Taller de Yoga: el árbol (raíces) – Sábado 21 de enero

Debido al gran interés que suscitó el taller del sábado pasado y la cantidad de gente que quiso asistir y no pudo debido al número limitado de plazas, lo repetiré el próximo sábado 21 de enero. De nuevo serán tres horas para trabajar nuestra conciencia corporal, de manera que nuestra práctica de yoga adquiera la capacidad de ser más sensible, significativa, inteligente y profunda. El taller no es una clase de “ejercicios físicos” de yoga donde el profesor dice a los alumnos cómo hacer las posturas, sino más una clase “de aula” teorico-práctica, donde el papel del profesor es guiar a las personas asistentes en la exploración de su propio cuerpo y mente, para que vean con más claridad los procesos que tienen lugar y saquen conclusiones basadas en su propia experiencia, y no en las palabras o experiencia de otra persona. La información que obtengan la podrán aplicar no sólo a su práctica de yoga y a las clases de yoga que asistan, sino que también será relevante en su día a día fuera de la esterilla.

Algunos de los temas que abordaremos serán los siguientes:

  • Intentaremos ser más conscientes de cuáles son nuestras raíces, nuestros cimientos: dónde encontramos el soporte tanto en las posturas de yoga como en nuestra vida, dónde y cómo nos apoyamos para encontrar nuestro equilibrio (puedes leer más sobre ese tema aquí).
  • Desarrollaremos la sensibilidad de esas raíces, para que sean capaces de proporcionarnos mayor información, de nutrirnos y sujetarnos de forma más eficiente
  • Observaremos cómo nuestras raíces condicionan la manera en la que crecemos y nos expresamos.
  • Pasaremos de conocer la anatomía humana de manera exclusivamente conceptual y sobre el papel, a experimentarla en nuestro propio cuerpo.
  • Debatiremos el tema de la “alineación”, y buscaremos un común denominador para poder alinearnos a nosotros mismos y a los demás, independientemente de nuestra anatomía y/o estado físico.
  • Ese debate nos abrirá las puertas a los conceptos de “Imagen corporal” y “Esquema corporal”. Cómo somos condicionados por ellos, de qué manera interaccionan e interfieren entre sí, afectando a nuestra postura, movimiento y al modo en el que nos relacionamos con nuestro cuerpo.
  • Redescubriremos cómo nuestra inteligencia natural sabe equilibrarnos si se lo permitimos, aprendiendo a no interferir con ella al intentar “hacer el equilibrio”.
  • En definitiva, aprenderemos a observarnos, sentirnos y escucharnos desde dentro.

Cuándo: El sábado 21 de enero de 11:00 a 14:00

Dónde: En el Paseo de las Delicias, muy cerquita de la estación de metro Delicias. Proporcionaré la dirección exacta cuando os envíe la confirmación de vuestra plaza.

Cuánto: Lo que te diga el corazón.

Cómo apuntarse: Hay un máximo de 12 plazas para el taller. Si tienes la total seguridad de poder y querer asistir, envía un correo a niki arroba monoyoga.es con el asunto “Inscripción Taller de Yoga 21 de enero” y te contestaré con la mayor prontitud posible para confirmar tu plaza.

Raíces

Anatomía expresada: Anatomía del Equilibrio

Simplificando, tienes dos opciones cuando se trata de equilibrio. La primera y, desafortunadamente la que mucha gente aprende en yoga, es concentrarse en “hacer” el equilibrio. La segunda consiste en que el equilibrio “suceda”. En la segunda opción, tu mente está libre para observar el proceso que se desarrolla. Esta opción te ofrece la posibilidad de presenciar un proceso que puede ser muy relevante en tu vida; por ejemplo, si adoptas estrategias limitantes cuando te sientes desafiado, cuando te desequilibran o te sacan fuera de tu zona de confort. En esencia, e irónicamente, puedes empezar a reconocer cuanto puede que estés interfiriendo con la capacidad natural de tu propio cuerpo para sostenerte cuando te encuentras con estos desafíos. Entender como nos interponemos en nuestro propio camino es uno de los grandes aprendizajes de la vida, pero no necesitamos esperar a ser viejos para que esto se convierta en una irónica conclusión.

Un truco habitual que aprendí en yoga hace muchos años para mantener el equilibrio fue el de concentrarme en un punto fijo; el problema con esta técnica es que tiende a provocar una sobre-estabilización. De manera que puedo sentirme muy estable, pero hay un gran precio a pagar por ello que es fácil de pasar por alto en ese momento. Esto se traduce en que zonas como las caderas, la parte posterior del suelo pélvico y los pilares del diafragma (¡incluso algunas más!) serán reclutadas para sujetar y estabilizar. Las consecuencias de ello son enormes y podría escribir un libro entero sobre el tema. De hecho, pierdo mi equilibrio interior y me agarro al exterior para encontrar soporte, lo que crea una gran singularidad en la relación; me aferro a ti para tener mi estabilidad. Te sugiero que la próxima vez que intentes una postura de equilibrio lo hagas con un amigo, y a la vez que haces la postura le hables, no sobre lo que estás haciendo en ese momento, sino sobre cualquier otra cosa que no esté relacionada. Después pregúntale sobre la diferencia que ha experimentado. Mejor no contarles de antemano el ejercicio para obtener un feedback más objetivo.

El porqué esto ocurre es sencillo; la visión focal exclusiva (concentrarse en un sólo punto) tiende a inhibir el órgano del equilibrio y tu cuerpo se agarra/contrae, porque cree que se va a caer. Puede que tenga la sensación de que he bloqueado todos los ruidos y perturbaciones, pero este es un estado mental “exclusivo” que usualmente no me sirve para relacionarme con el mundo . De hecho puede crear más dudas, ya que no me llega información suficiente.

Por lo tanto debemos entender lo que estas elecciones realmente significan en cuanto a nuestra capacidad para movernos y expresarnos en el mundo. Después de todo, en la vida real raramente nos relacionamos con la gente mientras estamos en una postura de yoga. ¿Queremos relacionarnos desde un punto de vista tan fijo? ¿Nos ayuda en realidad a tener el espacio necesario para ver “al otro” nuevamente en cada momento y a darnos también el espacio para reevaluarnos a nosotros mismos? Hay una especie de terca insistencia hacia esta actitud fija, como si fuéramos niños pequeños, que en la mayoría de los casos no nos sirve en las relaciones adultas; de hecho nos hace más vulnerables a la manipulación.

Cuando adoptamos esta técnica de “hacer” el equilibrio, podemos estar aprendiendo de forma inadvertida a reclutar los pilares del diafragma. ¿Qué significa esto? Pues que, a menos que estés haciendo algo extenuante, no necesitas estos pilares para estabilizar tu zona lumbar, necesitan estar libres para la respiración, lo que incluye también tu voz y tu expresividad. Cuando se ven reclutados de forma rutinaria en este proceso de sobre-estabilización, puede significar que aprendes también a quedarte bloqueado en una respiración “simpática”, a respirar como si te estuvieras contrayendo porque se percibe una amenaza.

Cuando elegimos la segunda opción, ya esté ocurriendo el proceso de equilibrio o no, tenemos la posibilidad de observar algo bastante extraordinario. Este es, por supuesto, un proceso muy personal, pero comúnmente se desarrolla de la siguiente manera: a medida que entramos en la exigente postura de equilibrio, comenzamos a pasar al modo de respuesta “lucha o huída” (fight or flight), nos paralizamos; creemos que tenemos que concentrarnos más para acallar la mente y utilizar nuestra técnica de equilibrio. Esta estrategia ocupa nuestra mente y, aunque podamos ser capaces de bloquear suficientemente el ruido exterior, es poco probable que mantengamos la presencia necesaria para apreciar honestamente lo que está sucediendo, por lo que no entendemos el precio que pagamos por esta estrategia y lo que significa cuando nos encontramos en una situación similar en nuestra vida cotidiana. Puede que nos sintamos tranquilos y estables pero, ¿qué pasa si el viento cambia y tenemos que responder inmediatamente? ¿Y si necesitamos nuestra mente disponible para relacionarnos o simplemente para estar presentes? Nuestra relación con el mundo nunca permanece estable, estamos constantemente renegociándola; este es un profundo hecho que no debemos perder de vista durante mucho tiempo. Hay una especie de sobre-actividad “de arriba a abajo”; si escuchas, puede que sientas esto como mucho ajetreo, mucha actividad, en el área cortical de tu cerebro. En su lugar, permite que tu cerebro se relaje y esponje, y puede que experimentes cómo la información puede viajar más libremente. Una tensión crónica de estas estructuras puede tener consecuencias de amplio espectro.

Sin embargo, cuando elegimos entrar en el proceso de que el equilibrio “suceda”, nuestro equilibrio será una expresión honesta de la estabilidad de nuestra relación con el mundo, nuestra presencia, en lugar de nuestra habilidad para pensar que estamos en control. Es una experiencia frecuente que, cuando nos retraemos, desconectamos, dejamos de recibir información sobre “el otro” y nosotros en relación, que sentimos la necesidad, el ansia de controlar. Es útil aprender a reconocer esta respuesta y es algo que las posturas de equilibrio (que probablemente deberíamos renombrar) nos pueden ofrecer. Por lo tanto el equilibrio es un proceso y no algo que necesitamos hacer. Una vez más puede ser provechoso, en lugar de intentar planificar una “corrección política” en nuestros cuerpos, entender que nuestro sistema está simplemente ayudándonos a apreciar donde está nuestra mente, cuanta presencia o soporte tenemos.

La diferencia entre estás dos elecciones es un reflejo de nuestra sociedad y nuestra historia, el yoga ha sido coloreado por la sociedad y la cultura, pero también es una oportunidad para reevaluar nuestras metas y nuestros métodos. Hace mucho tiempo, especialmente alrededor del Renacimiento, decidimos que necesitábamos dominar y controlar la naturaleza, nos separamos a nosotros mismos del resto de la vida que hay sobre este planeta. Puede que sea la hora de replantearnos esta elección y preguntarnos si es una elección bien fundada, una con la que deseamos conformarnos. Antes de pensar que tenemos que dominar y controlar, es útil aprender a respetarnos a nosotros mismos y al mundo. Los equilibrios pueden conectarnos de nuevo con un proceso que está vinculado a una expresión elemental de la vida de este planeta, la homeostasis, algo que parece que hemos reducido a un control pseudo-sofisticado. El yoga nos ofrece la habilidad de liberarnos de la esclavitud de nuestra sociedad de consumo, de empezar a entender lo que significa ser un ser humano en este planeta hoy en día, para lo cual parece haber una necesidad acuciante. Si te gustaría descubrir lo que debes hacer, aprender a escuchar y a estar en relación con el mundo en cada momento es una forma de hacerlo. Para la mayoría de nosotros, esto también significa empezar a reconocer cuando nos estamos retirando, evadiendo, de esta relación. No es que esto sea esencialmente bueno o malo; a veces necesitamos retirarnos del mundo exterior o de una relación, pero cuando se convierte en lo habitual, cuando es una respuesta inamovible que hemos aprendido, el yoga puede apoyarnos en el proceso de reencontrar nuestra humanidad, de no sentirnos tan impresionados por la confusión que nos rodea. Esta experiencia es notar que despiertas un soporte más “de abajo a arriba”, hay más actividad en las partes más primitivas de tu cerebro, como el tronco del encéfalo y el cerebelo (el cerebro reptiliano), de forma que el área cortical se encuentra más calmada y libre para asuntos como la presencia, el humor, la inspiración, la creatividad, o cualquier otra cosa para la que esté diseñada en realidad.

Esta es una profunda diferencia. Existe la oportunidad de descubrir verdaderamente para lo que está hecha tu mente, en lugar de interferir con tu experiencia. De esa manera puedes tomar decisiones de forma más fundada sobre el modo en que actúas. Podríamos decir que la segunda opción es un proceso más honesto, es la posibilidad de empezar a ocuparse de la realidad que es y de dejar ir la necesidad de controlar.

Intenta añadir posturas de equilibrio en tus saludos al sol, de forma que entres y salgas de ese tipo de posturas directamente hacia/desde la postura ecuestre (lunge). Prueba a cantar suavemente a la vez que lo haces para comprobar que la respiración está disponible para la expresividad.

La confusión sobre este proceso está incluso expresada en nuestro lenguaje; en que ahora vamos a “hacer” una postura de equilibrio. La mayoría del proceso de equilibrio “sucede” en tu cerebro reptiliano, que necesita recibir información momento a momento sobre dónde te encuentras, y hacerlo desde tu órgano del equilibrio, tus pies y tu visión periférica. Entonces es cuando despertamos el soporte que necesitamos para estar presentes, liberando la mente.

De forma que necesitamos aprender a cuestionar todas las instrucciones que hemos heredado, muchas de ellas son equívocas y no están bien fundadas. El yoga no es una ciencia de información estática; mediante un proceso continuo de reevaluación puede continuar evolucionando y servirnos en nuestras vidas actuales. De esta forma no perderemos el contacto con lo que es más esencial y relevante en este tipo de prácticas. Todas las técnicas necesitan ser cuestionadas, si no podemos establecer una conexión con nuestra vida y nuestras relaciones (el significado más profundo suele pasarse por alto) a menudo se convierten simplemente en rodeos para permitirnos “hacer” una postura. Este hecho puede ser controvertido para la mayoría de estudiantes y profesores, pero nos ofrece la posibilidad de conectar con un propósito y un significado más profundos en nuestras vidas, una forma de encontrar la acción adecuada en todas nuestras relaciones. Todas las relaciones necesitan ser renegociadas con regularidad; la vida, el mundo ahí fuera y nuestro mundo interior están cambiando constantemente. Las ideas, técnicas y principios que permanecen fijos nos pueden proporcionar una sensación temporal de seguridad, pero no nos servirán para toda la vida. Por lo tanto el yoga nos presenta de forma habitual la oportunidad de dejar ir esa necesidad de aferrarnos al control y a los artilugios, y en su lugar empezar a identificar y a ocuparnos de lo que se manifiesta en el momento presente. Todos tenemos mucho bagaje con el que lidiar, tanto personal como colectivo; conectar con lo que significa ser un ser humano en los niveles más elementales nos puede servir de apoyo para encontrar claridad, para mudar toda la desinformación y las distorsiones tanto de nuestro propio pasado como aquellas que hemos heredado. Ser libres de actuar en el mundo de una forma que tenga más significado y propósito, para responder a una pregunta que nunca tiene fin; ¿qué tengo que hacer ahora?

Anatomía del equilibrio

Esta foto es increíble; el pescador se equilibra sobre una barca muy inestable, muy estrecha y poco profunda, a la vez que conversa con otro pescador que se encuentra fuera de escena, está sobre una pierna, remando y estabilizando la barca con la otra, y al mismo tiempo manejando su red de pesca. Aquí tenemos a un verdadero yogui. Tiene el perfecto equilibrio entre estabilidad y movilidad, está respondiendo en cada momento a circunstancias y necesidades cambiantes, está en relación con el mundo a cada instante.

Podéis encontrar el texto original en inglés en la página de Facebook de Leo Peppas. Leo lleva casi 30 años enseñando yoga y movimiento. Actualmente está escribiendo una serie de libros de yoga, impartiendo formaciones y talleres, y haciendo de mentor para otros profesores de yoga.

Taller de Yoga: el árbol (raíces)

El próximo sábado 14 de enero nos reuniremos durante tres horas para trabajar nuestra conciencia corporal, de manera que nuestra práctica de yoga adquiera la capacidad de ser más sensible, significativa, inteligente y profunda. Aunque el guión del taller será dinámico, adaptándose a las personas asistentes y a las inquietudes o cuestiones que surjan durante el mismo, algunos de los puntos que nos servirán como base para trabajar son los siguientes:

  • Intentaremos ser más conscientes de cuáles son nuestras raíces, nuestros cimientos: dónde encontramos el soporte tanto en las posturas de yoga como en nuestra vida, dónde y cómo nos apoyamos para encontrar nuestro equilibrio.
  • Desarrollaremos la sensibilidad de esas raíces, para que sean capaces de proporcionarnos mayor información, de nutrirnos y sujetarnos de forma más eficiente
  • Observaremos cómo nuestras raíces condicionan la manera en la que crecemos y nos expresamos.
  • Pasaremos de conocer la anatomía humana de manera exclusivamente conceptual y sobre el papel, a experimentarla en nuestro propio cuerpo.

  • Debatiremos el tema de la “alineación”, y buscaremos un común denominador para poder alinearnos a nosotros mismos y a los demás, independientemente de nuestra anatomía y/o estado físico.
  • Ese debate nos abrirá las puertas a los conceptos de “Imagen corporal” y “Esquema corporal”. Cómo somos condicionados por ellos, de qué manera interaccionan e interfieren entre sí, afectando a nuestra postura, movimiento y al modo en el que nos relacionamos con nuestro cuerpo.
  • Redescubriremos cómo nuestra inteligencia natural sabe equilibrarnos si se lo permitimos, aprendiendo a no interferir con ella al intentar “hacer el equilibrio”.
  • En definitiva, aprenderemos a observarnos, sentirnos y escucharnos desde dentro.

Cuándo: El sábado 14 de enero de 11:00 a 14:00

Dónde: En el Paseo de las Delicias, muy cerquita de la estación de metro Delicias. Proporcionaré la dirección exacta cuando os envíe la confirmación de vuestra plaza.

Cuánto: Lo que te diga el corazón.

Cómo apuntarse: Hay un máximo de 12 plazas para el taller. Si tienes la total seguridad de poder y querer asistir, envía un correo a niki arroba monoyoga.es con el asunto “Inscripción Taller de Yoga 14 de enero” y te contestaré con la mayor prontitud posible para confirmar tu plaza.

Raíces

El precio de la Iluminación: Entrevista a Bhikkhu Thanissaro

Bhikkhu Thanissaro Bhikkhu Thānissaro, también conocido como Ajaan Geoff y bautizado al nacer (1949) como Geoffrey DeGraff, es un monje budista Theravada americano de la Orden Dhammayut (Dhammayutika Nikaya), de la tradición tailandesa del bosque kammatthana. Actualmente es el abad del Metta Forest Monastery en el condado de San Diego. Es un traductor prolífico y notablemente habilidoso del Pāli Canon. También es autor de varios libros gratuitos sobre el Dhamma. Fue introducido en las enseñanzas de Buda en su época de instituto, durante un vuelo desde Filipinas. Tras graduarse en 1971 en Historia Intelectual Europea por el Oberlin College, viajó a Tailandia, donde practicó meditación bajo la instrucción de Ajaan Fuang Jotiko, quien a su vez fue estudiante de Ajaan Lee. Fue ordenado monje en 1976 en Wat Asokaram, el templo de Ajaan Lee donde el sobrino de este, Phra Rajvarakhun (Samrong Gunavuddho), hizo de preceptor en su ordenación. Después se trasladó a Wat Dhammasathit, donde continuó estudiando con Ajaan Fuang.

Antes de la muerte de Ajaan Fuang en 1986, este expresó su deseo de que Ajaan Geoff se convirtiera en abad de Wat Dhammasathit. Tiempo después de la muerte de su profesor, el puesto de abad le fue ofrecido, pero con “condiciones” y sin autoridad, ya que era un occidental en un monasterio fundado por y para monjes tailandeses. En lugar de aceptar ese cargo, viajó al condado de San Diego en 1991 bajo petición de Ajaan Suwat Suvaco, para ayudar a fundar el Metta Forest Monastery, del que se convertiría en abad en 1993. En 1995, Ajaan Geoff se convirtió en el primer bhikkhu de origen no tailandés nacido en América al que se le otorgaba el título, la autoridad y la responsabilidad de preceptor (Upajjhaya) en la Orden Dhammayut.

¿Puede, por favor, decirme lo que significa la palabra “dana” en la tradición budista Theravada?

Thanissaro Bhikkhu: Literalmente significa regalo. Está asociada a la palabra “caga” que significa generosidad. Las dos van de la mano.

¿Cuáles son los requerimientos para que alguien acepte dana? Por ejemplo, ¿hace falta ser monje y tomar ciertos preceptos o vivir de una determinada manera?

Thanissaro Bhikkhu: No. Dado el hecho de que dana significa regalo, cubre todo, desde un regalo corriente que puedes dar a un miembro de tu familia o un amigo, hasta lo que puedes ofrecer a un miembro de la Shanga. Las expectativas, sin embargo, difieren según el cómo y el porqué se da. Si eres un miembro de la Shanga que vive del dana de la gente, hay una serie de requerimientos sobre cómo comportarte antes de recibir el regalo y cómo lo usas una vez lo has recibido. Eso se hace para preservar la buena fe de los donantes y ayudar a mantener viva la institución monástica.

Pedir directamente una “donación sugerida”, ¿se considera técnicamente dana en el sentido que tiene la palabra en el budismo Theravada?

Thanissaro Bhikkhu: Técnicamente hablando, podría contar como dana. Es como el regalo que le das a un mendigo. Pero es un abuso de la tradición en la que dana, en sentido budista, es enseñada y practicada. Una de las reglas que siguen los monjes es la de no sugerir una donación de ninguna forma. Si la gente se ofrece de antemano, por ejemplo diciendo “si necesita algo, hágamelo saber”, o si formulan el ofrecimiento de manera que le ponen límites, entonces puedes pedir dentro de esos límites. Pero incluso en ese caso hay que tener en cuenta lo que la persona es capaz de dar, y lo que le gustaría dar.

En la tradición Theravada, la cultura del dana está diseñada para mantener la confianza en ambas partes. En ese contexto, se consideraría un abuso si alguien pide una “cantidad sugerida”. Un regalo debe ser ofrecido libremente, de manera que también pueda ser recibido con libertad. Eso asegura que no hay condiciones.

¿Debe el estudiante sentirse, de alguna forma, obligado? ¿O sentir que tiene una deuda por las enseñanzas?

Thanissaro Bhikkhu: La única obligación es que trates las enseñanzas con respeto, como harías con cualquier regalo. En otras palabras, que las pongas en práctica con sinceridad.

¿Hay dana que sea insano? ¿Como dar demasiado, o demasiado poco, o dar de forma inadecuada?

Thanissaro Bhikkhu: Sí, si te haces daño a ti mismo o a la otra persona con el regalo. Esto significa, por un lado, dar por encima de tus posibilidades, y por el otro, dar algo que el receptor no debería utilizar. Eso sería considerado inapropiado.

¿Cuáles son los requerimientos para que un profesor laico acepte dana?

Thanissaro Bhikkhu: No hay reglas específicas en cuanto a cómo se tienen que comportar los profesores laicos en cuanto al dana, pero cuando se vuelva una práctica institucionalizada van a apreciar la sabiduría de la cultura budista tradicional del dana. Si continúas poniendo presión sobre la gente para que dé, o si utilizas incorrectamente su generosidad, va a haber una respuesta negativa. Por ejemplo, he conocido mucha gente que se ha ofendido por las charlas sobre dana al final de los retiros, porque no importa con cuanto cuidado lo articules, la intención subyacente es obvia: “Dame. Dame más de lo que pretendías dar”. Ese tipo de intenciones resultan muy ofensivas cuando vienen de gente que te ha estado enseñando a ser compasivo y desprendido.

¿Cuál es su punto de vista sobre una persona laica cobrando por una clase de meditación?

Thanissaro Bhikkhu: Uno de los problemas es si resulta o no apropiado el cobrar por algo que originalmente fue dado gratis. Los profesores laicos, originariamente, obtuvieron su conocimiento sobre meditación de los monásticos, pero después ellos lo han cambiado y cobran por ello. Es como si Walt Disney coge un cuento de hadas de la cultura popular, de dominio público, y lo convierte en un producto Disney y reclama derechos de propiedad sobre él.

El segundo problema es que aquellos que pagan por un servicio, son los que deciden si lo que reciben vale el dinero que han pagado por ello. Comienzan a tener voz para decidir lo que merece o no merece ser enseñado, porque, después de todo, es su dinero. Y pagarán por lo que quieren, y no por aquello que no quieren.

En un caso como este, los profesores se vuelven muy sensibles al tipo de enseñanza que le agrada a la audiencia y la que no. Incluso cuando esta sensibilidad no es consciente, empieza a condicionar lo que se enseña y lo que no. Por ejemplo, si comienzas a enseñar sobre el karma y las vidas pasadas, y la gente en la audiencia muestra con sus gestos que no quieren escuchar estas cosas, empiezas a dejarlas a un lado. De esta forma este “Dharma en venta” (Dharma-for-sale) se convierte inevitablemente en Dharma distorsionado.

Una vez escuché sobre una clase de psicología conductual que enseñaba un profesor en el MIT. El profesor tenía la costumbre de andar de un lado a otro enfrente de la clase mientras explicaba, y los estudiantes (siendo estudiantes del MIT) decidieron realizar un experimento de psicología conductual con el profesor sin decírselo. Cuando este se encontraba en el rincón izquierdo del aula, le miraban intencionadamente y tomaban apuntes. Cuando estaba en el rincón derecho, miraban por la ventana, se hacían los aburridos, etc. No pasó mucho tiempo hasta que le tuvieron enseñado a no andar más y quedarse en el rincón izquierdo. Y él no se dio cuenta de lo que le habían hecho.

Lo mismo sucede con demasiada facilidad cuando enseñas el Dharma por dinero. El profesor no es ni siquiera consciente de que determinados temas se han quedado fuera de su discurso.

Cuando Buda dijo que no se debía comerciar con el Dharma (Dhamma en pali), ¿hay excepciones a esta regla o algún resquicio?

Thanissaro Bhikkhu: No dentro de la vida monástica. Las reglas son muy claras en cuanto a que los monjes y monjas no deben comerciar con el Dharma a cambio de favores. Hubo una ocasión en la que una persona laica ofreció a Buda un “honorario” como profesor. Buda lo consideró tan inapropiado que le dijo a la persona que lo tirara.

El principio de que se debe permitir a la gente dar voluntariamente es una muestra importante de uno de los aspectos distintivos de la enseñanza de Buda sobre el karma: que tienes el poder de decidir sobre lo que haces. Permitir total libertad a la gente en cómo ofrecen sus regalos hace que el poder de elección sea algo real en sus vidas.

Y en cuanto al trueque, ¿también se considera comerciar?

Thanissaro Bhikkhu: Sí.

En algunas de las otras tradiciones budistas, algunos profesores piden una cantidad fija por los retiros, talleres, meditaciones o charlas. Usan palabras como “coste”, “aportación”, “entrada”. Algunos utilizan “donación sugerida” pero dejan claro que sin pagarla no vas a recibir ninguna enseñanza. ¿Cuál es su opinión sobre esto?

Thanissaro Bhikkhu: Creo que es desafortunado que hagan eso. El Dharma se convierte en un producto, lo que lo somete a las fuerzas del mercado. Una de las más elementales lecciones del Dharma es la generosidad, y una de las mejores maneras de inspirar a otras personas a ser a su vez generosas con otras es siendo generosos con el Dharma, enseñar el Dharma gratis. Esto crea la atmósfera adecuada para que la gente reciba el Dharma como un regalo, en cuyo caso lo apreciarán más. Si lo reciben como un producto, será más fácil que lo desechen.

Hablando de mercados, usted mencionó anteriormente a Walt Disney y la venta del Dharma. De hecho he visto que ciertos profesores budistas registran como marca ciertos aspectos del Dharma. ¿Ha tenido noticia de ello?

Thanissaro Bhikkhu: Sí, he oído sobre el tema.

Cuando escucha eso, ¿qué es lo primero que le viene a la cabeza?

Thanissaro Bhikkhu: Es prostituir el Dharma. O puede que sea mejor decir que es convertir el Dharma en un “producto procesado del Dharma”, lo mismo que cuando tienen que etiquetar las cosas como processed food-product porque no son realmente comida.

¿Cuáles son los aspectos kármicos de prostituir el Dharma? ¿Qué dijo Buda sobre comerciar con el Dharma? ¿Habló alguna vez sobre el tema?

Thanissaro Bhikkhu: Básicamente dijo que, como profesor, debes observar tu motivación para enseñar, y la motivación nunca debe incluir la idea de que esperas una recompensa monetaria. Buda nunca explicó las consecuencias kármicas de ir en contra de este principio, pero es fácil apreciar que terminarás distorsionando el Dharma. Cuando distorsionas el Dharma para otros, tú mismo no vas a quedar expuesto a otra cosa sino al Dharma distorsionado. Y no hará falta que esperes hasta tu próxima vida para que eso suceda. Empezarás a justificar tus acciones a ti mismo ahora, y eso marchitará tu sensibilidad para apreciar lo que es Dharma genuino y lo que no. Incluso cuando escuches Dharma que es genuino, tu actitud distorsionará lo que escuches.

¿Cuál diría que es el menor de estos dos males: que no haya enseñanzas budistas de ningún tipo, o enseñarlas a alguien a cambio de alguna forma de tarifa?

Thanissaro Bhikkhu: (Risas) Esas nunca son las dos únicas opciones. Hay una tercera opción: ofrecer las enseñanzas gratis.

Pero muchos de estos profesores dicen que no tienen elección y que se sienten llamados a enseñar o “compartir”, a comunicar la verdad a otros. Dicen que, para enseñar/compartir/comunicar a tiempo completo necesitan ganar dinero para pagar sus facturas, su hipoteca, el crédito del coche, los gastos de sus viajes, el alojamiento, la comida, etc. Eso es lo que me dicen a mí.

Thanissaro Bhikkhu: El profesor haría mejor en encontrar otra ocupación y, entonces, con el tiempo libre que le quedara, ofrecer el Dharma gratis.

Entonces, ¿está diciendo que no hay razón ninguna para enseñar esto por dinero?, ¿la gente debería conseguir un trabajo para ganar dinero y enseñar aparte el Dharma gratis?

Thanissaro Bhikkhu: Exacto.

¿Y qué me dice de crear algún tipo de centro de meditación sin ánimo de lucro con profesores laicos profesionales que pidan una tarifa y donaciones para hacerlo funcionar? ¿Qué piensa sobre esto?

Thanissaro Bhikkhu: Me preocupa que, en organizaciones como esas, las necesidades de la organización lleguen a ser lo primordial: pagar a los empleados, pagar a los gestores, pagar la publicidad. Incluso las organizaciones sin ánimo de lucro tienen que cuadrar las cuentas, y sería demasiado fácil empezar a seleccionar el Dharma para que coincida con las necesidades de la organización y dejar aparte el resto. Esto no significa que las órdenes monásticas sean totalmente incapaces de distorsionar el Dharma, pero están diseñadas para minimizar las presiones que conducirían en esa dirección. Los gastos de estructura son bajos y la cultura monástica fomenta la frugalidad. Las grandes organizaciones con presupuestos enormes, sin embargo, son costosas de llevar por naturaleza. Sus necesidades tienden a modelar los ideales y puntos de vista de la gente que trabaja para ellas.

¿Y sobre dar a otro “guía”, “orientación”, “coaching” y cobrar por hora a cambio de consejos o sugerencias sobre espiritualidad, jhana o meditación vipassana?

Thanissaro Bhikkhu: Cuando los profesores dicen que esperan una “compensación justa” por su tiempo, y miden esa compensación en dinero, se convierte en un comentario triste que refleja como la mentalidad del mercado capitalista ha invadido todos y cada uno de los aspectos de nuestra cultura, incluyendo las mentes de los profesores del Dharma. Incluso los economistas se están empezando a dar cuenta de que hay límites morales en los mercados, que hay ciertas áreas donde no puedes permitir que el mercado irrumpa en las interacciones entre las personas, de lo contrario todo se corrompe. Uno esperaría que la gente que enseña el Dharma fueran de las primeras a la hora de darse cuenta de esto.

¿Existe algo como estar “inspirado por dana?

Thanissaro Bhikkhu: Hay tres maneras en las que el dana puede ser inspirador.

La primera es cuando tú eres el receptor de algo que obviamente ha requerido algún sacrificio por parte del donante. Cuando era monje en Tailandia, había unos cuantos hogares muy pobres en el camino donde yo pasaba a por comida. Algunas de las chabolas eran apenas suficiente para que dos personas cupieran tumbadas. Incluso así, los habitantes de esas chabolas ponían comida en mi cuenco: un trozo de salchicha o pescado seco. Cada vez que eso ocurría, me sentía especialmente obligado a practicar duro ese día, porque había sido el beneficiario de la generosidad de una persona pobre. Eso siempre me inspiraba.

La segunda manera es cuando eres el receptor de un regalo gratuito del Dharma. Mi profesor y los otros profesores de su generación tuvieron que poner sus vidas en juego para encontrar el Dharma. El hecho de que él me lo diera de manera gratuita mostraba su genuina preocupación por mi bienestar. Sentir su compasión y que se preocupaba fue realmente inspirador. Era como si me considerara de su familia. No puedes tener esa misma sensación cuando se cobra un precio por el Dharma. Como Lewis Hyde dijo en su libro The Gift, cobrar por algo crea barreras entre los vendedores y los compradores potenciales. Los regalos que se dan gratis disuelven esas barreras.

La tercera manera de ser inspirado por el dana es cuando ves a alguien siendo generoso con otra persona. Te recuerda lo que hace valiosa la interacción humana, y te hace querer ser partícipe también.

¿Hacia dónde cree que se dirige esto en el futuro? ¿A un modelo de negocio más occidental como las marcas registradas o crear centros de meditación laicos, o hacia una vuelta al modelo de dana tradicional?

Thanissaro Bhikkhu: Creo que vamos a terminar con ambos. Cuando registras el Dharma, va a haber una campaña publicitaria para promocionar ese “producto del Dharma”, para convencer a la gente de que es una mejora respecto al Dharma antiguo, y habrá gente que irá a por ello. Pero entonces estarán aquellos que se rebelarán, que valorarán el tipo de Dharma que pueden aprender en una cultura donde los profesores encarnan los principios del Dharma en su forma de enseñar. Por lo que creo que vamos a terminar con ambos modelos, y la gente tendrá que decidir si se deja llevar por el despliegue publicitario o busca algo con sustancia.

Gracias a John, de http://www.nondualitymagazine.org por su trabajo y por su permiso para traducir y publicar esta entrevista. Podéis encontrar más entrevistas a profesores de diferentes tradiciones en su página web.

Enlace a la publicación original: http://www.nondualitymagazine.org/nonduality_magazine.priceofenlightenment.theravada.bhikkhuthanissaro.htm

No hay meditación mala

Todas las meditaciones que consideramos malas, en las que nos parece que no nos hemos podido concentrar, ni ha aparecido una gran paz mental ni sosiego, y que nos han dejado frustrados, son las que nos hacen ganarnos nuestro “sueldo”. Es como cuando vas el lunes al trabajo, y después de trabajar todo el día no te pagan. Pero vuelves el martes y trabajas todo el día. Y haces lo mismo el miércoles, el jueves, el viernes… ¿Son esos días de trabajo malos o inútiles? Seguro que al terminar no dices que has tenido un mal día de trabajo solo por el hecho de que no ha sido el día de cobrar. Sin embargo, al final del mes (de la semana, al finalizar el encargo que tengas…) te pagan y ese es un buen día.

Al igual que en el trabajo no esperamos que nos paguen todos los días, tampoco debemos esperar que nos paguen en todas nuestras meditaciones. En las meditaciones difíciles es donde nos ganamos el sueldo, son la razón de nuestro éxito. Cuanto más difícil sea la meditación, más fuerza estamos ganando, igual que cuando hacemos un entrenamiento físico. ¿A que tampoco esperamos que nos crezcan los músculos inmediatamente después de entrenar?

Todas esas meditaciones tienen un efecto acumulativo, y crean la inercia que nos llevará a ser más felices. Cuando hemos trabajado lo suficiente, tenemos una buena meditación. Y, en ocasiones, acumulamos tanto “crédito”, que nuestras meditaciones parecen todas buenas, y nuestra vida también parece permanentemente mucho mejor. Pero debemos recordar que es en las meditaciones “malas” donde nos hemos ganado todo eso.

No hay meditación mala

Meditacion buena ; ) en Yogaconmigo, Lavapiés

Ideas

Diciembre suele ser una época de reflexión del año que termina, y enero la hora de poner nuevas ideas y proyectos en marcha. En octubre ya os comenté algunas reflexiones, en esta entrada voy a compartir algunas ideas y el mes que viene veremos cuáles se materializan. 🙂

Sobre el espacio para las clases en grupo

Continúo con la búsqueda de un hogar permanente para las clases de yoga, pero mientras dicho lugar aparece, dos personas muy generosas me han ofrecido sus espacios para dar clases y talleres. Creo que tiene sentido que, si las clases se ofrecen abiertas a la generosidad de la gente, los lugares donde se desarrollen esas clases tengan la misma naturaleza. A lo mejor alguno sabéis de otros espacios que me puedan ceder o en los que se pueda pagar “la voluntad”, o algún sistema parecido para acoger clases regulares de yoga o talleres puntuales. Si conocéis personalmente a los gestores, mucho mejor si vosotros hacéis el primer contacto para comprobar que es potencialmente viable y me comentéis después las posibilidades de forma más concreta. Como requisitos: que sea razonablemente agradable (se puede hablar de reformar el lugar si el proyecto es a largo plazo) y que entren de forma cómoda al menos 9 personas haciendo yoga.

Clases privadas

La mayoría de las clases que he impartido han sido a grupos grandes con mucha fluctuación de las personas asistentes, y siento que me gustaría también enseñar yoga de forma más directa y continuada manteniendo la fórmula económica que utilizo en las clases abiertas.Si tenéis interés en recibir clases privadas, ya sean individuales o si formáis un grupo pequeño, escribidme a niki@monoyoga.es para ver si nos podemos coordinar.

La generosidad no es igual a dinero

Aunque he escrito sobre este tema al explicar el “precio” por venir a mis clases, comprendo que puede haber una brecha muy grande entre dar dinero y el resto de opciones que exponía en esa publicación. Así que hoy traigo más ideas al respecto.

El pasado verano una alumna me ofreció hacer una sesión de fotos, cuyo resultado podéis apreciar aquí (si alguien echa en falta que la mencione, fue ella quien no quiso que lo hiciera), y quedé muy contento con el resultado. Es la publicación que más alcance ha tenido en el Facebook de Monoyoga, de las más visitadas en la web y, junto con algunas fotos realizadas por otras alumnas, las fotos con más “Me gusta” en Instagram. Es una forma de dar sin que haya dinero de por medio, y con muchísimo valor. Si la fotografía es vuestro fuerte, a mí me viene genial tener material gráfico para publicar. Si esa alumna no me hubiera ofrecido la sesión de fotos, el artículo no habría visto la luz.

Otra cosa que me resultaría útil alguna vez en cuanto a material gráfico es una mano (o más bien las dos) a la hora dediseñar un cartel para anunciar algún taller o crear/modificar una imagen para acompañar alguna publicación.

También sería genial tener la ayuda de alguien que pudiera hacer traducciones inglés/español. Estoy satisfecho con mi nivel de inglés, pero a la hora de traducir algunos textos de yoga o meditación me doy cuenta de que no solo basta con conocer razonablemente los dos idiomas, sino que se necesita la habilidad para transferir el sentido de uno a otro sin traicionar el texto original a la vez que se da vida propia al nuevo. Mi carácter, a veces demasiado perfeccionista, hace que varios intentos de traducciones que he realizado se hayan quedado sin ver la luz por mi falta de pericia al traducir. Y es una pena, porque leo mucho material en inglés que me encantaría poder ofrecer en castellano.

Si os apetece ayudarme, podéis escribir a niki@monoyoga.es sin compromiso.

Profesores amigos

Estos años enseñando yoga he echado en falta el poder delegar alguna clase en caso de imprevisto. Si has venido alguna temporada de forma más o menos regular a mis clases, tienes experiencia enseñando yoga, crees que tu estilo resuena con el mío y podrías hacerme el favor de dar alguna de mis clases en caso de que yo no pudiera, sería genial tener tu respaldo.

Hasta aquí han llegado mis divagaciones por el momento. Veremos qué sucede el año que está a punto de comenzar. Os voy contando.

¡Nos vemos pronto!