Yoga: cambiando los hábitos estresantes del cerebro

Tres veces a la semana mi padre conduce a las 7 de la mañana en dirección a un estudio de danza a cinco manzanas de la playa. En la luminosa sala de suelo de madera un hombre musculoso con la cabeza afeitada y en bañador susurra instrucciones en una mezcla de inglés y sánscrito. Mi padre, y el resto de la clase (la mayoría actrices bronceadas y flexibles en mallas negras de Lululemon) se doblan y retuercen en extrañas posturas. Las ventanas se empañan con la condensación de la respiración colectiva.

Mi padre lleva asistiendo a clases de yoga más de 6 años. A mí siempre me han interesado el ejercicio y los deportes, pero no entendía qué había de extraordinario en esta rara técnica de estiramiento prolongado. También tenía un interés paralelo en neurociencia, pero poco me imaginaba que esta antigua práctica cambiaría mi entendimiento sobre la relación entre el cuerpo y el cerebro.

El yoga puede, supuestamente, mejorar el sistema inmune y los síntomas de la depresión, así como reducir el dolor crónico, el estrés y la presión arterial. Estas afirmaciones han sido hechas por los yoguis a lo largo de los años, y sonaban a tonterías new age. Sin embargo, y sorprendentemente, toda esa lista de beneficios está respaldada por investigaciones científicas.

Puede sonar a cosa de magia que posar como un guerrero orgulloso o como un cuervo pueda tener tamaños efectos, pero no es magia. Es neurobiología. La siguiente frase puede sonarte o muy profunda o tremendamente obvia, pero todo se resume en esto: las cosas que haces y los pensamientos que tienes cambian los patrones de funcionamiento y la composición química de tu cerebro. Incluso actos tan simples como cambiar tu postura, relajar los músculos faciales, o ralentizar tu frecuencia respiratoria pueden afectar a tu actividad cerebral (más allá de la actividad necesaria para llevar a cabo la acción). Estos cambios son a menudo pasajeros, pero pueden ser duraderos, especialmente si implican el cambio de un hábito.

La primera vez que madrugué para ir con mi padre a yoga, tenía en la cabeza la imagen de una habitación repleta de gente contorsionándose lentamente para alcanzar la iluminación. Cuando la clase estaba a punto de comenzar, mi padre masculló desde la esterilla de al lado: “Se supone que tienes que respirar a través de la nariz a la vez que constriñes la parte posterior de la garganta para hacer un sonido como el del océano”. Aquello sonaba un poco entre hippy y cursi, pero lo probé de todas formas, solo para descubrir después que ese era uno de los factores clave del efecto del yoga en el cerebro.

En quince minutos estaba chorreando tanto sudor que apenas podía sostener un perro cabeza abajo. Pero a lo largo de todas las posturas, el instructor seguía mencionando como se suponía que debíamos mantener nuestra respiración calmada y con un ritmo constante. ¿Calmados? ¿En serio? Mis músculos temblaban mientras intentaba mantenerme en la postura de una flexión de brazos a 6 centímetros del suelo. Cuando el profesor nos pidió que giráramos de tal manera que el hombro derecho descendiera por debajo de la rodilla derecha, apenas podía llenar mis pulmones. Nos pidió que nos arqueáramos hacia atrás, y mi columna crujió y se resistió dolorosamente a mis esfuerzos. ¿Calmados? ¡Pero si quería que nos quedáramos apoyados sobre nuestras cabezas!

Como neurocientífico, a pesar de mi inicial incredulidad, me di cuenta de que el yoga funciona no porque las posturas sean relajantes, sino porque son estresantes. Son los intentos por permanecer calmado durante este estrés lo que produce el mayor beneficio neurobiológico de la práctica del yoga.

Tu cerebro tiende a reaccionar de forma automática ante la incomodidad y la desorientación, disparando la respuesta fisiológica al estrés y activando un ansioso diálogo entre el córtex prefrontal y el más emocional sistema límbico. La respuesta al estrés en sí misma incrementa la probabilidad de tener pensamientos angustiosos como el de “me va a dar un tirón” o “no puedo mantener esta posición por más tiempo”. Y de hecho, esos pensamientos a su vez agravan la respuesta al estrés.

Curiosamente, a pesar de las diferentes formas de situaciones estresantes en las que una persona puede encontrarse (quedarte sobre la cabeza, huir de un león, acabar un informe a las 5 de la mañana), el sistema nervioso solo tiene una respuesta ante el estrés. Los pensamientos específicos que tengas pueden cambiar, pero las áreas del cerebro involucradas y la respuesta fisiológica serán las mismas. La reacción fisiológica al estrés conlleva un aumento de la frecuencia cardiaca, de la frecuencia respiratoria, de la tensión muscular e incremento del cortisol y otras hormonas del estrés.

Lo fascinante de la interacción cuerpo-mente es que funciona en ambos sentidos. Por ejemplo, si estás estresado, tus músculos se tensarán (preparándose para huir de un león), y esto te llevará a un modo de pensar más negativo. Relajar esos músculos, en particular los músculos faciales, llevará al cerebro en el otro sentido, lejos del estrés y hacia pensamientos más relajados. De igual manera, bajo una situación de estrés tu frecuencia respiratoria aumenta. Ralentizar tu respiración apartará la respuesta al estrés de tu cerebro y llevará a este nuevamente hacia pensamientos más calmados.

¿Cómo encajamos todo esto? Como ya he comentado, la respuesta al estrés en el sistema nervioso es activada de forma refleja por las sensaciones de desasosiego y confusión. La torsión de tu columna, el ácido láctico producido por tus músculos tensándose, la incómoda sensación cuando estamos cabeza abajo, la incapacidad de respirar; todo ello son diferentes formas de desasosiego y confusión, y tienden a llevarnos automáticamente a un estado mental tenso y a la activación de la respuesta al estrés en todo el sistema nervioso. Sin embargo, el hecho de que esta respuesta sea automática no significa que sea necesaria. Es, de hecho, un hábito del cerebro. Uno de los principales propósitos del yoga es reentrenar este hábito de manera que tu cerebro deje de invocar automáticamente la respuesta al estrés.

Algunas personas pueden pensar que la respuesta al estrés es un reflejo innato y que por lo tanto no puede ser modificada. Esta respuesta es parcialmente innata, y parcialmente aprendida en las etapas iniciales de la infancia. Sí, la respuesta al estrés ya viene descargada e instalada en tu primer sistema operativo. Sin embargo, esta tendencia se ve aumentada por años de refuerzo. Particularmente te empapas de cómo los que te rodean, principalmente tus padres, reaccionan ante situaciones estresantes. Sus reacciones se programan en tu sistema nervioso. Pero no porque un hábito sea innato y después reforzado significa que sea inmune al cambio. Casi cualquier hábito puede ser cambiado, o al menos mejorado, mediante la repetición de un nuevo hábito.

Para darte un ejemplo de cómo cambiar una reacción innata similar, voy a cambiar totalmente de tercio y asumir que tenemos un problema con el reflejo faríngeo (el que evita que nos atragantemos con alimentos o bebidas). Probablemente la primera vez que intentáramos beber una cerveza entera de un trago este reflejo nos lo impediría. Pero con la práctica constante (que muchos hemos llevado a cabo en la realidad), al final suprimimos gran parte de ese reflejo. Al igual que con el reflejo faríngeo, el hecho de que tu respuesta al estrés sea innata y automática no significa que no pueda ser modificada mediante la práctica sostenida e intencionada.

Para algunas personas el levantarse a las 6:30 de la mañana para ir a una clase de yoga disparará automáticamente su respuesta al estrés. La buena noticia es que no necesitas ir a una clase para practicar yoga. Las posturas que la mayoría de la gente asocia con el yoga son simplemente una forma en particular de practicar yoga llamada asana (asana se traduce como “postura”). La práctica de asanas te desafía de un modo específico, pero la vida misma te ofrece numerosos desafíos de por sí. Ante cualquier situación estresante puedes intentar las mismas técnicas para calmarte; respirar lento y profundo, relajar los músculos de la cara, limpiar tu cabeza de pensamientos angustiosos, concentrarte en el momento presente. De hecho, aplicar estas técnicas a la vida real es de lo que trata el yoga en realidad. Yoga es simplemente el proceso de prestar atención al momento presente y calmar la mente. Con el paso del tiempo comenzarás a reentrenar tu reacción automática al estrés, y a reemplazarla por otra que te conduzca más hacia la felicidad y el bienestar general.

Tras volver varias veces a la clase de yoga de mi padre, llegué finalmente a la conclusión de que no solo puedes practicar yoga en la vida real, sino que también puedes ir a una clase de yoga y no estar realmente practicando yoga. Algunas de las personas que estaban alrededor de mi padre, especialmente en una ciudad tan preocupada con la imagen corporal como Los Ángeles, pueden simplemente estar poniendo sus piernas detrás de la cabeza, y aun así no concentrarse en mantener su respiración calmada y constante, o sus mentes despejadas. Puede que estén pensando en cualquier otra cosa.

chica con piernas detras de la cabeza

¿Está esta chica haciendo yoga?

Sin la intención sostenida de concentrarse en el presente y calmar la mente, ir a una clase de yoga puede ser una actividad mecánica realizada por inercia. Si lo pienso, ¿quién sabe si mi padre está realmente haciendo yoga y no simplemente mirando a las mujeres que se ponen las piernas detrás de la cabeza? Por mi parte, todo lo que puedo decir es que desde mi esterilla puedo oír su respiración yendo y viniendo, profunda y lentamente como el océano, y que no tiene ningún problema en quedarse apoyado sobre la cabeza.

Artículo original en inglés:

https://www.psychologytoday.com/blog/prefrontal-nudity/201109/yoga-changing-the-brains-stressful-habits

El bote (y la caja de caramelos)

Al principio era la nada; no existían el bote ni la caja de caramelos. Mis primeras clases de yoga las daba en un espacio cuya filosofía era que las actividades fueran completamente gratuitas. Todavía tengo en mi mente la imagen de una persona que vino a ofrecerme dinero al finalizar su primera clase allí, y al decirle que no podía aceptarlo se quedó sorprendida: “pero, ¿cómo no se te puede dar dinero?”. Aquel lugar ya no existe físicamente, pero hay otros similares. Y la persona que me dijo aquello ya no viene a clase, pero sí lo siguen haciendo algunas de sus amigas.

Después de la nada fue el bote. Y un poco después la caja con los caramelos sustituyó al bote. La caja fue un regalo de otro profesor de yoga (¡gracias Nico!) y en ella crecían los caramelos y la gente depositaba su voluntad. La caja dejaba al descubierto las voluntades de todo el mundo. Recuerdo una persona que un día indignada me comentó: “¡pero es que la otra gente deja muy poco!”. Un refrán, creo que indio, dice que antes de barrer la casa de tu vecino te des una vuelta por la tuya propia. Y esta persona no se la dio, lo que sí hizo poco después de aquella crítica al prójimo fue tener dos detalles de “generosidad” que contribuyeron, junto a otro par de sucesos, a que me planteara seriamente dejar de dar clases de yoga.

Pero no dejé de dar clases. Y así fue que regresó el bote, acompañando a la caja con los caramelos. La caja para coger, y el bote para dejar de forma un poco más discreta, ya que mi intención no es que el final de la clase sea “la hora de la vergüenza”, ni la hora de juzgar a los demás, sino que el bote invite a “la hora de la reflexión”. La reflexión de si nos ha gustado o no la clase, de si nos apetece dar y/o coger, de cuánto valen las cosas, de si quiero volver, de si me voy en paz y con una sonrisa en mi corazón.

Algunas veces, en la página web he dado ideas alternativas al dinero para expresar generosidad. Una de ellas es la de dejar una nota, ya sea de agradecimiento o con una reflexión. Me he dado cuenta de que las notas dicen mucho más de lo que hay escrito en ellas. Y hay personas para las que el dinero y el agradecimiento escrito no son excluyentes, sino que son complementarios. Esto lo aprendí gracias al bote.

Al bote no lo menciono a menudo en las clases. Es habitual cuando vas a actividades que son “gratuitas” o por la voluntad, que al final te inviten, de forma más o menos decorosa, a dejar dinero. Creo que si yo fuera mi propio alumno me cansaría de que todos los días me “invitaran” a expresar mi voluntad. Así que en el 99% de las clases no digo nada. Si alguien asiste frecuentemente, confío en que tarde o temprano se dará cuenta del trasiego de gente, de que hay un bote y una caja entre las mochilas, de que hay personas que al terminar la clase rebuscan en bolsos, carteras o monederos y van, dinero o papel en mano, al centro del círculo de esterillas y vuelven con un caramelo. Porque aprendemos de las personas que nos rodean y tendemos a imitarlas, queramos o no.

A veces dudo de que el bote cumpla su cometido original de invitar a la reflexión, pero durante los últimos cuatro años el bote me ha permitido, en un mundo gobernado por la avaricia, vivir en el reino de la generosidad.

Gracias.

Generosidad

septiembre 28th, 2017|Tags: , |

Preparando la mente para meditar

Antes de que nos pongamos realmente a meditar, necesitamos prepararnos. En cualquier ocasión en que queramos hacer algo, necesitamos prepararnos para ello. Si te preparas de verdad para lo que vas a hacer, es sorprendente lo natural y fácil que se vuelve cuando lo haces. Igual que cuando el agricultor o jardinero que quieren cultivar, lo primero que hacen es preparar la tierra. Sin ese paso, simplemente arrojando las semillas, algunas puede que broten, pero es muy probable que se marchiten pronto y no lleguen a dar frutos. Puede que no crezcan adecuadamente porque la tierra carece de nutrientes, no retiene el agua de forma adecuada, o porque su consistencia no permita el desarrollo de las raíces.

Del mismo modo, la persona que quiere cultivar sus cualidades internas tiene que preparar la tierra. Ambas actividades tienen muchas similitudes. Puede que conozcas el significado de la palabra pali “bhavana”. Uno de sus significados es cultivar. Bhavana significa literalmente “hacer crecer algo”. La raíz de la palabra es “bhu”, que significa crecer. Cultivar algo implica que tienes la semilla (o la parte necesaria de la planta), por lo tanto tienes algo que cultivar. Si no tienes semillas, no puedes cultivar nada. Pero tener la semilla no es suficiente, tienes que preparar la tierra. Cuando preparas la tierra, lo primero que haces es quitar las malas hierbas, limpiar el terreno. Esto es algo que también debemos hacer en nuestras vidas. Es natural que aparezcan malas hierbas. Observa tu vida con detenimiento, tu estilo de vida, y descubre qué tipos de malas hierbas hay. Algunas puede que lleven mucho tiempo ahí y hayan desarrollado raíces fuertes, como por ejemplo un mal hábito, y que lleve tiempo arrancarlas. Quitar las malas hierbas, las piedras, o cualquier otro impedimento, es algo muy importante.

Si realmente te gusta hacer algo, no escatimes tu esfuerzo. Mucha gente pregunta cuánto tiempo tienes que permanecer sentado para desarrollar samadhi (concentración), cuánto necesitan meditar para alcanzar Nibbana. ¿Quién puede saberlo? Si realmente disfrutas haciéndolo, eres feliz simplemente por el mero hecho de hacerlo; esta felicidad te brinda mucha motivación. ¡Por favor, no regatees! La gente quiere dar lo mínimo posible y recibir lo máximo. Creo que esta actitud no es la adecuada, especialmente en lo que concierne a la meditación. También en otras áreas de tu vida, como en las relaciones; si quieres dar poco y recibir mucho, al final no obtendrás nada. La verdad es que recibes tanto como das. Si das poco recibirás poco, si te das completamente recibirás mucho. Cuando medites, mira profundamente dentro de tu mente. ¿Por qué estás meditando? ¿Realmente quieres hacerlo? Cuando hagas una cosa, sin importar lo que sea, tendrás que hacer algunos sacrificios, dejar de lado otras. Al igual que para sentarte a meditar o ir a un retiro, tienes que renunciar a algo.

Nuestra naturaleza humana es básicamente espiritual; dentro de nosotros tenemos bellas cualidades como la compasión, el amor incondicional, la atención plena, la paz mental. Ya tenemos las semillas y queremos cultivarlas.

Compensar o remediar

Cuando algo no funciona bien, hay tres métodos elementales de actuación: no hacer nada, remediar (arreglar las cosas en su origen) o compensar (hacer un “apaño”). Hacer nada puede ser una buena solución en determinados casos, pero en muchos otros no es la mejor opción, y en esas situaciones debemos actuar de forma activa.

Cuando compensamos, sustituimos por otra cosa algo que está ausente, bloqueamos alguno de los efectos no deseados de lo que no funciona, o nos volvemos inconscientes respecto a los efectos no deseados. Compensar suele ser mucho más rápido que remediar. Sin embargo, a menudo nos lleva a un desajuste más grande y a una mayor necesidad de compensación. Lo vemos muy a menudo en los tratamientos médicos, y también lo vemos en las clases de yoga y en la vida en general.

Remediar, por otro lado, normalmente requiere deshacernos de algunas de las compensaciones existentes. Esto puede resultar contra-intuitivo si la compensación es vista como un logro. Remediar es reconocernos a nosotros mismos que nos equivocamos en un giro en el camino tiempo atrás, y que debemos retroceder varios kilómetros. En el yoga, puede significar el dejar de “poder hacer” una postura, y tener que trabajar con una versión de la postura aparentemente más básica o con otras posturas menos espectaculares.

Compensar

Arriba, un clásico de las posturas de yoga cuando empezamos. Abajo, el cuerpo trabajando en conjunto.  Gracias a Pablo de http://pablogcapistrano.tumblr.com/ por las fotos.

En términos de felicidad humana, a menudo requiere que admitamos que un determinado valor en nuestra sociedad o nuestro entorno no es en realidad saludable. Al contrario que compensar, remediar nos lleva a una mayor capacidad de auto-regulación y a una sensación de bienestar mucho más sólida y estable. Las compensaciones con frecuencia nos traen un mayor desequilibrio; una persona tenderá a hacer a menudo aquello que se le da bien, y por otro lado a abandonar aquello en lo que no es buena pero que bien podría ser lo que le aportara realmente satisfacción y conexión.

Las compensaciones también pueden abusar de la resiliencia del cuerpo. Si nuestro coche se queda sin gasolina, o se pincha una rueda, es necesario arreglar el problema para que el coche siga funcionando, aunque lo único que nos preocupe sea llegar al destino. Sin embargo el cuerpo humano es más flexible, ya que puede encontrar varias formas alternativas de hacer una cosa (si nos dañamos un tobillo, podemos alterar la forma de caminar; cojear, ir sobre una pierna, con muletas, a gatas…). Es por ello que el ego humano no tiene que detener su marcha hacia sus metas si un problema surge en alguna parte de su movimiento.

De la misma forma, si algo (por ejemplo, una postura de yoga) se intenta antes de que una persona esté suficientemente desarrollada para ello, es posible esquivar el obstáculo y dar un rodeo. Estas compensaciones corporales se vuelven automáticas, y no nos llevan a una sensación de naturalidad, a un estado de flujo, ni a un incremento de nuestra sensibilidad.

En situaciones de emergencia, una compensación física puede ser un recurso valioso e incluso salvarnos la vida, pero si la vida es vivida como una emergencia continua, la falta de alegría y humanidad son seguras. Remediar mediante el trabajo corporal no consiste en una ganancia inmediata en efectividad aparente, sino que trata de una adquisición efectiva de paz, comodidad y seguridad.

Nosoloyoga en Madrid: Esferokinesis

Esferokinesis es la incorporación de principios anatómicos, fisiológicos y de desarrollo evolutivo al  trabajo con esferas de distintos tamaños. La inestabilidad que provee el balón permite  clarificar la comprensión de estos principios y brinda nuevas posibilidades y mayores recursos para la reorganización de la unidad cuerpo-mente.

En su web, Maruma Rodríguez nos cuenta que en Esferokinesis “aprovechamos al máximo la inestabilidad de la pelota para estimular los sentidos, desarrollar destreza y equilibrio, aumentar el registro porpioceptivo, y para divertirnos mientras nos movemos”. La segunda parte de esa descripción la podría aplicar también al yoga, pero en muchos lugares se dan por hechas y resulta que ya no están presentes. Se desarrollan la fuerza y/o la flexibilidad pasiva para compensar la falta de destreza y equilibrio, y muchas veces la alegría la otorga un canon estético; la imagen que tenemos de cómo debe ser una postura, y dejamos de disfrutar en el proceso, peleándonos con nuestro cuerpo al haberse convertido este en un obstáculo para alcanzar nuestra meta.

En Esferokinesis, la columna puede descansar y estirarse profundamente de un modo placentero e intenso aobre la pelota, ligamentos, fascias y órganos se benefician y colaboran para devolver flexibilidad a las articulaciones de la columna y tórax, y así mejorar la elasticidad muscular. La propuesta es encontrar la estabilidad que proveen al esqueleto, ligamentos y musculatura profunda, para liberar a los músculos más grandes y ampliar los rangos de movimiento.

Cuando hablamos de asana se traduce como “postura cómoda y sin esfuerzo “. Unir Esferokinesis y Yoga nos permite aumentar las posibilidades de estiramiento y profundizar la percepción del sostén interno, logrando mantener las posturas por más tiempo con menos esfuerzo y una mejor distribución de la energía.

El flujo de energía que circula por los órganos se expresa en la estructura músculo-esquelética y viceversa. Percibir el soporte interno de cada órgano nos permite encontrar una alternativa diferente de sostén.

Si quieres probar un método amable para aprender a sentir el cuerpo, a moverte relacionándote con la gravedad y el espacio a la vez que desarrollas tu sensibilidad (¿el yoga no debería ser esto?), la Esferokinesis puede ser una buena opción. Porque a la hora de hablar de movimiento, no todo es yoga, y en Madrid hay otras propuestas interesantes y complementarias.


Maruma Rodríguez es artista e investigadora del movimiento.Educadora Corporal Somática y Educadora del Desarrollo Infantil egresada por The School for Body Mind Centering. Profesora de Esferokinesis y Pilates.  Docente universitaria de anatomía para el movimiento y conciencia corporal

mayo 26th, 2017|Tags: , , , |

La paz dentro de ti

Imagina una peonza. Estar en calma es como una peonza en perfecto equilibrio, girando tan rápido que parece inmóvil. Tiene esa apariencia no porque no se esté moviendo, sino porque se mueve a máxima velocidad.

Calma no es la ausencia o negación de energía, vida o movimiento. La calma es dinámica. Es movimiento sin conflicto, vida en armonía consigo misma, destreza en acción. La calma se puede experimentar cuando hay una participación total, desinhibida y sin oposición en el momento en el que te encuentras, cuando estás presente de todo corazón en lo que estás haciendo.

Sin embargo, para la mayoría de nosotros, la mayor parte del tiempo nuestra vida no se parece a una peonza en perfecto equilibrio, girando tan rápido que parece inmóvil. Nuestras vidas parecen más una peonza girando de forma caótica, errática, aleatoria. Sabemos que estamos vivos porque al menos todavía seguimos girando, pero no estamos perfectamente centrados, y tampoco giramos ni de lejos a máxima velocidad. No tenemos tanta energía como nos gustaría, no experimentamos tanta vitalidad como podríamos, y tampoco sentimos la paz de la calma o el disfrute de ser.

Peonza

La calma, por lo tanto, es un estado superior de energía al que no estamos acostumbrados. Y no estamos acostumbrados porque raramente hacemos las cosas de forma sincera e incondicional, de todo corazón. Cuando no haces las cosas de corazón, cuando preferirías estar en un lugar diferente del que estás, hay partes de ti que se cierran y dejan de participar. La circulación de tu energía se vuelve restringida, y la fuerza vital creativa no puede fluir a través de ti sin impedimento. Tu flujo de energía, la cantidad de fuerza vital que discurre a través de ti comienza a disminuir. La fuente de energía no disminuye, pero la que fluye por ti sí que lo hace. Esto nos lleva a enfermar, a sufrir, a sentirnos sin energía, sin vitalidad, carentes de entusiasmo, deprimidos, frustrados, infelices.

Sin embargo, cuando hacemos algo de todo corazón, cuando estás donde quieres estar y participas plenamente en el momento en el que estás (a veces de forma entusiasta, otras de forma más moderada) experimentarás una nueva sensación de vitalidad, una explosión de energía, un vigor renovado. Esto no sucede porque haya realmente un aumento de energía, sino porque ya no la estás restringiendo tanto. Ahora fluye mejor. Hay menos conflicto, menos fricción, menos no querer estar donde estás, y por lo tanto, para ti, la sensación es de mayor energía.

Esto ocurre cuando no intentas girar en sentidos opuestos al mismo tiempo. Giramos en sentidos opuestos cuando obramos a favor de deseos contradictorios, cuando tenemos un conflicto con lo que estamos haciendo, cuando no lo hacemos de todo corazón. Seguramente esto nos pase la mayor parte del tiempo. La calma sucede cuando tu interior se relaja y estás en armonía contigo mismo.

Esta es la clave: cuando te puedes experimentar a ti mismo en calma, cuando puedes brindar tu completa atención a experimentar la verdad sobre ti, experimentarás también la paz dinámica, tranquila y armoniosa que ofrece la energía vital cuando es abundante y está perfectamente centrada.

[…] Cuando sientes esta paz dentro de ti, se producirá de manera espontánea una transformación en la manera en que piensas sobre ti mismo y en la forma en la que ves el mundo. Nada te volverá a parecer lo mismo.

El yoga es una forma de movernos hacia la calma para experimentar la verdad sobre quiénes somos. Es también una manera de aprender a estar centrados en la acción de forma que tenemos siempre la más clara perspectiva de lo que está sucediendo y, consecuentemente, podemos obrar de la manera más adecuada. Por supuesto que el yoga no es la única manera de conseguir esto, pero es una manera excelente de hacerlo. Es un antiguo proceso diseñado para ayudar a destapar y descubrir tu verdadera naturaleza para que puedas vivir tu vida con esta nueva conciencia.