo de la economía moderna que ha sido refutada (hay evidencia que prueba lo contrario).

Una forma de intercambio más corriente era la de una cadena de regalos que creaban deuda (¡!) dentro de una comunidad. Esta forma de intercambio nos da acceso a una cualidad humana interesante: responder a la generosidad con más generosidad. Querer dar más de lo que has recibido. Resulta que la razón para esto no es un sentimiento profundo de altruismo, sino una comprensión intuitiva de estar en deuda (muy diferente a la deuda basada en el dinero, ya que no tiene que ser cuantificada). Si te ayudo en tiempos de necesidad, querrás ayudarme a cambio.

Sin embargo, los hilos que mantienen unida a una comunidad no son los intercambios en sí, sino la deuda (sin cuantificar) resultante. Una comunidad es una colección de deudas donde todo el mundo debe algo a los demás. Todas esas deudas, ya sean grandes o pequeñas, crean una sensación continua de dependencia y de relación. Un intercambio basado en el dinero es aquel en el que todas las deudas se cancelan y no hay necesidad de una mayor relación. Si le traigo garrafas de agua a mi vecina cuando vengo del centro del pueblo con el coche, ella querrá darme algo a cambio. Huevos, por ejemplo. Y me dará una cantidad generosa de ellos, y yo querré ayudarla otra vez… y así continuamente. Si compro huevos de la mujer del mercado, no existe necesidad para una relación entre nosotros más allá de ese intercambio limitado. ¿Te preocupas por tu supermercado: quiénes son los dueños, quién hace los productos, quién repone los estantes, la persona que te cobra en caja, etc.?

Para un intercambio basado en el dar es necesaria una relación, una comunidad. Tiene que existir una red de relaciones continuas y de confianza a lo largo del tiempo para que el dar pueda fluir. Un intercambio de esta naturaleza no es muy probable entre dos extraños que posiblemente nunca se vuelvan a ver. De hecho, la evolución del dinero está ligada en numerosos aspectos a las guerras. Una forma de intercambio basado en el dar que genera deuda puede haber existido en las aldeas del pasado, pero cuando un soldado pasaba por una aldea querías que te pagara en monedas. Era posible que nunca le volvieras a ver, que muriera al día siguiente. No era alguien con quien quisieras establecer una relación recíproca a largo plazo.

Recuerdo dos cosas que comprendí aquí en el pueblo. La primera me sorprendió por su obviedad: que es más fácil dar algo de lo cual tienes en abundancia. Si tengo una cosecha generosa de calabazas, es fácil para mí dar calabazas. La segunda me decepcionó; la mayoría de los actos de dar en el pueblo son, en efecto, medios para endeudarse o pagar deuda, hay muy poco «regalar».

Así que parece que «economía del regalo» es un nombre engañoso, ya que en realidad está basada en deuda creada al dar. Puede que debiera llamarse «economía de la deuda». Lo cual nos lleva al…

Dinero como medio para el intercambio

Hay muchas definiciones y usos del dinero. Uno de ellos es como medio de intercambio. Este puede ser un tema escabroso de abordar porque asumimos el dinero sin saber realmente qué es y cómo se crea. Me gustaría intentar ver el dinero de otro modo, el dinero como una expresión del dar que sí tiene sentido de comunidad y de regalo. Veamos cómo encaja esto y apliquémoslo en una situación real: un taller de yoga en Targu Mures.

Vamos a reunirnos. Yo no os conozco a ninguno de vosotros y vosotros no me conocéis (aunque puede que algunos os conozcáis entre vosotros). Con suerte será un buen taller y una experiencia valiosa para vosotros. Estoy deseando compartir las enseñanzas que son preciadas para mí y hacerlo de una manera que las haga preciadas también para vosotros. De manera natural querréis dar algo a cambio y querréis hacerlo con un espíritu de regalo. Querréis sentiros generosos y mantener una sensación de continuidad, relación y comunidad. ¿Cómo hacer esto posible?

Ya que no somos (de momento) parte de una comunidad ya existente, no es probable que tengáis algo que yo quiera o necesite (apenas me conocéis, ¿cómo podéis saber lo que quiero o necesito?). Por lo tanto, suponed que me pudierais dar un símbolo de gratitud; un objeto que diga «esto es para indicar que me has dado algo valioso y estoy en deuda contigo».

Ese objeto sería simbólico para ti. Yo podría quedármelo hasta que en alguna ocasión en el futuro nos volvamos a encontrar y me dieras algo que yo quisiera o necesitara y yo te devolviera el objeto simbólico. O puede que tengas un amigo en deuda contigo (tienes un símbolo que ese amigo te entregó) y tu amigo me dio o hizo algo por mí y a cambio le di a tu amigo el símbolo que tú me diste. Ahora tú y tu amigo tenéis un objeto simbólico del otro, y aquí es donde las cosas se ponen interesantes. Podéis intercambiar vuestros símbolos y cancelar vuestras deudas, dando por finalizada esa dinámica. O podríais quedaros los símbolos, permanecer en deuda el uno con el otro, e intercambiar los símbolos con otros dejando que vuestras deudas sigan fluyendo.

Digamos que queremos hacer lo segundo. ¿No sería genial si tuviéramos objetos que son símbolos que todos hemos acordado y que representan una noción de valor compartida? Estos objetos podrían fluir más lejos y de manera más dinámica. Serían más fáciles de intercambiar y llegarían a más gente. El dinero es ese objeto, o al menos podría llegar a serlo si fuéramos capaces de alejarnos de las cualidades menos agradables que asociamos a él.

Precio sugerido

Para hacer esta experiencia más suave para vosotros y para mí, he optado por hacer un experimento: transformar un intercambio de dinero en algo más maleable. Darnos a todos la oportunidad de reflexionar sobre nuestra relación con los demás y con el dinero.

Es por ello que el taller tiene un precio sugerido y no uno fijo. Un precio sugerido transmite una reflexión de mi valoración. Un precio sugerido te invita a hacer tu propia elección. Esta reflexión será mucho más relevante tras el taller, cuando tengas una sensación directa de la experiencia. Establecer tu propio precio te da la oportunidad de reflexionar no solo sobre un número, sino sobre el valor, el dar, y el dinero en sí mismo. Es una oportunidad de conformar una relación conmigo, con el yoga, con tu propia práctica, con el dinero, con el dar.

Soy consciente de que esto puede resultar un desafío para vosotros. Lo es también para mí. El mundo en el que vivimos actualmente parece estar desalineado en muchos aspectos. El sistema monetario en el que vivimos ha hecho que el dinero sea algo escaso y que se atasca, en lugar de ser abundante y fluir. Estoy abriéndome a explorar una nueva narrativa y nuevas relaciones, y ofreciendo un precio sugerido estoy invitándote a unirte en esa exploración.

Si este taller te llama pero estás pensando «no puedo permitírmelo», piénsalo otra vez. No es cierto, es una limitación que te pones a ti mismo. Aunque haya una cuota, cuánto das depende de ti. Al final del taller puedes decidir cuánto dar. Puedes dar el precio sugerido, puedes dar más, puedes dar menos. Si crees que es adecuado pedir una devolución, puedes no pagar nada. Confío en mí, en mis profesores, en las enseñanzas que me han dado… y confío en ti.

diciembre 21st, 2019|Tags: , , , , |

El bote (y la caja de caramelos)

Al principio era la nada; no existían el bote ni la caja de caramelos. Mis primeras clases de yoga las daba en un espacio cuya filosofía era que las actividades fueran completamente gratuitas. Todavía tengo en mi mente la imagen de una persona que vino a ofrecerme dinero al finalizar su primera clase allí, y al decirle que no podía aceptarlo se quedó sorprendida: “pero, ¿cómo no se te puede dar dinero?”. Aquel lugar ya no existe físicamente, pero hay otros similares. Y la persona que me dijo aquello ya no viene a clase, pero sí lo siguen haciendo algunas de sus amigas.

Después de la nada fue el bote. Y un poco después la caja con los caramelos sustituyó al bote. La caja fue un regalo de otro profesor de yoga (¡gracias Nico!) y en ella crecían los caramelos y la gente depositaba su voluntad. La caja dejaba al descubierto las voluntades de todo el mundo. Recuerdo una persona que un día indignada me comentó: “¡pero es que la otra gente deja muy poco!”. Un refrán, creo que indio, dice que antes de barrer la casa de tu vecino te des una vuelta por la tuya propia. Y esta persona no se la dio, lo que sí hizo poco después de aquella crítica al prójimo fue tener dos detalles de “generosidad” que contribuyeron, junto a otro par de sucesos, a que me planteara seriamente dejar de dar clases de yoga.

Pero no dejé de dar clases. Y así fue que regresó el bote, acompañando a la caja con los caramelos. La caja para coger, y el bote para dejar de forma un poco más discreta, ya que mi intención no es que el final de la clase sea “la hora de la vergüenza”, ni la hora de juzgar a los demás, sino que el bote invite a “la hora de la reflexión”. La reflexión de si nos ha gustado o no la clase, de si nos apetece dar y/o coger, de cuánto valen las cosas, de si quiero volver, de si me voy en paz y con una sonrisa en mi corazón.

Algunas veces, en la página web he dado ideas alternativas al dinero para expresar generosidad. Una de ellas es la de dejar una nota, ya sea de agradecimiento o con una reflexión. Me he dado cuenta de que las notas dicen mucho más de lo que hay escrito en ellas. Y hay personas para las que el dinero y el agradecimiento escrito no son excluyentes, sino que son complementarios. Esto lo aprendí gracias al bote.

Al bote no lo menciono a menudo en las clases. Es habitual cuando vas a actividades que son “gratuitas” o por la voluntad, que al final te inviten, de forma más o menos decorosa, a dejar dinero. Creo que si yo fuera mi propio alumno me cansaría de que todos los días me “invitaran” a expresar mi voluntad. Así que en el 99% de las clases no digo nada. Si alguien asiste frecuentemente, confío en que tarde o temprano se dará cuenta del trasiego de gente, de que hay un bote y una caja entre las mochilas, de que hay personas que al terminar la clase rebuscan en bolsos, carteras o monederos y van, dinero o papel en mano, al centro del círculo de esterillas y vuelven con un caramelo. Porque aprendemos de las personas que nos rodean y tendemos a imitarlas, queramos o no.

A veces dudo de que el bote cumpla su cometido original de invitar a la reflexión, pero durante los últimos cuatro años el bote me ha permitido, en un mundo gobernado por la avaricia, vivir en el reino de la generosidad.

Gracias.

Generosidad

septiembre 28th, 2017|Tags: , |

El precio de la Iluminación: Entrevista a Bhikkhu Thanissaro

Bhikkhu Thanissaro Bhikkhu Thānissaro, también conocido como Ajaan Geoff y bautizado al nacer (1949) como Geoffrey DeGraff, es un monje budista Theravada americano de la Orden Dhammayut (Dhammayutika Nikaya), de la tradición tailandesa del bosque kammatthana. Actualmente es el abad del Metta Forest Monastery en el condado de San Diego. Es un traductor prolífico y notablemente habilidoso del Pāli Canon. También es autor de varios libros gratuitos sobre el Dhamma. Fue introducido en las enseñanzas de Buda en su época de instituto, durante un vuelo desde Filipinas. Tras graduarse en 1971 en Historia Intelectual Europea por el Oberlin College, viajó a Tailandia, donde practicó meditación bajo la instrucción de Ajaan Fuang Jotiko, quien a su vez fue estudiante de Ajaan Lee. Fue ordenado monje en 1976 en Wat Asokaram, el templo de Ajaan Lee donde el sobrino de este, Phra Rajvarakhun (Samrong Gunavuddho), hizo de preceptor en su ordenación. Después se trasladó a Wat Dhammasathit, donde continuó estudiando con Ajaan Fuang.

Antes de la muerte de Ajaan Fuang en 1986, este expresó su deseo de que Ajaan Geoff se convirtiera en abad de Wat Dhammasathit. Tiempo después de la muerte de su profesor, el puesto de abad le fue ofrecido, pero con “condiciones” y sin autoridad, ya que era un occidental en un monasterio fundado por y para monjes tailandeses. En lugar de aceptar ese cargo, viajó al condado de San Diego en 1991 bajo petición de Ajaan Suwat Suvaco, para ayudar a fundar el Metta Forest Monastery, del que se convertiría en abad en 1993. En 1995, Ajaan Geoff se convirtió en el primer bhikkhu de origen no tailandés nacido en América al que se le otorgaba el título, la autoridad y la responsabilidad de preceptor (Upajjhaya) en la Orden Dhammayut.

¿Puede, por favor, decirme lo que significa la palabra “dana” en la tradición budista Theravada?

Thanissaro Bhikkhu: Literalmente significa regalo. Está asociada a la palabra “caga” que significa generosidad. Las dos van de la mano.

¿Cuáles son los requerimientos para que alguien acepte dana? Por ejemplo, ¿hace falta ser monje y tomar ciertos preceptos o vivir de una determinada manera?

Thanissaro Bhikkhu: No. Dado el hecho de que dana significa regalo, cubre todo, desde un regalo corriente que puedes dar a un miembro de tu familia o un amigo, hasta lo que puedes ofrecer a un miembro de la Shanga. Las expectativas, sin embargo, difieren según el cómo y el porqué se da. Si eres un miembro de la Shanga que vive del dana de la gente, hay una serie de requerimientos sobre cómo comportarte antes de recibir el regalo y cómo lo usas una vez lo has recibido. Eso se hace para preservar la buena fe de los donantes y ayudar a mantener viva la institución monástica.

Pedir directamente una “donación sugerida”, ¿se considera técnicamente dana en el sentido que tiene la palabra en el budismo Theravada?

Thanissaro Bhikkhu: Técnicamente hablando, podría contar como dana. Es como el regalo que le das a un mendigo. Pero es un abuso de la tradición en la que dana, en sentido budista, es enseñada y practicada. Una de las reglas que siguen los monjes es la de no sugerir una donación de ninguna forma. Si la gente se ofrece de antemano, por ejemplo diciendo “si necesita algo, hágamelo saber”, o si formulan el ofrecimiento de manera que le ponen límites, entonces puedes pedir dentro de esos límites. Pero incluso en ese caso hay que tener en cuenta lo que la persona es capaz de dar, y lo que le gustaría dar.

En la tradición Theravada, la cultura del dana está diseñada para mantener la confianza en ambas partes. En ese contexto, se consideraría un abuso si alguien pide una “cantidad sugerida”. Un regalo debe ser ofrecido libremente, de manera que también pueda ser recibido con libertad. Eso asegura que no hay condiciones.

¿Debe el estudiante sentirse, de alguna forma, obligado? ¿O sentir que tiene una deuda por las enseñanzas?

Thanissaro Bhikkhu: La única obligación es que trates las enseñanzas con respeto, como harías con cualquier regalo. En otras palabras, que las pongas en práctica con sinceridad.

¿Hay dana que sea insano? ¿Como dar demasiado, o demasiado poco, o dar de forma inadecuada?

Thanissaro Bhikkhu: Sí, si te haces daño a ti mismo o a la otra persona con el regalo. Esto significa, por un lado, dar por encima de tus posibilidades, y por el otro, dar algo que el receptor no debería utilizar. Eso sería considerado inapropiado.

¿Cuáles son los requerimientos para que un profesor laico acepte dana?

Thanissaro Bhikkhu: No hay reglas específicas en cuanto a cómo se tienen que comportar los profesores laicos en cuanto al dana, pero cuando se vuelva una práctica institucionalizada van a apreciar la sabiduría de la cultura budista tradicional del dana. Si continúas poniendo presión sobre la gente para que dé, o si utilizas incorrectamente su generosidad, va a haber una respuesta negativa. Por ejemplo, he conocido mucha gente que se ha ofendido por las charlas sobre dana al final de los retiros, porque no importa con cuanto cuidado lo articules, la intención subyacente es obvia: “Dame. Dame más de lo que pretendías dar”. Ese tipo de intenciones resultan muy ofensivas cuando vienen de gente que te ha estado enseñando a ser compasivo y desprendido.

¿Cuál es su punto de vista sobre una persona laica cobrando por una clase de meditación?

Thanissaro Bhikkhu: Uno de los problemas es si resulta o no apropiado el cobrar por algo que originalmente fue dado gratis. Los profesores laicos, originariamente, obtuvieron su conocimiento sobre meditación de los monásticos, pero después ellos lo han cambiado y cobran por ello. Es como si Walt Disney coge un cuento de hadas de la cultura popular, de dominio público, y lo convierte en un producto Disney y reclama derechos de propiedad sobre él.

El segundo problema es que aquellos que pagan por un servicio, son los que deciden si lo que reciben vale el dinero que han pagado por ello. Comienzan a tener voz para decidir lo que merece o no merece ser enseñado, porque, después de todo, es su dinero. Y pagarán por lo que quieren, y no por aquello que no quieren.

En un caso como este, los profesores se vuelven muy sensibles al tipo de enseñanza que le agrada a la audiencia y la que no. Incluso cuando esta sensibilidad no es consciente, empieza a condicionar lo que se enseña y lo que no. Por ejemplo, si comienzas a enseñar sobre el karma y las vidas pasadas, y la gente en la audiencia muestra con sus gestos que no quieren escuchar estas cosas, empiezas a dejarlas a un lado. De esta forma este “Dharma en venta” (Dharma-for-sale) se convierte inevitablemente en Dharma distorsionado.

Una vez escuché sobre una clase de psicología conductual que enseñaba un profesor en el MIT. El profesor tenía la costumbre de andar de un lado a otro enfrente de la clase mientras explicaba, y los estudiantes (siendo estudiantes del MIT) decidieron realizar un experimento de psicología conductual con el profesor sin decírselo. Cuando este se encontraba en el rincón izquierdo del aula, le miraban intencionadamente y tomaban apuntes. Cuando estaba en el rincón derecho, miraban por la ventana, se hacían los aburridos, etc. No pasó mucho tiempo hasta que le tuvieron enseñado a no andar más y quedarse en el rincón izquierdo. Y él no se dio cuenta de lo que le habían hecho.

Lo mismo sucede con demasiada facilidad cuando enseñas el Dharma por dinero. El profesor no es ni siquiera consciente de que determinados temas se han quedado fuera de su discurso.

Cuando Buda dijo que no se debía comerciar con el Dharma (Dhamma en pali), ¿hay excepciones a esta regla o algún resquicio?

Thanissaro Bhikkhu: No dentro de la vida monástica. Las reglas son muy claras en cuanto a que los monjes y monjas no deben comerciar con el Dharma a cambio de favores. Hubo una ocasión en la que una persona laica ofreció a Buda un “honorario” como profesor. Buda lo consideró tan inapropiado que le dijo a la persona que lo tirara.

El principio de que se debe permitir a la gente dar voluntariamente es una muestra importante de uno de los aspectos distintivos de la enseñanza de Buda sobre el karma: que tienes el poder de decidir sobre lo que haces. Permitir total libertad a la gente en cómo ofrecen sus regalos hace que el poder de elección sea algo real en sus vidas.

Y en cuanto al trueque, ¿también se considera comerciar?

Thanissaro Bhikkhu: Sí.

En algunas de las otras tradiciones budistas, algunos profesores piden una cantidad fija por los retiros, talleres, meditaciones o charlas. Usan palabras como “coste”, “aportación”, “entrada”. Algunos utilizan “donación sugerida” pero dejan claro que sin pagarla no vas a recibir ninguna enseñanza. ¿Cuál es su opinión sobre esto?

Thanissaro Bhikkhu: Creo que es desafortunado que hagan eso. El Dharma se convierte en un producto, lo que lo somete a las fuerzas del mercado. Una de las más elementales lecciones del Dharma es la generosidad, y una de las mejores maneras de inspirar a otras personas a ser a su vez generosas con otras es siendo generosos con el Dharma, enseñar el Dharma gratis. Esto crea la atmósfera adecuada para que la gente reciba el Dharma como un regalo, en cuyo caso lo apreciarán más. Si lo reciben como un producto, será más fácil que lo desechen.

Hablando de mercados, usted mencionó anteriormente a Walt Disney y la venta del Dharma. De hecho he visto que ciertos profesores budistas registran como marca ciertos aspectos del Dharma. ¿Ha tenido noticia de ello?

Thanissaro Bhikkhu: Sí, he oído sobre el tema.

Cuando escucha eso, ¿qué es lo primero que le viene a la cabeza?

Thanissaro Bhikkhu: Es prostituir el Dharma. O puede que sea mejor decir que es convertir el Dharma en un “producto procesado del Dharma”, lo mismo que cuando tienen que etiquetar las cosas como processed food-product porque no son realmente comida.

¿Cuáles son los aspectos kármicos de prostituir el Dharma? ¿Qué dijo Buda sobre comerciar con el Dharma? ¿Habló alguna vez sobre el tema?

Thanissaro Bhikkhu: Básicamente dijo que, como profesor, debes observar tu motivación para enseñar, y la motivación nunca debe incluir la idea de que esperas una recompensa monetaria. Buda nunca explicó las consecuencias kármicas de ir en contra de este principio, pero es fácil apreciar que terminarás distorsionando el Dharma. Cuando distorsionas el Dharma para otros, tú mismo no vas a quedar expuesto a otra cosa sino al Dharma distorsionado. Y no hará falta que esperes hasta tu próxima vida para que eso suceda. Empezarás a justificar tus acciones a ti mismo ahora, y eso marchitará tu sensibilidad para apreciar lo que es Dharma genuino y lo que no. Incluso cuando escuches Dharma que es genuino, tu actitud distorsionará lo que escuches.

¿Cuál diría que es el menor de estos dos males: que no haya enseñanzas budistas de ningún tipo, o enseñarlas a alguien a cambio de alguna forma de tarifa?

Thanissaro Bhikkhu: (Risas) Esas nunca son las dos únicas opciones. Hay una tercera opción: ofrecer las enseñanzas gratis.

Pero muchos de estos profesores dicen que no tienen elección y que se sienten llamados a enseñar o “compartir”, a comunicar la verdad a otros. Dicen que, para enseñar/compartir/comunicar a tiempo completo necesitan ganar dinero para pagar sus facturas, su hipoteca, el crédito del coche, los gastos de sus viajes, el alojamiento, la comida, etc. Eso es lo que me dicen a mí.

Thanissaro Bhikkhu: El profesor haría mejor en encontrar otra ocupación y, entonces, con el tiempo libre que le quedara, ofrecer el Dharma gratis.

Entonces, ¿está diciendo que no hay razón ninguna para enseñar esto por dinero?, ¿la gente debería conseguir un trabajo para ganar dinero y enseñar aparte el Dharma gratis?

Thanissaro Bhikkhu: Exacto.

¿Y qué me dice de crear algún tipo de centro de meditación sin ánimo de lucro con profesores laicos profesionales que pidan una tarifa y donaciones para hacerlo funcionar? ¿Qué piensa sobre esto?

Thanissaro Bhikkhu: Me preocupa que, en organizaciones como esas, las necesidades de la organización lleguen a ser lo primordial: pagar a los empleados, pagar a los gestores, pagar la publicidad. Incluso las organizaciones sin ánimo de lucro tienen que cuadrar las cuentas, y sería demasiado fácil empezar a seleccionar el Dharma para que coincida con las necesidades de la organización y dejar aparte el resto. Esto no significa que las órdenes monásticas sean totalmente incapaces de distorsionar el Dharma, pero están diseñadas para minimizar las presiones que conducirían en esa dirección. Los gastos de estructura son bajos y la cultura monástica fomenta la frugalidad. Las grandes organizaciones con presupuestos enormes, sin embargo, son costosas de llevar por naturaleza. Sus necesidades tienden a modelar los ideales y puntos de vista de la gente que trabaja para ellas.

¿Y sobre dar a otro “guía”, “orientación”, “coaching” y cobrar por hora a cambio de consejos o sugerencias sobre espiritualidad, jhana o meditación vipassana?

Thanissaro Bhikkhu: Cuando los profesores dicen que esperan una “compensación justa” por su tiempo, y miden esa compensación en dinero, se convierte en un comentario triste que refleja como la mentalidad del mercado capitalista ha invadido todos y cada uno de los aspectos de nuestra cultura, incluyendo las mentes de los profesores del Dharma. Incluso los economistas se están empezando a dar cuenta de que hay límites morales en los mercados, que hay ciertas áreas donde no puedes permitir que el mercado irrumpa en las interacciones entre las personas, de lo contrario todo se corrompe. Uno esperaría que la gente que enseña el Dharma fueran de las primeras a la hora de darse cuenta de esto.

¿Existe algo como estar “inspirado por dana?

Thanissaro Bhikkhu: Hay tres maneras en las que el dana puede ser inspirador.

La primera es cuando tú eres el receptor de algo que obviamente ha requerido algún sacrificio por parte del donante. Cuando era monje en Tailandia, había unos cuantos hogares muy pobres en el camino donde yo pasaba a por comida. Algunas de las chabolas eran apenas suficiente para que dos personas cupieran tumbadas. Incluso así, los habitantes de esas chabolas ponían comida en mi cuenco: un trozo de salchicha o pescado seco. Cada vez que eso ocurría, me sentía especialmente obligado a practicar duro ese día, porque había sido el beneficiario de la generosidad de una persona pobre. Eso siempre me inspiraba.

La segunda manera es cuando eres el receptor de un regalo gratuito del Dharma. Mi profesor y los otros profesores de su generación tuvieron que poner sus vidas en juego para encontrar el Dharma. El hecho de que él me lo diera de manera gratuita mostraba su genuina preocupación por mi bienestar. Sentir su compasión y que se preocupaba fue realmente inspirador. Era como si me considerara de su familia. No puedes tener esa misma sensación cuando se cobra un precio por el Dharma. Como Lewis Hyde dijo en su libro The Gift, cobrar por algo crea barreras entre los vendedores y los compradores potenciales. Los regalos que se dan gratis disuelven esas barreras.

La tercera manera de ser inspirado por el dana es cuando ves a alguien siendo generoso con otra persona. Te recuerda lo que hace valiosa la interacción humana, y te hace querer ser partícipe también.

¿Hacia dónde cree que se dirige esto en el futuro? ¿A un modelo de negocio más occidental como las marcas registradas o crear centros de meditación laicos, o hacia una vuelta al modelo de dana tradicional?

Thanissaro Bhikkhu: Creo que vamos a terminar con ambos. Cuando registras el Dharma, va a haber una campaña publicitaria para promocionar ese “producto del Dharma”, para convencer a la gente de que es una mejora respecto al Dharma antiguo, y habrá gente que irá a por ello. Pero entonces estarán aquellos que se rebelarán, que valorarán el tipo de Dharma que pueden aprender en una cultura donde los profesores encarnan los principios del Dharma en su forma de enseñar. Por lo que creo que vamos a terminar con ambos modelos, y la gente tendrá que decidir si se deja llevar por el despliegue publicitario o busca algo con sustancia.

Gracias a John, de http://www.nondualitymagazine.org por su trabajo y por su permiso para traducir y publicar esta entrevista. Podéis encontrar más entrevistas a profesores de diferentes tradiciones en su página web.

Enlace a la publicación original: http://www.nondualitymagazine.org/nonduality_magazine.priceofenlightenment.theravada.bhikkhuthanissaro.htm

Ideas

Diciembre suele ser una época de reflexión del año que termina, y enero la hora de poner nuevas ideas y proyectos en marcha. En octubre ya os comenté algunas reflexiones, en esta entrada voy a compartir algunas ideas y el mes que viene veremos cuáles se materializan. 🙂

Sobre el espacio para las clases en grupo

Continúo con la búsqueda de un hogar permanente para las clases de yoga, pero mientras dicho lugar aparece, dos personas muy generosas me han ofrecido sus espacios para dar clases y talleres. Creo que tiene sentido que, si las clases se ofrecen abiertas a la generosidad de la gente, los lugares donde se desarrollen esas clases tengan la misma naturaleza. A lo mejor alguno sabéis de otros espacios que me puedan ceder o en los que se pueda pagar “la voluntad”, o algún sistema parecido para acoger clases regulares de yoga o talleres puntuales. Si conocéis personalmente a los gestores, mucho mejor si vosotros hacéis el primer contacto para comprobar que es potencialmente viable y me comentéis después las posibilidades de forma más concreta. Como requisitos: que sea razonablemente agradable (se puede hablar de reformar el lugar si el proyecto es a largo plazo) y que entren de forma cómoda al menos 9 personas haciendo yoga.

Clases privadas

La mayoría de las clases que he impartido han sido a grupos grandes con mucha fluctuación de las personas asistentes, y siento que me gustaría también enseñar yoga de forma más directa y continuada manteniendo la fórmula económica que utilizo en las clases abiertas.Si tenéis interés en recibir clases privadas, ya sean individuales o si formáis un grupo pequeño, escribidme a niki@monoyoga.es para ver si nos podemos coordinar.

La generosidad no es igual a dinero

Aunque he escrito sobre este tema al explicar el “precio” por venir a mis clases, comprendo que puede haber una brecha muy grande entre dar dinero y el resto de opciones que exponía en esa publicación. Así que hoy traigo más ideas al respecto.

El pasado verano una alumna me ofreció hacer una sesión de fotos, cuyo resultado podéis apreciar aquí (si alguien echa en falta que la mencione, fue ella quien no quiso que lo hiciera), y quedé muy contento con el resultado. Es la publicación que más alcance ha tenido en el Facebook de Monoyoga, de las más visitadas en la web y, junto con algunas fotos realizadas por otras alumnas, las fotos con más “Me gusta” en Instagram. Es una forma de dar sin que haya dinero de por medio, y con muchísimo valor. Si la fotografía es vuestro fuerte, a mí me viene genial tener material gráfico para publicar. Si esa alumna no me hubiera ofrecido la sesión de fotos, el artículo no habría visto la luz.

Otra cosa que me resultaría útil alguna vez en cuanto a material gráfico es una mano (o más bien las dos) a la hora dediseñar un cartel para anunciar algún taller o crear/modificar una imagen para acompañar alguna publicación.

También sería genial tener la ayuda de alguien que pudiera hacer traducciones inglés/español. Estoy satisfecho con mi nivel de inglés, pero a la hora de traducir algunos textos de yoga o meditación me doy cuenta de que no solo basta con conocer razonablemente los dos idiomas, sino que se necesita la habilidad para transferir el sentido de uno a otro sin traicionar el texto original a la vez que se da vida propia al nuevo. Mi carácter, a veces demasiado perfeccionista, hace que varios intentos de traducciones que he realizado se hayan quedado sin ver la luz por mi falta de pericia al traducir. Y es una pena, porque leo mucho material en inglés que me encantaría poder ofrecer en castellano.

Si os apetece ayudarme, podéis escribir a niki@monoyoga.es sin compromiso.

Profesores amigos

Estos años enseñando yoga he echado en falta el poder delegar alguna clase en caso de imprevisto. Si has venido alguna temporada de forma más o menos regular a mis clases, tienes experiencia enseñando yoga, crees que tu estilo resuena con el mío y podrías hacerme el favor de dar alguna de mis clases en caso de que yo no pudiera, sería genial tener tu respaldo.

Hasta aquí han llegado mis divagaciones por el momento. Veremos qué sucede el año que está a punto de comenzar. Os voy contando.

¡Nos vemos pronto!

diciembre 21st, 2016|Tags: , , , |