Octubre 2015 – Octubre 2016

El 4 de octubre de 2015 fue la última clase que di en el Templo de Debod (y en España) el año pasado. Era una fecha definida porque desde mucho tiempo atrás tenía claro que me iba a embarcar en un viaje bastante largo por Asia, y mi partida hacia esos lares era dos días después de aquella clase.

Hay varias cosas que recuerdo de las últimas clases de aquel verano. Recuerdo que mi paz mental era mucho menor por aquellas fechas de lo habitual; eso se reflejaba en mis clases y no me gustaba esa sensación. Recuerdo que un día mi voz dijo basta a 20 minutos de terminar una clase, y tuve que tomarme unos días de descanso forzoso. Recuerdo que la gente me preguntaba “¿y ahora dónde voy a hacer yoga?”, y parte de mi respuesta era “también puedes hacerlo en casa”, y la réplica que obtenía muchas veces, incluso de gente que llevaba tiempo practicando, era “pero no sé hacerlo”, y esa contestación me apenaba bastante. También recuerdo que el viaje a Asia, sin ser una consecuencia de ello, me evitaba volver a experimentar las penurias del anterior invierno. Penurias que había producido el hecho de intentar seguir mi sistema de clases en una ciudad como Madrid cuando las condiciones meteorológicas no acompañan.

Finalmente llegó la primavera de 2016 y con ella regresé a Madrid. El clima no era lo suficientemente agradable aún y volví, por un periodo muy breve, a experimentar esas penurias que ya tenía medio olvidadas. Y descubrí que mi paz mental no se veía alterada.

En mayo empezó oficialmente el buen tiempo, y con él volvieron las clases de yoga a los parques. Y este año he notado que ha asistido más gente, mucha más, a las clases. Que he tenido mucha más paz mental durante todo el verano, y que ya no tengo la urgencia de irme fuera a buscarla. Que mi voz y mi garganta han conseguido resistir este año (¡muchísimas gracias Ludovica!). Que mi respuesta a la pregunta “¿Dónde van a ser las clases después del verano? ha sido “estoy buscando sitio”, porque, a pesar de la experiencia, veía un invierno en Madrid sin penurias y manteniendo el mismo modelo.

Y todavía lo veo, pero no es nada fácil. Si lo fuera, nadie estaría pendiente de dónde van a ser mis clases, porque habría otras muchas similares a las que asistir, y yo seguramente me dedicaría a otra cosa. Así que, aunque mi intención es firme de que en Madrid haya un lugar permanente donde la gente pueda ir y encontrar lo que encuentra ahora en mis clases, de momento no va a ser, aunque intentaré que sea lo antes posible. Y, dada la situación, hasta enero al menos no voy a volver a dar clases aquí.

Pero, al igual que este verano ha sido diferente al verano anterior, también espero que el invierno sea diferente. El año pasado pasé la mayor parte de mi viaje viviendo en templos y con nula actividad en internet, y eso será distinto ahora. Espero que, aunque no sea físicamente, os pueda seguir aportando algo desde la distancia, y tengo claro que, para que algo se materialice, no hay que perder del todo la inercia de estos últimos meses.

Finalmente quiero daros las gracias. A la gente que ha seguido asistiendo a las clases, a aquellas personas que demuestran su apoyo de otras maneras además de con su asistencia, y a las que me “pagan el sueldo”. Y sobre todo en esta ocasión doy las gracias a las personas que no me lo ponen fácil, porque me he dado cuenta de que en ellas es donde puedo ver mi verdadero reflejo, y son ellas las que ponen a prueba los resultados de mi práctica y me hacen saber si voy por el buen camino.

octubre 25th, 2016|Tags: , , |

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