Simplificando, tienes dos opciones cuando se trata de equilibrio. La primera y, desafortunadamente la que mucha gente aprende en yoga, es concentrarse en “hacer” el equilibrio. La segunda consiste en que el equilibrio “suceda”. En la segunda opción, tu mente está libre para observar el proceso que se desarrolla. Esta opción te ofrece la posibilidad de presenciar un proceso que puede ser muy relevante en tu vida; por ejemplo, si adoptas estrategias limitantes cuando te sientes desafiado, cuando te desequilibran o te sacan fuera de tu zona de confort. En esencia, e irónicamente, puedes empezar a reconocer cuanto puede que estés interfiriendo con la capacidad natural de tu propio cuerpo para sostenerte cuando te encuentras con estos desafíos. Entender como nos interponemos en nuestro propio camino es uno de los grandes aprendizajes de la vida, pero no necesitamos esperar a ser viejos para que esto se convierta en una irónica conclusión.

Un truco habitual que aprendí en yoga hace muchos años para mantener el equilibrio fue el de concentrarme en un punto fijo; el problema con esta técnica es que tiende a provocar una sobre-estabilización. De manera que puedo sentirme muy estable, pero hay un gran precio a pagar por ello que es fácil de pasar por alto en ese momento. Esto se traduce en que zonas como las caderas, la parte posterior del suelo pélvico y los pilares del diafragma (¡incluso algunas más!) serán reclutadas para sujetar y estabilizar. Las consecuencias de ello son enormes y podría escribir un libro entero sobre el tema. De hecho, pierdo mi equilibrio interior y me agarro al exterior para encontrar soporte, lo que crea una gran singularidad en la relación; me aferro a ti para tener mi estabilidad. Te sugiero que la próxima vez que intentes una postura de equilibrio lo hagas con un amigo, y a la vez que haces la postura le hables, no sobre lo que estás haciendo en ese momento, sino sobre cualquier otra cosa que no esté relacionada. Después pregúntale sobre la diferencia que ha experimentado. Mejor no contarles de antemano el ejercicio para obtener un feedback más objetivo.

El porqué esto ocurre es sencillo; la visión focal exclusiva (concentrarse en un sólo punto) tiende a inhibir el órgano del equilibrio y tu cuerpo se agarra/contrae, porque cree que se va a caer. Puede que tenga la sensación de que he bloqueado todos los ruidos y perturbaciones, pero este es un estado mental “exclusivo” que usualmente no me sirve para relacionarme con el mundo . De hecho puede crear más dudas, ya que no me llega información suficiente.

Por lo tanto debemos entender lo que estas elecciones realmente significan en cuanto a nuestra capacidad para movernos y expresarnos en el mundo. Después de todo, en la vida real raramente nos relacionamos con la gente mientras estamos en una postura de yoga. ¿Queremos relacionarnos desde un punto de vista tan fijo? ¿Nos ayuda en realidad a tener el espacio necesario para ver “al otro” nuevamente en cada momento y a darnos también el espacio para reevaluarnos a nosotros mismos? Hay una especie de terca insistencia hacia esta actitud fija, como si fuéramos niños pequeños, que en la mayoría de los casos no nos sirve en las relaciones adultas; de hecho nos hace más vulnerables a la manipulación.

Cuando adoptamos esta técnica de “hacer” el equilibrio, podemos estar aprendiendo de forma inadvertida a reclutar los pilares del diafragma. ¿Qué significa esto? Pues que, a menos que estés haciendo algo extenuante, no necesitas estos pilares para estabilizar tu zona lumbar, necesitan estar libres para la respiración, lo que incluye también tu voz y tu expresividad. Cuando se ven reclutados de forma rutinaria en este proceso de sobre-estabilización, puede significar que aprendes también a quedarte bloqueado en una respiración “simpática”, a respirar como si te estuvieras contrayendo porque se percibe una amenaza.

Cuando elegimos la segunda opción, ya esté ocurriendo el proceso de equilibrio o no, tenemos la posibilidad de observar algo bastante extraordinario. Este es, por supuesto, un proceso muy personal, pero comúnmente se desarrolla de la siguiente manera: a medida que entramos en la exigente postura de equilibrio, comenzamos a pasar al modo de respuesta “lucha o huída” (fight or flight), nos paralizamos; creemos que tenemos que concentrarnos más para acallar la mente y utilizar nuestra técnica de equilibrio. Esta estrategia ocupa nuestra mente y, aunque podamos ser capaces de bloquear suficientemente el ruido exterior, es poco probable que mantengamos la presencia necesaria para apreciar honestamente lo que está sucediendo, por lo que no entendemos el precio que pagamos por esta estrategia y lo que significa cuando nos encontramos en una situación similar en nuestra vida cotidiana. Puede que nos sintamos tranquilos y estables pero, ¿qué pasa si el viento cambia y tenemos que responder inmediatamente? ¿Y si necesitamos nuestra mente disponible para relacionarnos o simplemente para estar presentes? Nuestra relación con el mundo nunca permanece estable, estamos constantemente renegociándola; este es un profundo hecho que no debemos perder de vista durante mucho tiempo. Hay una especie de sobre-actividad “de arriba a abajo”; si escuchas, puede que sientas esto como mucho ajetreo, mucha actividad, en el área cortical de tu cerebro. En su lugar, permite que tu cerebro se relaje y esponje, y puede que experimentes cómo la información puede viajar más libremente. Una tensión crónica de estas estructuras puede tener consecuencias de amplio espectro.

Sin embargo, cuando elegimos entrar en el proceso de que el equilibrio “suceda”, nuestro equilibrio será una expresión honesta de la estabilidad de nuestra relación con el mundo, nuestra presencia, en lugar de nuestra habilidad para pensar que estamos en control. Es una experiencia frecuente que, cuando nos retraemos, desconectamos, dejamos de recibir información sobre “el otro” y nosotros en relación, que sentimos la necesidad, el ansia de controlar. Es útil aprender a reconocer esta respuesta y es algo que las posturas de equilibrio (que probablemente deberíamos renombrar) nos pueden ofrecer. Por lo tanto el equilibrio es un proceso y no algo que necesitamos hacer. Una vez más puede ser provechoso, en lugar de intentar planificar una “corrección política” en nuestros cuerpos, entender que nuestro sistema está simplemente ayudándonos a apreciar donde está nuestra mente, cuanta presencia o soporte tenemos.

La diferencia entre estás dos elecciones es un reflejo de nuestra sociedad y nuestra historia, el yoga ha sido coloreado por la sociedad y la cultura, pero también es una oportunidad para reevaluar nuestras metas y nuestros métodos. Hace mucho tiempo, especialmente alrededor del Renacimiento, decidimos que necesitábamos dominar y controlar la naturaleza, nos separamos a nosotros mismos del resto de la vida que hay sobre este planeta. Puede que sea la hora de replantearnos esta elección y preguntarnos si es una elección bien fundada, una con la que deseamos conformarnos. Antes de pensar que tenemos que dominar y controlar, es útil aprender a respetarnos a nosotros mismos y al mundo. Los equilibrios pueden conectarnos de nuevo con un proceso que está vinculado a una expresión elemental de la vida de este planeta, la homeostasis, algo que parece que hemos reducido a un control pseudo-sofisticado. El yoga nos ofrece la habilidad de liberarnos de la esclavitud de nuestra sociedad de consumo, de empezar a entender lo que significa ser un ser humano en este planeta hoy en día, para lo cual parece haber una necesidad acuciante. Si te gustaría descubrir lo que debes hacer, aprender a escuchar y a estar en relación con el mundo en cada momento es una forma de hacerlo. Para la mayoría de nosotros, esto también significa empezar a reconocer cuando nos estamos retirando, evadiendo, de esta relación. No es que esto sea esencialmente bueno o malo; a veces necesitamos retirarnos del mundo exterior o de una relación, pero cuando se convierte en lo habitual, cuando es una respuesta inamovible que hemos aprendido, el yoga puede apoyarnos en el proceso de reencontrar nuestra humanidad, de no sentirnos tan impresionados por la confusión que nos rodea. Esta experiencia es notar que despiertas un soporte más “de abajo a arriba”, hay más actividad en las partes más primitivas de tu cerebro, como el tronco del encéfalo y el cerebelo (el cerebro reptiliano), de forma que el área cortical se encuentra más calmada y libre para asuntos como la presencia, el humor, la inspiración, la creatividad, o cualquier otra cosa para la que esté diseñada en realidad.

Esta es una profunda diferencia. Existe la oportunidad de descubrir verdaderamente para lo que está hecha tu mente, en lugar de interferir con tu experiencia. De esa manera puedes tomar decisiones de forma más fundada sobre el modo en que actúas. Podríamos decir que la segunda opción es un proceso más honesto, es la posibilidad de empezar a ocuparse de la realidad que es y de dejar ir la necesidad de controlar.

Intenta añadir posturas de equilibrio en tus saludos al sol, de forma que entres y salgas de ese tipo de posturas directamente hacia/desde la postura ecuestre (lunge). Prueba a cantar suavemente a la vez que lo haces para comprobar que la respiración está disponible para la expresividad.

La confusión sobre este proceso está incluso expresada en nuestro lenguaje; en que ahora vamos a “hacer” una postura de equilibrio. La mayoría del proceso de equilibrio “sucede” en tu cerebro reptiliano, que necesita recibir información momento a momento sobre dónde te encuentras, y hacerlo desde tu órgano del equilibrio, tus pies y tu visión periférica. Entonces es cuando despertamos el soporte que necesitamos para estar presentes, liberando la mente.

De forma que necesitamos aprender a cuestionar todas las instrucciones que hemos heredado, muchas de ellas son equívocas y no están bien fundadas. El yoga no es una ciencia de información estática; mediante un proceso continuo de reevaluación puede continuar evolucionando y servirnos en nuestras vidas actuales. De esta forma no perderemos el contacto con lo que es más esencial y relevante en este tipo de prácticas. Todas las técnicas necesitan ser cuestionadas, si no podemos establecer una conexión con nuestra vida y nuestras relaciones (el significado más profundo suele pasarse por alto) a menudo se convierten simplemente en rodeos para permitirnos “hacer” una postura. Este hecho puede ser controvertido para la mayoría de estudiantes y profesores, pero nos ofrece la posibilidad de conectar con un propósito y un significado más profundos en nuestras vidas, una forma de encontrar la acción adecuada en todas nuestras relaciones. Todas las relaciones necesitan ser renegociadas con regularidad; la vida, el mundo ahí fuera y nuestro mundo interior están cambiando constantemente. Las ideas, técnicas y principios que permanecen fijos nos pueden proporcionar una sensación temporal de seguridad, pero no nos servirán para toda la vida. Por lo tanto el yoga nos presenta de forma habitual la oportunidad de dejar ir esa necesidad de aferrarnos al control y a los artilugios, y en su lugar empezar a identificar y a ocuparnos de lo que se manifiesta en el momento presente. Todos tenemos mucho bagaje con el que lidiar, tanto personal como colectivo; conectar con lo que significa ser un ser humano en los niveles más elementales nos puede servir de apoyo para encontrar claridad, para mudar toda la desinformación y las distorsiones tanto de nuestro propio pasado como aquellas que hemos heredado. Ser libres de actuar en el mundo de una forma que tenga más significado y propósito, para responder a una pregunta que nunca tiene fin; ¿qué tengo que hacer ahora?

Anatomía del equilibrio

Esta foto es increíble; el pescador se equilibra sobre una barca muy inestable, muy estrecha y poco profunda, a la vez que conversa con otro pescador que se encuentra fuera de escena, está sobre una pierna, remando y estabilizando la barca con la otra, y al mismo tiempo manejando su red de pesca. Aquí tenemos a un verdadero yogui. Tiene el perfecto equilibrio entre estabilidad y movilidad, está respondiendo en cada momento a circunstancias y necesidades cambiantes, está en relación con el mundo a cada instante.

Podéis encontrar el texto original en inglés en la página de Facebook de Leo Peppas. Leo lleva casi 30 años enseñando yoga y movimiento. Actualmente está escribiendo una serie de libros de yoga, impartiendo formaciones y talleres, y haciendo de mentor para otros profesores de yoga.