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Cáscara de Coco

El deseo es una obstrucción mental. Pero primero debemos tener deseo, a fin de que comencemos a practicar el Camino. Supón que fuiste a comprar cocos en el mercado y mientras los estás trayendo a casa alguien te pregunta:

«¿Por qué compraste esos cocos?»
«Los compré para comerlos».
«¿Vas a comer la cáscara también?»
«¡Por supuesto que no!»
«No te creo. ¿Si no vas a comer las cáscaras, entonces por qué
las compraste?».

Bien, ¿qué dices? ¿cómo vas a responder a esa pregunta? Practicamos con el deseo para empezar. Si no tuviéramos el deseo, no practicaríamos. Contemplándolo de esta manera puede emerger la sabiduría, ¿sabes? Por ejemplo, esos cocos: ¿vas a comer la cáscara también? Por supuesto que no. ¿Entonces por qué los llevas? Son útiles para llevar los cocos cubiertos. Si tras comer los cocos, tiras las cáscaras, no hay problema. Practicamos de la misma manera. No vamos a comer las cáscaras, pero aún no es el momento de tirarlas. Las mantenemos al principio, de la misma manera que lo hacemos con el deseo. Así es la práctica. Si alguien quiere acusarnos de comer cáscaras de cocos, es su problema. Sabemos que no lo estamos haciendo.

Del libro Un árbol en un bosque de Ajahn Chah. Puedes descargarlo en pdf, epub o mobi pinchando aquí.

mayo 9th, 2019|Tags: |

La joya

Un joven en su búsqueda espiritual llega un día a la morada de una mujer a la que los lugareños consideraban la más sabia de la región. Esta le recibe y, tras unos minutos de conversación, saca un paño cuidadosamente doblado y descubre la más increíble de las joyas.

Al verla, el joven queda asombrado y piensa en el incalculable valor de la joya y en los poderes que seguramente posee, de forma que le dice a la mujer: «¿Podría quedarme con esta joya? ¿Me la daría? Seguro que me ayudaría muchísimo».

La mujer contesta sin dudarlo: «¡Claro!», y se la entrega.

El buscador se pone nervioso y, temiendo que la sabia mujer se arrepienta, se despide rápidamente para continuar su viaje. Pero después de un par de horas, el joven vuelve a la casa de la mujer. Se acerca a esta y, con gran humildad y respeto, deposita la joya en el suelo ante ella diciendo: «Perdone, pero me gustaría hacer un trato. Quiero cambiar esta joya».

«¿Cambiarla por qué?», pregunta la mujer.

«Me gustaría cambiarla por el conocimiento de cómo conseguir una mente capaz de desprenderse de la joya más maravillosa del mundo sin pensárselo dos veces».

abril 29th, 2019|

Instructor, profesor, maestro, amigo.

Recuerdo a una compañera de mi época en el instituto que se dirigía a los profesores usando la palabra «maestro». Al principio esto producía risas entre los alumnos y sonrisas incómodas en los docentes. Algunos de ellos le pedían que no lo hiciera, pero ella siguió a lo suyo y con el paso del tiempo se convirtió en rutina y todo el mundo dejó de darle importancia.

A mí se me ha hecho siempre raro que me llamen maestro (que por fortuna suele pasar muy poco) y por lo general suelo hacer algún apunte al respecto cuando sucede, aunque hay gente que sigue a lo suyo al igual que mi antigua compañera de clase. En el último año también he empezado a escuchar más instructor, y se me hace igualmente raro.

Instructor de yoga, instructor de meditación

Aunque instructor es alguien que instruye, y eso me suena positivo, normalmente en estos contextos me parece que esta palabra no honra dicha acepción en la mayoría de los casos. A mí me trae a la cabeza a alguien que simplemente da instrucciones mecánicas, órdenes, a una o varias personas que las siguen, sin un proceso reflexivo o de verdadero aprendizaje. Supongo que la palabra instructor se está popularizando aquí porque en inglés se ha vuelto más frecuente. También creo que se usa para reconocer el primer nivel en las formaciones y certificaciones de yoga o meditación que tienen varios grados. Y seguro que muchas veces, sin ser consciente de ello, he dado clase de forma automática como el instructor que no quiero ser.

Profesor de yoga

Esta es la forma a la que más estoy acostumbrado. Aquí sí que veo un contexto en el que hay una intención de enseñar por parte de la persona que dirige, y un intento por aprender por parte de las personas que asisten a clase. Cuando alguien me ha llamado maestro o instructor, normalmente he puntualizado que me identificaba más como profesor, o al menos mi intención era serlo.

Una vez leí a una mujer que decía que ella no era una yogui (sic), sino una profesora de yoga. Entiendo que esto sea posible, aunque me parece lógico y recomendable haber pasado por el proceso para enseñar, al igual que se hace en la mayoría de las psicoterapias. A pesar de que considero que el yoga o la meditación, siendo potencialmente terapéuticos no son terapia, sí que llevan a un proceso de desarrollo personal que creo importante haber recorrido para poder guiar mejor a otros, aunque el camino de cada uno sea único.

El profesor con el que hice mi formación en India decía que él no enseñaba, sino que compartía su práctica. Esa idea me ha acompañado desde entonces y es lo que he intentado hacer. No siempre es sencillo, ya que cuando dar clases se convierte en la manera en la que te ganas la vida es fácil que tu práctica se vea mermada, que sin darte cuenta se transforme en algo que ya no sirve para llevarte donde realmente querías ir, o que directamente dejes de practicar.

También puede suceder que el gran público no busque lo mismo que tú, por lo que es muy posible que tu práctica no le interese a mucha gente. Si esto sucede y nos empeñamos en ganarnos la vida dando clase, es muy probable que no solo acabemos sacrificando nuestra práctica, sino también traicionando nuestros valores. Es por ello que mantener una práctica personal nos permite tener una referencia para ver hacia dónde vamos y cómo lo hacemos. Y también para, cuando damos clase, comprobar si estamos llevando en esa misma dirección a nuestros alumnos.

Maestro

En nuestros días, creo que esta palabra ha perdido valor para la mayoría, sobre todo en el mundo del yoga. Casi cualquiera da una masterclass o se autodenomina maestro. En el mundo de la meditación siento que aún se guardan más las formas y son más comedidos a la hora de nombrar las cosas. Para mí la diferencia entre un profesor y un maestro no reside tanto en la cantidad de conocimiento, sino en el grado de integración del mismo. Un maestro practica lo que enseña y enseña lo que practica. No enseña desde la cabeza o desde los libros, enseña desde su vida.

Un profesor enseña lo que sabe, un maestro enseña lo que es

Me encanta la fábula en la que un eminente rabino, a pesar de su alto estatus y de estar muy ocupado y tener que atender muchas obligaciones, invertía varios días de viaje para ir periódicamente a ver a su maestro. «¿Por qué todavía vas a verle?», le preguntaron. «Para estar cerca de él y ver cómo se ata los zapatos», contestó.

Los seres humanos aprendemos de las personas que están en nuestro entorno. Lo hacemos sobre todo cuando somos pequeños y todavía tenemos todo por aprender. Pero lo seguimos haciendo el resto de nuestra vida en mayor o menor medida, y muchas veces sin darnos cuenta. Por eso es importante elegir bien a la gente que nos rodea; a nuestros maestros, a nuestros amigos.

Por otro lado, el maestro hace que tengamos fe en que nuestro ideal es posible de alcanzar, que la práctica dará sus frutos, porque es la encarnación misma de ese ideal, la prueba de que se pueden desarrollar esas cualidades o habilidades a las que aspiramos. Ajahn Amaro, uno de mis monjes favoritos, dice sobre el maestro Ajahn Chah:

Ajahn Chah era muy estricto y ortodoxo como monje; seguía una agenda muy apretada y era muy estricto con la disciplina de la vinaya [conjunto de normas que siguen los monjes]. Solían decir en Ubon que tres meses en el templo de Nong Pah Pong eran como diez años en cualquier otro monasterio. Ajahn Chah estaba orgulloso de que la comida en Nong Pah Pong fuera la peor del mundo. En aquellos días era totalmente cierto, lo experimenté personalmente.

Era difícil vivir allí, y él era muy disciplinado, pero aun así estabas con él y te dabas cuenta de que ese era el hombre más feliz del mundo.

Un hombre que no tiene límites pero a la vez tiene todas esas reglas y no tiene tiempo para sí mismo. Tiene gente visitándole todo el día, todos los días. ¿Cómo es que esta persona con tantas responsabilidades, con tantas normas, con una agenda tan apretada y una férrea disciplina, cómo es posible que sea totalmente libre?

Lo que surgió en mi corazón como novicio fue que cualquier cosa que tuviera que hacer para ser como él, la haría.

El amigo espiritual

En el budismo theravada se utiliza el término kalyāṇa-mitta, que se suele traducir como «buen amigo» o «noble amigo». Buda habló de ese amigo espiritual y le dio mucha importancia. Lo más común es utilizar ese término para nuestro maestro; alguien que ya ha andado gran parte o la totalidad del camino. Pero también lo puede ser alguien que simplemente ha avanzado un poco más que nosotros y que nos sirve de ayuda porque tiene experiencia reciente en el terreno en el que nos encontramos, u otras personas virtuosas que nos acompañen en nuestro sendero.

Antes me identificaba como profesor, y supongo que si nos dieran a elegir, la mayoría querríamos llegar a ser maestros. Pero no le doy mucha importancia. Me conformaría con ser un kalyāṇa-mitta, un buen amigo, aunque nunca nadie me vaya a dar un certificado con ese título.

Anatomía expresada: postura

Charles Sherrington, el famoso neurólogo y premio Nobel, dijo que la postura era la sombra del movimiento, porque sucede antes que este. Mi sombra crea un trasfondo para mí, de la misma manera que la postura lo hace para el movimiento. Por lo que si queremos trabajar con el movimiento, puede que tengamos que abordar primero su sombra.

La postura también se ve influenciada por la mirada. No todas las prácticas yóguicas son apropiadas para todo el mundo. Las variantes del drsti son un ejemplo, especialmente cuando se realizan sin la suficiente comprensión. Sugeriría que cuando pongamos en práctica cualquier técnica o la enseñáramos, nos hiciéramos esta pregunta: «cuando estoy practicando o enseñando esto, ¿experimento y comprendo cómo esto tiene relación con mi vida?». Lo que la ciencia de la percepción y la filosofía existencial nos han dicho es que la visión periférica es esencial para entender «dónde» estamos, algo que es importante para darnos cuenta de «quiénes» somos en cada momento. No tomemos ciegamente todas las prácticas yóguicas; busquemos incluir todo lo que se ha descubierto en Occidente para volver a examinar con mayor discernimiento dichas prácticas.

Nuestra cultura consumista está enganchada a la visión focal, de manera que cualquier práctica que la incentive debe ser bien entendida. A nivel físico, la visión focal exclusiva inhibe nuestro órgano del equilibrio, por lo que tiene nefastas consecuencias para nuestra postura. Lo que resulta útil es estimular la «inteligencia de la diferenciación», cuyo nivel ha disminuido casi a escala global en nuestros días. Lo cual implica dar la posibilidad a la gente de experimentar lo que significa un cambio en nuestra forma de mirar; cómo un cambio de perspectiva es esencial para no quedarnos enganchados, no perder la habilidad para encontrar el sentido apropiado.

Puedes encontrar el texto original en inglés, así como otras publicaciones sobre «embodied anatomy» en la página de Facebook de Leo Peppas.

febrero 25th, 2019|Tags: , , |

Anatomía expresada: los pies

Cuando nuestros pies pasan tanto tiempo cómodamente ocultos en zapatos y calcetines es fácil olvidar lo valiosos que son. Puede que sean la parte del cuerpo más alejada de la cabeza, pero son de vital importancia para esta. A pesar de lo extraño que pueda sonar, aun siendo evidentemente lógico, nuestros pies no evolucionaron para que los zapatos los dejaran «sordos».

Antes de esforzarnos duramente por arreglar un cuerpo, cuando en realidad a menudo no hay nada de malo en él, puede ser más útil comprobar cómo nos relacionamos con el mundo. Imagina el impacto que tendría en tus relaciones ir con los dedos tapando tus oídos la mayor parte del tiempo. Hablar sin escuchar. Imagínalo, ¿qué harían las otras personas? ¿Cómo puede tu cuerpo responder si no sabe dónde está?

Hay dos maneras de que tus pies, y por consiguiente tu cuerpo entero, puedan relacionarse con el entorno. Una es tocar el suelo, y la otra es ser tocados, recibir la impresión del suelo en nuestro cuerpo. A este segundo tipo lo llamamos «pies posturales». Es un área en la cual reside frecuentemente nuestra ceguera postural, debido a la percepción que se ha (mal)acostumbrado. En la mayoría de los entornos urbanos, con superficies homogeneizadas, no hay nada que estimule la curiosidad. Al contrario, queremos separarnos de ese contacto duro e implacable. Lo que sucede normalmente es que esa dura superficie crea demasiado feedback, de manera que sentimos en exceso nuestro cuerpo y todas las historias sin resolver que llevamos en él. Sin saber cómo gestionar esto, normalmente nos abstraemos de alguna manera, a menudo hacia la salvación ilusoria que nos proporciona nuestra cabeza. Cuando nos evadimos de ese contacto, de nuestra relación momento a momento con el suelo, las respuestas más comunes son colapsar, sobreestabilizar, o una combinación de ambas. ¿Cómo puede saber nuestro cuerpo cómo reaccionar si no recibe la información? Nuestra relación con el suelo es una parte fundamental de nuestro sistema para verificar lo que es real. Algo que necesitamos para saber lo que nos pertenece y lo que no, lo que es pasado, presente y futuro, e incluso para saber quiénes somos.

Responder repetidamente de forma inalterable ante esta básica manifestación de lo que es estar en relación puede tener repercusiones en todas nuestras relaciones. Por lo que no estamos hablando solo de equilibrio y del sistema postural, sino también de implicaciones en nuestra respiración, en el mecanismo de soporte del core, y en lo que nos sostiene durante las aventuras y desafíos de nuestra vida.

Busca oportunidades para permitir que el suelo bese tus pies, caminando descalzo, en un entorno que no sea demasiado desafiante al principio. Tomará tiempo y será necesaria cierta regularidad para que tenga efecto, pero será difícil que encuentres otro efecto más profundo.

¡Aprovecha tus pies y tu mente te lo agradecerá! Son tan valiosos como lo es nuestra relación con el mundo. Déjalos salir de los confines de tus zapatos y que den la bienvenida al mundo.

febrero 14th, 2019|Tags: , , |

No se necesita certificado. Tú puedes hacerlo

Aunque el siguiente texto se refiere al método Feldenkrais, creo que su mensaje tiene validez en otras prácticas consideradas como «movimiento consciente» o «consciencia a través del movimiento», entre ellas el yoga. No estoy de acuerdo íntegramente con el mensaje que transmite el texto, pero sí que estoy de acuerdo con bastantes cosas y me gustan las reflexiones a las que invita si lo aplicamos a la situación actual y a la historia de nuestra disciplina.

Hay un artículo en The New York Times sobre el método Feldenkrais titulado «Probando el Método Fledenkrais para el dolor crónico». Estoy seguro de que el artículo se convertirá en viral en la comunidad de Feldenkrais y provocará todo tipo de comentarios positivos. ¿Por qué no iba a ser así? Resulta agradable recibir validación de un tercero, y el artículo seguramente ayude a acercar este maravilloso trabajo a más personas.

Pero las cuestiones más importantes seguramente no sean abordadas. Expuesto de manera simple: no necesitas a nadie con formación en medicina o fisioterapia para involucrarte en el proceso de entrar en contacto con tus sensaciones y tu conciencia corporal. Y tampoco necesitas un «profesional acreditado en Feldenkrais».

Aprender sobre uno mismo y sobre el propio cuerpo y movimiento solo requiere de la habilidad y el deseo de entablar una conversación con el mundo, y el acceso a clases y transcripciones a un precio razonable. No son necesarias licencias ni credenciales. De hecho, las licencias y las credenciales pueden ser un obstáculo, ya que crean unos costes radicalmente mayores y por lo tanto limitan la capacidad de esta disciplina de alcanzar y ayudar a más personas. Y yendo aún más lejos, para aquellos que salivan ante la idea de la evidencia científica y la investigación, no hay evidencia de que un mayor nivel de formación conlleve mejores resultados. Lo que sí conlleva es un aumento en los ingresos de aquellos que organizan programas de formación y certificación.

Podría añadir mucho más sobre el tema, pero por ahora solamente seamos conscientes de que el Feldenkrais es una gran disciplina, y que puedes experimentar con ella tú mismo y para ti mismo.

Si has realizado o quieres hacer una formación larga en Feldenkrais, bien por ti. ¡Hazlo! Yo lo hice hace casi 30 años. Pero date cuenta de que las reglas sobre quién puede dar formación, lo que se puede enseñar y el cómo se enseña no fueron diseñadas para ayudar a expandir la práctica. No fueron diseñadas para abrirte a tu máximo potencial. Fueron diseñadas para proteger los intereses financieros de un pequeño número de personas, quienes tomaron el control de las marcas registradas por Moshe (Feldenkrais) cuando este falleció. Lo que sea que decidas hacer con Feldenkrais, hazlo por ti y por aquellas personas que son importantes para ti.

Publicación original en inglés: https://www.ryannagy.com/2017/neither-physical-therapists-guild-certified/