Compensar o remediar

Cuando algo no funciona bien, hay tres métodos elementales de actuación: no hacer nada, remediar (arreglar las cosas en su origen) o compensar (hacer un “apaño”). Hacer nada puede ser una buena solución en determinados casos, pero en muchos otros no es la mejor opción, y en esas situaciones debemos actuar de forma activa.

Cuando compensamos, sustituimos por otra cosa algo que está ausente, bloqueamos alguno de los efectos no deseados de lo que no funciona, o nos volvemos inconscientes respecto a los efectos no deseados. Compensar suele ser mucho más rápido que remediar. Sin embargo, a menudo nos lleva a un desajuste más grande y a una mayor necesidad de compensación. Lo vemos muy a menudo en los tratamientos médicos, y también lo vemos en las clases de yoga y en la vida en general.

Remediar, por otro lado, normalmente requiere deshacernos de algunas de las compensaciones existentes. Esto puede resultar contra-intuitivo si la compensación es vista como un logro. Remediar es reconocernos a nosotros mismos que nos equivocamos en un giro en el camino tiempo atrás, y que debemos retroceder varios kilómetros. En el yoga, puede significar el dejar de “poder hacer” una postura, y tener que trabajar con una versión de la postura aparentemente más básica o con otras posturas menos espectaculares.

Compensar

Arriba, un clásico de las posturas de yoga cuando empezamos. Abajo, el cuerpo trabajando en conjunto.  Gracias a Pablo de http://pablogcapistrano.tumblr.com/ por las fotos.

En términos de felicidad humana, a menudo requiere que admitamos que un determinado valor en nuestra sociedad o nuestro entorno no es en realidad saludable. Al contrario que compensar, remediar nos lleva a una mayor capacidad de auto-regulación y a una sensación de bienestar mucho más sólida y estable. Las compensaciones con frecuencia nos traen un mayor desequilibrio; una persona tenderá a hacer a menudo aquello que se le da bien, y por otro lado a abandonar aquello en lo que no es buena pero que bien podría ser lo que le aportara realmente satisfacción y conexión.

Las compensaciones también pueden abusar de la resiliencia del cuerpo. Si nuestro coche se queda sin gasolina, o se pincha una rueda, es necesario arreglar el problema para que el coche siga funcionando, aunque lo único que nos preocupe sea llegar al destino. Sin embargo el cuerpo humano es más flexible, ya que puede encontrar varias formas alternativas de hacer una cosa (si nos dañamos un tobillo, podemos alterar la forma de caminar; cojear, ir sobre una pierna, con muletas, a gatas…). Es por ello que el ego humano no tiene que detener su marcha hacia sus metas si un problema surge en alguna parte de su movimiento.

De la misma forma, si algo (por ejemplo, una postura de yoga) se intenta antes de que una persona esté suficientemente desarrollada para ello, es posible esquivar el obstáculo y dar un rodeo. Estas compensaciones corporales se vuelven automáticas, y no nos llevan a una sensación de naturalidad, a un estado de flujo, ni a un incremento de nuestra sensibilidad.

En situaciones de emergencia, una compensación física puede ser un recurso valioso e incluso salvarnos la vida, pero si la vida es vivida como una emergencia continua, la falta de alegría y humanidad son seguras. Remediar mediante el trabajo corporal no consiste en una ganancia inmediata en efectividad aparente, sino que trata de una adquisición efectiva de paz, comodidad y seguridad.