• Por qué meditar

Por qué meditar

Los seres humanos queremos ser felices y no sufrir, y la meditación es el medio más efectivo para cultivar las causas internas que producen la felicidad y erradicar las causas internas que producen el sufrimiento.

Por qué meditar

Meditar tiene numerosos beneficios físicos. Las nuevas tecnologías revelan que una práctica regular de meditación a lo largo de varios años tiene efectos positivos tanto en la estructura como en la función cerebral. Meditar reduce el estrés, y esto a su vez refuerza el sistema inmunológico, dando como resultado una disminución en la frecuencia y severidad con la que enfermamos. El entrenamiento de la mente desarrolla la habilidad de dejar ir estados mentales tóxicos, reduciendo por lo tanto los factores psicosomáticos involucrados en las enfermedades físicas. Habiendo cultivado la habilidad para calmar la mente, los meditadores son capaces de gestionar con destreza los sentimientos de depresión, ansiedad y miedo que a menudo acompañan a la enfermedad. Esa destreza reduce el sufrimiento mental presente en la convalecencia física y acelera el proceso de curación. Cuando la vida llega a su fin, los meditadores experimentados son capaces de abandonar el mundo en paz.

La primera tarea para un meditador es aprender a mantener una atención sostenida sobre un objeto. Esta acción pone de manifiesto la forma normal de proceder de una mente sin entrenar, y puede enseñarnos a identificar y manejar estados mentales de distracción y confusión, así como a cultivar otros que nos nutran. Una habilidad muy valiosa que se aprende llegados a este punto es el control de los impulsos, uno de los predictores más significativos del éxito en todos los ámbitos de la vida. La calma y la sensación de bienestar que resultan de la meditación nos conducen a una autonomía interior. Como resultado, el ansia y la necesidad de buscar placer a través de los sentidos disminuye, y comportamientos dañinos (los adictivos, por ejemplo) son abandonados con convicción y sin pesar. Pensamientos basados en la generosidad y la bondad surgen en la mente de manera natural y con mayor frecuencia.

La mente que ha sido bien entrenada en la meditación posee la suficiente fuerza y claridad para percibir la verdadera naturaleza de las cosas como una experiencia directa. Ver las cosas bajo esta luz nos permite deshacernos de las asunciones erróneas y los apegos que son la raíz del sufrimiento humano. Finalmente, la meditación nos dirige al despertar y a la completa liberación del sufrimiento y sus causas, y a una mente pura y sin obstáculos en sus funciones, repleta de sabiduría y compasión.

  • Meditación

Qué es la meditación

La meditación es una palabra y, por más trivial que pueda parecer, como personas diferentes utilizan las palabras en sentidos diferentes, es muy importante distinguir con exactitud lo que una persona concreta quiere decir cuando utiliza una determinada palabra.¹ Empecemos por lo que nos resulta más cercano y vayamos explorando los diferentes significados de meditación.

Meditación

La definición de meditación según la Real Academia de la Lengua es:

meditación

Del lat. meditatio, -ōnis.

1. f. Acción y efecto de meditar.

meditar

Del lat. meditāri.

  1. tr. Pensar atenta y detenidamente sobre algo.

Ahí tenemos la definición oficial de meditación en castellano. Pero, ¿lo de la meditación no va de dejar la mente en blanco o algo parecido? Dejar la mente en blanco y “pensar atentamente” no parecen lo mismo, sino más bien lo contrario. Lo que define el diccionario como meditar y la idea de meditar que ahora está tan de moda no concuerdan. ¿De dónde viene esa discordancia? Pues de una diferencia cultural/religiosa.

En la tradición judeocristiana existen dos prácticas meditativas: el rezo y la contemplación. Al rezar, nos dirigimos directamente a una entidad espiritual. Al contemplar, dedicamos un prolongado espacio de tiempo a pensar atenta y detenidamente sobre algo (aquí vemos de dónde viene la definición de la RAE), generalmente sobre un ideal religioso o un pasaje de las Escrituras.

Sin embargo las técnicas de meditación que han ganado más popularidad en los últimos años vienen de otra parte del mundo. El mindfulness, el vipassana, el zen los hemos traído de Oriente, de una cultura y una religión diferentes a las nuestras. ¿Por qué hemos traído y adoptado esas prácticas? Su auge ha coincidido con un aumento en nuestro uso de otras palabras como estrés, ansiedad, depresión… vivimos con más bienestar material pero aun así experimentamos desasosiego, insatisfacción y sufrimiento. Y por eso estamos adoptando (y adaptando, haciéndolas nuestras) esas prácticas de origen budista.

Hay muchas cosas en la vida que están más allá de nuestro control. Sin embargo, es posible hacernos cargo de nuestros propios estados mentales, y cambiarlos a mejor. Según el budismo eso es lo más importante que podemos hacer, y nos enseña que es el único antídoto para nuestras penas, ansiedades, miedos, odios y para aliviar la confusión general que aqueja a la condición humana.

En pali, la lengua usada por Buda, no hay una palabra concreta para meditación. El término que se utiliza es bhāvanā, que significa cultivar. La meditación budista consiste de varias técnicas y métodos para desarrollar o cultivar estados mentales saludables y abandonar estados mentales nocivos, de forma que se asientan los cimientos que permiten, a su vez, el cultivo de la sabiduría. Aunque los estados mentales de tranquilidad pueden suprimir con éxito y durante largos periodos de tiempo los estados mentales nocivos, solo la facultad de la sabiduría, el conocimiento directo de cómo funciona nuestra mente, puede arrancarlos de raíz.

Las prácticas de meditación budista enfatizan y desarrollan la concentración y una visión clara de la verdadera naturaleza de las cosas. Estableciendo una práctica de meditación, aprendemos los patrones y hábitos de nuestra mente, y reconocemos nuevas y más positivas formas en las que esta puede funcionar. Con trabajo constante y paciencia, estas experiencias pueden tener un efecto transformador y llevarnos a una nueva forma de entender la vida.

¹ Gunaratana, Bhante Henepola; El libro del mindfulness; (Barcelona), Kairós, (2012).

Yoga en Madrid Río – Casa de Campo

Los martes y jueves por la mañana, a las 10:30, las clases de yoga tienen lugar a la entrada de la Casa de Campo, justo al lado de Madrid Río. La parada de metro y tren más cercana es Príncipe Pío. Puedes ver la ubicación en Google Maps pinchando aquí.

También os dejo la imagen del mapa por si no tenéis acceso a Google Maps:

Mapa Yoga en Madrid Río - Casa de Campo

Yoga en Madrid Río - Puente del Rey

Puente del Rey, desde Príncipe Pío hacía Casa de Campo

Si venimos desde el centro de Madrid, cruzamos el puente para llegar a la Puerta del Rey (las seis columnas) y las cruzamos también:

Puerta del Rey - Yoga en Madrid Río

Pasadas las columnas veremos una fuente a pocos metros. A mano derecha queda un edificio y a mano izquierda hay una zona de cesped arbolada que es donde tienen lugar las clases de yoga:

Yoga Madrid Río - Casa de CampoFuncionamiento de las clases

Antes de la clase

Traed ropa cómoda y una cinta de yoga o un cinturón cualquiera (los usamos a menudo en las clases de las mañanas). Venid hidratados y con el estómago vacío. Una esterilla de yoga es muy recomendable aunque no estrictamente imprescindible; hay gente que usa una toalla o directamente el cesped, pero algún día el cesped puede estar húmedo o esconder “sorpresas”. La esterilla además de servir de aislante ofrece mayor adherencia a pies y manos.

Sed puntuales para no llegar estresados y evitar perderos los ejercicios iniciales, que os harán el resto de la clase mucho más fácil y agradable.

Durante la clase

Intenta seguir las instrucciones verbales y olvídate de lo que hacen las personas de tu alrededor. En algunas posturas suelo dar varias opciones para que cada uno se adapte a sus posibilidades. Si doy dos versiones y tienes claro (o lo descubres al intentarla) que la dos te va a resultar imposible de realizar correctamente, , no te quedes mirando al resto; permanece o vuelve a la versión uno y acumula tiempo en ella. Si vienes de forma continuada a las clases y perfeccionas las versiones básicas de las posturas, seguro que algun día podrás hacer las avanzadas.

Permanece en la versión de las posturas que te permita respirar, y que cada parte de la respiración (inhalación y exhalación) se sienta diferente en tu cuerpo y las zonas que estás estirando. Si el estiramiento es muy intenso, duele y no cambia la sensación que produce dependiendo de si estás cogiendo o soltando aire, es que has ido demasiado lejos. Reduce un poco la intensidad de la postura y observa como se reduce la tensión cuando exhalas.

Descansa siempre que lo necesites, ya sea de pie, en posición sentada, tumbada o en la postura del niño.

Al terminar la clase

Junto a las mochilas dejo una caja con caramelos y un bote, los cuales nos permiten hacer el último ejercicio de la clase de yoga; practicar el dar y el recibir. Para el recibir coge los caramelos que quieras. Para el dar no hay una cantidad sugerida, ya que eso condicionaría el acto de dar. Casi nunca menciono el bote al finalizar la clase por el mismo motivo.

Tampoco llevo cambio y prefiero que nadie abra el bote. Si no tienes cambio, puede elegir dar el próximo día por la clase que acabas de recibir, o dar en ese momento por las clases a las que piensas asistir en el futuro. En ambos casos te sugiero que te tomes un momento y hagas un ejercicio de honestidad contigo mismo. Si quieres dejar algo que no cabe por la ranura del bote, puedes ponerlo en la parte de la caja donde no hay caramelos, o debajo de ella si no quieres que se vea mucho. No se está obligado a dar y nadie te va a decir nada al respecto.

Puedes pinchar aquí para leer mi reflexión sobre cuanto cuestan las clases

y aquí para ver las respuestas a otras preguntas que puedas tener

La Rueda: mi vida en 23 posturas de yoga

Hace unos días, seleccionando libros para una próxima mudanza, descubrí uno en mi estantería con un montón de papelitos asomando en forma de marcapáginas: La Rueda: mi vida en 23 posturas de yoga. Lo cogí e intenté identificar las palabras concretas que hicieron que pusiera allí esos trozos de papel hace unos años. Os dejo aquí una selección de ellas, por orden de aparición en el libro:

“Sin embargo, una clase de yoga me superaba. Como a todo el mundo, me aterraba la idea de meterme en una habitación llena de gente a la que el yoga le resultaba fácil. No tenía ni idea de que solo muy de vez en cuando te encuentras con una sala entera de gente que sabe hacer yoga. Y cuando te pasa, suelen ser imbéciles.”.

“Primero nos tomamos la pierna derecha, meciéndola adelante y atrás en los brazos y disfrutando de la agradable y desconocida sensación de notar los bíceps (los bíceps no pintan gran cosa en el yoga). Luego empezamos a subir el talón derecho hasta poder inclinar hacia delante la cabeza y, todos a una, colocar el pie derecho detrás de la nuca.

No era como pensábamos que acabaríamos al llegar esa noche a clase de vinyasa. Nos miramos entre risitas. Estábamos cómicos.

Nuestra profesora nos sonrió, pero sin traicionar su personaje, si es que era tal. “Respiren la sensación”, dijo, y nosotros inhalamos y exhalamos. Lo habíamos olvidado. Era cierto: cuando respirábamos sentíamos más. Cuando literalmente haces un nudo con el cuerpo, solo puedes respirar: respirar la sensación. Detenerte, tomar aire y descubrir lo que sientes de verdad.

Al rato, dejó de ser divertido y parecía llegado el momento de parar. Nuestra profesora habló con voz hipnótica.

– Quizá estén incómodos. Si es hora de parar, es hora de parar. Pero si pueden, sigan así. ¿Qué es la incomodidad? ¿Qué se siente? ¿Es dolor o simplemente no están familiarizados con la situación? No es un mal lugar para estar. Relajen hombros.

Un asiento incómodo. Justo lo que faltaba a los ejercicios. Quietud. En ello estaba, y daba miedo. Me sentía increíblemente incómoda y no podía evitarlo. No podía moverme más rápido ni concentrarme en la siguiente transición. No había tarea que completar, reloj que mirar, niño que acunar, cena que cocinar, madre a la que llamar, marido triste al que animar, amigo al que consolar, padre al que escuchar, colegio que limpiar, coche al que llenar el tanque, plazo de entrega que cumplir, editor al que tranquilizar. Solo había incomodidad.

Durante años, el yoga había sido el único sitio donde prestaba atención a cómo me sentía. Hacía las posturas y, justo en ese instante, las sentía. Cuando hacía la paloma, sentía la cadera derecha, notaba que me decía algo: que empezara a llevar a los niños en la cadera izquierda de vez en cuando. Las posturas me transmitían información real. Mi mente intentaba perderse por lo que debía o debería hacer, pero las posturas la retenían, la obligaban a quedarse en ese momento donde estaba. No siempre, pero con la asiduidad suficiente.

Entonces empecé vinyasa. Porque lo hacían las tías agradables. Porque salmodiaban. Porque tenía la necesidad constante de progresar con el yoga, de avanzar, de mejorar. Y al consagrarme al vinyasa abandoné la única cosa por la que el yoga me funcionaba: quedarme quieta, en sintonía con lo que sentía. Fran había intentado enseñármelo, pero lo había abandonado por mis ganas de “mejorar”.

Intenté respirar. Noté una sensación que irradiaba de la cadera derecha. Noté algo más y lo reconocí, como un barco en el horizonte: alivio. Por fin notaba mi propia incomodidad, mi incapacidad para estar a gusto en el mundo. Incomodidad, ansiedad, pavor… acechaban desde hacía tiempo y las había esquivado, me había alejado corriendo de ellas tan veloz que no podían manifestarse.

Seguí allí sentada con el pie detrás de la nuca, como una imbécil. ¿Quién se lleva el pie a la nuca?

Me quedé sentada y comprendí lo siguiente: era muy infeliz, mucho.”.

“- Aquellos de ustedes que vengan mal con el yoga, están en el lugar adecuado. Confío en que todos se permitan hacerlo muy mal hoy, alejarse de la perfección. El verdadero yoga no radica en la postura perfecta; en la postura mala, sientes de verdad. Quieres sentir de dentro afuera, más que conseguir la perfección de fuera adentro.

Hicimos una savasana extralarga, lo que me pareció muy Naropa. Estaba claro que la savasana era importante allí. Nos acostamos de espaldas en el suelo del gimnasio.

El gimnasio era una caja rectangular enorme y espaciosa, llena de luz. El suelo estaba plagado de colchonetas. No solo había estudiantes, también habían acudido profesores y oficinistas en su descanso para almorzar. Era mi clase favorita de yoga: llena de todo tipo de personas de constituciones y edades diversas.

Mi colchoneta estaba sucia. ¿La había lavado alguna vez? No creo. La froté con los dedos y encontré una aguja de pino. El hueso de mi nuca presionó contra el suelo; giré un poco la cabeza a un lado y a otro, notando la forma del bulto.

La persona que tenía junto a mí resoplaba y hacía ruiditos como si fuera a dormirse, lo que me pareció muy agradable. El profesor caminaba por la sala. Oía sus pasos. Empezaba a secárseme el sudor y pasárseme el calor. Recogí la sudadera de al lado de la colchoneta intentando no hacer ruido y me la extendí sobre el pecho.

Permanecí echada, sintiendo el polvo en la nariz y el agradable peso de la sudadera sobre el pecho. Y comprendí que estaba meditando. No había nada que temer acechando bajo la superficie. Allí solo había… esto. Esta realidad.

De pronto se me ocurrió algo: ¿y si lo contrario de bueno no era malo? ¿Y si lo contrario de bueno era real?”.

A mí me regaló el libro una compañera cuando hice el curso de profesor de yoga, y creo que ha llegado el momento de regalárselo a otra persona. Si te apetece leerlo, solo tienes que dejarme un comentario en esta entrada diciéndome cuándo vas a venir a clase y te lo llevo.

La Rueda: mi vida en 23 posturas de yoga

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Cómo funciona el Hatha Yoga

“El yoga ha perdurado durante miles de años simplemente porque funciona. De todos los enfoques del yoga, el Hatha Yoga es el que mejor se conoce en Occidente; se debe a que es relativamente accesible. Actúa a través del cuerpo, mediante movimientos que inducen posturas y relaciones musculares y fisiológicas insólitas, muy diferentes a las habituales. Estas alteraciones en la forma de utilizar el cuerpo provocan cambios mentales. Más que tratar de actuar de forma directa sobre la mente, que es mucho más difícil, el Hatha Yoga nos permite trabajar a partir del campo tangible y familiar del cuerpo físico.

Es la única orientación del yoga que ofrece una amplia variedad de beneficios físicos. Aunque no constituyen el propósito del Hatha Yoga, son inevitables. Al usar el cuerpo para transformar la mente, se renueva el organismo: reajustándolo, revitalizándolo, armonizándolo, se le lleva a sus máximas posibilidades funcionales, anatómicas y fisiológicas, inalcanzables mediante ninguna otra combinación de entrenamientos, por intensa o diligente que sea. Son estos beneficios físicos los que lo hacen tan popular. Pero, como estas utilidades físicas accesorias están íntimamente relacionadas con los beneficios psicológicos que realmente se persiguen, el Hatha Yoga posee una singular capacidad de generar mucho más de lo que se pretende al iniciar su práctica. Sólo pretendemos adelgazar, pero también la mente se calma y se aclara; esperamos conseguir fuerza y energía, pero se incrementan, asimismo, nuestra capacidad de decisión y nuestra concentración; sólo deseamos que no nos duela la espalda, pero de paso nos liberamos de la ansiedad compulsiva; buscamos tan sólo aliviar el asma, y acabamos descubriendo reservas ilimitadas de energía física y mental; intentamos reducir la tensión en los hombros y librarnos de la tortícolis, y encontramos una nueva fuente de gozo y entusiasmo.

Así es: el Hatha Yoga desencadena un extraordinario repertorio de beneficios físicos y mentales, que no son, sin embargo, su fin primordial.”

Yoga Dinámico, Godfrey Devereux.

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Yoga Puerta del Sol

En abril las clases de yoga tienen lugar en pleno centro de Madrid, muy cerca de la Puerta del Sol, concretamente en la calle Arenal, 9. Por favor, si vas a venir por primera vez, lee todo el texto hasta el final antes de venir o de preguntar. Las clases son de Hatha Yoga, duran una hora y cuarto, y   A continuación tienes todos los detalles:

Horarios:

Lunes y miércoles de 20:30 a 21:45

Martes y jueves de 10:30 a 11:45

Domingos de 19:30 a 20:45

Pinchando aquí puedes ver los horarios en Google Calendar.

Como llegar:

La dirección es calle Arenal 9, 2ª planta. Al entrar en el edificio, puedes coger el ascensor que está a mano izquierda. Una vez en la segunda planta, según sales del ascensor, la sala está al fondo a la izquierda (es La Sala de Yoga con Cris). Metros más cercanos: Sol, Ópera, Callao.

Antes de la clase

Todas mis clases son abiertas, lo que significa que no hay reservas, sino que se van ocupando plazas según el orden de llegada. Puedes asistir independientemente de tu nivel o experiencia en yoga.

Trae ropa que te permita moverte con total libertad y, preferiblemente, tu esterilla de yoga. Si no tienes esterilla, puedes usar las que hay en la sala.

Ven con tiempo, la sala no está a pie de calle y puede que tardes unos minutos en encontrarla. Si vienes a una clase de los lunes o miércoles por la tarde, no esperes justo al lado de la sala. Los de la clase anterior terminan justo antes de que nosotros entremos. Si estamos en la puerta y nos suena el móvil, nos ponemos a hablar o hacemos cualquier otro ruido aunque sea sin querer, les estamos arruinando la parte más importante de su clase de yoga: la relajación.

Hay cuartos de baño donde podéis cambiaros.

Al entrar en la sala

Deja tus cosas (zapatos, mochila…) en el mueble blanco que tienes a la derecha según entras. Hay ganchos en esa misma pared para dejar los abrigos. Si no tienes esterilla, coge una del mueble grande de madera (no de las que has visto en el escaparate, esas ya tienen dueño). Hay bloques y cintas disponibles para hacerte las posturas más accesibles. No dudes en cogerlos y dejarlos a tu lado por si los necesitas en el transcurso de la clase. Están en el mismo mueble que las esterillas.

Si tienes el cuello sensible, recomiendo que te pongas cerca de una pared despejada de manera que, en caso de hacer alguna inversión en la que pueda haber presión sobre el cuello, te sea fácil y rápido colocarte en la pared para hacer una versión adaptada.

Al finalizar la clase

Limpia tu esterilla con el producto disponible en la sala de manera que mantengamos la higiene y el respeto por los compañeros. Enrolla la esterilla con cuidado, de forma que no quede torcida, y colócala de vuelta en el mueble, asegurándote de no arrugarla y dejando espacio a la derecha para colocar los bloques. Encima del mueble hay una cajita con caramelos, una cesta con fruta y un bote de cristal. Tómate un momento para sentir qué quieres coger de la cajita, de la cesta, y qué quieres dejar en el bote.

En las clases de la tarde seguramente ya estará cerrada la puerta del edificio cuando terminemos la sesión de yoga, así que bajaremos todos juntos y os abriré la puerta. Ten eso en cuenta por si tienes un compromiso justo después; no vas a poder salir disparado inmediatamente nada mas terminar. Date unos minutos de margen para no marcharte estresado.

¿Cuánto cuestan las clases?

Mi principal objetivo es que cualquier persona pueda practicar yoga sin que el dinero sea un obstáculo; el principal motivo para la existencia de las clases es tu participación. Nadie te va a pedir o a cobrar nada por las clases directamente, eres tú quien da. Al final de la clase hay un bote para dejar lo que se quiera (dinero u otra cosa). Si no lo tienes muy claro, puedes guiarte por lo que has pagado en otros sitios, por lo que cuestan otras clases de yoga en esta zona (sobre 10€ la clase suelta), por lo que te ha gustado o dejado de gustar la clase, por tu situación económica… Estoy seguro de que si lo piensas un poco, si lo sientes, sabrás, al final de la clase, lo que debes o no debes dar. Yo ni miro lo que deja cada uno ni quiero saberlo; trato a todos por igual y daré las clases ofreciendo lo mejor de mí mientras sea sostenible. Ese momento de coger tu recompensa en forma de fruta o caramelo, y de dar algo de forma anónima al profesor, es parte de tu práctica de yoga, es lo que va a marcar la diferencia entre salir de la sala sintiendo paz y plenitud, o irte ligeramente incómodo por no haber hecho lo que crees justo. No se trata dar más o menos, se trata de ser honesto contigo mismo.

Si no tienes dinero (o no la cantidad que te gustaría) y te sientes culpable o que te estás aprovechando, te diré que es bueno que tengas ese sentimiento, y también te digo que en esta ocasión no debes preocuparte, porque nadie te va a juzgar y la clase te la ofrecemos entre todos los demás, de corazón. Como dice mi amigo Nico: “El Universo sabe perfectamente que los alquileres de sala, la electricidad, la tarima se pagan con dinero… pero el día que no tengas ni un duro, ni una mermelada, ni nada de nada Él no te pide renunciar a tu practica de yoga, ni que vayas sin pagar sintiéndote culpable. Al contrario, te pide que vayas, que te comas un buen caramelo y que lo disfrutes.”

Pues eso, que aquí estamos esperándote al lado de la Puerta del Sol; la sala, la esterilla, el profesor, el yoga, la fruta y los caramelos.