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Un lago tranquilo

Sentirse insatisfecho no es algo malo. No es insano. La insatisfacción es un síntoma del deseo de libertad de nuestro corazón.

Cuando nos sentimos insatisfechos, en lugar de decir “¡Argh, esto es horrible!”, simplemente date cuenta de que en ese momento somos conscientes de nuestras limitaciones. La insatisfacción es una señal de que hemos llegado al límite de lo que podemos tolerar, nos hemos topado con un muro, y algo dentro de nosotros no quiere ir más allá de ese límite, de ese muro. Pero tenemos una elección: podemos engrosar ese muro (o construir otro) distrayéndonos, o podemos dejar ir, y al dejar ir el muro se desvanece. Cuanto más dejamos ir, más vamos talando el tronco de nuestro “yo”, del ego con el que tenemos que vivir. Dejar ir en este contexto no es solamente un sinónimo de liberación y dicha, sino que es algo muy práctico. Cada vez que dejamos ir, nos estamos liberando a nosotros mismos. 

Buda no dijo que no tuviéramos que tener ningún deseo. Él reconoció que vivimos en un mundo de energía inquieta, de anhelo, de descontento, y nos dio unas enseñanzas que nos permiten investigar la realidad de este mundo. Enseñó un camino de investigación, pero no podemos hacer uso de esa habilidad para investigar el reino de nuestra mente y nuestro cuerpo de forma minuciosa y exhaustiva a menos que hayamos cultivado previamente una cierta cantidad de paz, de sosiego.

La mente es frecuentemente comparada con un lago o estanque. Si las aguas del lago están constantemente agitadas, revueltas, es difícil llegar a ver el fondo. Solo podemos ver el fondo del lago cuando el agua se ha calmado y está quieta. Al igual que un lago, nuestra mente puede estar también agitada, revuelta, o calmada, quieta.

Un lago tranquilo

Una de las condiciones para ser capaces de investigar la naturaleza de nuestra mente es la capacidad de encontrar quietud. Este es el primer paso en la meditación, aprender a sosegarnos. A menos que hagamos esto, estaremos siempre en un estado de inquietud y preocupación. Hasta que no tengamos una cierta cantidad de quietud interior, seremos incapaces de ver con claridad la naturaleza cambiante de nuestras emociones, pensamientos y hábitos, y la manera en que estos nos influyen a nosotros mismos o afectan a otras personas.

Para empezar a meditar, calmamos la mente simplemente concentrándonos, dirigiendo nuestra atención hacia un objeto que sea tranquilizador. Por ejemplo, podemos meditar en la respiración. No necesitamos concentrarnos demasiado intensamente en ella, lo suficiente para notar el ritmo natural de la respiración. Observar la respiración no nos cuesta dinero, y es algo que está siempre disponible, por lo que no tenemos excusa para no aprender a tranquilizar nuestra mente.

Recuerda, no hay claridad mental mientras exista agitación y turbulencia. No seremos capaces de llegar al punto de profunda percepción donde la mente es realmente transformada si tenemos una sensación constante de agitación.

Eso no significa que siempre vayamos a tener éxito cuando intentemos calmar nuestra mente. No significa que nuestros hábitos nunca nos vayan a dominar y a llevarnos de vuelta a nuestra antigua rutina. Pero siempre tendremos una enseñanza, un método, que nos ayudará a salirnos de esa rutina. Con el tiempo, a medida que aumenta nuestra habilidad para ver de forma más clara y profunda, no necesitamos que se produzcan unas condiciones especiales, podremos hacerlo en cualquier circunstancia.

En medio de la situación más intolerable seremos capaces de encontrar quietud, el ojo de la tormenta.

 

Seeds of Dhamma

Ajahn Sundara

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Rencor, aversión, meditación.

En general creo que soy una persona de las que no acumula sentimientos negativos hacia otras. No es que me guste todo el mundo, ni mucho menos (más bien al contrario, me cuesta encontrar alguien con cuya compañía realmente disfrute), pero no suelo vivir con rencor o aversión. Y aunque esa sea la tónica general en mi vida, por supuesto no siempre es así. Desde que medito, hay dos momentos en mi vida que recuerdo donde sí que me invadían una y otra vez los pensamientos negativos hacia alguien.

En el primero de ellos, una persona con la que de vez en cuando me tocaba compartir espacio pero con la cual no tenía una relación personal me empezó a producir aversión. Incluso cuando no estábamos en el mismo lugar, se me venía a la mente y su pensamiento me provocaba sensaciones negativas. Me indignaba su comportamiento y sabía que no podía hacer mucho por evitarla.

En la tradición budista hay varias prácticas de meditación que se consideran más apropiadas para las personas que tienen tendencia a la aversión, o para superarla cuando esta es un obstáculo. Una de esas prácticas que goza de mayor popularidad hoy en día es mettā (loving kindness en inglés, “bondad amorosa” en español). Su significado literal¹ y práctico es “desear lo mejor para uno y para los demás”. La práctica de mettā no es algo que yo realice de forma regular, ni esporádica si de mi voluntad depende. Solo había practicado la bondad amorosa cuando me había sido indicado durante mi estancia en algún templo o retiro de meditación. Pero al no ver otra solución a mi problema, decidí probar y empezar a practicar metta hacia esa persona.² Sorprendentemente, y sin que yo esperara tal resultado, esa persona desapareció de mi vida. No recuerdo haberla visto en persona nunca más. Ni tampoco volver a pensar en ella de forma recurrente y negativa como antes.

loving kindness

En la segunda ocasión, la otra persona no me provocaba exactamente aversión, sino que sentía rencor hacia ella. Al contrario que la primera persona, era alguien con quien sí tenía una relación personal, pero con la que no compartía espacio, no la veía en persona. Recuerdo que cuando el rencor hizo mayor efecto en mí, yo estaba meditando en un templo bastante estricto. Era casi un retiro, pocas palabras y muchas horas de meditación con sesiones más largas que en la mayoría de los lugares. Con tan poco estímulo externo, el mundo interno toma más relevancia, y si el rencor gobierna ese mundo, las meditaciones se alejan mucho de la idea de paz y tranquilidad a la que normalmente las asociamos.

Una meditación tras otra era invadido por el rencor, conversando mentalmente conmigo mismo sobre esa persona, igual que conversaría con un amigo. Exponía mis sentimientos, me llenaba de razones para sentirme así, criticaba a la otra persona y me daba la razón a mí mismo, produciendo una sensación de “satisfacción” que solo hacía alimentar mi rencor. En esa ocasión no utilicé la práctica de mettā, sino que, manteniendo la respiración como objeto, llegó un punto en el que varias preguntas me vinieron a la mente: ¿cómo soluciono esta situación?, ¿qué quiero o necesito que haga esa persona para que yo me sienta bien ahora mismo, para dejar de tener rencor? Sopesándolo, mi relación con esa persona no podía volver al pasado. Tampoco veía la forma en que me pudiera compensar. ¿Me gustaría que le sucediera algo malo entonces? Ni se me pasaba por la cabeza, eso no me haría sentir mejor en absoluto.

Y al no encontrar solución empecé a aceptar. Acepté que yo ni nadie nos comportamos siempre de la mejor manera. Que si alguien se porta mal con otra persona siempre hay un motivo, y ese motivo no tiene porqué estar directamente relacionado con la persona que es víctima del acto. Me di cuenta de lo inútil que es vivir en el odio o en el rencor. Y me di cuenta de que tenía el poder de elegir dónde y cómo quería vivir.

¹ Bhante Henepola Gunaratana, Más allá del mindfulness, Editorial Kairós, pág. 59.
² La práctica de mettā conlleva un proceso que no describo en el artículo. No recomiendo a nadie practicar de forma directa y a las primeras de cambio la “bondad amorosa” hacia una persona con la que se tiene un conflicto, ya que puede ser muy contraproducente.

Desarrollando la sensibilidad: la ley de Weber-Fechner y su relación con el yoga

La Ley de Weber-Fechner debe su nombre a dos científicos que, en el siglo xix, describieron la relación entre la magnitud de un estímulo y la capacidad humana para percibir cambios en dicho estímulo. Aunque con el paso del tiempo la investigación ha demostrado que esa ley no es exactamente precisa en todos los casos, el principio permanece siendo cierto.

El descubrimiento que hizo Weber era que una persona puede, generalmente, notar la diferencia entre dos pesos si estos difieren en 1 o 2 partes de 30. Se entiende mucho más fácil con un ejemplo: si tienes los ojos tapados y sostienes un peso de 30 gramos en la palma de tu mano y yo añado algo que pese más de 1 o 2 gramos, serás capaz de notar la diferencia. Pero si lo que agrego pesa menos de 1 o 2 g, no notarás el cambio.

desarrollando sensibilidad yoga

El punto importante es que nuestra habilidad para notar la diferencia es relativa a la magnitud del estímulo, en este caso el peso. Para que quede claro: no significa que puedas percibir un cambio de un gramo. Si sostuvieras 300 g en tu mano entonces yo tendría que agregar al menos 10 o 20 g para que pudieras sentir la diferencia. En ese caso un incremento de 1 o 2 g sería imperceptible. Si sostuvieras 30 kg y te añadiera 1, 10 o incluso 100 g, no notarías nada, necesitaríamos añadir 1 o 2 kilos para que lo sintieras.

Weber también descubrió que la gente podía notar visualmente la diferencia entre la longitud de dos líneas si estas diferían en 1 parte de 100, independientemente de la longitud absoluta de las líneas. Por lo tanto, nuestra capacidad para notar cambios o diferencias depende del tamaño de lo que estemos intentando percibir.

Este concepto es de inmensa importancia en el proceso yóguico, y puede considerarse como el principio que guía la sistematización del yoga en los “ocho miembros”, según se describe en los Yoga Sutras. Es, posiblemente, el principio rector más importante que se ignora en la mayoría de los sitios hoy en día a la hora de enseñar y practicar yoga. Y es exactamente este concepto el que conduce a experimentar con claridad el sutil funcionamiento interno de la mente y el cuerpo, el que llevó a los sabios a sus descripciones de los nadis y chakras en la antigua India, o al sistema de meridianos en China. Sin este entendimiento, los ocho miembros del yoga pueden parecer prácticas separadas y complementarias, en lugar de un sistema claro para progresar de la percepción bruta a la percepción refinada, la que es capaz de sentir los más profundos niveles del complejo cuerpo-mente.

Repasemos cuáles son esos ocho miembros del yoga:

  1. Yama: no-violencia, veracidad (no mentir), no robar, abstinencia sexual (¡esta es controvertida!) y desapego. Básicamente: abstenerse de (o reducir gradualmente dependiendo de los objetivos o de la etapa en la que esté cada uno en su práctica) las actividades que tienden a perturbar la mente.
  2. Niyama: limpieza física y mental, completa satisfacción, disciplina, estudio y “rendirse a Dios” (también dejaré esta aparte por ahora). De nuevo, básicamente: hacer cosas que tiendan a contribuir a la paz mental.
  3. Asana: hacer que el cuerpo sea estable, la postura cómoda y dejar ir la tensión.
  4. Pranayama: permitir que el movimiento de la respiración se vuelva lento y suave, sentir la conexión entre todos los diferentes procesos respiratorios y las fluctuaciones mentales, descubrir gradualmente los más sutiles movimientos del cuerpo que tienen lugar “bajo las olas” de la respiración.
  5. Pratyahara: “retraimiento de los sentidos”, en el cual la atención ya no se implica con la información sensorial externa.
  6. Dharana: fijar repetidamente la atención en un objeto (concentración).
  7. Dhyana: mantener la atención fija en un objeto de forma ininterrumpida (absorción).
  8. Samadhi: absorción total de la mente en el objeto de concentración hasta el punto de que la sensación de uno mismo como sujeto se desvanece gradualmente para, eventualmente, desaparecer por completo.

Notemos que en los Yoga Sutras, un texto reconocido mayoritariamente como la descripción más exhaustiva y sistemática del proceso del yoga, ¡asana y pranayama se describen como métodos para reducir las fuertes sensaciones que perturban la mente! No hay mención alguna de espectaculares ejercicios gimnásticos, o de curar enfermedades, ni respiración de fuego o bhastrika; todo esto son ejercicios suplementarios, prácticas útiles pero no el verdadero funcionamiento del yoga propiamente dicho. ¿Por qué no? Porque no irán, ni podrán llevarnos, a las verdaderas profundidades de nuestro cuerpo-mente: solo reduciendo los estímulos fuertes podremos hacer que la mente sea suficientemente sensible para percibir los procesos fisiológicos más sutiles y sus conexiones con el aún más sutil funcionamiento de la mente.

La inestabilidad y el malestar físicos son sensaciones fuertes. El reducirlas nos permite sentir procesos más sutiles que tienen lugar dentro del cuerpo. Una vez los movimientos externos del cuerpo han cesado y la tensión física más bruta ha disminuido, los movimientos más amplios que tendrán lugar y que producirán las sensaciones más fuertes vendrán siempre de la respiración, y nos daremos cuenta rápidamente de la íntima conexión entre las fluctuaciones de la mente y los cambios en los movimientos y las sensaciones de la respiración. Suavizar y ralentizar los movimientos de la respiración permite gradualmente a la mente el volverse más sensible al mundo de los más pequeños movimientos internos que están sucediendo constantemente en el cuerpo, como el latir del corazón y el ritmo del flujo sanguíneo a través de las venas y arterias, y la atención a los espacios entre las respiraciones y los latidos del corazón revelará un mundo de procesos fisiológicos aún más pequeños que se producen a un nivel incluso más imperceptible: mundos de increíble profundidad y detalle llenos de rápidos y sucesivos microcambios en el tono dérmico y muscular, de abrir y cerrar pequeños capilares, todo ello sucediendo en respuesta al constante cambio del entorno externo según lo percibimos a través de los sentidos, del entorno interno percibido por el sentido interoceptivo, y del entorno mental a medida que diferentes pensamientos y grados de “apego-aversión” fluyen por la mente. Esta sensibilización respecto al infinito mundo del movimiento interior (los fisiólogos dicen que un humano adulto tiene aproximadamente 10 billones de células vivas) desarrolla de forma natural niveles de pratyahara cada vez mayores. Fijar la atención (dharana) en diferentes partes del cuerpo desarrolla en grado aún mayor la sensibilidad a los cambios internos y sus conexiones con los cambiantes estados mentales (ya que el acto de concentrar la atención incrementa el nivel de detalle que podemos percibir en el objeto mientras que, simultáneamente, inhibe la intrusión de otra información sensorial en nuestro campo de atención), e induce a niveles más profundos de pratyahara, a una respiración más refinada y sutil, y a la habilidad de notar y ajustar los más ínfimos cambios en la estabilidad y comodidad de la postura.

Enlace a la publicación original en ingles: http://ancestralmovement.com/wp-content/uploads/2011/11/Developing-sensitivity1.pdf

Taller de Yoga: el árbol (raíces) – Sábado 21 de enero

Debido al gran interés que suscitó el taller del sábado pasado y la cantidad de gente que quiso asistir y no pudo debido al número limitado de plazas, lo repetiré el próximo sábado 21 de enero. De nuevo serán tres horas para trabajar nuestra conciencia corporal, de manera que nuestra práctica de yoga adquiera la capacidad de ser más sensible, significativa, inteligente y profunda. El taller no es una clase de “ejercicios físicos” de yoga donde el profesor dice a los alumnos cómo hacer las posturas, sino más una clase “de aula” teorico-práctica, donde el papel del profesor es guiar a las personas asistentes en la exploración de su propio cuerpo y mente, para que vean con más claridad los procesos que tienen lugar y saquen conclusiones basadas en su propia experiencia, y no en las palabras o experiencia de otra persona. La información que obtengan la podrán aplicar no sólo a su práctica de yoga y a las clases de yoga que asistan, sino que también será relevante en su día a día fuera de la esterilla.

Algunos de los temas que abordaremos serán los siguientes:

  • Intentaremos ser más conscientes de cuáles son nuestras raíces, nuestros cimientos: dónde encontramos el soporte tanto en las posturas de yoga como en nuestra vida, dónde y cómo nos apoyamos para encontrar nuestro equilibrio (puedes leer más sobre ese tema aquí).
  • Desarrollaremos la sensibilidad de esas raíces, para que sean capaces de proporcionarnos mayor información, de nutrirnos y sujetarnos de forma más eficiente
  • Observaremos cómo nuestras raíces condicionan la manera en la que crecemos y nos expresamos.
  • Pasaremos de conocer la anatomía humana de manera exclusivamente conceptual y sobre el papel, a experimentarla en nuestro propio cuerpo.
  • Debatiremos el tema de la “alineación”, y buscaremos un común denominador para poder alinearnos a nosotros mismos y a los demás, independientemente de nuestra anatomía y/o estado físico.
  • Ese debate nos abrirá las puertas a los conceptos de “Imagen corporal” y “Esquema corporal”. Cómo somos condicionados por ellos, de qué manera interaccionan e interfieren entre sí, afectando a nuestra postura, movimiento y al modo en el que nos relacionamos con nuestro cuerpo.
  • Redescubriremos cómo nuestra inteligencia natural sabe equilibrarnos si se lo permitimos, aprendiendo a no interferir con ella al intentar “hacer el equilibrio”.
  • En definitiva, aprenderemos a observarnos, sentirnos y escucharnos desde dentro.

Cuándo: El sábado 21 de enero de 11:00 a 14:00

Dónde: En el Paseo de las Delicias, muy cerquita de la estación de metro Delicias. Proporcionaré la dirección exacta cuando os envíe la confirmación de vuestra plaza.

Cuánto: Lo que te diga el corazón.

Cómo apuntarse: Hay un máximo de 12 plazas para el taller. Si tienes la total seguridad de poder y querer asistir, envía un correo a niki arroba monoyoga.es con el asunto “Inscripción Taller de Yoga 21 de enero” y te contestaré con la mayor prontitud posible para confirmar tu plaza.

Raíces

Anatomía expresada: Anatomía del Equilibrio

Simplificando, tienes dos opciones cuando se trata de equilibrio. La primera y, desafortunadamente la que mucha gente aprende en yoga, es concentrarse en “hacer” el equilibrio. La segunda consiste en que el equilibrio “suceda”. En la segunda opción, tu mente está libre para observar el proceso que se desarrolla. Esta opción te ofrece la posibilidad de presenciar un proceso que puede ser muy relevante en tu vida; por ejemplo, si adoptas estrategias limitantes cuando te sientes desafiado, cuando te desequilibran o te sacan fuera de tu zona de confort. En esencia, e irónicamente, puedes empezar a reconocer cuanto puede que estés interfiriendo con la capacidad natural de tu propio cuerpo para sostenerte cuando te encuentras con estos desafíos. Entender como nos interponemos en nuestro propio camino es uno de los grandes aprendizajes de la vida, pero no necesitamos esperar a ser viejos para que esto se convierta en una irónica conclusión.

Un truco habitual que aprendí en yoga hace muchos años para mantener el equilibrio fue el de concentrarme en un punto fijo; el problema con esta técnica es que tiende a provocar una sobre-estabilización. De manera que puedo sentirme muy estable, pero hay un gran precio a pagar por ello que es fácil de pasar por alto en ese momento. Esto se traduce en que zonas como las caderas, la parte posterior del suelo pélvico y los pilares del diafragma (¡incluso algunas más!) serán reclutadas para sujetar y estabilizar. Las consecuencias de ello son enormes y podría escribir un libro entero sobre el tema. De hecho, pierdo mi equilibrio interior y me agarro al exterior para encontrar soporte, lo que crea una gran singularidad en la relación; me aferro a ti para tener mi estabilidad. Te sugiero que la próxima vez que intentes una postura de equilibrio lo hagas con un amigo, y a la vez que haces la postura le hables, no sobre lo que estás haciendo en ese momento, sino sobre cualquier otra cosa que no esté relacionada. Después pregúntale sobre la diferencia que ha experimentado. Mejor no contarles de antemano el ejercicio para obtener un feedback más objetivo.

El porqué esto ocurre es sencillo; la visión focal exclusiva (concentrarse en un sólo punto) tiende a inhibir el órgano del equilibrio y tu cuerpo se agarra/contrae, porque cree que se va a caer. Puede que tenga la sensación de que he bloqueado todos los ruidos y perturbaciones, pero este es un estado mental “exclusivo” que usualmente no me sirve para relacionarme con el mundo . De hecho puede crear más dudas, ya que no me llega información suficiente.

Por lo tanto debemos entender lo que estas elecciones realmente significan en cuanto a nuestra capacidad para movernos y expresarnos en el mundo. Después de todo, en la vida real raramente nos relacionamos con la gente mientras estamos en una postura de yoga. ¿Queremos relacionarnos desde un punto de vista tan fijo? ¿Nos ayuda en realidad a tener el espacio necesario para ver “al otro” nuevamente en cada momento y a darnos también el espacio para reevaluarnos a nosotros mismos? Hay una especie de terca insistencia hacia esta actitud fija, como si fuéramos niños pequeños, que en la mayoría de los casos no nos sirve en las relaciones adultas; de hecho nos hace más vulnerables a la manipulación.

Cuando adoptamos esta técnica de “hacer” el equilibrio, podemos estar aprendiendo de forma inadvertida a reclutar los pilares del diafragma. ¿Qué significa esto? Pues que, a menos que estés haciendo algo extenuante, no necesitas estos pilares para estabilizar tu zona lumbar, necesitan estar libres para la respiración, lo que incluye también tu voz y tu expresividad. Cuando se ven reclutados de forma rutinaria en este proceso de sobre-estabilización, puede significar que aprendes también a quedarte bloqueado en una respiración “simpática”, a respirar como si te estuvieras contrayendo porque se percibe una amenaza.

Cuando elegimos la segunda opción, ya esté ocurriendo el proceso de equilibrio o no, tenemos la posibilidad de observar algo bastante extraordinario. Este es, por supuesto, un proceso muy personal, pero comúnmente se desarrolla de la siguiente manera: a medida que entramos en la exigente postura de equilibrio, comenzamos a pasar al modo de respuesta “lucha o huída” (fight or flight), nos paralizamos; creemos que tenemos que concentrarnos más para acallar la mente y utilizar nuestra técnica de equilibrio. Esta estrategia ocupa nuestra mente y, aunque podamos ser capaces de bloquear suficientemente el ruido exterior, es poco probable que mantengamos la presencia necesaria para apreciar honestamente lo que está sucediendo, por lo que no entendemos el precio que pagamos por esta estrategia y lo que significa cuando nos encontramos en una situación similar en nuestra vida cotidiana. Puede que nos sintamos tranquilos y estables pero, ¿qué pasa si el viento cambia y tenemos que responder inmediatamente? ¿Y si necesitamos nuestra mente disponible para relacionarnos o simplemente para estar presentes? Nuestra relación con el mundo nunca permanece estable, estamos constantemente renegociándola; este es un profundo hecho que no debemos perder de vista durante mucho tiempo. Hay una especie de sobre-actividad “de arriba a abajo”; si escuchas, puede que sientas esto como mucho ajetreo, mucha actividad, en el área cortical de tu cerebro. En su lugar, permite que tu cerebro se relaje y esponje, y puede que experimentes cómo la información puede viajar más libremente. Una tensión crónica de estas estructuras puede tener consecuencias de amplio espectro.

Sin embargo, cuando elegimos entrar en el proceso de que el equilibrio “suceda”, nuestro equilibrio será una expresión honesta de la estabilidad de nuestra relación con el mundo, nuestra presencia, en lugar de nuestra habilidad para pensar que estamos en control. Es una experiencia frecuente que, cuando nos retraemos, desconectamos, dejamos de recibir información sobre “el otro” y nosotros en relación, que sentimos la necesidad, el ansia de controlar. Es útil aprender a reconocer esta respuesta y es algo que las posturas de equilibrio (que probablemente deberíamos renombrar) nos pueden ofrecer. Por lo tanto el equilibrio es un proceso y no algo que necesitamos hacer. Una vez más puede ser provechoso, en lugar de intentar planificar una “corrección política” en nuestros cuerpos, entender que nuestro sistema está simplemente ayudándonos a apreciar donde está nuestra mente, cuanta presencia o soporte tenemos.

La diferencia entre estás dos elecciones es un reflejo de nuestra sociedad y nuestra historia, el yoga ha sido coloreado por la sociedad y la cultura, pero también es una oportunidad para reevaluar nuestras metas y nuestros métodos. Hace mucho tiempo, especialmente alrededor del Renacimiento, decidimos que necesitábamos dominar y controlar la naturaleza, nos separamos a nosotros mismos del resto de la vida que hay sobre este planeta. Puede que sea la hora de replantearnos esta elección y preguntarnos si es una elección bien fundada, una con la que deseamos conformarnos. Antes de pensar que tenemos que dominar y controlar, es útil aprender a respetarnos a nosotros mismos y al mundo. Los equilibrios pueden conectarnos de nuevo con un proceso que está vinculado a una expresión elemental de la vida de este planeta, la homeostasis, algo que parece que hemos reducido a un control pseudo-sofisticado. El yoga nos ofrece la habilidad de liberarnos de la esclavitud de nuestra sociedad de consumo, de empezar a entender lo que significa ser un ser humano en este planeta hoy en día, para lo cual parece haber una necesidad acuciante. Si te gustaría descubrir lo que debes hacer, aprender a escuchar y a estar en relación con el mundo en cada momento es una forma de hacerlo. Para la mayoría de nosotros, esto también significa empezar a reconocer cuando nos estamos retirando, evadiendo, de esta relación. No es que esto sea esencialmente bueno o malo; a veces necesitamos retirarnos del mundo exterior o de una relación, pero cuando se convierte en lo habitual, cuando es una respuesta inamovible que hemos aprendido, el yoga puede apoyarnos en el proceso de reencontrar nuestra humanidad, de no sentirnos tan impresionados por la confusión que nos rodea. Esta experiencia es notar que despiertas un soporte más “de abajo a arriba”, hay más actividad en las partes más primitivas de tu cerebro, como el tronco del encéfalo y el cerebelo (el cerebro reptiliano), de forma que el área cortical se encuentra más calmada y libre para asuntos como la presencia, el humor, la inspiración, la creatividad, o cualquier otra cosa para la que esté diseñada en realidad.

Esta es una profunda diferencia. Existe la oportunidad de descubrir verdaderamente para lo que está hecha tu mente, en lugar de interferir con tu experiencia. De esa manera puedes tomar decisiones de forma más fundada sobre el modo en que actúas. Podríamos decir que la segunda opción es un proceso más honesto, es la posibilidad de empezar a ocuparse de la realidad que es y de dejar ir la necesidad de controlar.

Intenta añadir posturas de equilibrio en tus saludos al sol, de forma que entres y salgas de ese tipo de posturas directamente hacia/desde la postura ecuestre (lunge). Prueba a cantar suavemente a la vez que lo haces para comprobar que la respiración está disponible para la expresividad.

La confusión sobre este proceso está incluso expresada en nuestro lenguaje; en que ahora vamos a “hacer” una postura de equilibrio. La mayoría del proceso de equilibrio “sucede” en tu cerebro reptiliano, que necesita recibir información momento a momento sobre dónde te encuentras, y hacerlo desde tu órgano del equilibrio, tus pies y tu visión periférica. Entonces es cuando despertamos el soporte que necesitamos para estar presentes, liberando la mente.

De forma que necesitamos aprender a cuestionar todas las instrucciones que hemos heredado, muchas de ellas son equívocas y no están bien fundadas. El yoga no es una ciencia de información estática; mediante un proceso continuo de reevaluación puede continuar evolucionando y servirnos en nuestras vidas actuales. De esta forma no perderemos el contacto con lo que es más esencial y relevante en este tipo de prácticas. Todas las técnicas necesitan ser cuestionadas, si no podemos establecer una conexión con nuestra vida y nuestras relaciones (el significado más profundo suele pasarse por alto) a menudo se convierten simplemente en rodeos para permitirnos “hacer” una postura. Este hecho puede ser controvertido para la mayoría de estudiantes y profesores, pero nos ofrece la posibilidad de conectar con un propósito y un significado más profundos en nuestras vidas, una forma de encontrar la acción adecuada en todas nuestras relaciones. Todas las relaciones necesitan ser renegociadas con regularidad; la vida, el mundo ahí fuera y nuestro mundo interior están cambiando constantemente. Las ideas, técnicas y principios que permanecen fijos nos pueden proporcionar una sensación temporal de seguridad, pero no nos servirán para toda la vida. Por lo tanto el yoga nos presenta de forma habitual la oportunidad de dejar ir esa necesidad de aferrarnos al control y a los artilugios, y en su lugar empezar a identificar y a ocuparnos de lo que se manifiesta en el momento presente. Todos tenemos mucho bagaje con el que lidiar, tanto personal como colectivo; conectar con lo que significa ser un ser humano en los niveles más elementales nos puede servir de apoyo para encontrar claridad, para mudar toda la desinformación y las distorsiones tanto de nuestro propio pasado como aquellas que hemos heredado. Ser libres de actuar en el mundo de una forma que tenga más significado y propósito, para responder a una pregunta que nunca tiene fin; ¿qué tengo que hacer ahora?

Anatomía del equilibrio

Esta foto es increíble; el pescador se equilibra sobre una barca muy inestable, muy estrecha y poco profunda, a la vez que conversa con otro pescador que se encuentra fuera de escena, está sobre una pierna, remando y estabilizando la barca con la otra, y al mismo tiempo manejando su red de pesca. Aquí tenemos a un verdadero yogui. Tiene el perfecto equilibrio entre estabilidad y movilidad, está respondiendo en cada momento a circunstancias y necesidades cambiantes, está en relación con el mundo a cada instante.

Podéis encontrar el texto original en inglés en la página de Facebook de Leo Peppas. Leo lleva casi 30 años enseñando yoga y movimiento. Actualmente está escribiendo una serie de libros de yoga, impartiendo formaciones y talleres, y haciendo de mentor para otros profesores de yoga.

Taller de Yoga: el árbol (raíces)

El próximo sábado 14 de enero nos reuniremos durante tres horas para trabajar nuestra conciencia corporal, de manera que nuestra práctica de yoga adquiera la capacidad de ser más sensible, significativa, inteligente y profunda. Aunque el guión del taller será dinámico, adaptándose a las personas asistentes y a las inquietudes o cuestiones que surjan durante el mismo, algunos de los puntos que nos servirán como base para trabajar son los siguientes:

  • Intentaremos ser más conscientes de cuáles son nuestras raíces, nuestros cimientos: dónde encontramos el soporte tanto en las posturas de yoga como en nuestra vida, dónde y cómo nos apoyamos para encontrar nuestro equilibrio.
  • Desarrollaremos la sensibilidad de esas raíces, para que sean capaces de proporcionarnos mayor información, de nutrirnos y sujetarnos de forma más eficiente
  • Observaremos cómo nuestras raíces condicionan la manera en la que crecemos y nos expresamos.
  • Pasaremos de conocer la anatomía humana de manera exclusivamente conceptual y sobre el papel, a experimentarla en nuestro propio cuerpo.

  • Debatiremos el tema de la “alineación”, y buscaremos un común denominador para poder alinearnos a nosotros mismos y a los demás, independientemente de nuestra anatomía y/o estado físico.
  • Ese debate nos abrirá las puertas a los conceptos de “Imagen corporal” y “Esquema corporal”. Cómo somos condicionados por ellos, de qué manera interaccionan e interfieren entre sí, afectando a nuestra postura, movimiento y al modo en el que nos relacionamos con nuestro cuerpo.
  • Redescubriremos cómo nuestra inteligencia natural sabe equilibrarnos si se lo permitimos, aprendiendo a no interferir con ella al intentar “hacer el equilibrio”.
  • En definitiva, aprenderemos a observarnos, sentirnos y escucharnos desde dentro.

Cuándo: El sábado 14 de enero de 11:00 a 14:00

Dónde: En el Paseo de las Delicias, muy cerquita de la estación de metro Delicias. Proporcionaré la dirección exacta cuando os envíe la confirmación de vuestra plaza.

Cuánto: Lo que te diga el corazón.

Cómo apuntarse: Hay un máximo de 12 plazas para el taller. Si tienes la total seguridad de poder y querer asistir, envía un correo a niki arroba monoyoga.es con el asunto “Inscripción Taller de Yoga 14 de enero” y te contestaré con la mayor prontitud posible para confirmar tu plaza.

Raíces