Taller de Yoga: el árbol (raíces) – Sábado 21 de enero

Debido al gran interés que suscitó el taller del sábado pasado y la cantidad de gente que quiso asistir y no pudo debido al número limitado de plazas, lo repetiré el próximo sábado 21 de enero. De nuevo serán tres horas para trabajar nuestra conciencia corporal, de manera que nuestra práctica de yoga adquiera la capacidad de ser más sensible, significativa, inteligente y profunda. El taller no es una clase de “ejercicios físicos” de yoga donde el profesor dice a los alumnos cómo hacer las posturas, sino más una clase “de aula” teorico-práctica, donde el papel del profesor es guiar a las personas asistentes en la exploración de su propio cuerpo y mente, para que vean con más claridad los procesos que tienen lugar y saquen conclusiones basadas en su propia experiencia, y no en las palabras o experiencia de otra persona. La información que obtengan la podrán aplicar no sólo a su práctica de yoga y a las clases de yoga que asistan, sino que también será relevante en su día a día fuera de la esterilla.

Algunos de los temas que abordaremos serán los siguientes:

  • Intentaremos ser más conscientes de cuáles son nuestras raíces, nuestros cimientos: dónde encontramos el soporte tanto en las posturas de yoga como en nuestra vida, dónde y cómo nos apoyamos para encontrar nuestro equilibrio (puedes leer más sobre ese tema aquí).
  • Desarrollaremos la sensibilidad de esas raíces, para que sean capaces de proporcionarnos mayor información, de nutrirnos y sujetarnos de forma más eficiente
  • Observaremos cómo nuestras raíces condicionan la manera en la que crecemos y nos expresamos.
  • Pasaremos de conocer la anatomía humana de manera exclusivamente conceptual y sobre el papel, a experimentarla en nuestro propio cuerpo.
  • Debatiremos el tema de la “alineación”, y buscaremos un común denominador para poder alinearnos a nosotros mismos y a los demás, independientemente de nuestra anatomía y/o estado físico.
  • Ese debate nos abrirá las puertas a los conceptos de “Imagen corporal” y “Esquema corporal”. Cómo somos condicionados por ellos, de qué manera interaccionan e interfieren entre sí, afectando a nuestra postura, movimiento y al modo en el que nos relacionamos con nuestro cuerpo.
  • Redescubriremos cómo nuestra inteligencia natural sabe equilibrarnos si se lo permitimos, aprendiendo a no interferir con ella al intentar “hacer el equilibrio”.
  • En definitiva, aprenderemos a observarnos, sentirnos y escucharnos desde dentro.

Cuándo: El sábado 21 de enero de 11:00 a 14:00

Dónde: En el Paseo de las Delicias, muy cerquita de la estación de metro Delicias. Proporcionaré la dirección exacta cuando os envíe la confirmación de vuestra plaza.

Cuánto: Lo que te diga el corazón.

Cómo apuntarse: Hay un máximo de 12 plazas para el taller. Si tienes la total seguridad de poder y querer asistir, envía un correo a niki arroba monoyoga.es con el asunto “Inscripción Taller de Yoga 21 de enero” y te contestaré con la mayor prontitud posible para confirmar tu plaza.

Raíces

Anatomía expresada: Anatomía del Equilibrio

Simplificando, tienes dos opciones cuando se trata de equilibrio. La primera y, desafortunadamente la que mucha gente aprende en yoga, es concentrarse en “hacer” el equilibrio. La segunda consiste en que el equilibrio “suceda”. En la segunda opción, tu mente está libre para observar el proceso que se desarrolla. Esta opción te ofrece la posibilidad de presenciar un proceso que puede ser muy relevante en tu vida; por ejemplo, si adoptas estrategias limitantes cuando te sientes desafiado, cuando te desequilibran o te sacan fuera de tu zona de confort. En esencia, e irónicamente, puedes empezar a reconocer cuanto puede que estés interfiriendo con la capacidad natural de tu propio cuerpo para sostenerte cuando te encuentras con estos desafíos. Entender como nos interponemos en nuestro propio camino es uno de los grandes aprendizajes de la vida, pero no necesitamos esperar a ser viejos para que esto se convierta en una irónica conclusión.

Un truco habitual que aprendí en yoga hace muchos años para mantener el equilibrio fue el de concentrarme en un punto fijo; el problema con esta técnica es que tiende a provocar una sobre-estabilización. De manera que puedo sentirme muy estable, pero hay un gran precio a pagar por ello que es fácil de pasar por alto en ese momento. Esto se traduce en que zonas como las caderas, la parte posterior del suelo pélvico y los pilares del diafragma (¡incluso algunas más!) serán reclutadas para sujetar y estabilizar. Las consecuencias de ello son enormes y podría escribir un libro entero sobre el tema. De hecho, pierdo mi equilibrio interior y me agarro al exterior para encontrar soporte, lo que crea una gran singularidad en la relación; me aferro a ti para tener mi estabilidad. Te sugiero que la próxima vez que intentes una postura de equilibrio lo hagas con un amigo, y a la vez que haces la postura le hables, no sobre lo que estás haciendo en ese momento, sino sobre cualquier otra cosa que no esté relacionada. Después pregúntale sobre la diferencia que ha experimentado. Mejor no contarles de antemano el ejercicio para obtener un feedback más objetivo.

El porqué esto ocurre es sencillo; la visión focal exclusiva (concentrarse en un sólo punto) tiende a inhibir el órgano del equilibrio y tu cuerpo se agarra/contrae, porque cree que se va a caer. Puede que tenga la sensación de que he bloqueado todos los ruidos y perturbaciones, pero este es un estado mental “exclusivo” que usualmente no me sirve para relacionarme con el mundo . De hecho puede crear más dudas, ya que no me llega información suficiente.

Por lo tanto debemos entender lo que estas elecciones realmente significan en cuanto a nuestra capacidad para movernos y expresarnos en el mundo. Después de todo, en la vida real raramente nos relacionamos con la gente mientras estamos en una postura de yoga. ¿Queremos relacionarnos desde un punto de vista tan fijo? ¿Nos ayuda en realidad a tener el espacio necesario para ver “al otro” nuevamente en cada momento y a darnos también el espacio para reevaluarnos a nosotros mismos? Hay una especie de terca insistencia hacia esta actitud fija, como si fuéramos niños pequeños, que en la mayoría de los casos no nos sirve en las relaciones adultas; de hecho nos hace más vulnerables a la manipulación.

Cuando adoptamos esta técnica de “hacer” el equilibrio, podemos estar aprendiendo de forma inadvertida a reclutar los pilares del diafragma. ¿Qué significa esto? Pues que, a menos que estés haciendo algo extenuante, no necesitas estos pilares para estabilizar tu zona lumbar, necesitan estar libres para la respiración, lo que incluye también tu voz y tu expresividad. Cuando se ven reclutados de forma rutinaria en este proceso de sobre-estabilización, puede significar que aprendes también a quedarte bloqueado en una respiración “simpática”, a respirar como si te estuvieras contrayendo porque se percibe una amenaza.

Cuando elegimos la segunda opción, ya esté ocurriendo el proceso de equilibrio o no, tenemos la posibilidad de observar algo bastante extraordinario. Este es, por supuesto, un proceso muy personal, pero comúnmente se desarrolla de la siguiente manera: a medida que entramos en la exigente postura de equilibrio, comenzamos a pasar al modo de respuesta “lucha o huída” (fight or flight), nos paralizamos; creemos que tenemos que concentrarnos más para acallar la mente y utilizar nuestra técnica de equilibrio. Esta estrategia ocupa nuestra mente y, aunque podamos ser capaces de bloquear suficientemente el ruido exterior, es poco probable que mantengamos la presencia necesaria para apreciar honestamente lo que está sucediendo, por lo que no entendemos el precio que pagamos por esta estrategia y lo que significa cuando nos encontramos en una situación similar en nuestra vida cotidiana. Puede que nos sintamos tranquilos y estables pero, ¿qué pasa si el viento cambia y tenemos que responder inmediatamente? ¿Y si necesitamos nuestra mente disponible para relacionarnos o simplemente para estar presentes? Nuestra relación con el mundo nunca permanece estable, estamos constantemente renegociándola; este es un profundo hecho que no debemos perder de vista durante mucho tiempo. Hay una especie de sobre-actividad “de arriba a abajo”; si escuchas, puede que sientas esto como mucho ajetreo, mucha actividad, en el área cortical de tu cerebro. En su lugar, permite que tu cerebro se relaje y esponje, y puede que experimentes cómo la información puede viajar más libremente. Una tensión crónica de estas estructuras puede tener consecuencias de amplio espectro.

Sin embargo, cuando elegimos entrar en el proceso de que el equilibrio “suceda”, nuestro equilibrio será una expresión honesta de la estabilidad de nuestra relación con el mundo, nuestra presencia, en lugar de nuestra habilidad para pensar que estamos en control. Es una experiencia frecuente que, cuando nos retraemos, desconectamos, dejamos de recibir información sobre “el otro” y nosotros en relación, que sentimos la necesidad, el ansia de controlar. Es útil aprender a reconocer esta respuesta y es algo que las posturas de equilibrio (que probablemente deberíamos renombrar) nos pueden ofrecer. Por lo tanto el equilibrio es un proceso y no algo que necesitamos hacer. Una vez más puede ser provechoso, en lugar de intentar planificar una “corrección política” en nuestros cuerpos, entender que nuestro sistema está simplemente ayudándonos a apreciar donde está nuestra mente, cuanta presencia o soporte tenemos.

La diferencia entre estás dos elecciones es un reflejo de nuestra sociedad y nuestra historia, el yoga ha sido coloreado por la sociedad y la cultura, pero también es una oportunidad para reevaluar nuestras metas y nuestros métodos. Hace mucho tiempo, especialmente alrededor del Renacimiento, decidimos que necesitábamos dominar y controlar la naturaleza, nos separamos a nosotros mismos del resto de la vida que hay sobre este planeta. Puede que sea la hora de replantearnos esta elección y preguntarnos si es una elección bien fundada, una con la que deseamos conformarnos. Antes de pensar que tenemos que dominar y controlar, es útil aprender a respetarnos a nosotros mismos y al mundo. Los equilibrios pueden conectarnos de nuevo con un proceso que está vinculado a una expresión elemental de la vida de este planeta, la homeostasis, algo que parece que hemos reducido a un control pseudo-sofisticado. El yoga nos ofrece la habilidad de liberarnos de la esclavitud de nuestra sociedad de consumo, de empezar a entender lo que significa ser un ser humano en este planeta hoy en día, para lo cual parece haber una necesidad acuciante. Si te gustaría descubrir lo que debes hacer, aprender a escuchar y a estar en relación con el mundo en cada momento es una forma de hacerlo. Para la mayoría de nosotros, esto también significa empezar a reconocer cuando nos estamos retirando, evadiendo, de esta relación. No es que esto sea esencialmente bueno o malo; a veces necesitamos retirarnos del mundo exterior o de una relación, pero cuando se convierte en lo habitual, cuando es una respuesta inamovible que hemos aprendido, el yoga puede apoyarnos en el proceso de reencontrar nuestra humanidad, de no sentirnos tan impresionados por la confusión que nos rodea. Esta experiencia es notar que despiertas un soporte más “de abajo a arriba”, hay más actividad en las partes más primitivas de tu cerebro, como el tronco del encéfalo y el cerebelo (el cerebro reptiliano), de forma que el área cortical se encuentra más calmada y libre para asuntos como la presencia, el humor, la inspiración, la creatividad, o cualquier otra cosa para la que esté diseñada en realidad.

Esta es una profunda diferencia. Existe la oportunidad de descubrir verdaderamente para lo que está hecha tu mente, en lugar de interferir con tu experiencia. De esa manera puedes tomar decisiones de forma más fundada sobre el modo en que actúas. Podríamos decir que la segunda opción es un proceso más honesto, es la posibilidad de empezar a ocuparse de la realidad que es y de dejar ir la necesidad de controlar.

Intenta añadir posturas de equilibrio en tus saludos al sol, de forma que entres y salgas de ese tipo de posturas directamente hacia/desde la postura ecuestre (lunge). Prueba a cantar suavemente a la vez que lo haces para comprobar que la respiración está disponible para la expresividad.

La confusión sobre este proceso está incluso expresada en nuestro lenguaje; en que ahora vamos a “hacer” una postura de equilibrio. La mayoría del proceso de equilibrio “sucede” en tu cerebro reptiliano, que necesita recibir información momento a momento sobre dónde te encuentras, y hacerlo desde tu órgano del equilibrio, tus pies y tu visión periférica. Entonces es cuando despertamos el soporte que necesitamos para estar presentes, liberando la mente.

De forma que necesitamos aprender a cuestionar todas las instrucciones que hemos heredado, muchas de ellas son equívocas y no están bien fundadas. El yoga no es una ciencia de información estática; mediante un proceso continuo de reevaluación puede continuar evolucionando y servirnos en nuestras vidas actuales. De esta forma no perderemos el contacto con lo que es más esencial y relevante en este tipo de prácticas. Todas las técnicas necesitan ser cuestionadas, si no podemos establecer una conexión con nuestra vida y nuestras relaciones (el significado más profundo suele pasarse por alto) a menudo se convierten simplemente en rodeos para permitirnos “hacer” una postura. Este hecho puede ser controvertido para la mayoría de estudiantes y profesores, pero nos ofrece la posibilidad de conectar con un propósito y un significado más profundos en nuestras vidas, una forma de encontrar la acción adecuada en todas nuestras relaciones. Todas las relaciones necesitan ser renegociadas con regularidad; la vida, el mundo ahí fuera y nuestro mundo interior están cambiando constantemente. Las ideas, técnicas y principios que permanecen fijos nos pueden proporcionar una sensación temporal de seguridad, pero no nos servirán para toda la vida. Por lo tanto el yoga nos presenta de forma habitual la oportunidad de dejar ir esa necesidad de aferrarnos al control y a los artilugios, y en su lugar empezar a identificar y a ocuparnos de lo que se manifiesta en el momento presente. Todos tenemos mucho bagaje con el que lidiar, tanto personal como colectivo; conectar con lo que significa ser un ser humano en los niveles más elementales nos puede servir de apoyo para encontrar claridad, para mudar toda la desinformación y las distorsiones tanto de nuestro propio pasado como aquellas que hemos heredado. Ser libres de actuar en el mundo de una forma que tenga más significado y propósito, para responder a una pregunta que nunca tiene fin; ¿qué tengo que hacer ahora?

Anatomía del equilibrio

Esta foto es increíble; el pescador se equilibra sobre una barca muy inestable, muy estrecha y poco profunda, a la vez que conversa con otro pescador que se encuentra fuera de escena, está sobre una pierna, remando y estabilizando la barca con la otra, y al mismo tiempo manejando su red de pesca. Aquí tenemos a un verdadero yogui. Tiene el perfecto equilibrio entre estabilidad y movilidad, está respondiendo en cada momento a circunstancias y necesidades cambiantes, está en relación con el mundo a cada instante.

Podéis encontrar el texto original en inglés en la página de Facebook de Leo Peppas. Leo lleva casi 30 años enseñando yoga y movimiento. Actualmente está escribiendo una serie de libros de yoga, impartiendo formaciones y talleres, y haciendo de mentor para otros profesores de yoga.

Porqué no debemos estirar hasta sentir dolor

No pain, no gain

Cada vez están calando más entre nosotros la cultura americana y, específicamente en el ámbito deportivo, el lema “no pain, no gain”. “Para presumir, hay que sufrir”, que diríamos aquí. Hemos aprendido a asociar dolor con mejora física, y parece que cuanto más duele, más se avanza. Pero eso depende de hacia donde queramos avanzar: hacia la consulta del fisioterapeuta o hacia la salud y la felicidad. Si practicas yoga, supongo que pretendes lograr lo segundo.

Un poco de fisiología del estiramiento

Las terminaciones nerviosas que transmiten toda la información sobre el sistema musculoesquelético al sistema nervioso central son denominadas propioceptores. Los propioceptores (también llamados mecanorreceptores) son la fuente de toda propiocepción: la percepción de la composición y el movimiento del propio cuerpo. Los propioceptores detectan cualquier cambio de desplazamiento físico (movimiento o posición) y cualquier cambio de tensión o fuerza dentro del cuerpo. Los propioceptores relacionados con el estiramiento están situados en los tendones y en las fibras musculares.

Existen dos tipos de fibras musculares: las intrafusales y las extrafusales. Las fibras extrafusales son aquellas que contienen miofibrillas y son a las que normalmente nos referimos al hablar en general de fibras musculares. Las fibras intrafusales son también denominadas husos musculares y se encuentran situadas en paralelo respecto a las fibras extrafusales. Los husos musculares, receptores del estiramiento, son los propioceptores primarios en el músculo.

Porqué no debemos estirar hasta sentir dolor

Cuando las fibras extrafusales de un músculo se estiran, también lo hacen las fibras intrafusales (husos musculares). Los husos musculares contienen a su vez dos tipos diferentes de fibras, que son sensibles a los cambios en la longitud del músculo y a la velocidad a la que se produce esos cambios respectivamente.

El reflejo de estiramiento (reflejo miotático)

Los músculos están protegidos por un mecanismo llamado reflejo de estiramiento o reflejo miotático. Siempre que las fibras musculares se estiran con demasiada intensidad, el huso muscular manda esa información al sistema nervioso central y se envía una señal a los músculos para que se contraigan. Cuanto más rápido se produzca el alargamiento del músculo, más intensa será esa contracción (la pliometría se basa en este hecho). Esta función del huso muscular ayuda a mantener el tono muscular y protege el cuerpo de lesiones. Por lo tanto, estirar demasiado provoca el efecto contrario: contrae los músculos que precisamente se tratan de estirar. Una reacción muscular similar se produce cuando se toca algo caliente: antes de pensar en ello, el cuerpo se ha separado rápidamente de la fuente de calor.

Una de las razones para mantener un estiramiento durante un periodo de tiempo prolongado es que al mantener el músculo estirado, el huso muscular se habitúa a la nueva longitud y reduce las señales que envía. Se pueden entrenar gradualmente estos receptores del estiramiento para que permitan un mayor alargamiento de los músculos.

Por qué no debemos estirar hasta sentir dolor

Forzar en exceso un estiramiento activa el reflejo de estiramiento y tensa los músculos. Si seguimos estirando demasiado intensamente, además de dolor, podemos producir un desgarramiento de las fibras musculares que, a su vez, formarán un tejido cicatrizado en los músculos, de modo que éstos perderán gradualmente su elasticidad. Los músculos se volverán rígidos y causarán dolor.

Además de los potenciales efectos físicos negativos, estirar con dolor hará que la actividad nos resulte psicológicamente desagradable. Es difícil entusiasmarse con el yoga o cualquier otra actividad cuando se siente dolor, con lo que es probable que la abandonemos o no la realicemos con la frecuencia óptima necesaria para obtener los beneficios que queremos.